Archive | octubre 2011

la muerte al detalle y las iCosas

Steve Jobs, el genio detrás de Apple.

Ayer y hoy (y supongo que durante muchos más días), todo el mundo habla de Steve Jobs. Algunos incluso reflexionan sobre si no nos estamos pasando con el temita. Asunto peliagudo, el de la información post-mórtem. Ya se sabe aquello típico, que se produce en cualquier funeral (y todos lo hemos experimentado), cuando el sacerdote alaba las virtudes de una persona a quien no conocía, en una muestra de hipocresía galopante. Y tú estás allí, escuchando, y piensas: ¡Pero si era un hijoputa que puteó a todo el mundo mientras vivió!. Pero mientras estemos en una sociedad políticamente correcta de tragar y callar, estoy seguro de que nadie tendrá los arrestos para levantarse en un funeral y exclamar: ¡Todo eso es mentira!.
En la prensa (general o especializada, da igual) el género de las necrológicas (aparte de reflejar también esa tendencia a alabar todo lo bueno –sea cierto o no– y a omitir lo malo), ha caído en la decadencia. Dicen que hace años, en los periódicos norteamericanos, el tema se cuidaba especialmente y existían verdaderos expertos a la hora de escribir hagiografías. Pero en este país, la situación es otra. Yo tengo muy claro qué debe ser una necrológica, qué debe contar y quién debe escribirla.
Con la increíble fuente de saber (muchas veces erróneo) que supone internet, cualquiera puede glosar la vida y los milagros de cualquiera, sea un escritor, un músico, un científico o un deportista, aunque no haya leído sus libros, oído sus discos, estudiado sus teorías o presenciado sus marcas. A golpe de Wikipedia (o copiando los obituarios de Associated Press o cualquier otra agencia de noticias) de repente, y como por ciencia infusa, cualquiera se convierte en el mayor experto del fiambre.
Esto lleva a un replanteamiento del género de la necrológica: más allá de saber dónde nació el personaje, de qué ha muerto, en qué mes y año ha conseguido sus logros y otros detalles que, por abrumadores, acaban por aburrir, y que, encima, puede encontrar cualquiera, hay que aportar datos que nadie conozca o profundizar en lo que significó.
Según esto, solo podría escribir una necrológica alguien que conociera personalmente al difunto, el único capaz de aportar datos que no aparecen en la Wikipedia. Eso, a veces, es posible, pero no siempre. ¿Cuál es entonces la opción? Buscar a alguien que, aunque no fuera íntimo del personaje, sí conociera su obra, y pudiera explicar subjetivamente (y esa es la gran diferencia respecto a las necrológicas actuales, perdidas en fechas y números inútiles pero, eso sí, muuuuy objetivos) lo que significó para él y cómo afectó a su vida.
Lo mejor será poner un ejemplo. Si muere, por decir algo, un pianista de blues de Nueva Orleans, no le encargues el obituario a un periodista todo terreno que te escribiría sobre cualquiera y te reproducirá los mismos detalles que aparecerán en todas partes, porque eso será un artículo frío, sin vida: eso sí, con muchas fechas, títulos de canciones y de álbumes e infinidad de detalles que a pocos interesan (solo a quienes padezcan un TOC) y que pronto se olvidan (a veces tengo la sensación de que de algunos personajes se escribe más cuando han muerto que cuando están vivos; qué raro, ¿no?). En ese caso, tienes dos opciones (descartamos ya la de alguien que le conoció personalmente): o le encargas la necrológica a un periodista que conoce la obra del finado (vamos, que seguía toda su discografía, por rara que fuera), o a un músico que se vio muy influido por el personaje. En ambos casos, contarán cómo les afectó personalmente la música del homenajeado, con lo que sus artículos serán más apasionados. ¿Que les faltan fechas? ¿Y qué? El día que muera Clint Eastwood, a un fan de sus películas lo que realmente le interesará es que alguien le cuente cosas que no sabía o qué sentimientos le provocaba; le importará un comino qué año dirigió “Sin perdón” o si “Los puentes de Madison” se basaba en una novela. A eso deberían tender las necrológicas.

Volvamos al caso de Steve Jobs. Por desgracia, yo no lo conocí personalmente (ni tampoco a Bill Gates, cosa que también me encantaría), pero –y supongo que como miles, millones de personas en el mundo– sí he disfrutado de sus creaciones. Esa simple experiencia (la mía y, repito, la de los miles de usuarios de Apple) me permite (nos permite) hablar de Jobs con más propiedad que el típico redactorcillo que se limita a copiar fechas y datos y a escupirlos de forma mecánica.

He contado en anteriores ocasiones que mi ingreso” en la informática fue tardío, tras malas experiencias previas con inventos diabólicos como el Amstrad (supuestamente un ordenador; en la realidad, una máquina de escribir que te quemaba la vista con sus letras verde fosforito). Mi primer contacto con un Mac (en aquella época los llamábamos con el nombre completo, Macintosh) fue cuando trabajé como becario en el diario Avui, allá por 1985. Recuerdo que era uno de esos modelos primitivos, con pantalla cuadrada y pequeña.
No volvería a ver otro hasta 1990, cuando empecé a trabajar en otro periódico, el desaparecido ‘Las Noticias, y allí mi relación con el Mac fue más estrecha, ya que gracias a un (en ese momento) avanzado sistema los redactores podíamos escribir y maquetar el texto. Llegados a este punto, supongo que muchos pensarán que me convertí en un loco de Apple. Pues no, ya que, por el contrario, caí en las redes de la competencia y me convertí en un pecero irreductible, otro esclavo más de la secta Windows. Esto tiene una explicación técnica: en esa época, tener un Mac a nivel de usuario doméstico era poco más o menos una proeza, por las dificultades añadidas que tenía: se encontraban pocos programas, las conexiones a internet no estaban preparadas para su configuración, no abundaban las tiendas
Naturalmente, Apple no solo es Mac, y tendríamos que hablar del iPod, el iPhone, el iPad El primero nunca llegué a tenerlo: nunca he sido de llevar música encima (ni en la época de los horribles walkman, ni de los pesados discman). Pienso que, como se dice vulgarmente, hay que salir de casa meado; dicho de otro modo, la música es para escuchar en casa, no en el metro ni corriendo, por mucho que quieras ir de místico a lo Murakami.
En cambio, hace poco más de un año caí en la tentación del iPhone. Yo, que era un usuario a muerte de los Motorola (y, atención, siempre de los modelos de concha o tapa, un recuerdo subliminal de los intercomunicadores de Star Trek)  y renegaba de las pantallas táctiles y todo eso, ahora no podría vivir sin mi iPhone. Es mi sueño hecho realidad, con todas las aplicaciones que siempre he deseado, por tontas que parezcan: ¿Cuántas veces has estado en un bar y has oído una canción y venderías a tu madre por saber el título? ¿Cuántas veces te has encontrado perdido en una calle de otra ciudad preguntándote dónde puedes encontrar una farmacia? Ahora tienes todas esas respuestas, y muchas más.
¿Y el iPad? Bueno, eso, al igual que el iMac con pantallón para mi casa, tendrá que esperar a que me toque la lotería, porque de otro modo lo veo difícil. Y estoy seguro de que (lamentablemente ya sin Steve Jobs) Apple seguirá sacando iCosas de todo tipo, siempre útiles y estéticamente bellas (el diseño es una de las grandes bazas de la marca). Y uno, como si fuera Batman con sus bat-artilugios, se sentirá un superhéroe de la tecnología.

Todo eso, gracias a Steve.

Treme: Tell It Like It Is (y 6)

“Inside Treme”: las interioridades de la serie.
Como todas las series (de éxito masivo o de culto) que se precien, “Treme” cuenta en internet con una nutrida selección de páginas y blogs dedicadas, destripando y analizando sus capítulos y sus personajes y el realismo de su retrato del Nueva Orleans post-Katrina.
Entre las más generalistas, centradas en todos los aspectos de la producción, encontramos, claro está, la web oficial de HBO; el blog “Inside Treme”, creado por el antes citado Lolis Eric Elie, ex columnista de ‘The Times-Picayune’; y la sección que le dedica el portal Nola.com, con noticias, vídeos, análisis de los personajes y de los episodios (frases, slang, referencias musicales), fotografías, enlaces, etc.
“La música de Treme”: el podcast español.
Sin embargo, y dado el carácter de la serie, resultan más interesantes las webs que hacen hincapié en los aspectos musicales. En España, el periodista Antonio Martínez creó el blog-podcast “La música de Treme”, en el que comentaba las canciones que sonaban en los episodios. Su éxito –fue el podcast más descargado en nuestro país en categoría musical– motivó el salto a la antena de la Cadena Ser el 4 de julio de 2010, emitiéndose las madrugadas de los sábados y los domingos. En estos momentos, el blog no se actualiza, pero aún pueden escucharse (y descargarse) los podcasts.
Y en territorio norteamericano, uno de los blogs más veteranos y completos es “Music Of Treme”. Junto a la lista con las canciones de cada episodio (con intérprete, álbum, escena en la que aparece), incluye noticias sobre la serie e información sobre la ciudad. Su creador es Mel Harris, quien se autodefine como “únicamente un fan de la serie”. A través del correo electrónico, explica el origen de su página: “Empezó después de que ‘Treme’ se estrenara en los Estados Unidos, y la creé para dar más detalles sobre la música y los músicos retratados en ella. HBO tiene una lista de las canciones en la web de la serie, pero si un actor canta o toca, no da ninguna referencia sobre quién compuso e interpretó la canción originalmente. Así que doy esta información y también cuelgo vídeos, si están disponibles”.
“The Music Of Treme”: todo sobre la banda sonora.
Harris está muy satisfecho de la selección musical de “Treme” (“ciertamente es mejor que la de cualquiera de las series sobre Nueva Orleans que se han hecho antes”), y de la forma como se integra en la trama: “Es difícil hablar de esta ciudad sin hacer ninguna mención a la música y/o la comida, así que funciona muy bien en la historia. La música no es abrumadora: algunas personas me han comentado que no se habrían percatado de algunas de las canciones de no haberlas visto en la lista de mi blog. Algunas canciones solo suenan durante unos segundos y normalmente de forma sutil”.
Y como residente en Nueva Orleans, el creador de “Music Of Treme” cree que la producción de Simon retrata la ciudad y la escena musical de forma realista: “El hecho de que muchos de los músicos se interpretan a sí mismos y que ruedan en la ciudad añade autenticidad a la serie. No sé cómo podría hacerse una historia ficticia de forma más realista. No he leído muchas quejas entre los residentes de la ciudad sobre cómo la describen”.

Treme: Let The Good Times Roll (5)

Blake Leyh, el genio tras la selección musical de “Treme”. Foto: Arnold Finkelstein
Decíamos antes que la trama principal de “Treme” es la recuperación de la cultura, una cultura que tiene en la música uno de sus pilares básicos. Hasta ahora, todas las producciones (televisivas y cinematográficas) ambientadas en Nueva Orleans habían considerado la música como un simple atrezo exótico y localista. Uno de los principales artífices de la riqueza y calidad de la banda sonora de “Treme” es su supervisor musical Blake Leyh, quien ya ejerció la misma función en “The Wire”. A través del correo electrónico nos desentraña su método de trabajo.
En “Treme” la música desempeña literalmente un papel central, no solo como telón de fondo, sino que se convierte en un personaje más de la narración y se entrelaza con ella orgánicamente: es el “pegamento” que une todas las piezas y está en todas partes: en la radio, en los funerales, en los carnavales, en los bares, en los aeropuertos y hasta en las casas. Además, se percibe el esfuerzo por atrapar la música de forma natural, casi como en forma de grabaciones de campo (todas las actuaciones se registran en directo, incluidos los desfiles callejeros, y muchas de ellas se solapan).
“Treme”: la calle como escenatio.
“Toda la música se escoge en colaboración con los guionistas y conmigo. La música en directo se elige sobre todo durante la fase de escritura y se incluye en el guión. La música ‘’fuente’, la que suena en bares, coches, etc., se escoge sobre todo durante la fase de montaje. Los guionistas y yo tenemos una amplia colección de música favorita que siempre intentamos incluir, pero el elemento principal que motiva la elección es responder a esta pregunta: ‘¿Qué música estaría sonando de verdad si esta escena ocurriera en la vida real?’”, explica Leyh.
Sin embargo, no cree que la música tenga un papel más determinante que la propia trama: “No, la historia es lo más importante. La música sirve a la historia. En el nivel más básico, la historia trata de cómo la cultura salvó la ciudad, y la música es una enorme piedra angular de la cultura, así que es necesariamente fundamental. Pero la música sirve a la historia, y no al contrario”.
Nuevamente, siguiendo las pautas habituales en busca de la autenticidad de las producciones de David Simon, en “Treme” hay un cuidado especial en utilizar música que pertenezca a la línea temporal de la historia (2006-2007 en las dos primeras temporadas). “En ‘The Wire’ ya nos preocupamos en incluir música que fuera adecuada al lugar y el período temporal. Y en ‘Treme’ somos muy cuidadosos en escoger música que realmente sonara en el tiempo y el lugar en que transcurre la historia”, reconoce Leyh.
Ron Carter incrédulo ante las explicaciones de Albert Lambreaux.
Los guiones de “Treme” están plagados de referencias y guiños en los diálogos que difícilmente captará el espectador medio. Unos cuantos ejemplos: “En Nueva Orleans les gusta la música, pero no quieren a los músicos”; “Olvida todo lo que te han dicho de Jesús, Buda, Alá, porque solo existe un Dios y se llama Professor Longhair”; o “Eso es como decirle a una puta cómo debe acabar su trabajo” (la frase lapidaria que exclama Dr. John cuando el personaje de Albert Lambreaux enseña a tocar el contrabajo ¡¡¡al mismísimo Ron Carter!!!). “El enfoque de David Simon sobre el ‘storytelling’ se basa en no explicarlo todo. Todo su trabajo utiliza ese enfoque básico, contando la historia desde el punto de vista de alguien que está dentro de ella”, aclara el supervisor musical de la serie.
¿Y qué decir de los títulos de cada capítulo? Todos ellos, sin excepción, pertenecen a canciones asociadas a Nueva Orleans y a sus artistas: “Do You Know What It Means?”, “Meet Da Boys On The Battlefront”, “Right Place, Wrong Time”, “At The Foot Of Canal Street”, “I’ll Fly Away”, “Everything I Do Gonh Be Funky” o “All On A Mardi Gras Day”, solo por citar algunos.

John Hiatt: “Feels Like Rain” post-Katrina.
Pero más allá de los diálogos y los títulos, hay multitud de escenas con situaciones que solo pueden ser apreciadas en su plenitud por parte del espectador si posee un cierto background musical: a Delmond, que quiere grabar un disco que funda el jazz moderno con la tradición de los indios, le aconsejan tener presencia en internet (Facebook, MySpace, etc.) para llegar a más público; DJ Davis le da discos de Public Enemy, The Clash y Woody Guthrie al rapero Lil Calliope para que se inspire; Harley y Annie van a un concierto de John Hiatt y el primero le explica por qué “Feels Like Rain” es una gran canción; los músicos ponen pegas a interpretar esos temas que todo el mundo identifica con Nueva Orleans, como “When The Saints Go Marchin’ In”, o se niegan a actuar la concurrida Bourbon Street porque lo consideran un desprestigio y una vergüenza (y más si es en locales de striptease).  Y solo son unos pocos ejemplos.
No solo de jazz y blues vive Nueva Orleans; al contrario, en su calidad de ciudad crisol de culturas, acumula todos los sonidos inimaginables. Y ese eclecticismo es, al mismo tiempo, una dificultad: muchos seguidores de “Treme” criticaron la primera temporada porque, por ejemplo, no contaba nada sobre la escena bounce (un sensual subestilo de hip hop local que, de hecho, aparece desarrollado en la segunda) y se centraba básicamente en el jazz. Leyh se defiende: “No puedes incluirlo todo. Estamos contando una historia específica. Pero esperamos tener una gran variedad de los diferentes estilos de la música de Nueva Orleans antes de que la serie acabe”.
DJ Davis & The Brassy Knoll: hip hop + brass band
En términos musicales, en la serie hay una lucha constante entre la tradición y los sonidos modernos: el jefe de la WWOZ quiere que se emitan lo que podríamos llamar “canciones típicas asociadas a Nueva Orleans”, pero Davis quiere poner bounce; Albert Lambreaux pertenece a los Indians pero su hijo Delmond está metido en el jazz moderno… Y, nuevamente, ficción y realidad se entrecruzan: la fusión que quiere llevar a cabo Davis con su grupo no está muy lejos de lo que los orleanos Galactic han hecho en álbumes como “From The Corner To The Block” (2007). “Personalmente, me gustan todos los estilos en la historia de la música de Nueva Orleans. Aunque los músicos y las bandas necesariamente se centran en una parte determinada de la música, en la serie intentamos mostrarlo todo–replica Leyh–. No creo que Galactic estén intentando combinar lo viejo y lo nuevo, solo están cogiendo de todas las tradiciones musicales de la ciudad. Lo mismo ocurre con The Brassy Knoll, nuestra banda ficticia. A McAlary le apasionan las brass bands, el bounce y el hip hop, así que es natural para él combinar todo eso. Nueva Orleans es una ciudad pequeña y la comunidad musical es muy dinámica; hay muchos músicos que se ponen una máscara en una banda de los indios del Mardi Gras y también interpretan bounce”.
Elvis Costello: recordando la grabación de “The River In Reverse”.
Y queda, claro está, la enorme cantidad de cameos de músicos que aparecen a lo largo de la serie, interpretándose a sí mismos, ya sea en conciertos, en grabaciones o con breves diálogos. La lista es sencillamente increíble, pero ahí va una aproximación de los más destacados: Kermitt Ruffins, Tremé Brass Band, Coco Robicheaux (montando el pollo, y nunca mejor dicho, al sacrificar a un ídem en los estudios de la WWOZ como parte de una ceremonia vudú), Trombone Shorty, Galactic, Elvis Costello y Allen Toussaint (durante la grabación de su disco conjunto “The River In Reverse”, de 2006), Dr. John, John Boutté, McCoy Tyner, Ron Carter, Donald Harrison, Pine Leaf Boys, Dumpstaphunk, Terence Blanchard, Cassandra Wilson, Jon Cleary, Lloyd Price, Irma Thomas, Dave Bartholomew, Christian Scott, Bonerama, Dirty Dozen Brass Band, The subdudes, Mem Shannon, Shawn Colvin, Big Freedia, Walter “Wolfman” Washington, John Hiatt, Henry Butler, Cyril Neville, Chris Thomas King, Iguanas, Lucinda Williams…
Dr John: presencia inevitable.
Esta apabullante selección, cómo no, responde también al rigor “histórico”, al incluir únicamente a artistas que realmente estuvieran en la ciudad en ese período post-Katrina. “Sí, solo se utilizan a músicos que estuvieran realmente presentes en esa época. Es una manera sencilla de mantener la ‘autenticidad’ de la historia”. El colmo de la obsesión por reconstruir lo que pasó realmente se puede ver en el último capítulo de la segunda temporada, ambientado durante la celebración del New Orleans Jazz & Heritage Festival, con conciertos de Lucinda Williams y The Iguanas. “Ambos tocaron realmente en 2007, pero recreamos sus conciertos para la serie”. Impresionante.
John Boutté, la voz de Nueva Orleans.
Por último, y no por ello menos importante, no puede olvidarse el brillante tema principal que abre la serie, “Treme Song”, interpretado por un (hasta el momento) desconocido John Boutté. Una canción incluida en su álbum “Jambalaya” (2003) y que ahora, con la fuerza de las imágenes documentales de la careta, cobra una relevancia especial que, además, encaja perfectamente con el espíritu de la serie. John es hermano de la cantante de jazz y gospel Lillian Boutté, y es un ejemplo del carácter único de la ciudad, al albergar una pléyade de dinastías familiares de músicos: Marsalis, Andrews, Neville, Batiste… Leyh nos da una primicia: “Actualmente estoy produciendo su nuevo álbum. Creo que es ‘La voz de Nueva Orleans’ y uno de los cantantes norteamericanos actuales con más talento. Supimos desde el primer momento que ‘Treme Song’ era la canción perfecta para la serie”.

Aprovechando el tirón de la serie, se han organizado diversos conciertos benéficos. El 28 de agosto de 2010, en el quinto aniversario del Katrina, diversos artistas asociados con la banda sonora -John Boutté, Irma Thomas, Kermit Ruffins, Lloyd Price, Jon Cleary, James Andrews, Coco Robicheaux, Paul Sanchez, Rebirth Brass Band y Mardi Gras Indians, entre otros- actuaron en el House Of Blues de Nueva Orleans en el espectáculo “A Night Of Treme”, a beneficio de la fundación Make It Right, para apoyar su programa de construcción de casas seguras y sostenibles para las familias del distrito noveno que lo perdieron todo. El show sirvió también como avance de la banda sonora.
Posteriormente, el 12 de febrero de 2011 se montó otro concierto con The Pfister Sisters, John Boutté, Tom McDermott, Matt Perrine, Washboard Chaz, Glen David Andrews y varios actores de la serie, cuyos beneficios se destinaron a la New Orleans Musician’s Clinic y The Roots Of Music. Y actualmente está en marcha una gira denominada “A Night In Treme”, con una formación cambiante de músicos de Nueva Orleans que incluye a Rebirth Brass Band, Donald Harrison y Glen David Andrews, entre otros. “Una de las consignas específicas de la serie ha sido ayudar a la comunidad musical de Nueva Orleans de cualquier forma que pudiéramos. Utilizamos música controlada por artistas locales siempre que sea posible como una manera específica de devolver el dinero a la economía local”: las palabras de Leyh corroboran, nuevamente, que “Treme” no es una producción más que se aproveche de una localización atractiva, sino que tiene entre sus objetivos formar parte de la vida de su comunidad.

Con todo, es inevitable que haya generado el merchandising habitual, en este caso con la edición de la banda sonora y el DVD de la primera temporada. Es una lástima que la gran cantidad de excelente material musical filmado ex profeso para la serie no se incluya en los DVDs –en cambio, pueden descargarse previo pago en iTunes–. Pero está claro que, cuando termine esta producción (tenga tres, cinco o las temporadas que sean), debería publicarse una caja con varios CDs –algo similar a “Doctors, Professors, Kings & Queens: The Big Ol’ Box Of New Orleans” (2004), por ejemplo-, que recogiera todas las canciones que han sonado a lo largo de sus capítulos. Por desgracia, no hay planes de hacer algo parecido, según confiesa Leyh: “Todo es una cuestión económica. La gente ya no compra discos, y es un reto incluso editar la banda sonora de la serie. Personalmente, me encantaría ver una enorme caja con la música de la serie, pero no sé si eso pasará”.