Archive | noviembre 2011

los Cowboy Junkies, volviendo al lugar del crimen

Estos días andan de gira por España los Cowboy Junkies. Por eso es oportuno recordar Trinity Revisited (2008), el disco donde los canadienses revisitaron (y valga la redundancia) su carismático The Trinity Sessions, volviendo al lugar del crimen.

Hay momentos que parecen irrepetibles. Hace veinte años, Cowboy Junkies se plantaron en una iglesia de Toronto (The Church of the Holy Trinity), y en un solo día y con un único micrófono grabaron el álbum The Trinity Sessions (1988), posiblemente su mejor trabajo.

Para celebrar el veinte aniversario de ese legendario disco, el grupo canadiense ha vuelto al mismo escenario, pero esta vez con varias cámaras y un puñado de amigos, para volver a interpretar íntegramente y en el mismo orden las canciones de The Trinity Sessions.

El nuevo acercamiento que propone Trinity Revisited a ese material ya conocido tiene dos valores añadidos: por un lado, la experiencia adquirida por Margo Timmins y sus compañeros a lo largo de dos décadas, que enriquece los matices de las canciones y en algunos casos los amplía (como ese Sweet Jane de Lou Reed de más de ocho minutos).

Y por otro, el talento de los amigos que colaboran con los Cowboy Junkies: Natalie Merchant (solista en To Love Is To Bury), Jeff Bird, Ryan Adams (solista en 200 More Miles) y, sobre todo, Vic Chesnutt, estremecedor en Postcard Blues, en Blue Moon Revisited, en el I‘m So Lonesome I Could Cry de Hank Williams, y en el Dreaming My Dreams With You de Waylon Jennings.

Desde el tradicional cántico a capela Mining For Gold que abre el disco, hasta el honky tonk de Patsy Cline Walking After Midnight que lo cierra, Trinity Revisited es una delicia de principio a fin. Y más aún, si se tiene en cuenta que incluye un DVD con todo el concierto y un documental.

recordando a Gram Parsons

Tal día como hoy nacía Gram Parsons. Para recordar al padre del country-rock, nada mejor que la crítica de uno de los mejores discos de tributo que se le dedicaron, Return Of The Grievous Angel. A Tribute To Gram Parsons, editado en 1999 por el sello Almo.

Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.

Con su presencia en grupos como International Submarine Band, Byrds y Flying Burrito Brothers, y con solo dos álbumes en solitario, edificó un estilo descrito por él mismo como “música cósmica americana”. Por ello se le considera padre del country-rock y del actual country alternativo, aunque su influencia ha alcanzado a artistas de todos los estilos.

Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.

En Return Of The Grievous Angel encontramos a algunos de los herederos de Gram, pertenecientes a la facción del country insurgente, como Wilco y Whiskeytown; a colegas como Chris Hillman y la propia Emmylou; y a fervientes admiradores como Beck, Elvis Costello o Sheryl Crow. No sobra ninguno, pero sí se echa en falta la presencia de Dwight Yoakam, por ejemplo.

El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock’n’roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.

La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.

Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.

En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.

Según Gillian Welch, Parsons “abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran”. Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.