Archive | julio 2012

recuperando el final de “Perdidos”

Hace días, y no me preguntéis por qué, siento la extraña necesidad de volver a ver el final de “Perdidos”. Han pasado más de dos años desde que la serie emitió su último episodio (en concreto, el 23 de mayo de 2010), pero me apetece volver a emocionarme con ese controvertido desenlace que indignó y disgustó a tantos, y entusiasmó a unos pocos, entre los que me encuentro. Así que voy a recuperar la versión extendida (sin cortes) del artículo que escribí en su momento. Y cuando tenga tiempo (después de ver las temporadas atrasadas de otras series que tengo en el tintero, como “The Big Bang Theory”, “Californication”, “True Blood” y alguna más), volveré a emocionarme con Jack, Kate, Locke, Benjamin y el resto de personajes.
El escritor y guionista Barry Gifford y el director David Lynch, colaboradores en varios proyectos, comparten la misma idea sobre lo que supone la experiencia de ir al cine: “Entras en un sueño y debes entregarte a ese sueño, rendirte a él del todo. No es una visión muy distinta de la que tenía Buñuel: cualquier cosa es posible, dejas de preocuparte por los parámetros convencionales de cualquier historia”. Estas palabras deberían grabarse a fuego en el culo de todos los verdaderos seguidores de “Perdidos”. No los advenedizos que se han enganchado a partir de la tercera o cuarta temporada a rebufo del boom mediático, o quienes han criticado la serie desde un principio porque prefieren producciones con ínfulas sociológico-documentales como “The Wire”.
La escisión creada en el seno de la parroquia lostie ha tenido su origen en el tan esperado final: horrible para unos, idóneo para otros. Más allá del hecho histórico de su emisión simultánea en todo el mundo, ¿qué se podía esperar de una serie plagada de macguffins? ¿Una explicación pormenorizada para resolver todos los cabos sueltos? En absoluto. Un final frustrante es aquel que deja a unos personajes con los que te has encariñado durante años en una situación ambigua, como ocurrió con “Los Soprano” porque, en el fondo, siempre esperarás que vuelvan con otra temporada o con un largometraje.
Pero el desenlace de “Perdidos” no deja ningún margen a la duda: aquí no hay vuelta atrás, sabes que nunca volverás a ver a Jack, Sawyer, Locke y todos los demás. Se acabó definitivamente y eso te produce una tremenda sensación de alivio, como cuando una persona querida, después de sufrir una larga enfermedad, muere. De forma paralela a lo que viven los protagonistas, que solucionan su deuda con el pasado y “avanzan” (y lo de menos es hacia dónde), los seguidores de la serie respiran aliviados y pueden seguir con sus rutinarias vidas.
¿Pero fue bueno o malo el final de “Perdidos”? Desde un punto de vista narrativo, exhibió una estructura ejemplar: si el primer episodio empezaba cuando Jack abría los ojos, tendido en la jungla, el perro acercándose y un plano de una zapatilla colgada en un árbol, el último acababa en el mismo sitio, tras ver de nuevo la zapatilla (deteriorada por el paso del tiempo), cuando Jack, en el suelo junto al perro, cerraba los ojos. El círculo perfecto.
Hasta llegar aquí, una cascada de emociones –reforzadas por la brillante banda sonora de Michael Giacchino–, culminando en una inesperada revelación evocadora de “El sexto sentido”. Esa resolución y sus supuestas connotaciones religiosas han sido lo que más ha soliviantado a los detractores; algunos hasta se han atrevido a compararlo con la “Autopista hacia el cielo” de Michael Landon.
Pero especialmente les ha molestado no encontrar respuestas a todos los interrogantes planteados, sufriendo un ataque súbito de racionalidad totalmente contrario al espíritu de la historia: si desde un principio has aceptado una trama llena de sinsentidos, ¿a qué viene ahora pedir el libro de reclamaciones porque no se han resuelto? Y sobre todo, si tenemos en cuenta los buenos momentos televisivos que nos ha proporcionado. Los losties andan alborozados porque aseguran que cuando la sexta temporada se edite en DVD incluirá metraje extra que supuestamente explicará más cosas. Gracias, pero no hace falta. Para mí, el final emitido es el definitivo y no necesito nada más.
 

el inglés que parecía yanqui: Hugh Laurie

Estos días anda por nuestras tierras Hugh Laurie, presentando su álbum de debut “Let Them Talk” (Warner, 2011). Un buen momento, pues, para recordar ese espléndido disco, una muestra de que el proyecto del artista anteriormente conocido como Dr. House es mucho más que el capricho de un actor.
Es un actor británico, con todas las skills que eso supone; pero, además, Hugh Laurie es un gran aficionado al blues, desde que escuchó a Willie Dixon en la radio y Nueva Orleans se convirtió en “su Jerusalén”. Si a eso le sumamos que empezó a tocar el piano a los 6 años y que se aficionó a las grabaciones de las leyendas del blues, comprenderemos mejor que Let Them Talk no es el típico capricho de estrella. Eso sí, en las notas interiores afirma que “soy un inglés blanco de clase media entrando abiertamente sin autorización en la música y el mito del sur norteamericano”. Más claro, imposible.

En su debut como solista –previamente ha grabado con Band From TV, un grupo integrado por actores, y tocó el piano en un tema del álbum Hang Cool Teddy Bear(2010) de Meat Loaf-, el protagonista de “House” se ha rodeado del mejor equipo, empezando por el productor, Joe Henry, quien ha aportado al núcleo duro de sus colaboradores (Jay Bellerose, David Piltch y Patrick Warren), junto a brillantes instrumentistas como Greg Leisz y Kevin Breit, una sección de metales arreglada por Allen Toussaint y la participación de Irma Thomas, Tom Jones y otro matasanos famoso, Dr. John. 

Y llegamos al talento del propio Laurie: en este homenaje al blues de Nueva Orleans se muestra como un pianista impresionante, especialmente en sus recreaciones de St. James Infirmary, Buddy Bolden’s Blues, Swanee River y Tipitina. Como cantante es más discreto; aun así, supera con nota el slow acústico Six Cold Feet, se apaña como crooner jazz en Winin’ Boy Blues y se sumerge en los pantanos con The Whale Has Swallowed Me. Hasta el momento, Hugh Laurie nos había convencido como actor; tras este disco, nos ha encandilado como músico.

Y aquí podéis ver un reportaje sobre la grabación de Let Them Talk: