Archive | agosto 2012

psychobilly para cowboys espaciales

El próximo 18 de septiembre Dwight Yoakam publicará su nuevo álbum en siete años, titulado “3 Pears”, que incluye un par de canciones coproducidas por Beck. Por eso, recuperamos el artículo que un servidor escribió para el libro “Antología del Country” (Editorial Celeste, 1996). En él se repasa la primera época de su trayectoria (hasta 1995), para muchos (entre los que me incluyo) la mejor del carismático cantante.

Ya habían pasado tres años desde que un ataque al corazón acabó con el vía crucis vital de Hank Williams. Corría 1956, y Stonewall Jackson había ahorrado suficiente dinero para ir a Nashville. Y en las mismas fechas, Buck Owens grabó sus primeros singles con su propio nombre. 1956 aún deparaba más sorpresas: un 23 de octubre nacería Dwight Yoakam, el enfant terrible destinado a remover los cimientos del country.

Un inciso para hablar de injusticias: que los medios de comunicación y la industria coincidan en nombrar a Garth Brooks el padre oficial del nuevo country, no es más que una nueva muestra de que lo diferente nunca es aceptado. Aquí no hay opiniones subjetivas, sino pruebas fehacientes: a mediados de los ochenta, Yoakam encabezó el neotradicionalismo junto a Nanci Griffith, Steve Earle, Randy Travis, Lyle Lovett y k.d.lang, aunque la propia industria se esmerara por enterrar sus hallazgos.

Volvamos al 56. El escenario, Pikesville, Kentucky, tierra de mineros, con un pequeño Dwight fascinado por el honky tonk, esa desviación del country que recurrió a la electricidad y al volumen alto para poder ser oída entre el barullo de los garitos donde abundaba la bebida y las mujeres fáciles. Su escuela, la carretera: forjó su estilo en los bares a lo largo de la Ruta 23, en el sur de Ohio. A mediados de los setenta, el salto a Nashville. Allí corrían malos tiempos para el country: la herencia se había perdido e imperaban los sonidos blandos. En el reinado de los John Denvers y los Kenny Rogers, Yoakam fue rechazado por ser “demasiado country”.

Desanimado, se trasladó a Los Ángeles en 1978, donde le esperaba nuevamente el circuito de clubs. Hasta que juntó una banda, The Babylonian Cowboys, con la que teloneó a Los Lobos, The Blasters y Lone Justice. El contacto con el público rock le hizo ganar adeptos, pero aún tenía la espina clavada de su fracaso en Nashville. El deseo de recapturar la esencia original del country le llevó a concebir el neotradicionalismo, un vehículo para actualizar el sonido del country clásico, y demostrar que es tan excitante, apasionado y dinámico como el rock.

Para ilustrar su teoría, invocó el espíritu de Hank Williams, el precursor del rock’n’roll por su sonido y por su modo de vida. Dwight no podía olvidar tampoco que estaba en California, el feudo del estilo Bakersfield creado por Buck Owens, un honky tonk potente con letras sobre amor y bebida. Y, aunque no se considerara un estricto revivalista, quería recuperar el mismo tipo de eco que se escuchaba en los discos de Stonewall Jackson, eso sí, utilizando la tecnología punta.

Mezclando esas influencias, grabó un tema para el recopilatorio A Town South Of Bakersfield (1986), y llamó la atención del productor Pete Anderson. Este excelente guitarrista es el responsable directo del vigor rockista de Yoakam y de las guitarras incendiarias que pueblan sus grabaciones. Tras editar un miniLP, fichó en 1984 para Reprise y regrabó algunas de las canciones en su debut, Guitars Cadillacs Etc. Etc. (1986), con versiones de Honky Tonk Man (Johnny Horton) y Ring Of Fire (Johnny Cash), junto a himnos propios como Guitars, Cadillacs o Bury Me. El disco causó revuelo en Nashville: gracias al apoyo de su excelente directo se vendió bien, y parecía que la meca del country daría la bienvenida a Yoakam como una estrella. Pero su condición de bocazas le privó de una fama mayor: algunos comentarios a la prensa sobre la “basura de Nashville” le condenaron a la lista negra y le convirtieron en un outsider.

Su segundo LP, Hillbilly De Luxe (1987), contaba con recreaciones de Always Late With Your Kisses (Lefty Frizzell) y Little Sister (Elvis Presley), mientras que el tercero Buenas Noches From A Lonely Room (1988), ofrecía actualizaciones de Home Of The Blues (Johnny Cash), I Hear You Knockin’ y, sobre todo, Streets Of Bakersfield (con su intérprete original, Buck Owens, y el acordeonista tex mex Flaco Jiménez).

La primera etapa de la carrera de Yoakam se cerró con el grandes éxitos Just Lookin’ For A Hit (1989), que aparte de incluir algunos de los temas más conocidos de sus anteriores discos, presentaba dos versiones inéditas: Long White Cadillac (Blasters), y Sin City (Gram Parsons), a dúo con k.d.lang.

If There Was A Way (1990) iniciaría un cambio de rumbo en la trayectoria del cantante, alejándose de las versiones para profundizar cada vez más en sus propias composiciones, dando lugar a su álbum más “blues”. Aprovechando la coyuntura del éxito de Garth Brooks, Reprise intentó apuntarse un tanto con Yoakam con La Croix d’Amour (1992), un disco destinado al mercado europeo que reunía sus temas más cercanos al pop y al rock, con versiones de Things We Said Today (Beatles), Here Comes The Night, Let’s Work Together, Suspicious Minds (Elvis) y Truckin’ (Grateful Dead). Tras este paréntesis, Dwight volvió al nuevo material con This Time (1993), poblado de grandes canciones que demostraron su madurez como compositor. Y en 1995, otro paréntesis con Dwight Live, grabado en directo en San Francisco, retrato de sus vibrantes shows.

En su último álbum, Gone (1995), Yoakam intenta responder a preguntas existenciales que no se había planteado anteriormente en su trabajo, y que le han llevado a declarar que este disco ha supuesto su experiencia más gratificante como compositor. A pesar de esta pátina trascendental, puede ser disfrutado también solo a nivel superficial: en Sorry You Asked, sobre un ritmo a lo Johnny Cash, un tipo borracho le cuenta a otro por qué se ha separado de su mujer, mientras unas trompetillas mexicanas rompen la melodramática situación; Near You se acerca al pop de los Everly Brothers, con los coros de The Rembrandts; Don’t Be Sad y Gone aportan su ritmo honky tonk trotón a unas letras teñidas de cinismo; Nothing se abre con una atmósfera inquietante a lo Twin Peaks, mientras que Never Hold You ofrece un insólito tratamiento blues-rock; This Much I Know es una balada marcada por un redoble casi marcial, mientras que Heart Of Stone utiliza una intro orquestal a lo Patsy Cline; y el exotismo aparece en la polka tex mex con acordeón de Baby Why Not, y en el sitar de One More Night.

En el corazón de Texas, los expertos aseguran que el country auténtico es aquel que se toca en bares de mala muerte para gente que quiere bailar, mientras escucha historias de la vida real con las que se puede identificar, cantadas con pasión y convicción.

El legendario Buck Owens, junto a Dwight Yoakam: unidos por el sonido Bakersfield.

Y eso es, precisamente, lo que ofrece Yoakam: country puro y duro hecho con honestidad, que bebe en las fuentes del rock’n’roll, cruza la frontera con México, expresa sentimientos teñidos de cinismo o desgarro emocional, entona himnos de autodestrucción utilizando el tópico del alcohol, y calienta los honky tonk con ritmos trotones. El mismo Dwight lo llama “psychobilly”: es un sonido country, pero como ironizaba en los dibujos de cowboys espaciales de su segundo LP, un country con visión de futuro, con un pie plantado firmemente en las raíces, y el otro saltando hacia un porvenir híbrido y mutante, donde se mezclan el pop, el blues y el rockabilly.

Su papel de llevar el country a una audiencia nueva, más joven, ha sido determinante: las portadas de sus discos, sus videoclips, sus grandes canciones y su carisma claman a horizontes mucho más amplios que los impuestos por el corsé de Nashville: aquí no hay camisas de diseño, ni rodeos… hay ambiciones artísticas: relojes blandos de Dalí, pinturas abstractas, guiones insanos a lo David Lynch o Barry Gifford… demasiado para los redneck de a pie.

A pesar del ostracismo sufrido por su aplastante sinceridad, este cantante-a-un-Stetson-pegado ha sobrevivido gracias a la fuerza de su trabajo, y ha madurado convirtiéndose en un clásico como sus admirados Williams, Jackson y Owens.

Y para terminar, aquí tenéis una lista con la mayoría de canciones que se citan en el artículo. A disfrutarla…

MICROCRÍTICA: isaac hayes

“Raw & Refined” (Pointblank, 1995)

“Branded” (Pointblank, 1995)
El retorno de Black Moses por partida doble: el álbum instrumental firmado por su Movement despliega funk sinfónico para bandas sonoras donde reina el paroxismo de la wah-wah; y el disco de canciones reconvertidas al tamiz Hayes (Fragile de Sting y Summer In The City de John Sebastian), tórridas calenturas (Let Me Love You) y experimentos (Hyperbolics…, doce minutos de funk mántrico con Chuck D). No es nuevo, pero es todo un clásico. (440 caracteres)

MICROCRÍTICA: knoxville girls

“In A Paper Suit” (In The Red, 2001)
Ni son chicas ni son de Knoxville: son tipos duros (ex de Sonic Youth, Pussy Galore, Gun Club y Bad Seeds), capitaneados por el feroz guitarrista Kid Congo Powers. Funden su bagaje con las raíces, y de eso sale rock’n’roll pendenciero, lamentos campestres (del cancionero de Hank Williams y Hasil Adkins), spaghetti western y melodías juguetonas. Como The Cramps o Southern Culture On The Skids, pero sin rubia. (411 caracteres)