Archive | diciembre 2013

lo que más me gustó de 2013

Como dije en 2012: que quede claro: no me gusta hacer listas de lo mejor o lo peor. Considero que es algo altamente subjetivo. Por eso, esto no es una lista de lo mejor de 2013, sino una lista de lo que a mí me ha gustado más durante este año. Y por eso, también, no hay una numeración, porque me resulta imposible valorar qué disco o qué canción es mejor que otra. Así que os lo dejo en vuestras manos.

ÁLBUMES INTERNACIONALES

Cristian Kjellvander – The Pitcher

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CANCIONES INTERNACIONALES

ÁLBUMES NACIONALES
Juan Perro & La Zarabanda – Juan Perro & La Zarabanda
Wau y Los Arrrghs!!! – Todo roto

 

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CANCIONES NACIONALES

CONCIERTOS
Lucinda Williams & Doug Pettibone
Pony Bravo
Dexys
Neko Case
El Último Vecino
PELÍCULAS
Django desencadenado (Quentin Tarantino)
Las brujas de Zugarramurdi (Álex de la Iglesia)
Don Jon (Joseph Gordon-Levitt)
VIDEOCLIP
LIBRO
CÓMIC
Los capullos no regalan flores de Moderna de Pueblo
PROGRAMA DE TELEVISIÓN
SERIE
PERSONAJE DEL 2013
Mario Vaquerizo y Alberto Chicote
LO MEJOR DE LO MEJOR
Los días en BeniYork a tutiplén (bebiendo mojitos y margaritas poco después de desayunar), mi inmersión en los usos y costumbres del Poble, mi creciente círculo de amigos gracias a ti, mi nuevo tatuaje y, last but not least, .

recordando a Enrique Morente

Hoy se cumplen tres años de la muerte de Enrique Morente. Por eso es un buen momento para recordar la crítica que escribí sobre la primera entrega del “Libro de Morente” (Boronía, 2012), coordinado por Gabriel Núñez Hervás.

“Cada cual recuerda a Morente como sabe, o como puede, o como quiere”. Con estas sabias palabras Gabriel Núñez Hervás, director y editor de la revista ‘Boronía’, explica en el prólogo del “Libro de Morente”, el segundo especial dedicado al flamenco de esta magnífica publicación –el anterior, con el cantaor en portada y una extensa entrevista, se editó en 2010– el objetivo de este volumen: reunir anécdotas vividas junto al genio del Albaicín para construir “una novela de Enrique contada por las voces de los que estuvieron a su lado, en todos los sentidos”.

Trabajador, humilde, perfeccionista, enamorado de la vida y de la música, bromista, generoso de bolsillo y de corazón, bohemio, inquieto… y, por encima de todo, buena persona. Así era Morente, y así nos los transmiten los cincuenta y siete colaboradores de este libro, procedentes de diversos ámbitos –periodistas (Àlex d’Averc, Diego A. Manrique), músicos (Christina Rosenvinge, Paco Luque, Jerry González, José Ignacio Lapido), cineastas y un largo etcétera–, a través de textos emotivos y sinceros.

Por retratar momentos decisivos en la vida del granadino, merecen especial atención las aportaciones de Borja Casani (recordando las vicisitudes de uno de los primeros conciertos de “Omega”), Ignacio Julià (rememorando su encuentro con Sonic Youth), Francisco Gutiérrez Carbajo (explicando su vinculación a los ambientes universitarios madrileños) y Alberto Manzano (evocando su participación en la gira del disco de homenaje a Leonard Cohen).

Además de estar ilustrado con bellas imágenes de trece fotógrafos, el volumen incluye como epílogo una entrevista para Granada TV emitida pocos meses antes de la muerte del Maestro. “Libro de Morente” es una obra encantadora por su sencillez y su pasión, y logra acercar la enorme figura del artista a quienes no tuvimos la suerte de conocerlo.

Loquillo, el otro hombre de negro

La reciente reedición 30 aniversario de “El ritmo del garage” de Loquillo y Los Trogloditas es la excusa perfecta para recordar la excelente caja “Rock & Roll Star. 30 años / 1980-2010” (Warner, 2009), una antología para conocer a fondo a la única estrella que ha dado el rock en el estado español a través de su evolución y de sus múltiples personalidades artísticas.

“Soy un chico de la calle que vive su canción”, entonaba Loquillo en la premonitoria “Rock And Roll Star”, una frase que describía su condición de personaje más allá de la persona. Dicen que Johnny Cash, a pesar de no haber estado nunca en la trena –como mucho, pasó alguna noche en el calabozo- interpretaba sus murder songs con una credibilidad tal que emocionaba a los convictos. Algo parecido le ocurre al Loco: sus canciones no solo parecen haber sido escritas para él, erigidas en férreas declaraciones de principios y verdades como puños, sino que es capaz de apropiarse de himnos como “La mala reputación” de George Brassens o “El hombre de negro” de Cash y hacernos creer que son sus propias confesiones. Para llegar a este nivel de vampirización se requiere un proceso, una evolución, y esto es lo que documenta la monumental caja “Rock & Roll Star. 30 años / 1980-2010”.

Primero, las cifras: cinco CDs con un centenar de canciones, tres DVDs y un libreto de casi doscientas páginas, que se abre con una frase muy significativa de “Retorno a Brideshead” (Evelyn Waugh): “No poseemos nada con certeza, excepto nuestro pasado”. Aquí encontramos la primera de las claves para entender a nuestro protagonista: mientras muchos artistas reniegan de sus primeros escarceos, al chico del Clot no le preocupa retroceder a esos inicios, cuando su voz aún tenía mucho que aprender. De forma parecida (aunque sin la trascendencia) con la que su admirado Johnny Cash elaboró la caja “Love God Murder” (2000), Loquillo ha resumido su carrera en cinco discos “temáticos”.

Los dos primeros recogen sus “Éxitos” desde “Los tiempos están cambiando” (1981) hasta “Balmoral” (2008), desde su alianza con Los Intocables en “Rock And Roll Star” en 1981 hasta su reciente nueva versión de “El hombre de negro” junto a sus Highwaymen particulares (Jaime Urrutia, Andrés Calamaro y Enrique Bunbury). Un largo camino que va del hedonismo y las letras divertidas a los himnos autobiográficos (“Feo, fuerte y formal”) y la épica nostálgica (“John Milner”). Asistimos así a los cambios de piel del personaje: el cantante de rockabilly bisoño que sueña con chicas que comen cadáveres (“Carne para Linda”); el crooner elegante y bon vivant, más Dean Martin que Frank Sinatra (“Calidad de vida”); el cantautor concienciado con preocupaciones políticas (“El año que mataron a Salvador”).

Este recorrido nos demuestra también que el Loco posee una vasta cultura musical: del guiño a los Beach Boys en “Esto no es Hawai” y “Vaqueros del espacio” al tributo al subgénero del rig rock en “Quiero un camión”; de la rumba-rock en la polémica “La mataré” al Brassens de “La mala reputación”; de su confesa “Simpatía por los Stones” a su reivindicación de Burning (“Qué hace una chica como tú en un sitio como este”). Y también podríamos citar a Mink DeVille, el John Barry de “James Bond”, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Jacques Brel, los Sírex y muchos más.

Johnny Hallyday, el hombre de negro francés

Unas influencias que quedan aún más claras en los siguientes CDs. En “Duetos” se recogen sus aportaciones a trabajos de amigos -las más destacadas, la de Johnny Hallyday en “Cerbatana”, la de Aurora Beltrán en el “Candy Baby” de Iggy Pop, la de Burning en “Jim Dinamita” y la de Babylon Chat en el “Viciosa” de Lou Reed-, junto a sus colaboraciones en sus propios discos: el “Ya no hay héroes” de Stranglers con Hugh Cornwell, el “Luché contra la ley” (versión The Clash) con Fito Cabrales, “La mala reputación” con Paco Ibáñez, el “Quin fred al cor, camarada!” con Maria del Mar Bonet y, sobre todo, el “Me And Bobby McGee” de Kris Kristofferson con Gabriel Sopeña.

“Poetas” se centra en sus insólitas recreaciones de poemas de Bernardo Atxaga, Octavio Paz, Jaime Gil de Biedma, José Luís Borges y otros, con un apabullante abanico estilístico que incluye apuntes latinos (“Central Park”), folk (“No volveré a ser joven”), aires celtas (“Cantores”), swing (“Pregunta más allá”), fado (“Lisboa”), country-blues (“Inútil escrutar tan alto cielo”) y milonga (“Milonga de dos hermanos”).

El último CD, “Rarezas e inéditos” se consagra a eso, e incluye sorpresas como el “Que tinguem sort” de Lluis Llach, la rumba bilingüe “Charnego” con referencias a Candel y Gato Pérez, el “Chicas” de Elvis Presley, el “Cocaína” de Jackson Browne, el “Piel de manzana” de Serrat y la versión en directo de “Cadillac solitario”.

Por si todo esto no fuera poco, el box –dedicado a Willy DeVille y Antonio Rabinad- se completa con tres DVDs: “Videoclips”, con cuarenta y dos títulos, desde la sencillez de “Barcelona ciudad” a la “superproducción” de “El hombre de negro”; “Archivo TVE”, con actuaciones en programas míticos como ‘Musical Express’, ‘Caja de ritmos’, ‘La bola de cristal’ y ‘La edad de oro’; y “Loquillo, leyenda urbana redux”, una versión ampliada del documental hagiográfico de Carles Prats. Y ya por último, un libreto con una detallada biografía, fotografías, letras y diversos artículos (algunos de ellos con espíritu crítico hacia el personaje) de colegas como Sabino Méndez, Gay Mercader, Andrés Calamaro, Jordi Bianciotto, Gabriel Sopeña, Eduardo Guillot y el exjugador de básquet Epi, entre muchos otros.

Con o sin Sabino Méndez, con o sin Gabriel Sopeña, con o sin Los Trogloditas, Loquillo es uno de los artistas de la escena estatal que mejor ha sabido reinventarse, aun a costa de saltar al vacío sin red en más de una ocasión. Y siempre ha salido indemne y triunfante, ganando adeptos en cada nueva vuelta de tuerca. Sí señor, José María Sanz, el chico del Clot, lo ha conseguido: es una estrella del rock’n’roll y esta caja es su legado para la posteridad.