
El neoyorquino aterriza a principios de febrero en nuestro país para presentar su álbum más reciente, Chop Off Heads With Me (2026), y repasar sus mejores canciones con tres conciertos: el 3 en la Sala Upload (Barcelona), el 4 en Madrid (El Sol; Inverfest) y el 5 en Loco Club (Valencia). Recuperamos uno de sus mejores discos, Sixes & Sevens.
¿Qué es lo mejor que se le puede pedir a un álbum? Que sea variado, que desconcierte, que divierta, que tenga muchas canciones buenas y cortas… Todos esos requisitos los encontrábamos en Sixes & Sevens (2008), el quinto largo como solista de Adam Green.
Y es que el que fuera la mitad del grupo The Moldy Peaches (con Kimya Dawson), consiguió meter en ese disco una veintena de canciones redondas de poco más de dos minutos cada una. Con su excelente voz de crooner moderno, Green nos sorprendió con una gran variedad de sonidos.

El lounge aparecía en Tropical Island (con una entonación engolada a lo Dean Martin, donde te lo imaginabas con un mojito en la mano), el blues soulero en Cannot Get Sicker (con inicio a capela y chasqueo de dedos), y el soul más luminoso en Broadcast Beach y Morning After Midnight (aquí más cerca de Tom Jones que de Van Morrison, y con un expresivo “cha cha cha” final).
También se acercaba al pop de los cincuenta en Festival Song y Twee Twee Dee, al country en Drowning Head First, al ragtime retro en Grandma Shirley & Papa, al jazz en Rich Kids y al folk en Homelife. Y aún le quedaba tiempo para el ambiente cabaretero de Sticky Ricki, el rapeado de That Sounds Like A Pony y el ejercicio a lo Lou Reed de Be My Man.
Rodeado de cuerdas, coros femeninos, metales, flautas andinas o elaboradas percusiones, Green salía airoso en todos los estilos. A pesar de que muchos vieron en la dispersión y variedad del disco algo negativo, Sixes & Sevens era un trabajo ejemplar con el que no solo no te aburrías lo más mínimo, sino que además lograba alegrarte el día. Y eso no tiene precio.
