
Los Lobos, recientemente de gira por nuestro país, son tal vez el grupo de rock chicano más famoso surgido en el Este angelino. Pero no son los únicos, como hace poco recordaba el erudito Juanmi Urioz en un interesante post en Facebook sobre The Blazers. Es un buen momento para acordarnos de ellos.
Los Ángeles, y más concretamente la zona del East L.A., ha sido el caldo de cultivo desde hace décadas de una serie de artistas chicanos que consiguieron el triunfo a nivel global. En los sesenta y setenta fueron Cannibal & The Headhunters y los Three Midniters, y en los ochenta, Los Lobos. The Blazers eran la continuación de esa larga cadena.
El núcleo se creó en 1971 cuando dos guitarristas fascinados por las Fender Telecaster, Ruben Guaderrama y Manuel Big Manny Gonzales, se conocieron en el instituto y compartieron sus gustos musicales, que incluían rock’n’roll, blues, jazz, norteño y cumbias. En 1990, se sumaron Lee Stuart (bajo) y Ruben C. Gonzalez (batería) y ya pasaron a denominarse The Blazers.
César Rosas, el cantante y guitarrista de Los Lobos, produjo en 1994 Short Fuse, el debut del cuarteto en el sello Rounder, además de tocar guitarra, bajo sexto, washboard y bajo. De ellos dijo en los créditos: “Son amigos míos del barrio. Fue un placer producir su primer disco”.
Rosas repetiría tras los controles en el segundo álbum, East Side Soul (1995), que incluía versiones del Ooh-Poo-Pah-Doo de Jessie Hill y del Going Up the Country de Canned Heat.
Tras esos dos primeros trabajos —y el EP de siete temas (cinco de ellos en directo) Going Up The Country (1996)—, los Blazers regresaron con Just For You (1997), de la mano del productor y guitarrista Pete Anderson, el colaborador de Dwight Yoakam en sus mejores discos.

“Los primos más rockeros de Los Lobos”, como fueron descritos en más de una ocasión, prosiguieron con su habitual mezcla de rock’n’roll, rhythm’n’blues, soul, country y folclore mexicano, un batiburrillo que algunos etiquetaban como chicano rock.
Con la colaboración de músicos habituales de Yoakam como Skip Edwards y el mismo Anderson, componentes de The Tower Of Power Horns (Lee Thornburg) y héroes locales como el armonicista de blues John Juke Logan, los Blazers ofrecían una variopinta muestra de estilos.
Así, encontrábamos rock’n’roll colorista y vital cercano al tex-mex (Just For You, con ese órgano deudor de Joe King Carrasco), acelerado y afilado digno de ser disfrutado a lomos de una Harley (Whatcha Gonna Do), o especialmente reservado al lucimiento de las guitarras (I’m Movin’).
También guiños a la música negra que iban del rhythm’n’blues (el poderoso Nobody Told Me, con la tremenda slide de Anderson) al soul (los metales en When You Call, o el Somebody Please grabado originalmente por The Vanguards en 1969, muy popular entre los chicanos del Este de Los Ángeles, con preciosas armonías vocales a cargo del soulman Donny Gerrard).
E incluso sudoroso honky tonk —el Oh Baby (We Got A Good Thing Goin’) de Barbara Lynn popularizado por The Rolling Stones, con la armónica solista de Logan—, y, cómo no, muestras de su herencia mexicana y de su sentido del humor, como las bailables Tabaco mascao y, sobre todo, esa medley de Las clases del cha cha cha y Los marcianos.
Fruto de su relación con Pete Anderson, en 1998 participaron en el álbum benéfico The Songs Of Dwight Yoakam «Will Sing For Food». A Benefit for the Homeless, para el que interpretaron una versión de If There Was A Way.
Aunque en sus tres álbumes previos los Blazers incluían algún tema en castellano, sin duda su cuarto largo —el último para el sello Rounder—, Puro Blazers (2000), fue el primero dedicado de forma íntegra a esta lengua, producido por Ruben Guaderrama y Manuel Gonzales, los únicos supervivientes del team original.

Para esta incursión en la tradición mexicana, el grupo aumentó su formación clásica de guitarras eléctricas, bajo y batería con instrumentos como el requinto, el tres, el bajo sexto y el acordeón. Además, contó con el refuerzo de varios músicos a cargo de los timbales, el clarinete y la trompeta.
Puro Blazers era una colección de cumbias (El mochilón, Cumbia de la carretera, Cumbia de la media noche, Mi sombrero alón), polkas (Coco rayado, Vieja escalera, Tu nuevo cariñito, Libro abierto) y un bolero (el delicioso y emotivo Creí), la mayoría versiones.
Como sus compatriotas Los Lobos, los Blazers demostraban su habilidad con los instrumentos tradicionales y su arraigo en la vida y cultura mexicano-americana, sin caer en los tópicos, a través de canciones bailables, con letras simpáticas y divertidas. Por eso, Puro Blazers podía considerarse el hermano menor de La pistola y el corazón (1988) de Los Lobos, eso sí, salvando las distancias.
Como decía el estribillo de Cumbia de la carretera, “vamos todos a bailar, vamos todos a gozar”. Esa era la principal intención de este Puro Blazers: hacer pasar un buen rato, sin más pretensiones. Después, el grupo —reducido al dúo Guaderrama-Big Manny con músicos de sesión— fichó para el sello Little Dog Records de Pete Anderson.
Solo publicaría dos álbumes más: The Seventeen Jewels (2003) —producido por Anderson, con covers del Leaving It All Up To You de Don and Dewey y del I Don’t Want To Spoil The Party de The Beatles— y Dreaming a Dream (2008), básicamente un disco en solitario de Guaderrama, aunque se atribuyera a los Blazers.
Por desgracia, la muerte inesperada de Big Manny en 2016 —que había iniciado una carrera solista al frente de The Big Manny Band— truncó la trayectoria de uno de los grupos más interesantes del chicano rock. En 2021, César Rosas y David Hidalgo de Los Lobos, junto con La Marisoul y Los Cenzontles, rindieron tributo a Big Manny con una versión del Somebody Please.
