el expediente X traspalelado: Bubblegum

En 2001 escribí un cuento que relacionaba los personajes de “Expediente X” con el mundo de la música. Una historia que hablaba de los grupos prefabricados y de la progresiva infantilización de la industria discográfica, centrada en conquistar a un público cada vez más joven. Un fenómeno que, desgraciadamente, se ha hecho realidad y que explica, en parte, la mediocridad y decadencia de la música actual. Sirva este fan ficion premonitorio como tributo al veinte aniversario del estreno de “The X-Files”.

Oficina Central del FBI, Washington D.C.
La agente especial Dana Scully ya no sentía lo mismo cuando acudía a reunirse con su compañero Fox Mulder. Tras cuatro años investigando casos paranormales, el gobierno les jugó la última pasada al desclasificar, en 1997, el misterio de Roswell: efectivamente, lo que cayó en el desierto fue un ovni, pero sus tripulantes no murieron y, como muestra de gratitud por haber sido auxiliados, iniciaron una fructuosa colaboración con las grandes potencias. Ahora, la existencia de extraterrestres ya no sorprendía a nadie. Por eso, los expedientes X se cerraron y Mulder y Scully volvieron a la rutina de los casos ordinarios del FBI.

¿Qué les habría asignado en esta ocasión el jefe adjunto Skinner? El rostro de desazón de la pelirroja agente era un poema: se esperaba cualquier cosa, todo menos oír la música que salía del despacho de Mulder.

-Escucha esto -le espetó Mulder-. ¿Qué te parece?

-Abominable. Estoy harta de esta canción.

-Son las Spice Girls. Skinner nos ha encargado que las investiguemos. Podría ser un fraude.

-No diría tanto, solo demuestra que el buen gusto se pierde.

-No creas…-lanzó Mulder, con esa expresión pícara que significaba que sabía más de lo que decía.-He estado revolviendo papeles, y he encontrado algunas coincidencias.

Mulder puso sobre la mesa un montón de viejas carpetas. Algunas debían tener décadas, a juzgar por el polvo que acumulaban.

-Mira esto: en 1959 confluyeron los factores que determinaron el fin del rock’n’roll: el escándalo Payola, la muerte de Buddy Holly y la marcha de Elvis al servicio militar. Era el momento ideal.

-Ideal, ¿para qué?-preguntó una escéptica Scully.

-Para construir una industria que aprovechara los deseos más ocultos de los adolescentes.

-Mulder, no te sigo. ¿Qué relación tiene esto con las Spice Girls?

-Intento explicarte que, si son un fraude, es un fenómeno que se produce desde hace décadas. Volvamos a finales de los cincuenta y a la invasión de los guapitos.

-¿Ya empiezas con tu obsesión por las invasiones?

-Me refiero a los cantantes elegidos por su físico. El modus operandi siempre era el mismo: un ejecutivo de una compañía descubre casualmente a un chico atractivo, se acerca a él y le pregunta si sabe cantar. “No”, responde el joven. El ejecutivo no se da por vencido: “Da igual, tienes lo necesario para convertirte en estrella”.

-¿Así de fácil?

-Bueno, después viene el trabajo de los estilistas, los compositores y los productores, para crearle una imagen y un sonido. Esos eran los guapitos, artistas de carreras efímeras, que no componían y cantaban lo que se les daba, elegías al amor puro.

-¿Tienes alguna prueba tangible, Mulder?

-En Estados Unidos, Robert Marucci se inventó a estrellas como Fabian y Frankie Avalon. El fenómeno traspasó el océano, y en Inglaterra Larry Parnes creó una fábrica de ídolos con Billy Fury, Dickie Pride, Duffy Power…

-Me abrumas con tus conocimientos…

-He hecho mis deberes. Pero aún no he acabado. En los sesenta tuvo lugar el mayor fraude de la industria discográfica, un gigantesco montaje que movió millones de dólares.

-¿Elvis llevaba peluquín?

-No te pongas sarcástica. Me refiero a The Monkees, el grupo más popular entre 1966 y 1968. La idea era hacer una serie de TV sobre una banda pop: a la NBC le bastó con un anuncio en la prensa, y se presentaron quinientos aspirantes. Finalmente, escogieron a dos músicos y a dos actores de reparto. Los Monkees se convirtieron en un fenómeno equiparable a los Beatles, pero ni cantaban ni componían. Todo fue una maniobra del productor Don Kirshner.

-Pero eso es un fraude.

-Sí, y no quedó ahi. En 1968, aparecieron The Archies, otro grupo que solo existía en televisión como protagonista de una serie de dibujos animados. Fueron el paradigma del sonido bubblegum. ¿Y sabes quién estaba detrás del invento?

-¿Otra vez Kishner?

-Bingo. Pero sigamos: en los setenta, se habló del child power: la edad de los fans bajó cada vez más, situándose entre los 9 y los 15 años, un público ávido de todo tipo de merchandising relacionado con sus ídolos. Pero espera a oír lo que pasó en los ochenta, cuando los artistas de diseño, apoyados por hábiles campañas publicitarias, surgieron como champiñones: a-ha, Bros, Nick Kamen, o pin ups de abultada personalidad y escaso talento como Samantha Fox y Sabrina.

Mulder interrumpió su explicación para echar una ojeada a los lápices clavados en el techo que solía lanzar, y siguió:

-Sin embargo, todos eran aprendices al lado de Milli Vanilli y Sigue Sigue Sputnik. Milli Vanilli fue un dúo fabricado con dos tipos escogidos por su look, incapaces de cantar. Cuando el fraude fue descubierto, tuvieron que devolver los premios que habían ganado. Y Sigue Sigue Sputnik fue otro engaño, orquestado por el músico Tony James, que junto a un modisto y tres comparsas se autoproclamó como “la nueva generación del rock ‘n’roll”. Y en los noventa tenemos más ejemplos: en el 95, la discográfica inglesa World Records publicó un anuncio en el ‘Evening Standard’ solicitando chicos de entre 17 y 21 años “excepcionalmente guapos, sanos y en buena forma física”. Por descontado, en el anuncio no se pedía que supieran cantar. Ese mismo año, se disolvió el quinteto Take That, provocando el histerismo de millones de fans. Bueno, creo que puedes sacar conclusiones.

-Sí, el perfil de estos grupos está muy claro: no tienen antecedentes artísticos, no son creadores, y su imagen es más importante que su música. Y su público es básicamente adolescente o infantil.

-Buena deducción, Scully. Pero he dejado para el final dos ejemplos más. El primero lo encontramos en México, con el grupo infantil Menudo, cuyos componentes eran substituidos cuando crecían. Era como la leyenda de The Phantom, una especie de saga que pasaba de generación en generación. Otro caso muy distinto es el de Kyoko Date, el primer ídolo virtual de la historia del pop, una cantante creada por ordenador en Japón.

-Muy bien, pero ¿y las Spice Girls?

-Es la muestra más reciente del poder mitificador del rock. Coge a unas desconocidas físicamente atractivas, créales unos personajes, conviértelas en portavoces de unas cuantas ideas vagas que los adolescentes esperan oír, y ya está. Si satisfaces las expectativas de los jóvenes, puedes conseguir el control de sus mentes: primero, controlas su ocio, con productos que les diviertan. Luego, puedes pasar a otros objetivos, como convencerles de la necesidad de votar a un determinado partido. Si dejamos que nos manipulen de esta forma, acabaremos convertidos en zombis.

-Siempre serás un paranoico, Mulder. Por cierto, ¿puedes dejarme esa cinta de las Spice Girls? A mi sobrina le encantan.

About Ciudad Criolla

Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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