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Los 30 de “Muse Sick-N-Hour Mess Age”

Chuck D, el líder revolucionario

El grupo neoyorquino de rap Public Enemy lanzó el 23 de agosto de 1994 su quinto álbum, con el que demostró que aún le quedaban muchas balas por disparar. Para celebrar ese trigésimo aniversario, recordamos lo que significó ese disco, con un mensaje que, por desgracia, aún está vigente.

1987: Public Enemy asalta los medios con Yo! Bum Rush The Show. Sus armas: una contundente y densa trama sonora, comandada por una voz (Chuck D) que apunta directamente a los centros nerviosos y los taladra con consignas revolucionarias.
 
Una combinación detonante que aún no ha sido superada, seguida por una tríada de obras maestras: It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back (1988), Fear of a Black Planet (1990) y Apocalypse 91… The Enemy Strikes Black (1991).
 
Con Public Enemy el rap se convirtió en la “CNN del pueblo negro”, pero también era la banda sonora de un filme de violencia desatada, una canción de protesta, un discurso político y una lección magistral de historia contemporánea.
 
Después de una retirada estratégica –tres años desde su anterior trabajo–, los neoyorquinos volvieron al ataque con un disco que demostró que no estaban derrotados y que les quedaba mucha munición en la recámara.
 
Su quinto LP era digno de un estudio semiótico: ya desde su título, Muse Sick-N-Hour Mess Age, que podía interpretarse como “la música en nuestro mensaje”, pero también como “la música y nuestro mensaje”.

Y qué decir de la portada, obra del artista de cómic Mark Texeira, una metáfora de los males que aquejan al pueblo afroamericano y lo conducen a la autodestrucción: el racismo, la política farisea, la ley, la droga y el alcohol.

Para llevar a cabo su misión, los Public Enemy reforzaron sus filas con varios músicos, para crear así una poderosa sección rítmica (guitarra, bajo y batería), enriquecida con una sección de metales.

Una portada potente

Junto a la tradicional metralla escupida por los platos de Terminator X y la producción de The Bomb Squad, conformaba un fondo sonoro de un blindaje sin fisuras, estallando con violencia en ocasiones o haciéndose asfixiante y amenazador en otras.

Conscientes de que para arreglar el futuro hay que respetar el pasado, el grupo escogió la vía del soul y el funk: las referencias a los clásicos eran constantes, a través de citas (Sly Stone y James Brown en Give It Up) y fragmentos de letras (No Woman No Cry en Thin Line Between Law & Rape).

Y también, claro está, con recreaciones de la estructura de esas canciones a las que homenajeaban (con el sonido más soul de What Kind Of Power We Got? y I Ain’t Mad It All, interpretadas por Flavor Flav).

La expresión más explícita de este espíritu de tributo quedaba clara en su versión del éxito de The Last Poets White Man’s Got A God Complex –de su álbum This Is Madness (1971)–, retitulada aquí Godd Complexx.

El cambio de estrategia de Public Enemy no estaba solo en lo musical: su mensaje se dirigía a todas las razas oprimidas, mostraba preocupación por la ecología y el SIDA, y los objetivos de su ataque, además de los ya habituales (el gobierno, los medios) eran más cercanos (los defensores de la violencia y las drogas).

Y quienes los criticaban argumentando que sus letras eran demasiado localistas, podían escuchar Hitler Day, con su feroz diatriba contra la celebración del descubrimiento de América.

Muse Sick-N-Hour Mess Age fue, cuando se publicó hace tres décadas, el mejor disco de rap del año, el vivo retrato de nuestra sociedad tal como era. Mucho me temo que con el paso del tiempo las cosas no han cambiado demasiado, sino que incluso han ido a peor. Y tú, ¿de qué lado estás?

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