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Quincy Jones: la despedida del mundo Q

La leyenda. Foto: Art Streiber

La reciente desaparición del prestigioso compositor, arreglista y productor norteamericano a los 91 años provocará –merecidamente– un alud de elogios. Pero, como nos gusta llevar la contraria, recordaremos su último disco de estudio a su nombre, un trabajo lleno de claroscuros.

La noticia bomba de Q: Soul Bossa Nostra (2010) fue el retorno de Amy Winehouse tras sus peripecias belenestebanescas. En el nuevo álbum de Quincy Jones (1933-2024) en quince años había más chicha, pero no toda la que podría esperarse de un personaje tan laureado como el compositor, arreglista, productor, trompetista, ejecutivo y muchas cosas más.

Conceptualmente Q: Soul Bossa Nostra no era ninguna novedad: Jones ya nos tenía acostumbrados a los autohomenajes a bombo y platillo con interminables repartos allstar que revisaban canciones que compuso, grabó o produjo. Recordemos, por ejemplo, el magnífico triplete integrado por Back On The Block (1989), Listen Up. The Lives of Quincy Jones (1990) y Q’s Jook Joint (1995).

La diferencia fue que, esta vez, los resultados no estaban a la altura del personaje y de su leyenda. Era muy loable el intento de Q de acercarse a los nuevos sonidos y de reunir a una pléyade de artistas y productores de pop, R&B y hip hop reinterpretando canciones de su carrera (la lista incluía a Mary J. Blige, LL Cool J, Wyclef Jean, Q-Tip y un largo etcétera). Pero la elección no fue del todo acertada.

Un adiós con claroscuros

De la debacle solo se salvarían la sintonía de Ironside, con Talib Kweli rapeando sobre el instrumental original; el Soul Bossa Nostra, con la efectiva mezcla de voces de Naturally 7 y Ludacris; el macarra Get the Funk Out of My Face (The Brothers Johnson), con Snoop Dogg y una banda superfunk, y el It’s My Party (Lesley Gore) con Amy, con sonido retro cortesía de Mark Ronson.

Del resto, mejor no hablar: con Akon, el Strawberry Letter 23 (de Shuggie Otis vía The Brothers Johnson) se malograba con una producción vulgar; el Give Me The Night no superaba la versión de George Benson pese a los esfuerzos de Jamie Foxx; el Tomorrow con John Legend rebosaba azúcar, y el P.Y.T. (Michael Jackson) se convertía en una pesadilla autotunesca con T-Pain.

Si Frank Sinatra hubiera escuchado estos desaguisados (Quincy fue su arreglista en los años sesenta, con hits del calibre de Fly Me To The Moon), enviaría a sus amigos de la Cosa Nostra para que le pusieran unos zapatos de cemento a alguno de los participantes. Puedes tenerlo por seguro.

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