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Los Lobos: treinta años no eran nada

La banda, un puñado de buenos amigos. Foto: Piero F. Giunti

Llámame suertudo, pero he tenido la oportunidad de entrevistar en dos ocasiones al mítico grupo del Este de Los Ángeles: la primera, en Barcelona, en septiembre de 1999, cuando acababan de editar This Time; y la segunda, vía telefónica en 2005, con motivo de la publicación de Live At The Fillmore. Aquí la tenéis en todo su esplendor.

Una mañana, California descubre que un tercio de sus habitantes ha desaparecido. Una extraña niebla rosa envuelve el estado y toda comunicación con el exterior han sido interrumpida. Conforme transcurre el día, descubrimos que la característica que une a los catorce millones de desaparecidos es su procedencia hispana.

Ese era el curioso argumento de Un día sin mexicanos (2004), una película satírica de Sergio Arau que pretendía llamar la atención sobre el papel decisivo de la comunidad que mantiene el “sueño americano” en funcionamiento. Trasladado al mundo de la música, si hay un grupo que representa el triunfo de la cultura de origen mexicano en los Estados Unidos, sin duda son Los Lobos

Cuando en 1973 César Rosas, Louie Pérez, Conrad Lozano y David Hidalgo (a los que poco después se añadiría Steve Berlin) crearon la banda en el Este de Los Ángeles, no debían imaginar que su proyecto en común llegaría tan lejos. 

Así que, desde la ciudad californiana y vía telefónica, Rosas intentaba explicar en 2005 el secreto para mantenerse durante más de tres décadas con los mismos componentes: “Creo que ser buenos amigos, porque, primeramente, antes de formar el grupo ya lo éramos. Es como un matrimonio ¿no? Y una familia. Y luego está el respeto por cada uno y por la música”.

El primer directo oficial de Los Lobos

Para celebrar esta fecha tan significativa, los angelinos grabaron Live At The Fillmore (2005), su primer álbum (y DVD) en directo, en el histórico local de San Francisco, una elección del todo intencionada. “Para nosotros el Fillmore es muy significativo, porque es un lugar legendario. Allí tocaron artistas como Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Grateful Dead… es el tipo de música con la que nosotros nos criamos”.

Esa memoria histórica también quedaba reflejada en la portada del disco, con esa llamativa ilustración del burrito picante con alas y una tipografía evocadora de Grateful Dead. “Sí, sigue la tradición de ese estilo, de San Francisco en general”. 

La preparación de Live At The Fillmore obligó a Los Lobos a variar su habitual método de trabajo a la hora de enfrentarse a un concierto: en lugar de prescindir de un tracklist y basarse en la improvisación y la emoción del momento, planificaron de antemano una lista de canciones. “Sí, tuvimos que hacerlo porque estábamos grabando el DVD”.

Eso también les permitió escoger lo más representativo de su estilo, lo que ellos denominan “lobo music”: “Tratamos de tocar un poquito de todo. Con tanto disco que tenemos, es imposible tratar de incluirlo todo en hora y media. Pero, por lo menos, esas canciones sí representan a Los Lobos de estos treinta años”. 

Y, ya puestos a celebrar, el grupo se planteó organizar un concierto con invitados famosos, pero al final solo contaron con la presencia del mago de la sacred steel, Robert Randolph. “Fíjate que sí lo planeamos, nomás que muchos de los artistas desafortunadamente no estaban disponibles, andaban en sus giras”.

Aunque Live At The Fillmore era el disco “oficial” de la celebración del 30º aniversario de Los Lobos, se podría decir que los festejos se iniciaron con su anterior trabajo, The Ride (2004). Rosas no dudaba en considerarlo como el álbum más personal de su carrera.

Con él debutaron como únicos productores, además de reunir a amigos (Dave Alvin, Elvis Costello), fuentes de inspiración (Little Willie G, Rubén Blades, Tom Waits) y seguidores (Café Tacvba, Quetzal). “La mayoría de los que fueron invitados dijeron que sí, y unos cuantos no pudieron, como Keith Richards. Desgraciadamente andaba muy ocupado con los Rolling Stones”.

Algunos participantes interpretaron versiones de clásicos lobunos, como Matter Of Time (Costello), Someday (Mavis Staples), Is This All There Is? (Little Willie G.) o Wicked Rain (Bobby Womack). ¿Pudieron escogerlas? “No, la mayoría las decidimos nosotros. Tratamos de agarrar canciones nuestras, aunque fueran antiguas, pero que más o menos tenían los mismos sentimientos del estilo de cada artista”.

The Ride tuvo un interesante apéndice o complemento, Ride This. The Covers EP (2004), en el que los angelinos devolvían el favor a sus invitados y versionaban canciones de Waits, Costello, Blades, Womack y Alvin, entre otros.

Una carrera tan longeva como la de Los Lobos está inevitable (y afortunadamente) marcada por diferentes etapas: tras unos primeros trabajos basados en el rock’n’roll y la música tradicional —de …And A Time To Dance (1983) a The Neighborhood (1990)—, llegó su época más experimental y atmosférica, de la mano de los productores Mitchell Froom y Tchad Blake —de Kiko (1992) a This Time (1999)—.

El retorno a la sencillez tras los años de experimentación

Su momento actual, caracterizado por la recuperación de un sonido más simple y el retorno a la fórmula básica de las canciones, se habría iniciado con Good Morning Aztlán (2002), coproducido por ellos mismos y John Leckie.

Uno de los “síntomas” más visibles de ese regreso a la sencillez fue la realización durante 2004 y 2005 de un tour acústico. “Comenzó porque unos promotores nos contrataron para que tocáramos ese tipo de música, y así empezaron las giras. Para nosotros fue muy agradable, muy bonito, regresar a nuestras raíces”. La experiencia se recogió en el álbum Acoustic En Vivo (2005).

Ya que hablamos de música tradicional, es el momento de recordar las palabras de Dave Alvin, cuando afirmaba que las canciones folk representaban la mitología nacional, y hablaban de grandes temas como la muerte, el amor o Dios de forma simple. 

Cuando Los Lobos componen canciones basadas en el folclore mexicano, ¿crean también una nueva mitología? “Creo que sí, porque cuando uno comienza a arreglar y escribir una canción en ese estilo, eso ocurre automáticamente. No sé qué tiene ese tipo de música, pero así es, no es nada de bullshit, lo que vas a decir tiene que ser real, verdadero. Así me siento yo sobre ese estilo de música folclórica y tradicional”.

Sigamos con temas serios: en 2005, un político de origen mexicano, Antonio Villaraigosa, se convirtió en alcalde de Los Ángeles, algo que a priori podría parecer positivo para una ciudad con gran parte de población hispana. Rosas se mostraba algo escéptico al respecto: “Ojalá, pero creo que no es significativo de qué sangre o de qué cultura procede. Cuando entran en la política todos se hacen igual ¿verdad?”. 

Más contundente se mostraba a la hora de valorar los resultados de las elecciones presidenciales de 2005, con el segundo mandato de George W. Bush: “El Bush es muy carajo, está medio loco. Y todo eso de Irak… Deberíamos sacar las tropas de allí y que se acabe ya… Con todos los jóvenes que han muerto, es muy feo eso”.

Cuando al principio César Rosas intentaba explicar la fórmula para mantener un grupo unido durante tantos años, tal vez se olvidaba de un pequeño detalle: la frenética actividad de Los Lobos con sus múltiples aventuras extracurriculares ya sea en bandas paralelas (Latin Playboys, Houndog, Los Super Seven) o en colaboraciones como intérpretes o productores en trabajos de otros artistas.

Por eso, su futuro inmediato estaba repleto de proyectos: en primer lugar, un nuevo álbum de Los Lobos —The Town and the City (2006)—. “Van a ser todas canciones nuestras, nuevo material, y vamos a ser los producers”. ¿Qué más? “Ahorita acabamos de participar en dos tributos: uno a Queen —Killer Queen (2005)—, y el otro a Sublime (una banda legendaria de Long Beach), Look At All The Love We Found (2005)”.

Y todavía había más en la recámara: en concreto, un disco en directo de los Latin Playboys, grabado durante su gira de 1999 y titulado Otro Dose —en referencia a su segundo álbum, Dose (1999)—. Por desgracia, a día de hoy este álbum no se ha publicado.

Y, por fin, el segundo trabajo de César tras Soul Disguise (1999). “Ya hace años que está listo, nomás que no he tenido chance. Y para sacar un disco así, en solitario, has de hacer planes para reservar tiempo para las giras. Con el schedule de Los Lobos andamos tan ocupados que no he podido, francamente”. Tardó bastante en publicarse: tras el directo Live from the Galaxy (2015), La fiesta llegó en 2016.

Después de esta entrevista, Los Lobos publicaron los siguientes álbumes: Los Lobos Goes Disney (2009), Tin Can Trust (2010), Gates of Gold (2015), Llegó Navidad (2019) y Native Sons (2021), además del directo Disconnected in New York City (2013).

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