una mica d’autobombo

És innegable: tots tenim el nostre orgull. Per això, quan ve algú amb la intenció de fer-te una entrevista perquè parlis de la teva professió, interiorment sents una mena de satisfacció que és molt difícil descriure amb paraules. Vanitat? Potser sí… I què? Teniu algun problema?

La situació és aquesta: fa unes setmanes un estudiant de Periodisme de la Complutense de Madrid, Francisco Javier Molina García, es va posar en contacte amb mi perquè havia de fer un treball per a l’assignatura d’Informació Cultural. El tema escollit era la crítica de música, i em va triar a mi. Abans de tot, li vaig deixar clar que totes les opinions que li donaria són les meves opinions com a persona i professional, no en representació de cap revista (bé, vull dir Rockdelux).

El Francisco Javier em va enviar un parell de qüestionaris i li vaig respondre extensament, amb la condició que m’enviés l’article acabat, que ell va titular amb una de les meves declaracions: “Que te guste el trabajo de un artista no significa que pierdas tu independencia”.

En lloc de reproduir aquí l’article, reproduiré l’entrevista sense editar, molt més interessant perquè inclou respostes que no va posar en el seu treball. Això sí, està en castellà.

PD. No és el primer cop que un universitari contacta amb mi per fer un treball. Anteriorment un altre d’una universitat catalana (ara no recordo si va ser l’Autònoma; és igual), em va contactar per un treball sobre el programa Sputnik. No és per res, i potser no està bé que ho digui, però el cert és que la conclusió de l’extens treball és que la millor etapa del Sputnik va ser aquella en què jo formava part de l’equip. Sincerament, no feia falta un treball per arribar a aquesta conclusió…

I aquí teniu la primera part de l’entrevista:

Lo primero que quería hacer es preguntarte acerca de tu formación. Si no me equivoco, estudiaste Periodismo e hiciste un posgrado en Periodismo Digital. ¿Consideras que un crítico musical debe pasar necesariamente por una carrera, por Periodismo en concreto, o se puede ser un buen crítico autodidacta? ¿Cuál es su formación idónea?

En efecto, estudié Ciencias de la Información-Periodismo y, bastantes años después, un posgrado en Periodismo Digital. En este último caso fue porque consideré necesario un reciclaje para adaptarme a los nuevos medios. Sinceramente, siempre digo que no aprendí nada en la carrera de Periodismo: es decir, si no sabes escribir, no vayas a la universidad creyendo que te enseñarán a hacerlo. En mi caso, creo que sabía escribir, y el paso por esa carrera fue un puro trámite. Me gustaba mucho el cine y era la única carrera en esos momentos que contaba con una asignatura de Historia del cine –de hecho, fue mi única matrícula de honor-. No creo que para ser crítico debas pasar necesariamente por la universidad: lo básico es que sepas escribir correctamente y, en segundo lugar, que tengas curiosidad por investigar y descubrir música más allá de lo que los medios de comunicación marcan. Y, naturalmente, escuchar mucha música, de todas las épocas, no solo los hypes del momento, para tener referencias.

¿Cómo entraste a formar parte del mundo de la crítica musical? ¿Era un objetivo que tenías marcado, o fueron las circunstancias las que te llevaron a él?

Fue algo casual. Aunque me gustaba la música nunca me lo había propuesto o lo tenía como meta. Cuando estaba en tercer curso de la carrera trabajé como becario en un periódico en catalán, ‘Avui’. Allí pasé por todas las secciones hasta que terminé en la de Cultura y Espectáculos, algo en principio ideal para mí porque quería dedicarme a la crítica de cine. Pero el cupo de críticos de cine estaba completo y, casualmente, la chica que se encargaba de la crítica musical se marchó y el puesto quedó vacante. Y así empecé. La primera crítica que publiqué fue de un concierto de Ilegales.

¿Son los comienzos en este mundillo mucho más duros que lo que viene después, cuando más o menos te asientas?

Bueno, sí, porque al principio te enfrentas con un mundo desconocido. En mi caso, me pasé un día llamando a discográficas y promotoras de conciertos para presentarme y explicar que a partir de ese momento escribiría las críticas para ese periódico, para que me tuvieran en cuenta en su mailing y en sus envíos de discos. Con el tiempo vas conociendo a gente y haciendo contactos que te permiten acceder a otros medios.

La crítica musical, ¿es un trabajo seguro en lo económico? ¿O es aconsejable tener una fuente de ingresos alternativa?

En absoluto: la crítica y el periodismo musical es una de las profesiones más inestables que existen, aparte de estar poco (por no decir mal) pagada. Durante toda mi carrera he mantenido la crítica musical (y la información musical, porque también hago entrevistas, reportajes, artículos de opinión, etc.) como un “sueldo complementario” mientras trabajo en otras cosas. He tenido la suerte de que esas “otras cosas” siempre han tenido relación con el periodismo (aunque no necesariamente musical). Pero conozco a críticos que tienen ocupaciones que no tienen nada que ver con la música. Además del complemento económico que supone, para muchos también es una “vía de escape” que les permite escapar de la rutina de sus trabajos “oficiales”.

Una de las frases más repetidas en esto del periodismo es que la vocación es fundamental. Aplicada a la crítica, ¿qué opinas? ¿Es así, si no hay una verdadera vocación, no hay crítico?

Más que vocación hablaría de pasión. Evidentemente, si no te apasiona la música es mejor que te dediques a otra cosa. Pero no creo que haya ningún caso de personas que de niños piensen “yo de mayor quiero ser crítico musical”. Así que no creo en la vocación. Nunca he tenido vocación de periodista. Simplemente me gustaba escribir y, con el tiempo, dar a conocer mis “pasiones” a los demás.

¿Es fácil mantenerse independiente? ¿O es difícil olvidarse de que el artista va a leerla, o gente de la industria, y pueden molestarse, tal vez con consecuencias negativas para ti? Sabemos que así debe ser, pero me preguntaba sobre su facilidad o dificultad en la práctica. Sobre todo cuando toca escribir críticas no muy positivas…

Es un tema complejo y depende de cómo entra cada uno en el juego. En mi caso siempre he sido poco amigo de pedir favores: es decir, no suelo pedir que me manden discos expresamente porque me apetece o entradas de conciertos a los que no voy a trabajar. ¿Por qué? Porque como diría Hannibal Lecter, después viene el “quid pro quo”: yo te doy esto pero algún día me devolverás el favor y hablarás bien de lo que a mí interesa. Si de entrada evitas eso, es relativamente fácil mantenerse independiente, ya que no te pueden exigir nada porque no les has pedido nada. Eso solo tiene un problema: que te gastas un dineral en discos y conciertos. Pero al menos, te sientes con la libertad ética de escribir negativamente, si es necesario. Si escribes una crítica negativa de un artista internacional, sabes que difícilmente va a leerla; con un artista nacional sabes que puede leerla, pero eso tampoco debe influirte, porque forma parte del trabajo del artista asumir las críticas: algunos les dan mucha importancia, mientras que otros directamente pasan de lo que se diga de ellos. De todas formas, yo siempre procuro hacer críticas de discos que me gustan y, por tanto, son positivas.

Al hilo de esto, ¿ser crítico musical lleva aparejado tener muchos enemigos? ¿O tener amigos muy amigos, y enemigos muy enemigos?

Curiosamente, me he creado más enemigos entre los fans del artista que he criticado que el propio artista. Cuando trabajé como crítico en el ‘Avui’ recuerdo haber recibido cartas insultantes e incluso amenazantes de lectores que no estaban de acuerdo con lo que había escrito de su grupo o artista favorito. En cambio, sí recuerdo haber recibido alguna felicitación de algún artista. De hecho, en más de una ocasión yo mismo he enviado una copia de una crítica positiva a un artista, y luego la ha colgado en su web o me ha expresado su agradecimiento.

¿Hay compañerismo en este oficio? ¿O vuelan los cuchillos entre colegas?

Bueno, ni una cosa ni la otra. Hay algo que no me gusta demasiado que podríamos denominar la “unanimidad de criterios”. Es normal que los críticos que se encuentran en un concierto, por ejemplo, comenten sus impresiones. Para mí eso es algo negativo, porque al día siguiente prácticamente todos escriben lo mismo. Eso es lo que crea fenómenos inexplicables como el de Manel, por ejemplo. Nunca he sido amigo de esos “consensos” y por eso en más de una ocasión mi opinión no coincide con la del resto de críticos.

El protagonismo del crítico en sus textos es otro tema llamativo. ¿Crees que hay gente que abusa de ello, en lugar de concentrarse en la obra o el artista? ¿Hay mucho músico frustrado en el mundillo?

Lo del músico frustrado es un tópico, como lo que se dice de los críticos de cine, que son cineastas frustrados. Pero sí, creo que la tendencia actual de mezclar situaciones personales con el comentario de un disco es nefasta. Cuando escribo una crítica, tengo muy claro lo que a mí me gustaría leer e intento aplicarlo: background sobre el artista (de dónde procede, qué ha hecho antes), datos sobre el disco (quién colabora, quién produce), información sobre las canciones (de qué hablan las letras, si son temas originales o versiones) y descripción del estilo. En resumen, lo básico para que alguien que lo lea tenga una idea aproximada de cómo suena el disco y decida comprarlo o no. Desgraciadamente, me encuentro con un montón de críticas que me dejan indiferente, porque describen más las sensaciones o los recuerdos que le provocan las canciones al crítico que las propias canciones, o utilizan comparaciones absurdas. Y después de leerlas piensas: “Sí, ¿pero vale la pena o no?”.

¿Cuál es el, o los, críticos musicales referencia para ti? ¿Hay algún país donde la calidad de la crítica musical te parezca especialmente destacable? La del mundo anglosajón siempre ha parecido gozar de una cierta jerarquía sobre el resto.

Yo me “crié” con la escuela de Radio 3, es decir Jesús Ordovás, Diego A. Manrique y Rafael Abitbol, entre otros. A nivel catalán, era seguidor de un crítico de La Vanguardia llamado Mingus B. Formentor. Dicho esto, no me parece que la prensa anglosajona sea la mejor: creo que se mueve demasiado por hypes, por el grupo sensación del momento, y olvida las carreras de largo recorrido. Pongamos el ejemplo de Pitchfork, la web musical norteamericana seguida por todos los que se precian de ser indies y estar al día. Si la analizas profundamente, te encuentras con dos problemas: uno, que paradójicamente incluye muy poca información de artistas norteamericanos que no encajan en las modas (por ejemplo, apenas hay información de Howe Gelb, líder de Giant Sand y muchas cosas más), y no digamos ya de bandas que no pertenecen al mundo anglosajón; y dos, que muchos de los grupos que ensalzan son un bluf, capaces únicamente de grabar un “buen” álbum pero absolutamente incompetentes a la hora de llevarlo al directo. Eso nos llevaría a otro tema, que es el triunfo del amateurismo y de los grupos de aspecto “casual”, un fenómeno que está perjudicando seriamente a la música. Prefiero la prensa francesa, representada por revistas como Les Inrockuptibles, mucho más abierta de miras (se acerca a todas las músicas, no solo las interpretadas en inglés) y con menos interés en sentar cátedra.

¿Qué opinas de la democratización de la crítica a través de internet? Que cualquiera pueda crear un blog y hacer de crítico, ¿pone en peligro el oficio de algún modo? ¿Lees a alguno de estos críticos amateurs? ¿Te parecen buenas las críticas que hacen?

Por una parte, el hecho de que cualquiera pueda crear un blog me parece fantástico. Pero con la música ocurre como con el fútbol: todos son expertos. Es decir, si eres un gran fan de, pongamos por caso, Prince, y quieres dedicarle un blog, hazlo, como lo harías si fueras un aficionado a la filatelia. Pero en general, esos blogs donde cualquiera ejerce de crítico, escribe con faltas ortográficas, comete errores de nombres, fechas y títulos, etc etc, acaba por desprestigiar a la profesión porque extiende la idea de que cualquiera puede ser crítico. No niego que puede haber algún crítico bueno entre estos blogs; es como cuando antes se escribía en fanzines. Pero la falta de rigor que muchos de ellos tienen nos perjudica a todos. No sigo a ninguno.

No puedo dejar de preguntarte sobre el estado de la industria y el impacto de internet sobre ella. ¿Cuál crees que es el futuro de la industria del disco a corto plazo? ¿Optimismo o pesimismo? ¿Eres de los que apoyan la ley Sinde?

Es un tema complejo. No creo que internet sea el gran enemigo de la industria, como esta nos hace creer. La industria está mal, pero se lo ha buscado ella sola despilfarrando durante muchos años, invirtiendo millones en artistas que luego no han funcionado, y siendo incapaz de adaptarse a los tiempos. Creo que tal como está la cosa actualmente, el mejor escenario posible es que los artistas se autogestionen y pasen de discográficas e intermediarios, vendan sus discos directamente en sus webs o en sus conciertos y tomen las riendas de su carrera. Creo que vamos a ir hacia un modelo parecido. En cuanto a la ley Sinde, no la apoyo en absoluto.

Hay músicos que parecen aceptar la situación y utilizan internet, por no decir sus discos, como algo así como formas de promoción de sus conciertos. Por ejemplo, Rulo y la Contrabanda, antiguos miembros de La Fuga, lanzaron a través de Spotify un adelanto de su último disco. Que se hagan estas cosas, ¿significa que el paciente está muy mal? ¿Qué opinas del fenómeno Spotify? ¿Es un robo a los artistas?

Todo eso significa que actualmente los músicos ganan más dinero en los conciertos y en la venta directa de discos y merchadising en esos conciertos. Eso tiene un doble aspecto positivo: por un lado, obliga a los grupos a girar más, lo que revierte en una mejora de su sonido. Siempre he pensado que, al menos en España, aunque ahora también se extiende a los grupos indie anglosajones, a las bandas les falta rodaje, les falta chupar carretera, para dejar de dar esa penosa impresión de hacer conciertos que parecen fiestas de fin de curso o veladas musicales en casa de un amigo. Por otra parte, si te quieres comprar el disco de un grupo, te costará más barato en el puesto de merchandising del concierto que en una tienda, y además tendrás la oportunidad de conocer al grupo y llevártelo firmado. En cuanto a Spotify no es ningún robo: los artistas cobran aunque, eso sí, cantidades ridículas.

Socialmente, ¿cuál te parece que es el papel actual del crítico en España? ¿Se le valora? ¿Se le lee suficientemente? ¿Te parece que el lector español es un lector culto, o es de los que prefieren leer lo que dicen sobre el último disco de Lady Gaga en una revista que puede parecer papel couché, antes que la crítica de la última grabación de Nacho Vegas?

Creo que el crítico está desprestigiado por lo que decía antes, el auge de blogueros sin rigor. Además, está ese carácter tan típicamente español, que hacer creer a todos que son expertos en música, fútbol, política y mil cosas más. En ese contexto, ¿qué utilidad tiene un crítico? ¿Quién le va a hacer caso? En cuanto a cultura musical (y general, todo hay que decirlo), es obvio que somos un país atrasado. Por una parte tenemos una gran cantidad de personas que solo compran dos discos al año, por Navidad y por su cumpleaños, y evidentemente no se rompen la cabeza y van a lo fácil, a lo que vende más. Por otra parte, el supuesto público indie no se da cuenta de que el indie ya no existe y se ha convertido en una moda más; antes la gente seguía los 40 Principales, ahora siguen lo que dicta Pitchfork. No tienen curiosidad en descubrir cosas nuevas y siguen fielmente los dictados de lo que consideran su Biblia. Es la misma situación de adocenamiento, por mucho que intentes disfrazarla. Para mí es lo mismo un oyente de los 40 Principales que un lector de Pitchfork: ambos han perdido toda capacidad de crítica y de análisis, y provocan el éxito de artistas mediocres que son flor de un día. Porque en la música indie también ha llegado la cultura del triunfo rápido, y las carreras de largo recorrido son vistas como una rareza.

I aquí teniu la segona tongada de preguntes, per ampliar algun dels temes:

¿Qué recuerdos tienes de tu primera crítica, de aquel concierto de Ilegales? ¿Nervios, sentías que recaía sobre ti una cierta responsabilidad, pensabas que te la jugabas y tenías que hacer una crítica fantástica para convencer a tus jefes de que valías para esto?

Sinceramente, no recuerdo nada especial. Además, como suele ocurrir en la prensa diaria, los jefes de sección (en este caso, Espectáculos), no controlan lo suficiente para valorar con precisión lo que escribes.

¿Recuerdas haber vivido algún episodio tenso con algún artista que fuera objeto de una crítica dura, y haber coincidido después con él y que te guardara rencor por ello?

No. Eso solo me ocurrió una vez, pero no fue por una crítica publicada en un medio sino por mis opiniones en un foro de fans de un artista, lo que provocó que los fans se indignaran y que el propio artista llegara a escribirme un mail preguntándome si tenía algún problema con él. El “artista” en cuestión era Miqui Puig, ex Sencillos.

Por lo que me comentas sobre la casi necesidad de tener otro trabajo simultáneo, ¿es realmente difícil encontrar un crítico musical a tiempo completo?

Solo puedes encontrar un crítico musical a tiempo completo si este colabora en diferentes medios (radio, prensa, televisión, etc). es la única manera de vivir de esto.

¿Alrededor de cuántos discos tienes? ¿Cuántos puedes adquirir al año?

Calculo unos seis mil CDs y unos 500 LPs (me deshice de muchos por cuestión de espacio). Antes compraba más que ahora, y muchos los descargo de internet.

Siempre que un crítico musical escucha música, ¿está trabajando el 100% del tiempo? Es decir, ¿puede comprarse discos sin tener la intención de trabajar sobre ellos, por puro esparcimiento personal, o llega un momento en que el crítico se come a la persona?

Es difícil, porque cuando estás todo el día trabajando en esto lo último que se te ocurre es llegar a casa y ponerte música. Es evidente que muchas veces compro (o me descargo) discos que sé que no voy a utilizar para hacer críticas, pero tal vez es cierto que a veces el crítico se come a la persona, sí.

Cuando un artista te felicita por alguna crítica, ¿cómo se lo tiene que tomar uno? ¿Como una prueba de que está haciendo las cosas bien y lo que hace gusta y tiene repercusión, o como un toque de atención sobre que puede estar acercándose demasiado a los artistas que critica y quizá alterándose así su independencia?

Yo me lo tomo como un elemento para alimentar mi vanidad personal. Que te guste el trabajo de un artista no significa que pierdas tu independencia. Es más: pienso que la palabra “crítica” goza de mala prensa porque se asocia a algo negativo: una crítica no tiene por qué ser siempre negativa, al contrario. Pero muchos solo ven esa parte negativa.

¿Podrías comentarme un poco tu opinión sobre el fenómeno del grupo Manel?

Bueno, pienso que es el epítome de esos grupos “indie” que parecen triunfar ahora: individuos normales y corrientes, sin pretensiones, que podrían ser tus vecinos o como tú, con los que es fácil identificarse, representando esa tendencia “casual” que tanto gusta ahora. Si además unimos el hecho de que le gustan a ciertos personajes públicos (el entrenador del Barça, por ejemplo), ya lo tenemos todo. Muchos dicen que la diferencia de los nuevos grupos catalanes respecto a los que surgieron en los ochenta (Sopa de Cabra, Els Pets, etc) es que el público de aquellos también los admiraban por motivos digamos “políticos”. no creo que haya tanta diferencia entre unos y otros. Manel han tenido la suerte de recibir el beneplácito de la mayoría de críticos, pero ya empiezan a surgir voces disonantes (la mía, por ejemplo). no me gusta esta tendencia de artistas “que son como tú”. se ha perdido ese espíritu que antes tenían las bandas: esos grupos que admirabas porque “querías ser como ellos”, por su imagen rompedora, porque envidiabas su éxito con las chicas, su aspecto de “chicos peligrosos”, etc. sinceramente, no quiero ser como uno de los componentes de Manel, porque eso significa ser un individuo normal y corriente y eso rompe con todo lo que supone el espíritu del rock (su carácter contra las normas, rompedor, etc). además , son uno de los ejemplos de que el indie ha muerto: ¿qué tiene de indie un grupo que se convierte en número 1 en ventas y que agota las entradas de todos sus conciertos?

¿Cuál es tu opinión sobre las revistas musicales que se publican en España (excepción hecha de Rockdelux…)? ¿Qué opinas de que algunas, como Rolling Stone y Revista 40, pertenezcan a imperios mediáticos como Prisa, con cadenas de radio, TV, etc., en contraposición con aquellas en que la revista es la revista y ya está?

Las revistas musicales en España son, en general, nefastas. Pero no es un problema de las revistas en sí, sino del público, con una incultura musical galopante, a años luz de la que se tiene, por ejemplo, en Francia o Inglaterra. si a la gente le gusta la basura, ofrezcámosle basura, es un pez que se muerde la cola (eso es algo aplicable a la programación televisiva). y las que pertenecen a imperios mediáticos no son independientes, sino que están en la línea del grupo al que pertenecen. solo hay que echar una mirada a Rolling Stone, y comparar la edición española con la norteamericana: la de aquí está adaptada a los gustos nefastos de los aficionados españoles. Pondré otro ejemplo: cuando abrió Virgin Megastore en Barcelona, duró poco porque se adaptó al mercado español en lugar de conservar su carácter, y se convirtió en una tienda como la del Corte Inglés; en cambio, en el Virgin de París el disco de la semana era uno de Miles Davis (jazz) y la sección de música étnica era impresionante. eso era (y es) impensable en el mercado español.

Planteabas la autogestión de los artistas en la venta de sus discos como posible futuro de esta industria; pero en ese escenario las descargas seguirían ahí. Por ello, ¿el problema es que la intermediación hace que los discos sean demasiado caros y por ello hay que eliminarla? ¿Es esta la clave, o va más bien en la dirección de que las discográficas filtran a las bandas pensando en su potencial comercial, con una caída de la calidad de la música que acaba pasando factura a las ventas?

Si un grupo vende su disco en la web a 10 euros y en la tienda está a 20, es evidente que el problema es el de los intermediarios. eso pasa con los discos y con los productos alimentarios, por poner otro ejemplo, y con todo en general. curiosamente, creo que la música de “mala calidad” (léase los subproductos de OT, los grupos de los 40, etc) son los que más venden. difícilmente encontrarás en el top manta a grupos muy alternativos, solo se hacen copias piratas de los superventas. la palabra “filtrar” me parece muy interesante: la industria discográfica siempre busca culpables de las filtraciones de los discos, y ha llegado a acusar a los críticos (lo que les ha llevado a enviar cds promocionales superprotegidos, etc). siempre he pensado que las filtraciones proceden de la propia industria. lo que pasa es que eso nunca lo van a reconocer.

About Ciudad Criolla

Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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