
La música está llena de figuras desconocidas cuya trascendencia, sin embargo, merece ser aplaudida. Y si hablamos del blues moderno de Texas, su nombre es uno de los imprescindibles. Con motivo de su reciente desaparición, lo recordamos con uno de sus mejores álbumes.
Wesley Curley Clark, más conocido como W. C. Clark, nacido en Austin en 1939, está considerado como el Padrino del blues de esa ciudad texana por su influencia en su escena desde finales de los años sesenta.
Gracias a su aportación surgieron talentos como los de sus protegidos Jimmie y Stevie Ray Vaughan, y también ejerció su influjo sobre Lou Ann Barton, Angela Strehli y Marcia Ball.
Años después fue el mentor de otra célebre pareja de hermanos –aunque la carrera de estos se orientó más hacia el rock y la americana–, Charlie y Will Sexton, a quienes enseñó a tocar la guitarra.

Tras enrolarse en la banda de Joe Tex a finales de los sesenta, en 1975 creó la W. C. Clark Blues Revue, y entre 1977 y 1978 se integró en el quinteto Triple Threat Revue, con Stevie Ray Vaughan, Lou Ann Barton, Mike Kindred y Freddie Walden.
Pero, como una maldición que afecta a los mejores artistas, tuvo un reconocimiento tardío, que no llegó hasta 1994 –tras su debut Something For Everybody (1987), a nombre de la W. C. Clark Blues Revue– con su disco Heart Of Gold.
En ese trabajo incluía su interpretación de su tema Cold Shot –coescrito con Kindred–, que Stevie Ray Vaughan había versionado con gran éxito diez años antes en su segundo álbum con los Double Trouble, Couldn’t Stand The Weather (1984).
Mejor cantante que guitarrista, Clark pertenecía al club de las voces prodigiosas, inundadas por el espíritu del soul, capaces de abrumar con su calidez o de sorprender con un falsete, y fue comparado con Sam Cooke, Al Green y B. B. King, lo que ya probaba el amplio espectro de sus posibilidades.

Todo esto quedó demostrado en Texas Soul (1996), un álbum grabado en Texas y Nueva Orleans donde nada se le resistía a Clark: ni el luminoso soul de Memphis de Syl Johnson (un robusto I Only Have Love For You que enloquecería a los Blues Brothers), Johnnie Taylor (Just The One I’m Looking For), Al Green (Ain’t No Fun To Me) y, cómo no, Sam Cooke (el delicioso That’s Where It’s At).
También brillaba con el poderoso rhythm’n’blues de Roy Hawkins (Why Do Things Happen To Me?, una de las pocas ocasiones de Clark de explayarse con la guitarra) y Little Johnny Taylor (You’ll Need Another Favor), y con ese magistral Funny How Time Slips Away de Willie Nelson, al que dotaba de una nueva dimensión.
En sus propias composiciones, el cantante y guitarrista texano se acercaba al blues más trepidante (Rough Edges), acentuando los toques funk (Leave My Heart Alone) e intentando actualizar el soul (Reminiscing).

Con The Kamikaze Horns –explosivos o envolventes según las circunstancias–, la base rítmica de los Double Trouble Tommy Shannon y Chris Layton, la guitarra de Derek O’Brien y las teclas de Riley Osborne, Texas Soul era un trabajo elegante, y que corroboraba las palabras de Jimmie Vaughan sobre Clark: “Es uno de los artistas más dotados y souleros que he oído nunca”.
Tras este álbum, W. C. publicó Lover’s Plea (1998), From Austin With Soul (2002) y Deep In The Heart (2004) –estos dos en el sello Alligator de Chicago–, y los autoeditados Were You There? (2011) y el homónimo W. C. Clark (2018).
El 2 de marzo de 2024 Clark falleció a los 84 años. Tyrone Vaughan, hijo de Jimmie y sobrino de Stevie Ray, escribía en Instagram: “W. C. fue probablemente el músico más importante para mí y toda la escena musical de Austin desde principios de los setenta. Una verdadera leyenda con una de las voces y almas más dulces que Texas ha visto”.
