
El mago de la sacred steel debuta en solitario en el legendario sello de Memphis con Preacher Kids, tras publicar varios álbumes junto con The Family Band. El disco, producido por Shooter Jennings, se lanzará el próximo 27 de junio, y cuenta con las colaboraciones de Margo Price y Judith Hill.
Procedente del estilo llamado sacred steel, un subgénero del góspel donde la pedal steel guitar es el instrumento solista, Robert Randolph ha actualizado la tradición religiosa con altas dosis de blues, funk, soul, hard rock, country y rock sureño y la intensidad de las jam bands.
Antes de empezar su carrera con su banda familiar, en 2001 el teclista de jazz de vanguardia John Medeski lo fichó para participar junto con North Mississippi Allstars en el grupo de góspel y blues instrumental The Word. Este curioso proyecto debutó con un álbum homónimo ese mismo año.
Ya con The Family Band y tras Live at the Wetlands (2002) llegó Unclassified (2003), su primer largo en estudio. En él Randolph demostró por qué es comparado con Stevie Ray Vaughan, Duane Allman y Jimi Hendrix, aunque habría que añadir las influencias de Stevie Wonder, Sly Stone y Carlos Santana.
Su trepidante y bailable mezcla es ideal para caer en un trance hipnótico, una orgía rítmica con bajos funk apabullantes, baterías demoledoras y cánticos arrolladores. Una sorpresa para los que creían que la pedal steel era solo un instrumento country lánguido y lloriqueante.
Ahora, tras varios álbumes con The Family Band — Colorblind (2006), We Walk This Road (2010, producido por T-Bone Burnett), Lickety Split (2013), Got Soul (2017) y Brighter Days (2019)—, Robert ha decidido lanzarse como solista, nada más y nada menos que en el legendario sello Sun Records de Memphis.
Preacher Kids, producido por Shooter Jennings en los estudios Sunset de Los Ángeles y Southern Ground de Nashville, se publicará el 27 de junio. En su Facebook, el mago de la sacred steel lo explica así: “Un gran momento para mí, amigos. Este proyecto ha tardado mucho en gestarse y lo he puesto todo en él”.
En el disco colaboran la cantante de country y americana Margo Price (en King Karma) y la vocalista de soul y rhythm’n’blues Judith Hill (en When Will the Love Rain Down). “Trabajar con artistas increíbles como ellas hizo que este viaje fuera aún más especial”, declara. También incluye una versión de Like to Love You Baby (J. J. Cale).

A lo largo de su extensa carrera, Randolph ha aportado su virtuosismo con la pedal steel a todo tipo de artistas: Jon Batiste, Norah Jones, Hank Williams Jr., Dirty Dozen Brass Band, Los Lobos, Buddy Guy, Robbie Robertson, The Blind Boys of Alabama, North Mississippi Allstars, Ozzy Osbourne e incluso la mismísima Beyoncé —en su álbum Cowboy Carter (2024)—.
De hecho, la colaboración con la superestrella afroamericana abrió los ojos al músico y cantante y lo ayudó a visualizar su sonido único, aportando una dirección nueva y fresca a su trabajo como solista. “Siempre he desafiado los límites del rock, el blues, la americana y el soul, pero este álbum tiene un sentimiento diferente: crudo, personal y directo desde el corazón”, afirma.
Preacher Kids pretende así capturar el alma de este viaje artístico de Randolph: es un diario que refleja las experiencias de aquellos que comparten la historia única de ser hijos de predicadores, una narrativa moldeada por la fe y por el espíritu rebelde del rock’n’roll, que va desde la iglesia y las raíces góspel hasta los escenarios de rock y blues.
Las sesiones del álbum comenzaron como una serie de jams, en las que Randolph y la banda se centraron en capturar la energía cruda de su sonido en vivo. Después, estas jams se complementaron con sesiones de composición, donde las canciones cobraron forma, manteniendo el espíritu y la espontaneidad de su creación original.
El primer sencillo del álbum fue el autobiográfico Sinner, y ahora acaba de salir el segundo single, Big Women. “Construida a partir de una improvisación en mi lap steel y una idea de scat vocal, esta canción celebra el poder, la sabiduría y la confianza de las mujeres”, explica. Judith Hill también aporta su voz como corista.
Esperemos que por fin Robert Randolph consiga el reconocimiento que merece en nuestro país. Recordemos que, en 2004, cuando le tocó abrir un concierto de Eric Clapton en Barcelona, más de un espectador pensó: “El concierto de Clapton, de puta madre… Lástima del telonero, que hacía mucho ruido”.







