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Muguruza: afrovascos y jamaicanos

Fermin Muguruza: polifacético. Foto: Dani Blanco

La trayectoria vital y artística del músico irunés está llena de aventuras. Y una de ellas lo llevó a Jamaica, donde grabó el álbum Euskal Herria Jamaika Clash (2006) en los estudios Tuff Gong de Kingston, con estrellas del reggae como Toots, U-Roy, Luciano y Rita Marley, entre otros.

En esta entrevista, realizada en Barcelona en 2006, Fermin Muguruza explicó la historia de este ambicioso proyecto, analizó canción a canción y también nos ofreció su valiosa opinión sobre temas “calientes” en esa época como el Estatut catalán y el alto el fuego de ETA.

Desde los principios de tu carrera, en tu música has introducido elementos de reggae. ¿Por qué no has hecho Euskal Herria Jamaika Clash hasta ahora? ¿Porque debías pasar antes por una evolución musical e incluso personal, o simplemente porque no habías tenido la oportunidad? Tengo distintas explicaciones. La humorística sería que, para llegar a este punto, debes ser muy estudioso; es como el que está en la universidad, cuando tiene que hacer el master. La otra es que ni siquiera se me ocurrió registrarlo en Jamaica. Así como en “Brigadistak Sound System” (1999) había tenido la idea del álbum de viajes, de grabar con los músicos de cada ciudad, no se me había pasado por la cabeza lo de Jamaica hasta que llegó un productor y me comentó: “Tendrías que ir allí porque es la constante que está en todos tus discos. Sería genial que pudieras ir y empaparte de todo lo que sea la vida en Jamaica”. He tardado un año para preparar toda esa logística que me pudiera permitir llegar allí, estar con los músicos… Ha sido un trabajo de cocina muy laborioso, antes de ir a la isla.

Portada del disco

Creo que empezaste a trabajar en el disco en 2005, y llegaste allí con unas maquetas ya hechas… Sí. Las iba enviando en mp3 al productor Clive Hunt, que es la persona más imprescindible de este proyecto: no solo se encarga de contactar con los músicos, coordinar las horas y los estudios, sino también de que la gente sepa que tú eres el artista que vas a ir a trabajar con él, y te introduce en el Kingston real.

¿Tenías claro qué músicos querías, o lo dejaste en manos de Clive? Lo dejé en sus manos. Es la primera vez que dejo hacer tanto a otra gente, y la verdad es que estoy contento con el resultado. Yo iba mandando las maquetas y él me decía: “Mira, me parece que lo más interesante para que estas canciones crezcan son estos músicos”. Y me enviaba una lista de nombres, a los que no conocía, pero me ponía al lado que eran los que tocaban con Steel Pulse, Black Uhuru… Y yo respondía: “Bueno, bueno, me parece bastante bien”. Era algo increíble. O decir que íbamos a trabajar en Tuff Gong, y que las mezclas las haríamos en el estudio Big Yard de Shaggy. Había decisiones que se tomaban cada día.

¿Hubo algún músico que te hiciera una especial ilusión que participara en el disco? Dije que para las colaboraciones me gustaría que estuvieran Toots y U-Roy, porque son dos personas que me han influenciado mucho, sobre todo Toots. Y U-Roy, porque me parece que, con su manera de animar los sound systems, ha sido uno de los precursores del hip hop.

Con Rita Marley

A nivel práctico, ¿cómo fue la grabación? Es decir ¿qué pensaban los jamaicanos de vosotros, procedentes de una cultura tan distinta? ¿Hubo más choque o encuentro? En un principio fue más choque, y después se fue convirtiendo en encuentro. Pero fue un choque porque, para empezar, nosotros no trabajamos así. La idea era seguir ensayando las canciones que ellos ya conocían también, y cuando comenzaba a ponerse en ebullición, entonces se grababa, y todo a la vez: la batería, el teclado, el bajo, la percusión y la guitarra. Todos tocábamos juntos. El choque era porque había un montón de gente en el estudio: ellos se llevaban a sus amigos y todo el mundo quería participar. Fue también una enseñanza para nosotros, esa idea de celebrar la grabación de un disco que luego queda para la posteridad, el estar presente en ese momento del encuentro, y ser partícipes, aunque no canten ni nada, solamente bailando, animando… Eso sí, la disciplina de trabajo es increíble: quedar a una hora y estar todos allí; ese tópico del Caribe de “bueno, ya llegaremos…”, con los jamaicanos no se da, al menos con los que colaboraron con nosotros. Todos llegaban puntuales, son muy disciplinados y humildes, y son musicazos. El choque venía con lo de compartirlo con un montón de gente, porque en ese sentido soy mucho más europeo: la idea de la concentración, de que no entra nadie. Encima, con el esfuerzo que teníamos que hacer para comunicarnos en inglés. Y luego, cuando charlaban entre ellos no les entendíamos nada, porque hablan en patois, con una jerga indescifrable, y lo hacen cantando, además. Pero también era un reto.

Y cuando apareció Xabi Solano con la trikitixa, ¿cómo reaccionaron? Fue uno de nuestros grandes triunfos. Nosotros llegamos y empezamos a hacer un concierto, con guitarra acústica, trombón y trikitixa, cantando sin micro ni nada. Todo el mundo quería escuchar. Les tocamos temas clásicos del reggae en inglés, pero también en euskera, y les encantó. El ejemplo para que veas hasta qué punto llegó a impactar la trikitixa es que Lee Scratch Perry estaba grabando un disco con las canciones que escribió para Bob Marley, y el productor, que también era Clive, quiso meterla en algunas.

Ese tópico del Caribe de “bueno, ya llegaremos…”, con los jamaicanos no se da, al menos con los que colaboraron con nosotros.

En la película The Commitments (Alan Parker, 1991), uno de los personajes decía que los irlandeses eran los negros de Europa. ¿Sois los vascos los jamaicanos de Europa? (Risas) Sí, nosotros decíamos que somos afrovascos. Y sí que es verdad que, en Euskadi, y creo que en todo el mundo, la influencia de la música jamaicana es algo omnipresente. Aunque también hay que reconocer que todos los estilos, sobre todo afroamericanos, es decir el soul, el rhythm’n’ blues, el funk y el góspel, influyeron en los sonidos de la isla hasta que empezó el ska. Y nosotros nos hemos fijado mucho porque el ska fue la música de la independencia en los primeros años sesenta, y para nosotros también supuso lo mismo.

Hay también colaboradores vascos, como Sorkun, e incluso está Yacine de Cheb Balowski… ¿Grabaron allí? No, esto fue una sorpresa. Era una canción sobre Palestina que tenía pensada desde hacía un montón de tiempo y llamé a Yacine por teléfono sin decirle que me encontraba en Kingston, y creyó que estaba en mi casa. Antes de empezar a tocar, con los músicos comentábamos todas las canciones, hablábamos de lo que cada una quería decir… Eso siempre sugería una actitud, estar pensando en que iba a llevar un mensaje. Al comentar lo de Palestina, les dije: “Voy a llamar a un amigo que es catalán-argelino y vive en Barcelona, con quien he estado viajando por países árabes. En Palestina viví una situación muy complicada, y ahora quiero hacer una canción de ánimo para los palestinos, y este amigo nos va a hablar en árabe”. Entonces la cabina se empezó a llenar de gente, todo el mundo quería escuchar cuando llamaba al palestino. Si Yacine se llega a imaginar qué lío se estaba montando…

El ska fue la música de la independencia en los primeros años sesenta, y para nosotros también supuso lo mismo.

Antes de sacar este disco editaste dos recopilatorios, uno de Negu Gorriak –Negu Gorriak 1990-2001 (2005)–, y el otro de tus proyectos posteriores como Dub Manifest y Kontrabanda –99-04 (2004)–. ¿Era una forma de cerrar etapas y prepararse para esta nueva fase? Me atrae mucho la idea de las trilogías. El tercer disco de cada grupo con el que he estado trabajando es un punto y aparte, me gusta que sea así. El tercero de Kortatu fue “Kolpesz Kolpe” (1988), en directo. El tercero de Negu Gorriak era el disco negro, doble, muy complejo y a la vez completísimoBorreroak Baditu Milaka Aurpegi (1993)–. En este sentido, mi tercer disco era el blanco y negro, el “In-komunikazioa” (2002), y después hice diferentes cosas, como un álbum de encargo para una obra de teatro infantilXomorroak (Bizitza Lorontzian) / Bichitos (La vida en el tiesto) (2004)–. Ahora, con “Euskal Herria Jamaika Clash” sí he llegado a un punto y aparte: me ubico en un país y grabo con su gente.

Hablemos de las canciones del disco. Empecemos con Azoka eguna, una descripción de un día de mercado. ¿Nostalgia de Irún desde Jamaica? Es un retrato costumbrista, sí, y a la vez muy soul, muy vitalista: la idea de la celebración de la vida, de saludarse, de abrir la ventana y mirar desde el balcón. Puede ser nostalgia, pero a la vez es muy real, porque cada sábado se celebra ese mercado. Y si estoy ahí lo veo, y me doy cuenta de si la gente sonríe o está más seria. Es también una reivindicación de algo muy popular. Es una imagen que me vale para comenzar el álbum y decir: “Yo vengo de aquí”.

El vídeo de Azoka eguna

Sin embargo, ese retrato tiene el contrapunto agrio del recuerdo de Gernika… Sí, pero tampoco con rencor, ni siquiera con rabia. Es algo que hay que recordar; la memoria histórica la tenemos que llevar con nosotros, la tenemos que recuperar y mantenerla viva, pero tampoco con odio.

Euskal Herria Jamaika Clash es una canción optimista sobre un futuro independiente. ¿Se escribió después del anuncio de la tregua de ETA del 24 de marzo? (Risas) La verdad es que no es así, pero ya intuía que eso iba a llegar antes incluso de que saliera el disco. Creo que toda la gente en el País Vasco lo estábamos esperando hacia las navidades o así, porque era un año en el que el “trabajo de cocina”, políticamente hablando, se estaba realizando, y había muchos guiños y se palpaba ya en el ambiente, se intuía. Toda la gente sabía que se estaba hablando y que iba a llegar ese momento y que ETA iba a proponer la tregua de una vez. Escribí este tema pensando en esta clave: hay clave de sol, hay clave de fa, y hay otro tipo de claves como estas que te permiten componer una canción tan luminosa.

El vídeo se ha realizado en animación 3D, y aparecen Bruce Lee, el Che, Einstein… Te contaré un pequeño secreto. En este videoclip también quería dejarme influenciar por los juegos de mi hijo, que está todo el día con las PlayStation, y tiene el juego famoso de San Andreas, y está todo el día destrozándolo todo. Está genialmente hecho, es algo increíble. Las imágenes de la mitad del vídeo en las que salen Bruce Lee y Muhammad Ali y destrozan el Banco Mundial, el FMI, los tanques, lo que simboliza la guerra global… Es como decir: “Este es el videojuego que tendríamos que jugar nosotros”; y dar también un montón de guiños, un collage de imágenes que la gente luego pueda interpretar y sacar sus propias conclusiones.

Euskal Herria Jamaika Clash, un clip muy animado

En Baxua eta Lurra hablas de gente tan diversa como Wu-Tang Clan, Tom Waits, Mikel Laboa y Michael Franti. ¿Qué tienen en común? Varios de ellos han trabajado con Jim Jarmusch. En concreto, estoy hablando de “Coffee & Cigarettes” (2003), cuando dicen lo de la transmisión sonora que hace la Tierra… Aparecen los Wu-Tang Clan en un café y comentan que la música es un elemento curativo. Tom Waits, cuando está con Iggy Pop, también dice lo mismo. Y el reggae es una música que sus artistas consideran curativa. Yo también, porque creo que te ayuda cuando estás en los peores momentos de la vida, pero también en los más optimistas y más vitales, e incluso en los momentos en los que tienes que levantarte y luchar por tus derechos, como dijeron Peter Tosh y Bob Marley. Me encantan Wu-Tang Clan y esa idea de unir medicina con música, como hizo también antes Mikel Laboa. Él era psiquiatra y trabajó con niños discapacitados, y es una gran referencia para nosotros, una especie de tótem que hizo sus dubs o experimentos sonoros con los lekeitios, como los llama él, deconstructivismo sonoro de sus propias canciones. Y Michael Franti tiene la reivindicación del mantenerse humano. Nosotros, en el País Vasco, hemos hablado tanto de intentar humanizar el conflicto…

El reggae es una música que sus artistas consideran curativa.

La línea del frente es una reivindicación del poder combativo y político del rock, y una adaptación de un tema de Kortatu de 1986. ¿Por qué esta versión? Es un poco esta idea que va girando en todo el disco, de la vida y de la historia como algo cíclico. Es también una especie de recuperación de una canción que escribí hace veinte años, de homenaje a toda la música rebelde, a gente como Peter Tosh, Bob Marley, Eddy Grant y, sobre todo, el que más nos influyó en esa época, Linton Kwesi Johnson; no era rasta, era marxista. Así que llegar veinte años después a Jamaica y cantarla con ellos, explicarles lo que contaba la canción… La toqué en su versión original, más punk-rock, y quería revisitarla y reivindicar como una letra todavía valida hoy en día, adaptada al reggae. Fue uno de los momentos más álgidos de la grabación.

En las ilustraciones también aparece Woody Guthrie… Sí, porque al fin y al cabo para mí la música combativa es Woody Guthrie; él dijo lo de “esta máquina mata fascistas”. Y Fela Kuti afirmó que “el arma es la música”. Y tenemos otros ejemplos, toda la gente que pensamos que la música no es un mero entretenimiento. Es un vehículo de expresión, y en ese sentido sirve para levantarse; siempre ha sido la banda sonora de todas las revoluciones y todos los movimientos sociales que ha habido en el mundo.

Para mí la música combativa es Woody Guthrie; él dijo lo de “esta máquina mata fascistas”.

Me ha gustado mucho que haya tanta información en las letras de las canciones y las ilustraciones que las acompañan; es todo un acierto… Mi única pena es que no exista ya el vinilo, porque con un cuadernillo grande con todos esos diseños increíbles… Los ha hecho un chico de Barcelona, Carlos Undergroove, y son láminas preciosas. Son collages donde ha metido imágenes que ha sentido a través de la música.

Volvamos con las canciones. Basque xamuraia desconcierta un poco con su estética de artes marciales –Bruce Lee, películas como Ghost Dog (Jim Jarmusch, 1999) y Zatoichi (Takeshi Kitano, 2003)–. Yo sabía de la influencia de la comunidad china en Jamaica. Y no solo allí: en toda la música reggae hay un montón de productores de origen oriental. Además, en Holanda, hay un coffee shop que se llama Easy Times, donde siempre ponen música reggae y una pantalla con películas de artes marciales; esta es la combinación. A mí también siempre me han gustado mucho las artes marciales, y en el País Vasco mucha gente las practica. Es una manera interesante de caminar por la vida, con ese “respect”, ese respeto, esa es la palabra clave. Voy contando una serie de imágenes del samurái vasco, relacionándolo también con el hecho de estar conectado con la naturaleza y prepararte para un mundo lleno de contradicciones, ese campo minado de oxímoron. Reivindico también la poesía del haiku, como han hecho todos los grandes escritores latinoamericanos, desde Borges hasta Benedetti. En el País Vasco también le encanta a mucha gente. Es una canción de la que estoy muy contento, porque cuento cosas distintas; es otra visión de la vida, pero siempre desde el punto de vista comprometido.

La música como banda sonora de las revoluciones

El tema de las artes marciales también enlaza con los Black Panthers y el Black Power, presente en el siguiente tema, Beamon Jauzia. Sí, por eso hay una lógica en todas las canciones, hay una especie de hilo narrativo conductor que las une.

¿Habrá gira con este material? No, yo ya comenté que no quería hacer más giras, solo he hecho pequeñas colaboraciones puntuales, pero en principio no quiero hacer una gira. Pero sí que me gustaría poder reunir en un evento, en un festival, en lo que fuera, a unos cuantos músicos para interpretar estas canciones, más las antiguas. Quizá pueda ser la primavera del año que viene, o cuando sea. Aunque la idea no sería hacer una gira, sino buscar un formato de concierto para poder presentar este disco, pero que fuera algo puntual.

Podrías ir a Jamaica y grabar un directo con toda la banda… (Risas) Eso no se me había ocurrido, aunque podría ser una cosa muy potente. Pero para eso hace falta una logística y, además, contar con un respaldo económico fuerte. Hay que pensarlo mucho y organizarlo muy bien. Se me había ocurrido hacer algo aquí, un “Euskal Herria Jamaika Clash” en el que estuviéramos músicos vascos junto a otros jamaicanos que han participado en el disco, y colaboradores… Algo así, diferente.

A mí también siempre me han gustado mucho las artes marciales, y en el País Vasco mucha gente las practica.

El 9 de mayo se estrenó en ETB1 Fermin Muguruza: Euskal Herria Jamaika Clash. ¿De qué trata? Mi idea no era solo llegar a Jamaica y grabar un disco, sino empaparnos de la vida cotidiana, comer con la gente, estar en sus casas, y llevar una cámara y rodar todo lo que íbamos a hacer para que quedara constancia, un testimonio de esa manera de trabajar allí, de ese encuentro entre los vascos y los jamaicanos; preguntarles a ellos qué sabían del País Vasco antes de que llegáramos nosotros, cuál había sido la evolución del reggae, qué suponía para ellos su historia político-social… Todo esto se cuenta en el documental, que al final es una película de hora y media. Creo que es muy interesante: es ilustrativa, divertida y pedagógica. Es un documental que me ha satisfecho mucho haber podido realizar. Y, además, es muy de guerrilla, porque lo hemos realizado nosotros mismos, con nuestra cámara. Lo que perdíamos en el aspecto técnico, porque no teníamos micros ni jirafa, sino solo el sonido de la cámara, lo ganábamos en frescura. Vamos a intentar que se vea en otras televisiones y en el festival In-Edit; igual se va a estrenar ahí. Y para final de año, la intención es sacarlo en DVD –se publicó como Bass-que Culture en 2006–. Pero me ha desbordado completamente la realización del documental, no sabía en qué me estaba metiendo. Sé lo que es hacer un disco, pero un documental, no. Escribí también las preguntas, el guion… En muchos momentos me ha superado, provocándome insomnio. Pero lo hemos conseguido.

El documental Bas-que Culture

El nuevo sello Talka, ¿es el resultado del cierre de Metak? Si Metak continuara, yo tenía mi propio sello Kontrakalea con la estructura de Metak, y hubiera estado con ellos. Pero ha sido un año muy duro. Intentamos salir de ese bache con el DVD de Negu Gorriak, pero la verdad es que era una estructura ya pesada, y en unos cuantos meses se podía hacer un agujero muy grande, podía ser una bancarrota grave. Se decidió cerrar. Talka es simplemente consecuencia de mi apuesta por la independencia y la autogestión, con la que ya comencé con Kortatu, y después se materializó cuando licenciaba mis discos a través de las discográficas vascas y luego con mi propio sello Esan Ozenki. Y ahora he creado Talka, con esa renuncia a las multinacionales, porque siempre he apostado por esa autogestión y por ese “háztelo tú mismo”, y esa coherencia me llevaba a crear otra vez mi propio sello para editar este disco.

¿Cómo has vivido en estos meses fuera del estado español el tema del Estatut y de la tregua de ETA? Al poco tiempo de volver llegó el alto el fuego permanente. En primer lugar, ya se intuía, y cuando llega realmente y se hace esta declaración es una gran noticia. No es una cosa que viene de la noche a la mañana, sino que es algo que se sabe que se está haciendo, porque se van a poner en marcha los resortes para que no haya una vuelta atrás, y eso es lo más importante. Eso es lo que a la gente nos anima y nos devuelve el brillo en los ojos. Y lo del Estatut es una historia muy triste para mí: ¿cómo puede ser que haya que ir a Madrid con un estatuto aprobado por el noventa por ciento de los catalanes para que después se lo cepillen, como dijo Alfonso Guerra? A partir de ahí, todo lo demás me ha parecido penoso, que al final se haya acabado pactando con CIU, cosa que siempre ha pasado.

Es que fue más lógica la reacción de Ibarretexe, como si pensara algo así como: “¿No queréis el plan? Pues me voy a casa. Aquí no hay que discutir más, es problema nuestro”. Exactamente. Hasta Ibarretxe lo está diciendo: todo lo que vamos a decidir en esta mesa no va a pasar por Madrid.

Politica y música unidas de la mano

Eso está muy bien, pero falta que en Madrid traguen… Claro, pero en el País Vasco hay un tejido social muy importante y un movimiento que se va activar y va a responder. Y va a haber una presión popular para que todo esto se acepte. Con la tregua se ha terminado un episodio de la historia de nuestro país que estábamos deseando que acabara, pero ahora es cuando estamos mucho más activos, es cuando la palabra tiene el poder, es el momento de convencer, antes que vencer. Es el momento de utilizar otro tipo de expresiones de resistencia, incluso hasta de desobediencia civil. Con lo del Estatut hay personas que por primera vez me han dicho: “Es que no sé lo que voy a votar”. Un montón de gente no quiere votar “No” porque es lo mismo que vota el PP, pero tampoco “Sí” porque es una bajada de pantalones. Entonces ¿qué? Es una gran decepción, y es un gran desencanto, y eso no nos lo podemos permitir. Ese desencanto provoca un desentendimiento, y decir que toda la política es basura. Cuando aquí llega el tripartito piensas: “Qué interesante”. Para gobernar, la izquierda debe tener un proyecto sobre la educación, la sanidad, la cultura… Pero si llegan al poder y hay disputas internas, que es la gran lacra que hemos tenido la gente de izquierdas… Siempre nos ha pasado esto, y no aprendemos. Siempre hay una pugna por el poder, en vez de realizar proyectos.

Volviendo a la música, ¿algún descubrimiento interesante en cuanto a reggae? En Jamaica ahora hay tres frentes: está el conscious reggae, el más cercano al roots y el más comprometido políticamente, el que está en contra de la homofobia y de la supremacía racial; luego el new dancehall, y por último los sing-jays, una mezcla de singers y DJ, y entre ellos está uno de los hijos de Bob Marley, Damian Marley.

El único problema que le veo a este disco es que el listón está muy alto… (Gran carcajada) Bueno, me tomaré un tiempo de descanso.

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