afrovascos y jamaicanos: el viaje de Fermin

El polifacético Fermin Muguruza ha presentado hace poco su nueva película, “Zuloak” (2012). Por eso es un buen momento para rescatar una entrevista con el artista vasco con motivo de la aparición de su disco “Euskal Herria Jamaika Clash” (Talka, 2006), grabado en los estudios Tuff Gong de Kingston, con Toots, U-Roy, Luciano y Rita Marley, entre otros.

En esta entrevista, realizada en Barcelona en 2006, el irunés explica la historia de este ambicioso proyecto, analiza canción a canción y también nos ofrece su valiosa opinión sobre temas calientes como el Estatut catalán y el alto el fuego de ETA. 

Desde los principios de tu carrera, en tu música has introducido elementos reggae. ¿Por qué no has hecho este disco hasta ahora: porque debías pasar antes por una evolución musical e incluso personal, o simplemente porque no habías tenido la oportunidad? Tengo distintas explicaciones. La humorística sería que para llegar a este punto hace falta ser muy estudioso; es como el que está en la universidad, cuando tienes que hacer el master. La otra es que ni siquiera se me pasó por la cabeza grabar el disco en Jamaica. Así como en “Brigadistak Sound System” (Esan Ozenki, 1999) había tenido la idea del disco de viajes, de grabar con los músicos de cada ciudad, no se me había pasado por la cabeza la idea de ir a Jamaica hasta que me llegó un productor y me comentó: “Tendrías que ir a Jamaica porque es la constante que está en todos tus discos. Sería genial que pudieras ir allá y empaparte de todo lo que sea la vida en Jamaica”. He tardado un año para preparar toda esa logística que me pudiera permitir llegar allí, estar con los músicos… Ha sido un trabajo de cocina muy laborioso antes de ir a la isla.

Creo que empezaste a trabajar en 2005, y llegaste allí con unas maquetas ya hechas… Sí. Iba enviando las maquetas en MP3 al productor Clive Hunt, que es la persona más imprescindible de este proyecto, que se encarga no solo de contactar con los músicos, coordinar las horas, los estudios, sino también de que la gente sepa que tú eres el músico que vas a ir a trabajar con él, y te introduce en el Kingston real.

¿Tenías claro qué músicos querías, o lo dejaste en manos del productor? Lo dejé en sus manos. Es la primera vez que dejo tanto a hacer a otra gente, y la verdad es que estoy contento con el resultado. Yo iba mandando las maquetas y él me decía: “Mira, me parece que lo más interesante para que estas canciones crezcan son estos músicos”. Y me enviaba la lista de músicos, a los que no conocía de nombre, pero me ponía al lado que eran los que tocaban con Steel Pulse, Black Uhuru… y yo decía: “Bueno, bueno, me parece bastante bien”. Era algo increíble. O decir que íbamos a trabajar en Tuff Gong, y las mezclas las haríamos en el estudio Big Yard de Shaggy. Iba todo evolucionando cada día, y había decisiones que se tomaban cada día.
¿Hubo algún músico que te hiciera una especial ilusión que participara en el disco? Dije que para las colaboraciones me gustaría que estuviera Toots y U-Roy, porque son dos personas que me han influenciado mucho, sobre todo Toots. Y U-Roy, porque me parece que con su manera de animar los sound systems ha sido uno de los precursores del hip hop.

Fermin, junto a Rita Marley.

A nivel práctico, ¿cómo fue la grabación, es decir, qué pensaban los jamaicanos de vosotros, procedentes de una cultura tan distinta? ¿Hubo más choque o encuentro? En un principio fue más choque, y después se fue convirtiendo en encuentro. Pero fue un choque porque, para empezar, nosotros no grabamos así. La idea era seguir ensayando las canciones que ellos ya conocían también, y cuando empezaba a ponerse en ebullición, entonces se grababa, y sobre todo se grababa a la vez la batería, el teclado, el bajo, la percusión y la guitarra. Pero todos tocábamos juntos. El choque era sobre todo porque había un montón de gente: ellos se llevaban a sus amigos y todo el mundo quería participar en la música. Fue también una enseñanza para nosotros, esa idea de celebrar la grabación de un disco que luego queda para la posteridad, el estar presente en ese momento del encuentro, y ser partícipes, aunque no canten ni nada, solamente bailando, animando…  Así como la disciplina de trabajo es increíble, quedar a un hora y estar todos allí, ese tópico del Caribe de “bueno, ya llegaremos…”, con los jamaicanos no se da, al menos con los que trabajamos. Todos llegaban a la hora, son muy disciplinados y humildes, y son musicazos. El choque era el de la idea de compartirlo con un montón de gente, porque en ese sentido soy mucho más europeo: la idea de la concentración, de que no hay nadie que venga. Encima, con el esfuerzo que teníamos que hacer para hablar en inglés, para entenderlos. Y luego, cuando hablaban entre ellos no les entendíamos nada, porque hablan en patois, con una jerga indescifrable, y hablan cantando además. Pero también era un reto.

Y cuando apareció Xabi Solano con la trikitixa, ¿cómo reaccionaron? Fue uno de nuestros grandes triunfos. Nosotros llegamos y empezamos a hacer un concierto, con guitarra acústica, trombón y trikitixa, cantando sin micro ni nada. Todo el mundo  quería escuchar. Encima les tocamos canciones clásicas del reggae en inglés, pero también en euskera, y les encantó. El ejemplo para que veas hasta qué punto llegó a impactar la trikitixa es que Lee “Scratch” Perry estaba haciendo un disco con las canciones que él escribió para Bob Marley, y el productor, que también era Clive Hunt, quiso meterla en algunas de estas canciones.

En la película “The Commitments” uno de los personajes decía que los irlandeses eran los negros de Europa. ¿Sois los vascos los jamaicanos de Europa? (Risas) Sí, nosotros decíamos que somos afrovascos. Y sí que es verdad que en Euskadi, y creo que en todo el mundo, la influencia de la música jamaicana es algo omnipresente. Aunque también hay que reconocer que todo los estilos, sobre todo afroamericanos, es decir el soul, el rhythm’n’ blues, el funk y el gospel, influyeron en la música que se hacía en la isla hasta que empezó el ska. Y nosotros nos hemos fijado mucho porque el ska fue la música de la independencia en los primeros años sesenta, y para nosotros también fue la música de la independencia.

Hay también colaboradores vascos, como Sorkun, o también Yacine de Cheb Balowski… ¿Se grabó allí? No, esto fue una sorpresa. Era una canción sobre Palestina que tenía la idea de hacer desde hace un montón de tiempo y llamé a Yacine por teléfono sin decirle que estaba en Kingston, y pensaba que estaba en mi casa. Antes de empezar a tocar, comentábamos todas las canciones, hablábamos de lo que cada canción quería decir… eso siempre sugería un actitud, estar pensando en que iba a llevar un mensaje. Al comentar lo de Palestina les dije: “Voy a llamar a un amigo que es catalán argelino, vive en Barcelona, con quien he estado viajando por países árabes. En Palestina viví una situación muy complicada, y ahora quiero hace una canción de ánimo para los palestinos, y este amigo nos va a hablar en árabe”. Entonces la cabina se empezó a llenar de gente, todo el mundo quería escuchar cuando llamaba yo al palestino. Si Yacine se llega a imaginar qué lío se estaba montando…

Antes de sacar este disco editaste dos recopilatorios, uno de Negu Gorriak -“Negu Gorriak 1990-2001” (Metak, 2005)-, y el otro de tus proyectos posteriores como Dub Manifest y Kontrabanda  -“99-04” (Metak, 2004)-. ¿Era una forma de cerrar etapas y prepararse para esta nueva fase? Me gusta mucho la idea de las trilogías. El tercer disco de cada grupo con el que he estado trabajando es un punto y aparte, me gusta que sea así. El tercer disco de Kortatu fue “Kolpesz Kolpe” (Oihuka, 1988), en directo. El tercero de Negu Gorriak era el disco negro, un disco doble, muy complejo y a la vez completísimo –“Borreroak Baditu Milaka Aurpegi” (Esan Ozenki, 1993)-. En este sentido mi tercer disco era el blanco y negro, el “In-komunikazioa” (Metak, 2002), y después hice diferentes cosas, como un disco de encargo para una obra de teatro infantil –“Xomorroak (Bizitza Lorontzian) / Bichitos (La vida en el tiesto)” (Metak, 2004)-. Ahora con este disco sí he llegado a un punto y aparte: me ubico en un país y grabo con la gente del país. Es un punto y aparte, pero viene siempre marcado por el tercero.

Hablemos de las canciones del disco. Empecemos con “Azoka eguna”, una descripción costumbrista de un día de mercado. ¿Nostalgia de Irún desde Jamaica? Es un retrato costumbrista, sí, y a la vez muy soul, muy vitalista, la idea de la celebración de la vida, de saludarse, la idea de abrir la ventana y mirar desde el balcón. Puede ser nostalgia, pero a la vez es muy real, cada sábado se celebra ese mercado. Y si estoy ahí lo veo, y me doy cuenta de si la gente sonríe o está más seria. Es también una reivindicación de algo muy popular. Es una imagen que me vale para comenzar el disco y decir: “Yo vengo de aquí”.

Sin embargo ese retrato tiene le contrapunto agrio del recuerdo de Gernika… Sí, pero tampoco con rencor, ni siquiera con rabia. Es algo que hay que recordar, la memoria histórica la tenemos que llevar con nosotros, la tenemos que recuperar y mantenerla viva, pero tampoco con odio.

“Euskal Herria Jamaika Clash” es una canción optimista sobre un futuro independiente. ¿Se escribió después de la tregua del 24 de marzo? (Risas) La verdad es que no es así, pero ya intuía que eso iba a llegar antes de que saliera incluso el disco. Creo que toda la gente en el País Vasco lo estábamos esperando hacia las navidades o así, porque ya era un año en el que el trabajo de cocina, como se utiliza el término políticamente hablando, se estaba realizando y había muchos guiños y se palpaba ya en el ambiente, se intuía. Toda la gente sabía que se estaba hablando y que iba a llegar ese momento y que ETA iba a llegar a la tregua de una vez. Escribí esa canción pensando en esta clave: hay clave de sol, hay clave de fa, y hay otro tipo de claves como son estas que te permiten hacer una canción tan luminosa.
El vídeo se ha realizado en animación 3D, y aparecen Bruce Lee, el Che, Einstein… Te contaré un pequeño secreto. En este videoclip también quería dejarme influenciar por los juegos de mi hijo, que está todo el día con las PlayStation, y tiene el juego famoso de San Andreas, y está todo el día destrozándolo todo. Está genialmente hecho, es algo increíble. Las imágenes de la mitad del vídeo en las que salen Bruce Lee y Muhamad Ali y destrozan el Banco Mundial, el FMI, los tanques, lo que simboliza la guerra global… es como decir: “Este es el videojuego que tendríamos que jugar nosotros”; y dar también un montón de guiños, un collage de imágenes que la gente luego pueda interpretar y sacar sus propias conclusiones.

En “Baxua eta Lurra” hablas de gente tan diversa como Wu-Tang Clan, Tom Waits, Mikel Laboa y Michael Franti. ¿Qué tienen en común? Unos cuantos tienen en común que han trabajado con Jim Jarmusch. En concreto estoy hablando de “Coffee & Cigarettes”, cuando dicen lo de la transmisión sonora que hace la Tierra… Aparece la gente de Wu-Tang Clan en un café y dicen que la música es un elemento curativo. Tom Waits, cuando está con Iggy Pop, también dice lo mismo. También el reggae es una música que ellos consideran curativa. Yo también, porque creo que es una música que te ayuda cuando estás en los peores momentos de la vida, pero también en los más optimistas y más vitales, y también en los momentos en los que tienes que levantarte y luchar por tus derechos, como dijeron Peter Tosh y Bob Marley. Me encantan Wu-Tang Clan y esa idea de unir medicina con música, como hizo también antes Mikel Laboa. Él era psiquiatra y trabajó con niños discapacitados, y también es una gran referencia para nosotros, una especie de tótem que también hizo sus dubs o experimentos sonoros con los lekeitios, como los llama él, deconstructivismo sonoro de sus propias canciones. Y Michael Franti tiene la reivindicación del mantenerse humano. Nosotros, en el País Vasco, hemos hablado tanto de intentar humanizar el conflicto…

“La línea del frente” es una reivindicación del poder combativo y político del rock, y una versión de un tema de Kortatu de 1986. ¿Por qué esta versión? Es un poco esta idea que va girando en todo el disco, de la vida y de la historia como algo cíclico. Es también una especie de recuperación de una canción que escribí hace veinte años, de homenaje a toda la música rebelde, a gente como Peter Tosh, Bob Marley, Eddy Grant y sobre todo el que más nos influyó en esa época, Linton Kwesi Johnson; no era rasta, era marxista. Así que llegar veinte años después a Jamaica y cantarla con ellos, explicarles lo que contaba la canción… la toqué en su versión original, más punk-rock, y quería revisitarla y reivindicar como una letra todavía valida hoy en día, en versión reggae. Fue uno de los momentos más álgidos de la grabación del disco.
En las ilustraciones también aparece Woody Guthrie… Sí, porque al fin y al cabo para mí la música combativa es Woody Guthrie, él dijo lo de “esta máquina mata fascistas”. Y Fela Kuti dijo que “el arma es la música”. Y tenemos otros ejemplos, toda la gente que pensamos que la música no es un mero entretenimiento; es un vehículo de expresión, y en ese sentido sirve para levantarse, siempre ha sido la banda sonora de todas las revoluciones y todos los movimientos sociales que ha habido en el mundo.
Me ha gustado mucho que haya tanta información en las letras de las canciones como en las ilustraciones que las acompañan; es todo un acierto… Mi única pena es que no exista ya el vinilo, porque con un cuadernillo grande con todos esos diseños increíbles… Los ha hecho un chico de Barcelona, Carlos Undergroove, y son láminas preciosas. Son collages donde ha metido imágenes que ha sentido a través de la música.

Volvamos con las canciones. “Basque xamuraia” desconcierta un poco con su estética de artes marciales (Bruce Lee, películas como “Ghost Dog” y “Zatoichi”). Yo sabía de la influencia de toda la comunidad china en Jamaica. Y no solo allí: en toda la música reggae hay un montón de productores de origen oriental. Además en Holanda, hay un coffee shop que se llama Easy Times, donde siempre tienen música reggae y una pantalla con películas de artes marciales, esta es la combinación. A mí también me han gustado siempre mucho las artes marciales, en el País Vasco mucha gente las practica. Es una manera interesante de caminar por la vida, con ese “respect”, ese respeto, esa es la palabra clave. Voy contando una serie de imágenes del samurai vasco, relacionándolo también con el hecho de estar conectado con la naturaleza y prepararte para un mundo lleno de contradicciones, ese campo minado de oximorones. Reivindico también la poesía del haiku, reivindicada sobre todo por todos los grandes escritores latinoamericanos, desde Borges hasta Benedetti. En el País Vasco también le encanta a mucha gente. Es una canción de la que estoy muy contento, porque cuento cosas distintas; es otra visión de la vida, pero siempre desde el punto de vista comprometido. 

El tema de las artes marciales también enlaza con los Black Panthers y el Black Power, presente en la siguiente canción, “Beamon Jauzia”. Sí, por eso hay una lógica en todas las canciones, hay una especie de hilo narrativo conductor que une las canciones.

¿Habrá gira con este material? ¿Temes que se repetirá el problema de las prohibiciones, o crees que la cosa ha cambiado? No, yo ya comenté que no quería hacer más giras, solo he hecho pequeñas colaboraciones puntuales, pero en principio no quiero hacer una gira. Pero sí que me gustaría poder reunir en un evento, en un festival, en lo que fuera, a unos cuantos músicos para poder interpretar estas canciones, más las canciones antiguas. Quizá pueda ser la primavera del año que viene, o cuando sea. Pero la idea sería no hacer una gira, sino buscar un formato de concierto para poder hacer una presentación  de este disco, pero que fuera algo puntual.
Podrías ir a Jamaica y grabar un directo con toda la banda… (Risas) Eso no se me había ocurrido, pero podría ser una cosa muy potente. Pero para eso hace falta una logística, y aparte contar con un respaldo económico fuerte. Hay que pensarlo mucho y organizarlo muy bien. Se me había ocurrido hacer algo aquí, un Euskal Herria Jamaika Clash en el que estuviéramos músicos vascos junto a otros jamaicanos que han participado en el disco, y colaboradores… hacer algo así, diferente.

El 9 de mayo se estrenó en ETB1 “Fermin Muguruza: Euskal Herria Jamaika Clash”. ¿De qué trata? Mi idea no era solo llegar a Jamaica y grabar un disco sino estar ahí, y empaparnos de la vida cotidiana, de comer con ellos, de estar en sus casas, y de llevar una cámaras y grabar todo lo que íbamos a hacer para que quedara constancia, quedara un testimonio de esa manera de grabar en Jamaica, de ese encuentro entre los vascos y los jamaicanos; preguntarles a ellos qué sabían del País Vasco antes de que llegáramos nosotros, cuál había sido la historia del reggae, qué suponía para ellos su historia político-social… todo esto se cuenta en el documental, que al final es una película de hora y media. Creo que es muy interesante: es ilustrativa, es divertida, es pedagógica, es un documental que me ha satisfecho mucho podido realizar. Y encima es un documental muy de guerrilla porque lo hemos realizado nosotros mismos, con nuestras cámaras. Lo que perdíamos en el aspecto técnico, porque no teníamos micros ni jirafa, sino solo el sonido de la cámara, lo ganábamos en frescura. Vamos a intentar que se vea en otras televisiones y en el festival In-Edit, igual se va a estrenar ahí. Y para final de año, la intención es sacarlo en DVD –se publicó como “Bass-que Culture” en 2006, y puede verse en su integridad en el vídeo bajo estas líneas-. Pero me ha desbordado completamente la realización del documental, no sabía en qué me estaba metiendo. Sé lo que es hacer un disco, pero un documental no. Escribí también las preguntas, el guión,… pero en muchos momentos me ha superado, provocándome insomnio. Pero lo hemos conseguido.

El nuevo sello Talka: ¿es el resultado del cierre de Metak en enero? Si Metak continuara, yo tenía mi propio sello Kontrakalea con la estructura de Metak, y hubiera estado con ellos. Pero ha sido un año muy duro. Intentamos salir de ese bache con el DVD de Negu Gorriak, pero la verdad es que era una estructura ya pesada, y en unos cuantos meses se podía hacer un agujero muy grande, podía ser una bancarrota grave. Se decidió cerrar. Talka es simplemente consecuencia de mi apuesta por la independencia y la autogestión, con la que ya comencé con Kortatu y después se materializó cuando licenciaba mis discos a través de las discográficas vascas y después cuando se empezó a construir a través de mi propio sello Esan Ozenki. Y ahora he creado Talka, con esa renuncia a las multinacionales, porque siempre he apostado por esa autogestión y por ese “háztelo tú mismo”, y esa coherencia me llevaba  crear otra vez mi propio sello para editar este disco.

¿Cómo has vivido en estos meses fuera del estado español el tema del Estatut y la tregua (a partir del 24 de marzo)? Con el alto el fuego ya estaba aquí, al poco tiempo de llegar llegó el alto el fuego permanente. En primer lugar, lo del alto el fuego ya se intuía, y cuando llega realmente y se hace esta declaración es una gran noticia. No es una cosa que viene de la noche a la mañana, sino es algo que se sabe que se está haciendo porque realmente se van a poner en marcha los resortes para que no haya una vuelta atrás, y eso es lo más importante. Eso es realmente lo que a la gente nos anima y nos devuelve el brillo en los ojos. Y lo del Estatut es una historia muy triste para mí, y la verdad es que es bastante penoso: ¿cómo puede ser que haya que ir a Madrid con un estatuto aprobado por el noventa por ciento de los catalanes para que después se lo cepillen, como dijo Alfonso Guerra? A partir de ahí, todo lo demás me ha parecido algo penoso, que al final se haya acabado pactando con CIU, cosa que siempre ha pasado.

Es que fue más lógica la reacción de Ibarretexe, como si pensara algo así como: “¿No queréis el plan? Pues me voy a casa. Aquí no hay que discutir más, es problema nuestro”. Exactamente. Hasta Ibarretxe lo está diciendo: todo lo que vamos a decidir en esta mesa no va a pasar por Madrid.

Eso está muy bien, pero falta que en Madrid traguen… Claro, pero en el País Vasco hay un tejido social muy importante y un movimiento social que se va activar y va a responder. Y va a haber una presión popular para que todo esto se acepte. Con esto de la tregua se ha acabado un episodio de la historia de nuestro país que estábamos deseando que acabara, pero ahora es cuando estamos mucho más activos, es cuando la palabra tiene el poder, es el momento de convencer, antes que vencer. Es el momento de utilizar otro tipo de expresiones de resistencia, incluso hasta de desobediencia civil. Con lo del Estatut hay gente que por primera vez me ha dicho: “Es que no sé lo que voy a votar”. Un montón de gente no quiere votar “No” porque es lo mismo que vota el PP, pero tampoco “Sí” porque es una bajada de pantalones. Entonces ¿qué? Es una gran decepción, y es un gran desencanto, y eso no nos lo podemos permitir. Ese desencanto provoca un desentendimiento, y decir que toda la política es basura. Es como esa idea de que cuando aquí llega el tripartito piensas: “Qué interesante”. Para gobernar, la izquierda debe tener un proyecto de izquierda sobre la educación, la sanidad, la cultura… Pero si llegan al poder y hay disputas dentro del poder, que es la gran lacra que hemos tenido la gente de izquierdas… siempre nos ha pasado esto, y no aprendemos, siempre hay pugna por el poder, en vez de realizar proyectos.

Volviendo a la música, ¿algún descubrimiento interesante en cuanto a reggae? En Jamaica ahora hay tres frentes: está el conscious reggae, el más cercano al roots y el más comprometido políticamente, el que está en contra de la homofobia y la supremacía racial; luego el new dancehall; y luego los sing-jays, una mezcla de singers y DJs, y entre ellos está uno de los hijos de Bob Marley, Damian Marley.
El único problema que le veo a este disco es que el listón está muy alto… (Gran carcajada) Bueno, me tomaré un tiempo de descanso. 

Y aquí puedes escuchar todo el álbum:

About Ciudad Criolla

Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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