La historia del soul, contada por sus protagonistas

The Bar-Kays de gira en 1969, en la imagen de la contraportada del libro

The Bar-Kays de gira en 1969, en la imagen de la contraportada del libro “From A Whisper To A Scream”. Foto: The Stax Museum Of American Soul Music

Nueva Orleans, Memphis y Detroit pueden considerarse los grandes epicentros del soul. Así se desprende de la lectura de From A Whisper To A Scream. Una historia oral de la música soul, donde su autor, David Moreu, cede la voz a los protagonistas de tan apasionante estilo.

Los libros sobre música parecen vivir un auge en nuestro país, pero los temas suelen ser repetitivos: Bob Dylan, Leonard Cohen, los Beatles, los Stones, Michael Jackson, Bruce Springsteen… siempre las grandes figuras, lo más manido. Como de costumbre, la verdadera música negra es la gran marginada… con contadas excepciones.

Así lo demuestra From A Whisper To A Scream. Una historia oral de la música soul (66rpm Edicions, 2014), el trabajo más reciente de David Moreu. A través de treinta y siete conversaciones, el periodista barcelonés traza un retrato del soul a través de sus protagonistas. O, como dice Irma Thomas, una de sus entrevistadas: “Moreu ha enfocado el tema de manera distinta porque ha ido en busca de los artistas y les ha preguntado sobre su profesión, qué sienten cuando hacen lo que más aman y cómo grabaron sus canciones”.

Dices que el libro pretende ser una historia del soul contada por sus protagonistas, pero yo veo también la historia de unas ciudades imprescindibles para entender la evolución de ese género: Memphis, Detroit y Nueva Orleans. ¿Estás de acuerdo? Sí. Quizá suene reduccionista, porque el soul abarcó muchas más lugares: en Nueva York también había una escena, en California… La decisión que tomé fue cubrir estos tres puntos neurálgicos de donde quizá han salido las estrellas más grandes. Viajando por estas ciudades más o menos ves una parte de la punta del iceberg de la historia del soul.

David Moreu, autor de

¿Qué diferencias hay en la escena y el sonido de las tres ciudades? Creo que el caso de Nueva Orleans es muy diferente: Stax o Motown tenían sus músicos de sesión, como una factoría, pero en Nueva Orleans es más como una gran familia, una cuestión de amistad y cercanía, lo que tal vez se traduce en un sonido más cercano al directo y a la improvisación… En Detroit, Motown sí era una cadena de producción, una fábrica de música. Algunos dicen que es soul, otras que es pop hecho por negros y orientado a los blancos… En Memphis, el sonido del soul de Stax, y quizá Hi Records al principio, está más arraigado en el blues. Y en Nueva Orleans es un plato de gumbo, donde caben todas las influencias: el jazz, las brass bands, los desfiles del Mardi Gras, los Mardi Gras Indians, los entierros… Todo esto lo combinas con el soul y con el rock’n’roll, porque muchos pioneros como Little Richard grabaron allí… Nueva Orleans es la explosión de la mezcla absoluta, no puedes encasillarlo en algo concreto. Creo que quizá tiene el sonido más rico de todos porque tiene esta falta total de prejuicios, no tiene límites a la hora de mezclar. También existían grupos de sesión: los Meters fueron los que tocaron en más discos producidos por Allen Toussaint, pero también eran una banda independiente por su parte, como Booker T. & The M.G.’s.

Yo lo decía más en el sentido de que si, por ejemplo, llegaba un cantante a Nueva Orleans, en lugar de colocarle el guitarrista del estudio, él podía decir “conozco a un tipo que podría hacerlo”. Se nota más este espíritu de colaboración. Dr. John lo comenta en la entrevista del libro cuando le pregunto por su relación con Allen Toussaint. Él dice que se conocieron cuando eran adolescentes y los dos trabajaban como músicos de sesión en la ciudad. A finales de los cincuenta era muy fácil que Toussaint sustituyera a pianistas que fallaban en una sesión, porque a última hora lo llamaban a él. Hoy sería impensable encontrártelo en una grabación de un grupo poco conocido, pero en aquella época había tantos músicos que, si fallaba uno, tenías otro de reserva. Tenías tanto donde elegir y tanta gente buena que debía haber algo más de movimiento que en Memphis o Detroit.

Al hablar de Nueva Orleans insistes en que la segregación racial se notaba menos… La opinión de los músicos es muy diferente a la de la gente de la calle que vivió aquella época. Tanto George Porter de los Meters como Allen Toussaint dicen que los músicos fueron quizá los primeros en hablar de integración antes de que se mencionara a nivel político o institucional. Muchos músicos eran negros, otros eran blancos. Lo que querían era tocar, y no les importaba nada la raza de la persona con la que estaban tocando o componiendo. No hacían distinciones, se movían más por la pasión de la música. A muchos de ellos les sorprendía el hecho de que, en un ambiente segregado como era el de los cincuenta, sesenta, hasta principios de los setenta, la sociedad fuese por un lado y estuviera discriminando a esta gente, cuando ellos vivían este trato como algo normal. Allen Toussaint, por ejemplo, te dice: “Yo no salí a manifestarme, no levanté el puño en ninguna marcha. Incluso muchas veces me he preguntado por qué no lo hice. Pero luego me doy cuenta de que mis canciones tal vez eran mi manera de posicionarme y de decir lo que pensaba, aunque no fuera a las manifestaciones”.

Sly & The Family Stone, en la portada del libro¿Cómo elegiste a los personajes? ¿Había un interés por hablar con gente que no eran necesariamente las caras visibles del soul (como productores, compositores, diseñadores, músicos de sesión)? Muchas entrevistas se realizaron previamente al proyecto del libro. La idea surgió cuando tenía unas quince hechas y vi que había más o menos un hilo conductor y que podía dar lugar a algo más grande. Conversando con el editor de 66rpm pensamos que si queríamos que el libro funcionara como una seudo historia oral del soul no sólo tenía que hablar con músicos, ya que en el soul también intervinieron otros elementos: los productores, los diseñadores de portadas, los músicos de sesión que no son conocidos, los presidentes de los estudios… Seguramente el libro tendría un carácter más monótono si sólo hablaran los cantantes y los músicos, pero el hecho de introducir a gente que estuvo un tanto en la sombra, como por ejemplo Curtis McNair, que diseñaba las portadas de Motown, nos da una visión periférica. Creo que esto enriquece el relato y permite ver la historia desde otros puntos de vista.

¿Hay alguna entrevista que hubieras querido hacer y no pudiste? Me hubiera encantado Steve Cropper, por lo que representa y por su papel en Stax. También Isaac Hayes. Y me hubiera gustado tener a artistas actuales de Nueva Orleans como los Galactic, Glen David Andrews o Trombone Shorty para saber cómo está la ciudad hoy en día.

Hay una cosa que me ha sorprendido: cuando entrevisté a Willy DeVille, cargó contra la british invasion y los Beatles porque acabaron con muchos estudios y provocaron la diáspora de músicos de sesión hacia otras ciudades (Irma Thomas y Dr. John, entre otros). En cambio en tu libro, en general, todo el mundo habla bien de los grupos británicos, aunque claramente expoliaron el rhythm’n’blues afroamericano… Me remitiré a la opinión de Irma Thomas. La british invasion, los Rolling Stones, los Beatles, los Animals… ella lo argumenta diciendo que, como al principio interpretaban versiones sobre todo de clásicos de allí, fue una manera de revalorizar lo que ellos tenían en un momento en que la gente de Estados Unidos hacía más caso a lo que venía de fuera. Y fue una manera de que muchos bluesmen del Mississippi, de Memphis o de Nueva Orleans volvieran a salir a actuar y que la gente se interesara por ellos, buscara las versiones originales de estas canciones. Y los Beatles y los Rolling fueron lo suficientemente hábiles para involucrar a estos músicos y llevárselos de gira para que abrieran sus conciertos. Pero, por otro lado, Irma Thomas también cuenta la anécdota de que cuando los Rolling Stones versionaron su “Time Is On My Side” y ella la cantaba, la gente le preguntaba por qué interpretaba un tema de ese grupo. Dejó de cantarla un tiempo porque se cansó del hecho de que la había grabado primero ella y, sin embargo, los Stones la hicieron más popular.

Esto ocurrió con los propios norteamericanos. La canción “See You Later Alligator” la popularizó Bill Haley, pero muchos no saben que es de un compositor de swamp pop de Nueva Orleans, Bobby Charles. Por ejemplo, a Eddie Roberts de The New Mastersounds, que también sale en el libro, le pregunto cómo se sintieron la primera vez que actuaron en Nueva Orleans, y él dice que iban con miedo: “¿Qué pensarán de unos ingleses de Leeds que van a tocar deep funk en el lugar donde esto se inventó?”. Rodaron un documental sobre su primera visita a Nueva Orleans titulado “Coals To Newcastle” (2010) -arriba puede verse el tráiler-, que es esa frase irónica inglesa de “cómo se te ocurre ir a vender carbón a Newcastle cuando es allí donde tienen las minas”. Pero los aceptaron. Y Roberts lo argumenta diciendo que, con la visión europea, aunque hagas este tipo de música, la haces diferente, con otra concepción, y esto a los americanos les cogió un poco de sorpresa. Es como “te vendemos lo tuyo, pero de otra manera”.

Háblame un poco de los músicos de Nueva Orleans a los que entrevistas en el libro, y si tienes alguna anécdota. Empecemos por Allen Toussaint. La entrevista fue por teléfono, cuando hacía promoción del disco que sacó en directo, “Songbook” (2013). Realmente es un gentleman, muy correcto, y estuvo encantador con las respuestas. Se oía un perro de fondo, no sé si era suyo o del vecino, pero me lo imaginaba sentado en su jardín con el perro al lado, totalmente relajado y de vuelta a casa. Porque él estuvo exiliado en Nueva York durante una temporada después del Katrina y ahora ha vuelto. Me dio la impresión de que era un hombre en paz consigo mismo, después de este periplo de irse, de volver, de estar muy involucrado con los conciertos benéficos… como una persona que está por encima de todo y que es muy consciente de su música.

Irma Thomas, una de las protagonistas del libro. Foto: Rick Olivier

Irma Thomas. La entrevisté en el backstage del Jazz Fest del año pasado, y lo curioso fue que, en teoría, la conversación estaba pactada para antes de su concierto, pero entre que llovía y que llegó tarde la hicimos después. Su actuación fue muy emotiva: al final casi la sacaron en brazos, medio desmayada. Pensaba que estaba muy afectada y que la entrevista no se haría. Es una mujer muy viva, con mucha energía. También es muy consciente de su estatus y veías que en algunas respuestas cortaba más rápido, y que en otras se extendía más. Es muy trabajadora, no vive de las rentas. Sigue actuando, sigue grabando, sigue viajando, y realmente impresiona en las distancias cortas.

Aparte, es una de las viejas glorias que se ha integrado en la nueva escena, colaborando con Galactic, por ejemplo. Totalmente. En la entrevista ella dice que la escena está cambiando mucho, que está evolucionando, que está entrando mucha gente nueva, y que ella forma parte de esta vieja guardia, pero que al final todos buscan lo mismo, hacer buena música. Y que no tienen ese prejuicio de decir “yo soy de los de antes y tú eres de los de ahora”, sino que existen vasos comunicantes. “Soy de la vieja escuela, pero me tienen para lo que necesiten”, reconoce. Es esta voluntad de colaborar.

Dr. John. Fue justo antes del Primavera Sound de este año, por teléfono. Me dieron unas instrucciones: él estaba en ese momento de gira por Estados Unidos, y me dijeron que llamara a un hotel de Nueva Orleans donde se alojaba, que preguntara por un número de habitación y por el nombre falso con el que estaba registrado, que recuerda mucho al de un revolucionario cubano. Después de hacer todos estos pasos, se puso con su acento cerrado. Y yo tenía un poco el miedo inicial de pensar “a ver cómo lo coges”, si estará dispuesto a hablar, si te responderá con monosílabos… Pero quizá al no entrar en los aspectos más conflictivos de su vida personal, sino hablar de música y de segregación… Él sacó enseguida este tema, y considera que la situación en Nueva Orleans comenzó a ir peor cuando quisieron integrar voluntariamente y no dejaron que las cosas siguieran su ritmo. Se nota un tío vivido, aunque tendrá sus lagunas mentales…

George Porter Jr., bajista de los Meters. Foto: Michael Weintrob

George Porter Jr. (The Meters). La entrevista se realizó en 2010, antes de que el proyecto del libro fuera una realidad, durante mi primer viaje a Nueva Orleans. Un tío encantador, con muchas ganas de explicar cosas. Y me quedó muy claro que, aunque sigan siendo amigos, es muy difícil que los Meters vuelvan a involucrarse en el proyecto para grabar un disco o salir de gira. Quizá es una de las entrevistas que más me gusta del libro, básicamente porque te lo explica todo: la relación con los Beatles y con los Rollings, las giras, cómo era grabar en aquella época, su vinculación con los músicos de Nueva Orleans, las sesiones con Dr. John… Y, sobre todo, lo que quería de esa entrevista era explicar cómo pasas de ser un grupo de sesión que no conoce nadie a convertirte en una de las bandas de referencia del funk.

Roger Lewis (Dirty Dozen Brass Band). También se hizo el año pasado en el Jazz Fest. Estaba lloviendo muchísimo y estaba todo lleno de barro. Él apareció con un chubasquero azul con el saxo bajo el brazo y nos pusimos a hablar antes de su concierto. Un tío muy alegre, muy simpático, todo el rato sonriendo y contando anécdotas. Aunque comenzó a tocar con otros músicos, la fama le llegó con la Dirty Dozen, y pertenece a esa época de finales de los setenta, cuando toda la vieja guardia estaba un poco desubicada, cuando había pasado la época dorada del rhythm’n’blues en Nueva Orleans. Las brass bands eran un fenómeno muy localizado allí y ellos las llevaron a todo el mundo. Lo veías con esa confianza de que lo que estás contando ha tenido trascendencia.

Hace poco pasaron en televisión un concierto de la Preservation Hall Jazz Band y casi todos los músicos eran nuevos. Creo que esto ocurre mucho en Nueva Orleans, que hay una renovación en las bandas. Sí. En la Dirty Dozen siguen muchos de los músicos originales, han entrado varios componentes a lo largo del tiempo y ahora tienen a dos chavales de 20 años que, por un lado, aportan ideas frescas, sobre todo con géneros actuales como el hip hop o un funk más desmadrado, pero, por otro, quieren tocar las canciones de los inicios del grupo, porque se han criado escuchando e idolatrando lo que los veteranos hacían al principio. Es un círculo. Mucha gente joven va a Nueva Orleans buscando ese sonido primigenio, pero tampoco eres impermeable a lo que tú llevas del momento actual en el que vives. Creo que de aquí es de donde sale esta fusión nueva, que no deja de ser algo tradicional de la ciudad, porque allí siempre se ha mezclado. Pero hoy quizá es más chocante porque cosas dispares que pensabas que no se podrían juntar al final lo acaban haciendo. Por ejemplo, creo que los Galactic son el extremo de la fusión bien entendida.

Para los que quieran profundizar más en los trabajos de David Moreu, aquí podéis ver su corto documental Down To Earth (2009), que ya retrataba la relación entre el soul y el movimiento por los derechos civiles en la década de los sesenta en el sur de los Estados Unidos.

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Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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