Gregg Allman, el auténtico barbudo motero del rock sureño

GG0211_GreggAllman_03 by Peter Yang

Gregg Allman, un sureño de los que ya no quedan. Foto: Peter Yang

Gregg Allman, el creador de The Allman Brothers Band, murió ayer a los 69 años. El cantante de Nashville, considerado uno de los pioneros del southern rock, se forjó posteriormente una carrera en solitario. A la espera de un nuevo álbum anunciado para el próximo septiembre –Southern Blood, producido por Don Was en los míticos estudios Fame de Muscle Shoals (Alabama)–, recordamos su último trabajo, Low Country Blues, de 2011.

Únicamente hay dos productores (dejamos fuera a Rick Rubin, una vez exprimida la teta de Johnny Cash, y a Jack White, demasiado verde aún) capaces de recuperar las carreras de artistas que antaño fueron grandes y luego cayeron en el olvido o, peor aún, en la mediocridad: Joe Henry y T Bone Burnett. A este último le sonó la flauta con la operación rescate de Robert Plant en Raising Sand (2007), junto con Alison Krauss, y ahora tiene la oportunidad de volver a hacerlo con Gregg Allman.

Hasta ahora, la carrera en solitario del cantante de The Allman Brothers Band era bastante decepcionante y su anterior trabajo, Searching For Simplicity, se remonta a 1997. Para relanzarlo, Burnett podría haber recurrido a la fórmula fácil del allstars a golpe de talonario; en su lugar, lo ha acompañado con una banda que vale un potosí, integrada por Dr. John al piano (acreditado con su nombre real, Mac Rebennack), Doyle Bramhall II a la guitarra, y la sección rítmica del bajista Dennis Crouch y el batería Jay Bellerose, reforzados por metales en algunos temas.

Con un sonido clásico, aunque sin ser retro, y con una excelente forma de voz, en Low Country Blues Allman se enfrenta a una colección de versiones de temas oscuros de bluesmen como Sleepy John Estes, Junior Wells, Skip James, Muddy Waters, B.B. King, Magic Sam y Otis Rush. En otras manos, se podía haber convertido en un ejercicio a lo Joe Cocker con músicos mercenarios y una producción pacata, pero el buen gusto de Burnett lo eleva a cotas de alta creatividad.

Por citar solo algunos ejemplos, el cantante de barba, larga melena rubia y tatuajes se sale en el blues chasqueadedos de Little By Little, el slow Devil Got My Woman (con el dobro de Colin Linden), el brillante blues-soul Blind Man (muy a lo Screamin’ Jay Hawkins), la excepcional balada cincuentera Please Accept My Love y el country-blues Rolling Stone. Un retorno, este sí, verdaderamente grande.

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