David Lynch y la música: melodías dulces y pesadillas perturbadoras

David Lynch, un tipo raro pero genial

Mañana se estrena la esperada tercera temporada de Twin Peaks. Sin duda, uno de los rasgos más característicos de la serie de David Lynch es su banda sonora. Por eso es un buen momento para recordar la relación especial que el realizador norteamericano mantiene con la música.

Muchos lo consideran un freak y creen que sus películas no tienen ni pies ni cabeza. Lo que está claro es que David Lynch no deja indiferente a nadie: o lo defiendes o lo aborreces. Uno de los elementos que mejor contribuyen a crear sus mundos perturbadores es la música. Según afirmaba en una entrevista de 1990, “juega un papel decisivo para crear un lugar y una atmósfera. Es extremadamente importante”.

Como Quentin Tarantino, es uno de los directores que más cuida este aspecto, no solo en la selección de canciones que encajan perfectamente en sus complejos argumentos, sino en su participación directa en las bandas sonoras, al lado de su compositor preferido, Angelo Badalamenti, a quien considera “un hermano”. Un tándem que evoca a otras parejas históricas –Federico Fellini y Nino Rota, Steven Spielberg y John Williams, Tim Burton y Danny Elfman, Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann, Blake Edwards y Henry Mancini–, pero que va mucho más allá en su proceso creativo.

En su libro Atrapa el pez dorado (2006; Random House, 2008), Lynch explica cómo interviene en la composición: “Me gusta sentarme a su lado en la banqueta del piano. Yo hablo y Angelo toca. Acompaña mis palabras. Pero a veces no las entiende y lo hace muy mal. Entonces le digo: ‘No, no, no, no, Angelo’. Y cambio un poco las palabras y él toca de otra forma. Y de alguna manera, mediante este proceso, acaba encontrando alguna cosa y le digo: ‘¡Es esto!’. Y entonces sigue con su magia por el camino correcto”. Así surgió, por ejemplo, el famoso tema de Twin Peaks (1990-1991; 2017), mientras describía un bosque oscuro.

Angelo Badalamenti, el “hermano” musical de Lynch

Badalamenti –autor de The Flaming Arrow, la pieza que acompañó el encendido de la antorcha en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992–, inició su colaboración con Lynch a partir de Terciopelo azul (1986), y desde entonces ha participado en casi todos sus proyectos: los filmes Corazón salvaje (1990), Twin Peaks. Fuego camina conmigo (1992), Carretera perdida (1997), Una historia verdadera (1999) y Mulholland Drive (2001) y las series En el aire (1992), Hotel Room (1993), Rabbits (2002) y, naturalmente, las tres temporadas de Twin Peaks –aunque en la nueva también interviene Johnny Jewel, de Chromatics, con diversos cortes incluidos en su reciente álbum Windswept (2017)–. Solo ha estado ausente en Cabeza borradora (1977, con paisajes sonoros industriales de Lynch y Alan R. Splet), El hombre elefante (1980, con score de John Morris, habitual de Mel Brooks), Dune (1984, con Toto, Brian Eno y Daniel Lanois) e Inland Empire (2007, también a cargo de Lynch).

Cuando trabaja con el creador de Laura Palmer, el compositor neoyorquino se mueve entre dos extremos totalmente opuestos: las atmósferas oscuras y agobiantes, con texturas electrónicas y orquestales, y el jazz orgánico, evocador del cine negro, marcado por saxo, contrabajo, piano y vibráfono. Un ejemplo muy claro de esto último es el Audrey’s Theme de Twin Peaks. En el volumen colectivo Regreso a Twin Peaks (Errata Naturae, 2017), Michael Chion opina que este tema “crea una especie de distancia urbana, sofisticada e hipnótica, y podría haber sido firmado por Henry Mancini para una comedia de Blake Edwards”.

Entre la oscuridad y la sensualidad, también hay espacio para el rock’n’roll cándido, el sinfonismo romántico, el dub, el lounge, el country, el boogie, el blues, el swing y el ruidismo. Pero si tuviéramos que escoger su obra más representativa, sin duda sería Twin Peaks. Como dice Javier Memba en David Lynch. El onirismo de la modernidad (Ediciones JC, 2017), “fue aquí donde el compositor consiguió su plena sintonía con el realizador, debido a un hecho simple: en esta teleserie no había ninguna canción ajena implicada dramáticamente en la narración”.

Canciones desde el fondo de la mente

El karaoke de Dean Stockwell en “Terciopelo azul”

Paralelamente al papel decisivo de la música instrumental de Badalamenti en la obra de Lynch –al margen del cine, coincidieron en Industrial Symphony No 1 (1990), una mezcla de concierto de Julee Cruise, obra teatral y performance–, las canciones “pop” –o su reinterpretación– tienen un protagonismo especial. En David Lynch por David Lynch (1997; Alba, 1998), el director opina que “todo el mundo, incluso el más torpe, puede coger una canción y ponerla en una película. Lo que me parece genial es cuando no es solo algo superpuesto. Debe tener determinados ingredientes que realmente se sumerjan dentro de la historia hasta formar parte de ella. Puede ser de forma abstracta o de forma textual. Entonces es como si no pudieras vivir sin ella. No puede ser un trozo de música sin más”.

Fan reconocido de Captain Beefheart, y en especial de su disco Trout Mask Replica (1969), a la hora de elegir las canciones tiene un gusto impecable, y considera cada pieza como un universo en sí misma, más allá de artistas y estilos. Se deja arrastrar por la fascinación que le provocan y sabe cómo emparejarlas con las imágenes para crear algo nuevo. Dennis Lim, en David Lynch. El hombre de otro lugar (2015; Alpha Decay, 2017), afirma que utiliza tonadas pop porque “como depositarias de anhelos sepultados que al tocarlos pueden detonar de maneras misteriosas, acceden directamente a la psique del espectador”.

Rebekah Del Río, “Llorando” antes de caer desplomada en “Mulholland Drive”

Las canciones que el realizador de Missoula escoge pertenecen a estilos muy diversos: pop dulce de los cincuenta y los sesenta (Little Eva, Linda Scott), rockabilly clásico (Gene Vincent), jazz (Fats Waller, Dave Brubeck, Jimmy Scott, Milt Buckner, Bill Doggett), country (Ketty Lester), gospel (Nina Simone), bossa nova (Antonio Carlos Jobim), rhythm’n’blues (Sonny Boy Williamson II, Koko Taylor, Them), rock alternativo (The Smashing Pumpkins) e industrial (Rammstein, Nine Inch Nails, Marilyn Manson) y speed metal (Powermad), sin olvidar a artistas inclasificables (Beck) y clásicos (Chris Isaak, Lou Reed, David Bowie). A pesar de todo, tiene una especial predilección por los pioneros del rock como Elvis Presley (Love Me, Love Me Tender) y Roy Orbison (In Dreams, Llorando). Tal vez por eso en una ocasión declaró que el acontecimiento más importante del siglo XX fue el nacimiento del rock’n’roll.

Un rasgo muy remarcable de su sello personal es que, cuando incorpora actuaciones musicales, siempre están rodeadas de misterio, de situaciones dramáticamente muy potentes que incluso marcan un giro en la historia que está explicando. Recordemos solo tres ejemplos: las interpretaciones de Dean Stockwell (In Dreams; en realidad, un karaoke de Roy Orbison quien, al parecer, se mostró bastante incómodo con el uso poco ortodoxo de su canción) en Terciopelo azul, Jimmy Scott (Sycamore Trees) en Twin Peaks y Rebekah Del Rio (Llorando) en Mulholland Drive se enmarcan en una atmósfera malsana, de pesadilla, no de espectáculo para disfrutar, sino como una experiencia mental perturbadora.

Experimentos de blues industrial

BlueBob: blues industrial

Con su fascinación por la música, era de cajón que un personaje tan polifacético artísticamente como Lynch (pintor, escultor, escritor, guionista, director…) acabase dedicándose a ella, grabando sus propios discos. Aunque reconoce que se metió gracias a Badalamenti, en el libro Beyond The Beyond. Music From The Films Of David Lynch (Hat & Beard, 2016) afirma: “No soy un músico y estoy en el mundo de la música, pero siempre es un experimento. Dean Hurley –su colaborador habitual– y yo no vamos de gira, no actuamos, pero creamos música en el estudio. Así que siento muchísimo respeto y amor por los músicos”.

En 2001, con el guitarrista John Neff, editó el disco BlueBob, donde unía la sonoridad industrial con la crudeza del rock’n’roll primitivo y el blues. Una música “inspirada por máquinas, fuego, humo y electricidad”, para el “primer LP de blues industrial”, según su descripción; después, varios temas se incluirían en Mulholland Drive. BlueBob ofreció su primer y único concierto en el histórico teatro Olympia de París en 2002. Posteriormente, y con su propio nombre, ha publicado los álbumes Crazy Clown Time (2011) y The Big Dream (2013) –con la participación de Dean Hurley–, además de un puñado de singles y EPs, siguiendo con un sonido similar con elementos electrónicos, tocando la guitarra y manipulando su voz.

Y si antes mencionábamos su “respeto y amor por los músicos”, este se ha traducido a lo largo de los años en colaboraciones muy variadas. Aquí sería necesario hablar de su faceta como descubridor de diversas intérpretes femeninas: la etérea Julee Cruise –presente con varias canciones en Twin Peaks, entre ellas la inolvidable Falling, y una en Terciopelo azul, a la que produjo y coescribió con Badalamenti los álbumes Floating Into The Night (1989) y The Voice Of Love (1993)–, la cantante y violinista Jocelyn Montgomery –con quien hizo Lux Vixens (1998), una reinterpretación de los versos de la escritora del siglo XII Hildegard von Bingen, de nuevo con John Neff–, y su musa actual, la glamurosa Chrysta Bell (o lo que Lana Del Rey querría ser, pero no lo consigue), a quien ha escrito y producido el LP This Train (2011) y el EP Somewhere In The Nowhere (2016). Tampoco podemos olvidar que durante la presentación de su libro Atrapa el pez dorado se acompañó del trío femenino Au Revoir Simone mientras leía fragmentos.

Chrysta Bell: glamour y sensualidad

Otros proyectos en los que ha dejado su peculiar huella son Polish Night Music (2007), con el pianista polaco Marek Zebrowski, colaborador en Inland Empire; The Air Is On Fire (2007), montaje sonoro para la antológica exposición que la Fundación Cartier de París le dedicó; Fox Bat Strategy. A Tribute To Dave Jauregui (2009), a cargo de la producción y las letras; el libro-disco colectivo Dark Night Of The Soul (2009) encabezado por Danger Mouse y Sparklehorse, como compositor, intérprete y autor de las espléndidas fotografías; y el monumental The Twin Peaks Archive (2011), con más de doscientas piezas inéditas coescritas con Badalamenti.

Por otra parte, ha puesto su talento como realizador al servicio de videoclips de Chris Isaak, Rammstein, Yoshiki, Nine Inch Nails, Moby e Interpol, y en 2011 dirigió el filme-concierto Duran Duran Unstaged. También ha remezclado a Moby, Zola Jesus, Agnes Obel y Duran Duran, y produjo a Roy Orbison una nueva versión de In Dreams. Además, varios músicos han participado como actores en sus series y películas: recordemos los casos de Sting (Dune), David Bowie y Chris Isaak (Twin Peaks. Fuego camina conmigo), Henry Rollins y Marilyn Manson (Carretera perdida) o el mismo Badalamenti (Mulholland Drive). Y, atención, porque en el reparto de la tercera temporada de Twin Peaks se incluyen los nombres de Trent Raznor, Eddie Vedder, Sky Ferreira, Chrysta Bell, Rebekah Del Rio, Julee Cruise y Sharon Van Etten.

Versiones desde mundos paralelos

“The Music Of David Lynch”: el gran homenaje

Curiosamente, un universo musical tan complejo como el de Lynch ha originado muchas versiones de canciones utilizadas en sus obras. Piezas de la famosa banda sonora de Twin Peaks han sido adaptadas por Moby –en su remix del tema Go de 1981 añadió elementos del tema de Laura Palmer–, The Wedding Present y Xiu Xiu (todo un álbum: Plays The Music Of Twin Peaks, de 2016); incluso existe una banda de Chicago llamada Twin Peaks, aunque aseguran haber sacado su nombre de una cadena de restaurantes con camareras ligeras de ropa. E In Heaven (Lady In The Radiator Song), de Cabeza borradora, ha sido versionada por los Pixies y Bauhaus. Más ambiciosos fueron Thomas Truax con Songs From The Films Of David Lynch (2009) o Tuxedomoon & Cult With No Name con Blue Velvet Revisited (2015).

Pero, sin duda, el mayor homenaje se celebró el 1 abril de 2015, en el Ace Hotel Theatre de Los Ángeles, con The Music Of David Lynch, un concierto a beneficio de su organización dedicada a la meditación transcendental, The David Lynch Foundation. En este espectáculo, editado en doble vinilo en 2016, participaron, entre otros, Donovan, Tennis, Twin Peaks, Sky Ferreira, Jim James, Karen O, Moby, Lykke Li, Zola Jesus, Wayne Coyne, Duran Duran y, naturalmente, Badalamenti, Chrysta Bell y Rebekah Del Rio.

Para rematar esta panorámica sobre Lynch y la música, una última curiosidad: Michael J. Anderson, el enano que habla al revés y baila raro en la Habitación Roja de Twin Peaks, también tenía una banda de rock en Nueva York llamada Wayward Gene And The Natural Selection. Pero, por desgracia, en internet no hay ni rastro. Lástima, porque sería digno de ver alguna foto o vídeo de sus actuaciones.

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