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“Perdidos”, el triunfo del macguffin

Cuando el 22 de septiembre de 2004 la cadena norteamericana ABC emitió el primer episodio no podía imaginarse el fenómeno que desencadenaría a nivel global. Una genialidad para unos, una tomadura de pelo para otros, la serie de J. J. Abrams no dejó indiferente a nadie.

“Todo pasa por una razón”, rezaba el eslogan de su cuarta temporada. Y es que Lost (en España, Perdidos) cambió el concepto de cómo enfrentarse al visionado de una producción televisiva: para poder apreciarla in full effect, era necesario verla íntegra, para no perder detalle, porque detrás de cada pequeño gesto, encuentro o palabra podía encontrarse la clave para entender acciones futuras o pasadas. ¿Complicado? Apasionante. Y más cuando empezó a utilizar el recurso del flashforward, que nos avanzaba acontecimientos del futuro, para acabar de complicar el enredo.

En su momento, cuando la estaba viendo, tenía la sensación de que pasaría como con las dos primeras temporadas de Twin Peaks (1990-1991) –entonces desconocíamos que habría una tercera en 2017, mucho más descabellada y con muchas más preguntas que respuestas–, y que J. J. Abrams nos tomaría el pelo con un final con un razonamiento absurdo o simplemente sin ninguna explicación… Sí, pero ¿y lo que disfrutamos hasta entonces?

Es el viejo truco del macguffin de Alfred Hitchcock, aquello que te mantiene en vilo, de lo que se habla en todo momento sin saber nunca de qué se trata. En el fondo, cada vez importaba menos qué hacían los protagonistas en la isla, por qué estaban allí, si estaban vivos, muertos o locos. Ellos estaban perdidos; nosotros, los espectadores, también. Al menos, conocíamos la fecha en la que supuestamente todo se resolvería: 2010. Hasta que llegara ese momento solo podíamos especular.

Con todo, supongo que yo era un espectador de Lost un poco atípico: los verdaderos fanáticos se descargaban los capítulos un día después de su emisión en los Estados Unidos, impacientes por saber cómo seguía la trama. Yo no: prefería esperar a que los pasaran en España en el canal Fox, porque pensaba que así el placer era mayor. En esa época aún no existía la práctica del binge-viewing, posibilitada por las plataformas de streaming que cuelgan series o temporadas enteras de golpe.

El cielo no puede esperar

Y llegó el día, el 23 de mayo de 2010, con ese controvertido desenlace que indignó y disgustó a tantos, y entusiasmó a unos pocos, entre los que me encuentro.

El escritor y guionista Barry Gifford y el director David Lynch, colaboradores en varios proyectos, comparten la misma idea sobre lo que supone la experiencia de ir al cine: “Entras en un sueño y debes entregarte a ese sueño, rendirte a él del todo. No es una visión muy distinta de la que tenía Buñuel: cualquier cosa es posible, dejas de preocuparte por los parámetros convencionales de cualquier historia”.

Estas palabras deberían grabarse a fuego en el culo de todos los seguidores auténticos de Perdidos. No los advenedizos que se engancharon a partir de la tercera o la cuarta temporada a rebufo del boom mediático, o quienes criticaron la serie desde un principio porque preferían producciones con ínfulas sociológico-documentales como The Wire.

La escisión creada en el seno de la parroquia lostie tuvo su origen en el tan esperado final: horrible para unos, idóneo para otros. Más allá del hecho histórico de su emisión simultánea en todo el mundo, ¿qué se podía esperar de una serie plagada de macguffins? ¿Una explicación pormenorizada para resolver todos los cabos sueltos? En absoluto.

Un final frustrante es aquel que deja a unos personajes con los que te has encariñado durante años en una situación ambigua, como ocurrió con Los Soprano (1999-2007), porque, en el fondo, siempre esperarás que vuelvan con otra temporada o con un largometraje, una precuela o un spin off.

Pero el desenlace de Perdidos no dejaba ningún margen a la duda: aquí no había vuelta atrás, sabías que nunca volverías a ver a Jack, Sawyer, Locke ni a todos los demás. Se acabó definitivamente, y eso te producía una tremenda sensación de alivio, como cuando una persona querida, después de sufrir una larga enfermedad, muere. De forma paralela a lo que vivían los protagonistas, que solucionaban su deuda con el pasado y “avanzaban” (y lo de menos es hacia dónde), los seguidores de la serie respiraban aliviados y podían seguir con sus rutinarias vidas.

El círculo perfecto

¿Pero fue bueno o malo el final de Perdidos? Desde un punto de vista narrativo, exhibió una estructura ejemplar: si el primer episodio empezaba cuando Jack abría los ojos, tendido en la jungla, el perro acercándose y un plano de una zapatilla colgada en un árbol, el último acababa en el mismo sitio, tras ver de nuevo la zapatilla (deteriorada por el paso del tiempo), cuando Jack, en el suelo junto al perro, cerraba los ojos. El círculo perfecto.

Hasta llegar aquí, una cascada de emociones –reforzadas por la brillante banda sonora de Michael Giacchino–, culminando en una inesperada revelación evocadora de El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999). Esa resolución y sus supuestas connotaciones religiosas fueron lo que más soliviantó a los detractores; algunos hasta se atrevieron a compararlo con un episodio de Autopista hacia el cielo de Michael Landon.

Pero, en especial, les molestó no encontrar respuestas a todos los interrogantes planteados, sufriendo un ataque súbito de racionalidad totalmente contrario al espíritu de la historia: si desde un principio aceptaste una trama llena de sinsentidos, ¿a qué venía ahora pedir el libro de reclamaciones porque no se habían resuelto? Y, sobre todo, si tenemos en cuenta los buenos momentos televisivos que nos proporcionó.

En aquel entonces, los losties andaban alborozados porque aseguraban que, cuando la sexta temporada se editara en DVD, incluiría metraje extra que supuestamente explicaría más cosas –me temo que eso no llegó a pasar y fue un simple rumor–. Gracias, pero no hacía falta. Para mí, después de seis temporadas y 121 episodios, el final emitido fue el definitivo y no necesitaba nada más. Y lo mismo digo del desenlace de la tercera temporada de Twin Peaks. Pero eso ya es otra historia…

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