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“Mutant X”: superhéroes sin mallas

Adam Kane (centro), rodeado de Shalimar, Brennan, Emma y Jesse, los Mutant X

Toda plataforma televisiva que se precie tiene hoy en día su serie de superhéroes con la que pretende marcar tendencia: The Boys (Amazon Prime) y The Umbrella Academy (Netflix) son solo dos ejemplos. Pero pocos se acuerdan de una producción de hace casi veinte años que se anticipó a la actual tendencia de humanizar a esos personajes. Por eso la recordamos y reivindicamos.

A principios de este siglo, el imparable éxito cosechado por Spider-Man (Sam Raimi, 2002) y los estrenos del Hulk (2003) dirigido por Ang Lee y el Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003) con Ben Affleck lo confirmaron: Hollywood encontró una mina en los superhéroes. La televisión no permaneció al margen y se lanzó a sacar tajada.

Así se explica la existencia de una producción pionera como la canadiense-estadounidense Mutant X (2001-2004; emitida en España por Calle 13 como Mutante-X): aunque en su web se advertía que no estaba basada en la película X-Men (Bryan Singer, 2000), se reconocía que ambas habían sido concebidas por Marvel.

Pero esto no convenció a Fox, que demandó a Marvel por incumplimiento de su contrato de licencia y publicidad falsa. Según Fox, Mutant X era demasiado similar a X-Men. Marvel interpuso una contrademanda, alegando que los dos proyectos eran diferentes y pidiendo a los tribunales que permitieran que la serie siguiera adelante.

De hecho, el creador de Mutant X era Avi Arad, presidente y fundador de Marvel Studios, y productor ejecutivo de varias series animadas basadas en personajes de la editorial y también de la mayoría de las películas de la factoría.

La principal diferencia con otras franquicias estribaba en que Mutant X no se basaba en ningún cómic –a pesar de que exista uno con el mismo nombre, publicado entre 1998 y 2001–, sino que se creó de cero. Entre sus guionistas estaba Howard Chaykin, un habitual de Marvel pero también de la rival DC, coautor de títulos como Batman/Houdini. Devil’s Workshop (1993), Fury Of S.H.I.E.L.D. (1995), Son Of Superman (1996) y JLA. The Secret Society Of Super-Heroes (2000), entre muchos otros.

Mutant X contaba la historia de un grupo de cuatro mutantes con extraordinarios poderes como resultado de la ingeniería genética, liderados por un inteligente personaje que los acogía en el Santuario, su hogar y cuartel general, a caballo entre un jardín zen y un paraíso de alta tecnología. Su misión era defender a otros mutantes mediante una especie de programa de protección de testigos y alejarlos de la Agencia de Seguridad Genética (ASG), la organización que los perseguía.

No es difícil ver coincidencias entre el líder de los Mutant X (Adam Kane, interpretado por John Shea) y el Profesor Xavier de X-Men. Su cometido es idéntico: ayudar a los mutantes a controlar sus poderes e integrarlos en una vida normal. A diferencia de la Patrulla X, sus pupilos no tenían nombres llamativos ni lucían uniformes ceñidos.

Shalimar (Victoria Pratt), la más osada, era una feral (con la fuerza y la destreza de un felino); Brennan (Victor Webster), el rebelde exdelincuente, un elemental (con la capacidad de disparar energía eléctrica); Jesse (Forbes March), el pijo experto en informática, un molecular (podía cambiar la densidad de su cuerpo para atravesar paredes o adquirir la dureza de una roca), y la modernilla Emma (Lauren Lee Smith), una psiónica (con la habilidad de leer y alterar las emociones).

El principal enemigo de Mutant X era Mason Eckhart (Tom McCamus), el líder de la ASG, un humano que carecía de sistema inmunitario, lo que le obligaba a ponerse una máscara de piel sintética. Con su cabello albino, su tez blanquecina y sus gafas de montura gruesa, era un perfecto clon de Andy Warhol.

Mason Eckhart, el Andy Warhol cazamutantes

Una de las peculiaridades de la serie era que los protagonistas realizaban todas las escenas de acción, lo que los obligaba a un continuo entrenamiento físico; eso sí, a veces estaban ayudados por cables “invisibles” para moverse al estilo Matrix.

Para su época, los efectos visuales estaban bien resueltos, con una estética futurista en cuanto a decorados y vehículos se refería (en especial la nave Doble Hélice de los Mutant X), y las escenas de acción estaban bien rodadas. Mención especial merecía el vestuario: predominaban los escotes profundos, el cuero y las rajas en la falda para ellas, y la ropa ceñida para marcar músculo para ellos.

Después de sesenta y seis episodios, a pesar de tener una buena audiencia y de estar a punto de renovar por una cuarta temporada, la serie acabó de forma brusca al quebrar Fireworks Entertainment, una de las compañías que la producía (la otra era Marvel Studios), y dejó un final abierto sin resolver.

Mutant X se anticipó a la actual tendencia de humanizar a los superhéroes con problemas como todo hijo de vecino, y consiguió entretener al mismo tiempo, lo cual no es poco.

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