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Mandy Barnett, mucho más que la heredera de Patsy Cline

Es una de las pocas cantantes de country actual que merecería ser designada la sucesora de Patsy Cline. Y aunque su carrera se mueve entre la recreación de estándares de la era dorada y su acercamiento a la americana, su debut homónimo nos sigue impresionando. Lo recordamos en el día de su nacimiento en 1975.

Muchas lo han intentado, pero pocas lo han logrado: tras la desaparición de Patsy Cline (1932-1963), el trono de la reina del country sigue vacante, y las damas más conocidas del género malgastan su talento en canciones diseñadas para las radiofórmulas.

Por eso en 1996 llamó la atención la aparición de una nueva voz como la de Mandy Barnett: posee la rara habilidad de entrar en las canciones y explorar sus sutiles matices emocionales, interpretando con una robusta claridad y seguridad que otras estrellas más consagradas ya querrían.

Como en un cuento de hadas, esta belleza morena empezó cantando desde pequeña en Crossville (Tennessee), donde nació el 28 de septiembre de 1975. A los 10 años, ganó un concurso en Dollywood, el parque temático de Dolly Parton, que le valió la oportunidad de actuar allí.

Su hora llegó, sin embargo, cuando fue escogida para protagonizar el espectáculo Always… Patsy Cline en el Ryman Auditorium de Nashville. Los dos años interpretando a su admirada Patsy le dieron el rodaje necesario para moldear su voz.

Hasta llegar a su debut homónimo, Mandy Barnett (1996), donde la joven desplegó su portentoso talento como crooner con un puñado de canciones compuestas por algunos de los mejores autores actuales (Jim Lauderdale, Jamie O’Hara y Kostas, el habitual de The Mavericks y Dwight Yoakam).

Así ocurría con Planet Of Love, una tremenda torch song deliciosamente retro de Lauderdale, con ese sonido años cincuenta que permitía a Mandy mostrar la expresividad de su voz, destilando erotismo y descaro, o con Rainy Days, donde la cantante casi superaba a la k.d. lang más ortodoxa.

Maybe y Now That’s All Right With Me la acercaban al terreno de los Mavericks, con esos estribillos triunfales tan característicos, mientras que en Baby Don’t You Know el modelo era el honky tonk. Tampoco se cortaba en las versiones, y así abordaba el Three Days de Willie Nelson y actualizaba la tradicional Wayfaring Stranger.

Tras este triunfal debut, Barnett no decepcionó con sus discos siguientes, marcados por un lujoso sonido de country old school: I’ve Got A Right To Cry (1998) –producido por el mítico Owen Bradley, con covers de I’ve Got A Right To Cry (Joe Liggins), Give Myself A Party (Don Gibson), Trademark (Porter Wagoner), Funny, Familiar, Forgotten Feelings (popularizada por Tom Jones) y Don’t Forget To Cry (The Everly Brothers), con músicos legendarios como el pianista Pig Robbins y el pedal Steel Buddy Emmons–, el navideño Winter Wonderland (2011), Sweet Dreams (2011) –con versiones de Patsy Cline– y I Can’t Stop Loving You: The Songs Of Don Gibson (2013).

En 2018 rompió con su imagen de adaptadora de clásicos con Strange Conversation, un brillante álbum de americana donde aplicaba su excelente voz a atmósferas más diversas –el blues rural, el pop de las group girls de los sesenta, el soul, el rhythm’n’blues sureño, el cabaret y hasta el Tom Waits circense en un dúo con John Hiatt, con versiones de Neil Sedaka (My World Keeps Slipping Away), Tom Waits (Puttin’ On The Dog), Andre Williams (Put A Chain On It), Ted Hawkins (Strange Conversation), Sonny & Cher (A Cowboy’s Work Is Never Done) y The Tams –It’s All Right (You’re Just In Love)–, un camino que, por desgracia, de momento no ha seguido.

Con su grabación más reciente, A Nashville Songbook (2020), ha vuelto a sus orígenes con un sonido más retro y una colección de gemas del pop y el country popularizadas por, entre otros, Roy Orbison (It’s Over), Kris Kristofferson (Help Me Make It Through The Night), Gram Parsons (Love Hurts), Elvis Presley (It’s Now Or Never), Skeeter Davis (The End Of The World), Slim Whitman (A Fool Such As I), Hank Williams –I Can’t Help It (If I’m Still In Love With You)– y B.J. Thomas –(Hey Won’t You Play) Another Somebody Done Somebody Wrong Song–.

Además de sus propios álbumes, Mandy ha participado en varios tributos, como The Songs Of Dwight Yoakam. Will Sing For Food (1998), Good Rockin’ Tonight. The Legacy Of Sun Records (2001), Caught In The Webb. A Tribute To The Legendary Webb Pierce (2001), Dressed In Black. A Tribute To Johnny Cash (2002), You Don’t Know Me. Rediscovering Eddy Arnold (2013), Unsung Hero. A Tribute To The Music Of Ron Davies (2013) y King Of The Road. A Tribute To Roger Miller (2018).

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