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Marvin Pontiac, la bizarra historia del bluesman falso

En su biografía figuran detalles como su detención por ir desnudo en bicicleta, el hecho de ser acusado por Little Walter de copiar su estilo de tocar la armónica, su abducción por alienígenas, sus últimos días en un sanatorio mental y su muerte tras ser atropellado por un autobús. La típica vida desgraciada de un músico de blues.

De nombre real Marvin Toure, el cantante, guitarrista, armonicista, teclista y saxofonista Marvin Pontiac nació en Detroit en 1932, hijo de una madre judía neoyorquina y de un padre malí que los abandonó en 1934.

En 1936 se trasladó con su progenitor a Bamako, Mali, donde absorbió las tradiciones musicales de la zona antes de establecerse en Chicago a los 15 años. Allí comenzó a tocar la armónica, hasta que la leyenda del blues Little Walter le dio una paliza, acusándolo de robarle su sonido característico.

Humillado, Pontiac se marchó a Lubbock, Texas, donde trabajó como aprendiz de plomero y, según el rumor, robó un banco. También comenzó a actuar en el circuito de clubes de Louisiana-Texas.

En 1952 fichó para el sello de Austin Acorn –casa de artistas como John Lee Hooker, Tommy Brown, Carolina Slim, Jimmy Scott y Errol Garner–, y tuvo un pequeño éxito con el tema I’m A Doggy. De alguna forma, sus discos llegaron a África, y en Nigeria su canción Pancakes se convirtió en un gran hit.

A pesar de tener un grupo de admiradores pequeño pero entusiasta –el famoso pintor Jackson Pollock le llegó a enviar varias pinturas que el cantante tiró a la basura–, dejó de actuar a mediados de los cincuenta. Se sabe poco de sus posteriores actividades antes de ser detenido en 1963 por circular en bicicleta desnudo por las calles de Sidell, Louisiana.

Pontiac resurgió en 1970, tras alegar que había sido secuestrado por extraterrestres. Un año después regresó a su Detroit natal, donde pronto fue internado en un sanatorio mental después de provocar un disturbio. Su comportamiento se mantuvo errático hasta su muerte en 1977, cuando fue atropellado por un autobús. Tenía solo 45 años. Las pocas imágenes que se conservan de él son borrosas, porque, como muchos africanos, creía que si le hacían fotos le robaban el alma.

Todo esto es una gran mentira, porque Marvin Pontiac es un personaje ficticio, un alter ego de John Lurie, músico de jazz –líder de The Lounge Lizards y John Lurie National Orchestra–, además de autor de bandas sonoras, actor en varios filmes de Jim Jarmusch, director y pintor.

Esta demencial trayectoria vital sirvió para que Pontiac, o lo que es lo mismo, Lurie, justificara la riqueza de su propuesta en The Legendary Marvin Pontiac. Greatest Hits (1999), una colisión de blues, jazz, funk, rock, experimentación y música africana.

El blues más puro aparecía en temas como I’m A Doggy (un slow denso y austero, pese a la presencia de piano, con protagonismo de armónica y un sonido a lo Taj Mahal), She Ain’t Going Home (más cerca del blues del Delta, con armónica, banjo y slide) y, de forma más esquelética, en Sleep At Night (una deconstrucción de rhythm’n’blues con piano, armónica y una voz susurrante).

Pontiac exhibía sus raíces africanas en Small Car (con un ritmo repetitivo e hipnótico marcado por riffs de guitarra y metales), en Pancakes (un cántico envuelto por coros femeninos y marimba) y en Wanna Wanna (con una melodía hipnótica creada por coros repetitivos y metales, al estilo de Fela Kuti). El enigmático personaje también se defendía con el funk en el contenido Now I’m Happy, en el relajado Runnin’ Round y en el sugerente Rubin (con la voz susurrante de Angélique Kidjo).

John Lurie, el genio tras el enigma de Marvin Pontiac

El álbum recogía, asimismo, momentos más “experimentales”: Power (una extraña melodía construida sobre ruidos, un teclado de juguete, un chelo, voces distorsionadas y efectos sonoros, muy Tom Waits), Little Fly (una cancioncilla infantil sobre un ritmo de batería disco) y las mutaciones del funk Arms & Legs (con el toque psicodélico de un sitar) y Bring Me Rocks (con metales desquiciados y coros casi hip hop, como unos Defunkt).

En su creación de Marvin Pontiac, Lurie no estaba solo, y se acompañó de celebridades del jazz más progresivo como su hermano Evan (piano), John Medeski (piano y órgano), Marc Ribot (guitarra), Tony Scherr (bajo), Kenny Wollesen (batería), Calvin Weston (batería), Bill Ware (marimba) y Art Baron (trombón).

Por si fuera poco, el lanzamiento del disco se acompañó de frases (¿falsas?) de supuestos fans como Iggy Pop (“un auténtico genio”), Beck (“la innovación y las posibilidades de su música me dejan sin habla”), Leonard Cohen (“una revelación”) y Angélique Kidjo (“¡Marvin es Dios!”), entre otros. Una fantástica maniobra promocional para metértela doblada… aunque escuchando el álbum te das cuenta de que el sonido es rabiosamente contemporáneo.

En 2017 Lurie recuperó el personaje y publicó Marvin Pontiac. The Asylum Tapes, reeditado en 2020 en vinilo para el reciente Record Store Day. De nuevo, se contó otra patraña para engrandecer la leyenda: “A Marvin le enviaron de forma anónima una grabadora de cuatro pistas durante los años que estuvo internado en una institución mental. Esto es lo que hizo con ella”.

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