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Freddy Fender: de Elvis chicano a rey del melodrama fronterizo

Cuando cambió su nombre para adaptarse al público anglo, no podía imaginarse lo que le esperaba. Si en los cincuenta había triunfado en México con sus versiones de Elvis Presley en castellano, en los setenta lograría el éxito en el country con varios números 1. Recordamos su carrera en el día de su desaparición en 2006.

¿Quién le iba decir a Baldemar Huerta, nacido en 1937 en San Benito (Texas), que pasaría a la historia como Freddy Fender, el intérprete de algunas de las mejores canciones de la historia? Criado en el barrio fronterizo del Jardín, empezó a escuchar música tradicional mexicana, y más tarde se aficionó al blues.

Tras su paso por los Marines, empezó a tocar en los honky tonks del sur de Texas: en 1957, con su versión en castellano del Don’t Be Cruel de Elvis Presley (retitulada No seas cruel) se mereció los apodos de “Elvis Chicano” y “El Be Bop Kid” y llegó al número 1 en México.

Todo cambió cuando a finales de los cincuenta adoptó el nombre artístico que lo llevaría a la fama: Freddy –“porque sonaba bien y se vendería mejor entre los gringos”– y Fender, por la marca de su guitarra.

En 1959 grabó la primera versión de Wasted Days And Wasted Nights en el sello Duncan, que después sería licenciado por Imperial Records y conseguiría un éxito regional, considerado un ejemplo del género conocido como swamp pop.

Pero en 1960 fue encarcelado por posesión de marihuana. Tras tres años en prisión, volvió a los escenarios, pasando primero por Nueva Orleans –donde compartió escenarios con Dr. John y Aaron Neville y se interesó por el funk cajun–, para regresar en 1968 a Texas.

Hasta que en 1974 grabó Before The Next Teardrop Falls, y un año después logró el número 1 en las listas de pop y country de forma simultánea. Una nueva versión de Wasted Days And Wasted Nights en 1975 consiguió otro número 1 en la lista country. Todo esto lo catapultó al estatus de superestrella.

Sin duda, el rasgo más destacado de Fender era su voz única, dotada de un falsete y un acento latino característicos. Con ella interpretó joyas del melodrama fronterizo tan elocuentes como A Man Can Cry, Since I Met You Baby y Tell It Like It Is.

La mayoría de ellas se reunieron en In His Prime (1997). Si existiera una escuela –seria, no uno de esos concursos televisivos– de cantantes, no cabe duda de que este recopilatorio sería uno de los manuales que todos los estudiantes deberían aprenderse para llegar a triunfar.

In His Prime recogía grabaciones realizadas entre 1975 y 1979, la mayoría nuevas versiones de sus grandes éxitos. Algunos fueron números uno en las listas de country (la fronteriza Before The Next Teardrop Falls, Wasted Days And Wasted Nights y You’ll Lose A Good Thing).

En todas ellas, Fender lucía su inconfundible voz y alternaba el castellano y el inglés. Por eso, su estilo, aunque él mismo se calificara como “rey del tex-mex”, está más cerca del country que del tex-mex festivo a lo Flaco Jiménez.

En In His Prime predominaban las baladas, perfectas para penas de amor: la fronteriza Vaya con Dios (con sus detalles de mariachi), If You Don’t Love Me, el Since I Met You Baby de Ivory Joe Hunter, el Pass Me By (If You’re Only Passing Through) de Johnny Rodriguez, el I Can’t Help It (If I’m Still In Love With You) de Hank Williams o el Tell It Like It Is (en una versión que, aunque parezca increíble, superaba la de Aaron Neville, con su encanto mestizo y frases como “si tu quieres jugar conmigo, anda búscate otro amor”).

Pero no solo de tragedias vive el hombre, y Fender también echaba el resto en el honky tonk de medio tiempo (el Walking Piece Of Heaven de Marty Robbins, o esa gran Wild Side Of Life de Hank Thompson) y en los ritmos trotones (el She’s About A Mover de Sir Douglas Quintet).

Pese a la orquestación de baratillo, los coros, el sonido desfasado y la voz afectada, el cancionero de Fender es un clásico, una joya del melodrama vaquero y fronterizo que nadie en su sano juicio debe ignorar.

Augie Meyers, Doug Sahm, Freddy Fender y Flaco Jiménez: los Texas Tornados en Austin

En los ochenta su estrella declinó, y se dedicó a su faceta como actor, hasta reaparecer en los noventa con los Texas Tornados junto con su viejo amigo Doug Sahm, Flaco Jiménez y Augie Meyers. También colaboró con Los Super Seven –con César Rosas y David Hidalgo de Los Lobos, Flaco, Ruben Ramos, Joe Ely y Rick Treviño– en su debut homónimo de 1998 y en Heard It On the X (2005).

Freddy tardó casi cinco décadas en volver a la música de sus antepasados, y tal vez contribuyó en esta decisión su colaboración con Texas Tornados y Los Super Seven, que lo pusieron de nuevo en contacto con su cultura. La música de Baldemar Huerta (2002), su último álbum en estudio, supuso un regreso a sus raíces, a las canciones de su infancia y juventud en su hogar de San Benito, Texas, en el valle del Río Grande.

Grabado con fidelidad a los sonidos acústicos, en el álbum Freddy estaba acompañado por un veterano trío de guitarristas de San Antonio (Juan Aguilar, Pancho Pérez y Chepe Solís), con instrumentos como el requinto, el guitarrón, el acordeón y el violín.

El resultado fue un disco romántico y emotivo al 100 %: en primer lugar, por la interpretación de Freddy, con su voz clara y vulnerable, con un tono entre lastimoso y frágil, y, en segundo lugar, por el repertorio escogido, integrado sobre todo por boleros, con historias de amores perdidos y/o frustrados.

Fender reinterpretaba con gusto y sensibilidad clásicos habituales en las voces de Los Panchos, Pedro Infante o Pedro Flores como Rayito de luna, Perfidia, Cien años y Amor perdido, acentuaba las raíces mexicanas con el sonido mariachi de cuerdas y metales en Cien mujeres, Noche de ronda, Siete notas de amor y Despedida, e incluso adaptaba un tango tan conocido como Adiós muchachos.

Para el final, dejaba dos nuevas versiones de sus números 1 más famosos, Before The Next Teardrop Falls y Secret Love, producidos por primera vez y, según sus palabras, “al estilo de Baldemar”, es decir, adaptados al sonido mariachi.

La música de Baldemar Huerta obtuvo merecidamente el Grammy al mejor álbum de pop latino. Esa categoría podría ser discutible, pero su calidad era incuestionable.

Los últimos años de Freddy estuvieron marcados por su frágil salud. Tras un trasplante de riñón y otro de hígado, se le diagnosticó cáncer de pulmón. Murió el 14 de octubre de 2006 en su casa de Corpus Christi, Texas, rodeado de su familia.

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