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Ray Wylie Hubbard: perros negros y demonios

Irónico y lacónico. Foto: David McClister

Considerado un poeta laureado de la música texana con su mezcla de country, folk y blues, pasó del éxito tras crear un himno outlaw al pozo de las adicciones, del que salió gracias al ejemplo de Stevie Ray Vaughan. A un día de su nacimiento, analizamos uno de los álbumes que más lo acercó a la sensibilidad del blues.

Existe la idea preconcebida de que el blues surge del sufrimiento. El cantautor texano Ray Wylie Hubbard, nacido el 13 de noviembre de 1946, sabe bastante de esto: en 1973 logró cierto renombre cuando su tema Up Against The Wall Redneck Mother se convirtió en un himno del county outlaw en la voz del recientemente desaparecido Jerry Jeff Walker; la canción le valió un contrato discográfico y su debut con el álbum Ray Wylie Hubbard & The Cowboy Twinkies (1975).

Pero sus demonios personales lo mantuvieron apartado del espectáculo durante años, hasta que, siguiendo el ejemplo de Stevie Ray Vaughan –quien logró dejar sus adicciones– en 1992 resurgió como un roots-rocker espiritual con Lost Train Of Thought. Sus discos posteriores cimentaron su fama.

Eternal And Lowdown (2001) fue, como Hubbard lo describió, su “álbum blues”. Pero, aunque estuviera poblado de perros negros, demonios y jugadores, era la clase festiva de blues interpretada por un trotamundos que ha vuelto a casa.

A través de sus canciones, Ray viajaba a pie, en tren o en un viejo Camaro por lugares como Nueva Orleans, Austin, Arkansas, Kentucky, Tennessee, Cuba y España, se detenía para jugar a cartas o a los dados, para encontrar el amor en un tugurio lleno de humo y para enfrentarse al lado oscuro de su alma en el cruce de caminos.

Con su forma de cantar lacónica e irónica, utilizaba elementos del country-blues de Texas (Three Days Straight, Mississippi Flush, Weevils), del soul de Memphis (la gran balada Didn’t Have A Prayer, con órgano y voz femenina góspel), del sonido pantanoso de Louisiana (Nighttime), del rock’n’roll (Joyride), del folk (Sugar Cane y la balada After All These Years) y del hillbilly y el bluegrass (Don’t Bother Asking Me, con mandolinas y violín, y el tradicional Black Dog, característico del repertorio de las jug bands). Eso sí, en casi todos los temas destacaba la presencia de su slide guitar, que aportaba un tono bluesero a todo el conjunto.

El veterano cantautor no se alejaba de sus temas preferidos (religión, redención, filosofía) ni de sus observaciones provocativas en la estrecha línea entre el bien y el mal, pero gracias a la producción del multinstrumentista Gurf Morlix (conocido por sus trabajos con Lucinda Williams, Slaid Cleaves y Robert Earl Keen), conseguía un tratamiento más ligero y cercano, en el que sin duda fue uno de los mejores álbumes de su renacida carrera.

Su último trabajo hasta el momento es Co-Starring (2020), un disco de duetos en el que comparte micro con, entre otros, Chris Robinson, Pam Tillis, The Cadillac Three, Larkin Poe, Elizabeth Cook y Peter Rowan.

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