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Robbie Fulks, peligrosamente retro

Un lobo con piel de cordero. Foto: Andy Goodwin

Muchos todavía deben odiarlo por Fuck This Town, su famosa “canción de amor” a Nashville. Pese a quien pese, es uno de los compositores más imaginativos y, por encima de todo, uno de los mejores cantantes del country alternativo. Eso sí, su carácter provocador y políticamente incorrecto es innegable. Celebramos su cumpleaños con un repaso a su carrera.

Un redneck oye por la radio una agradable balada de un nuevo cantante y compra su álbum. Le extraña la portada, pero piensa que el mundo del espectáculo está lleno de excéntricos. Llega a su casa, pone el vinilo y, una tras otra, suenan canciones de una ortodoxia perfecta, como no se oía desde hace décadas. De pronto, estalla de indignación al escuchar un tema dedicado a Nashville cuyo estribillo repite “que se joda esta ciudad”.

Esta escena describe perfectamente los efectos de la música de Robbie Fulks –nacido el 25 de marzo de 1963 en York, Pensilvania–, una de las sorpresas más gratas del country alternativo surgido a finales de los ochenta.

Fulks es un cantante de voz magnífica, un guitarrista original y, sobre todo, un brillante compositor, atraído por el lado oscuro de la vida: no hay ningún tema que evite tratar, y por eso no le hace ascos a las canciones sobre asesinatos, suicidios, cárceles y ejecuciones.

Considerado como el Darth Vader del country alternativo, se ha dicho de él que “suena como si comprendiera cómo el dolor y la vergüenza pueden transformar a una persona en un salvaje desesperado”.

Lo más sorprendente es que envuelve estas canciones en un sonido 100% clásico: a juzgar por su estilo característico de los años cincuenta, uno diría que compartió juergas con los héroes del honky tonk.

Gracias a esta paradoja, que lo sitúa a la izquierda por sus letras ácidas y mordaces, y a la derecha por su sonido “antiguo”, es capaz de conseguir que cualquier aficionado al country auténtico disfrute con su música.

Fulks inició su carrera a principios de los ochenta en la escena retro country de Chicago, donde formó parte de The Special Consensus Bluegrass Band. Más tarde creó The Trailer Trash Revue, un cuarteto de rock con dos gogós en bikini. Su fama como compositor creció poco a poco, y algunos singles lo colocaron como uno de los exponentes del country insurgente.

Tras participar en varios recopilatorios, grabó su debut para Bloodshot, Country Love Songs (1996) –con una portada que hoy provocaria protestas–, donde recuperó temas considerados tabú por el mainstream de Nashville (las murder ballads, por ejemplo), aportó un punto de vista irónico y recreó el robusto sonido de los cincuenta (pedal steels llorosas, violines, etc.) de la mano de Steve Albini, un productor especializado… en hardcore.

Tras Country Love Songs llegaría South Mouth (1997), que incluía la famosa Fuck This Town dedicada a Nashville. Su enorme talento llegó a oídos de la multinacional Geffen, con la que editó Let’s Kill Saturday Night (1998), un fracaso que se saldó con su salida del sello.

Con The Very Best Of (1999), Fulks volvió a Bloodshot y, a pesar del título, las canciones que incluía eran nuevas o inéditas, procedentes de maquetas, directos, singles y descartes. El cantante no se toma nada en serio, y su sarcástico sentido del humor se notaba en las referencias a álbumes ficticios como I Loathe My Fans o Adultery For Beginners para explicar el origen de algunos temas.

Aunque el álbum fuera una broma y no incluyera ninguna de las memorables canciones de sus trabajos anteriores, demostró su versatilidad: su expresiva voz, teatral en ocasiones, lo hacía sonar como el más ortodoxo o el más irreverente, capaz de enfrentarse al honky tonk tradicional o al pop más enérgico, sin perder su escepticismo y su mirada crítica hacia todo (el amor, la escena musical…).

En su vena más pop, Robbie pasaba del clasicismo a lo Elvis Costello (la perfecta Jean Arthur, dedicada a una actriz de los años cuarenta) a la luminosidad playera (That Bangle Girl, consagrada a Susanna Hoffs). Como instrumentista, brillaba con la guitarra acústica en el desenfrenado bluegrass Hamilton County Breakdown, en el atmosférico Gravid And Tense y en el trepidante Jello Goodbye.

Pero, sin duda, se crecía con el honky tonk clásico, digno de ser interpretado por leyendas como George Jones: el tremendo Sleepin’ On The Job Of Love (con voz impostada para hacerla más grave), May The Best Man Win, el lloroso I Just Want To Meet The Man (para lucir su vena dramática) o ese Parallel Bars, un gran dúo con Kelly Willis, en la tradición de George Jones y Tammy Wynette. En el terreno más próximo al swing, se superaba en el sensual Love Ain’t Nothin’ y en You Break It – You Pay.

Las mejores canciones del álbum eran las más polémicas: Roots Rock Weirdoes, un intenso rockabilly-swing con la energía de los Violent Femmes, mordía la “mano retro” que lo alimentaba al burlarse de la escena del rock con raíces; y el desquiciado hillbilly White Man’s Bourbon, con su forma de cantar exagerada, relataba la fogosa relación con una chica africana. Como broma final, un tema escondido: una versión kitsch de Leaving On A Jet Plane de John Denver.

A continuación, Fulks lanzaría 13 Hillbilly Giants (2000) –una colección de covers de country poco conocidos– y Couples In Trouble (2001) en su propio sello, Boondoggle –ambos reeditados por Bloodshot–, y dos álbumes en Yep Roc, Georgia Hard (2005) y el doble Revenge! (2007), como previa a su etapa digamos más “excéntrica”. Primero, con el monumental 50-Vc. Doberman (2009), un disco de cincuenta canciones descargable en su web, y después, el desconcertante Happy. Robbie Fulks Plays The Music Of Michael Jackson (2010).

Quienes seguimos de cerca la carrera de Fulks sabíamos que este proyecto rondaba por su cabeza hacía tiempo. De hecho, en directo solía interpretar versiones del “amigo de los niños”, y el álbum estuvo paralizado casi una década. Su prevista edición para 2004 se canceló cuando salieron a la luz otras acusaciones de abuso infantil de Jacko.

Pero la espera valió la pena. Tratándose de un personaje tan peculiar como Fulks, uno podía imaginar una colección de parodias a lo “Weird Al” Yankovic, pero era todo lo contrario: sin llegar a la imitación y respaldándose con invitados de la escena country (John Cowan, Joy Lynn White, Nora O’Connor, Sam Bush), el cantautor de Chicago utilizó la versatilidad de su excelente voz para adaptarse a los hits de Jackson.

Así, sus interpretaciones de Black Or White (con el rap de Dallas Wayne), Billie Jean, Man In The Mirror, The Girl Is Mine y Ben sorprendían por su fidelidad, eso sí, tamizada con detalles country. Aunque Fulks no solo tiraba del repertorio de Michael en solitario, sino que también recordaba eficazmente a The Jackson 5 en Mama’s Pearl y en un Goin’ Back To Indiana en clave de country-blues, con yodel final.

Sin embargo, y teniendo en cuenta, además, que Steve Albini estaba a los controles, tarde o temprano Robbie perdía los papeles: sobre todo, en ese Privacy, con Todd Trainer y Bob Weston (ambos del grupo de rock indie Shellac) y la cantante Azita, donde convivían megáfonos, guitarras distorsionadas, saxos enloquecidos, cristales rotos, baterías dobles y voces histéricas.

Y de forma más creativa, en un The Way You Make Me Feel con un atractivo tratamiento percusivo, y en un audaz Don’t Stop ‘Til You Get Enough que saltaba sin complejos de los ritmos africanos (ese piano de pulgar) al bluegrass trepidante para culminar en instrumental jazz.

Tras esta curiosidad, Fulks volvió al redil de Bloodshot con Gone Away Backward (2013), un disco acústico donde campaban a sus anchas los banjos, las mandolinas y los violines. Y es que el cantante regresaba a sus raíces, el bluegrass y el folk.

Menos espídico que de costumbre, con su magnífica voz de tenor nos entregaba un puñado de baladas country-folk de gran belleza, con instrumentación mínima y delicadeza extrema, como Where I Fell, That’s Where I’m From, Imogene y Guess I Got It Wrong.

También pisaba el acelerador bluegrass en la saltarina Long I Ride, en los instrumentales tradicionales Snake Chapman’s Tune y Pacific Slope, en el vals Rose Of The Summer y en el cántico de los Apalaches I’ll Trade You Money For Wine.

No podía faltar un nuevo ataque a la industria en la irónica Sometimes The Grass Is Really Greener: “The record company man confessed he liked me, but he’d have to shave a few edges down / cut my hair like Brooks & Dunn’s, trade the banjo for some drums / cause no one’s gonna buy my old high lonesome sound”. Y no olvidaba una de las obsesiones del imaginario honky tonk, la canción de bebedores, con la brillante When You Get To The Bottom.

Esta amistad (renovada) entre el cantante y el sello de Chicago siguió en Jura (2015) –con los Mini-Mekons (una versión reducida de The Mekons)–, Upland Stories (2016), Wild! Wild! Wild! (2018) –con Linda Gail Lewis, la hermana de Jerry Lee Lewis– y 16 (2019), su último lanzamiento hasta el momento, una reinterpretación del Street-Legal (1978) de Bob Dylan. Además, en 2018 volvió a lanzar una colección monumental autoeditada, Revenge Of The Doberman… 53 Songs!, y en 2020 colaboró en Chicago Barn Dance, el álbum de su antigua banda The Special Consensus.

Fulks también ha participado en discos de tributo como The Pine Valley Cosmonauts Salute The Majesty Of Bob Wills. The King Of Western Swing (1998), Poor Little Knitter On The Road. A Tribute To The Knitters (1999), Hard-Headed Woman: A Celebration Of Wanda Jackson (2004), Touch My Heart. A Tribute To Johnny Paycheck (2004) –un álbum que también produjo–, Man Of Somebody’s Dreams. A Tribute To Chris Gaffney (2009) e If You’re Going To The City. A Tribute To Mose Allison (2019).

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