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Lee Quiñones, del metro al museo

En 2017, pintando el mural “20/20” en Coney Island. Foto: Coney Art Walls

En la segunda parte del especial dedicado a los orígenes del hip hop nos centraremos en el artista más influyente surgido del subway art. En esta entrevista exclusiva e inédita de 1985, nos cuenta cómo pasó de pintar en los vagones del suburbano de Nueva York a exponer sus obras en las galerías.

Ya conté en la primera entrega de esta trilogía cómo conocí a Lee Quiñones aka Lee durante la muestra Hip Hop. Urban Folk Culture USA, organizada por el Institut d’Estudis Nord-americans (IEN) de Barcelona. En esa época, aún conservaba su carácter de chico de barrio, un poco abrumado por el éxito del que gozaba.

Nacido en Ponce (Puerto Rico) en 1960 y criado en el Lower East Side neoyorquino, Quiñones es uno de los artistas de grafiti más (re)conocidos y respetados. Empezó a mediados de los setenta con murales en los vagones de metro.

Más tarde, fundó con Fred Brathwaite –alias Fab Five Freddy– el grupo de grafiti The Fabulous Five, famoso por pintar trenes enteros. Lee y Fred, además de Jean-Michel Basquiat, aparecieron en el videoclip Rapture (1981) de Blondie.

El encuentro entre Lee y Fab Five Freddy, según Ed Piskor en “Hip Hop Family Tree” (2013-2016)

Lee jugó un papel determinante en sacar el arte callejero del subsuelo cuando en 1978 creó Howard The Duck, el primer mural en una cancha de balonmano. A partir de entonces, ha celebrado exposiciones de sus obras actuales, ya sobre lienzos, por todo el mundo.

Quiñones alcanzó cierta fama por interpretar a Raymond Zoro, el protagonista de Wild Style (Charlie Ahearn, 1983), considerada la primera película “comercial” –es decir, con argumento– sobre el hip hop, y, sin duda, la más auténtica de cuantas se han realizado en torno a este movimiento cultural.

Wild Style rivalizó con Style Wars (Tony Silver & Henry Chalfant, 1983) en términos de retrato fidedigno del hip hop. De hecho, empezó a gestarse en 1980, cuando Fab Five Freddy le propuso a Ahearn rodar una película sobre el movimiento. Y, a pesar de tener una trama, se trata más bien de un “documental dramatizado”.

La diferencia de Wild Style respecto a otros filmes posteriores como Beat Street (Stan Lathan, 1984) se encontraba, sobre todo, en su bajo presupuesto. Esto le daba una calidad de imagen especial, como si estuviera rodada en Súper 8, lo que acentuaba su carácter documental y su espontaneidad.

Lee, con la grafitera Lady Pink en una escena de Wild Style

Cuando entrevisté a Lee en 1985, ya no pintaba en el metro, y había sustituido los grafitis por las obras sobre lienzos. En el catálogo de la muestra del IEN escribía: “Ahora, mis pinturas sobre tela están ejecutadas en un estilo más frágil, siendo este arte dirigido al individuo y no a un público masificado. No obstante, me permite una identificación con las masas de un modo más sutil y silencioso, algo más que a través de sus entradas y salidas físicas en la oscuridad de los túneles. Mi obra, creo yo, entra y sale de la oscuridad de los límites sociales de nuestra vida”.

Tú, y muchos otros artistas de grafiti, teníais un estilo parecido al de los cómics. ¿De dónde sacabas tu inspiración? Cuando empecé con los murales en los vagones del metro me basé sobre todo en los cómics, pero hablo por mí. Después, pintaba lo que sentía, inspirándome en lo que ocurría a mi alrededor, en la vida misma. Y mis obras actuales sobre tela se basan también en lo que veo, en lo que pasa en mi entorno.

¿Qué pretendes comunicar con tus pinturas? Básicamente, las cosas de la vida en las cuales la gente no quiere pensar. Creo que se inspiran en las experiencias que tienen las personas, pero que no se atreven a expresar. Así, muestro la agresión o la pobreza, y, tal como lo siento, lo plasmo en los lienzos. De esta forma, la gente reconoce en mis obras situaciones que han vivido.

Tres vagones ilustrados por Lee. Fotos: Henry Chalfant

¿Es lo mismo pintar en un vagón que hacerlo en un lienzo? Definitivamente, no. Hacerlo en el metro siempre es mucho más excitante, por supuesto, por el peligro al que te expones al bajar y buscar una superficie donde pintar y evitar ser descubierto. En comparación, pintar sobre telas no es peligroso, pero, al mismo tiempo, puede ver tu obra mucha más gente, gente muy diferente, y esto también es excitante.

¿Qué sentías al saber que tu obra era tan efímera? Es decir ¿no te deprimía saber que, tras pintar durante varias horas, tu trabajo desaparecería para siempre? Sí, pero eso ya no me concierne ahora, porque ya no pinto en los vagones. De todas formas, es un error pensar que mis obras se perdían, porque podía volverlas a hacer y reservarlas para los lienzos, y llegar así a mucha más gente con ellas.

¿Cuánto tiempo tardabas en pintar un grafiti en un vagón? Realmente, no lo sé. Variaba según la obra. No había un tiempo determinado; dependía de la pintura, de lo que sentía y de lo que quería expresar con ella. A veces podía ser muy rápido, unas nueve horas, por ejemplo. Con las telas ocurre lo mismo: a veces puedo tardar días; me gusta tomarme mi tiempo, para intentar hacerlo lo mejor posible. Los vagones son mi pasado. Mi futuro está en los lienzos, ahora.

Lee, en otra escena de Wild Style

¿Existía realmente tanta rivalidad entre los artistas de grafiti? Creo que esta rivalidad en el arte está bien. Siempre ha existido la competencia, es parte de la naturaleza humana. En mi caso no existe, porque no intento competir con nadie. Hablo solo por mí, pero al mismo tiempo respeto a los demás, porque todos estamos en el mismo barco. Aunque, en mi caso, mi lucha es para que la gente acepte mi obra, para que me acepte como artista, no para ser considerado un vándalo o algo así. Pero no me preocupa, porque nunca dejaré el arte. Esto es lo más importante.

¿Cómo fue ti experiencia en el cine como protagonista de Wild Style? Excitante. Describí lo que solía hacer antes de que el filme fuera producido, lo que, de hecho, le sirvió de inspiración. Así, llamé a algunos amigos y juntos aparecimos en la película. Ahora estoy buscando a alguien que produzca un filme sobre mi propia vida. Creo que puede interesar a la gente y ser un éxito. Así conocerían la historia real de la persona que hacía los grafitis. (Que yo sepa, este proyecto nunca se llevó a cabo).

¿Qué opinas del negocio que se ha montado en torno al hip hop, como por ejemplo la presencia de los grafitis en los museos o las películas comerciales sobre el tema? Personalmente, creo que si está en un museo ya no es un grafiti, porque no está pintado sobre un muro. La gente lo llama así porque no está en ninguna parte, y solo se preocupan de borrarlos en los trenes. Pero el grafiti es un arte por sí mismo, y no está conectado con nada más. Puede encuadrarse en el mismo ámbito del hip hop, junto con el breakdance, el rap y todo eso, pero creo que tiene un origen diferente. Admiro el breakdance y el rap, y reconozco cómo se han desarrollado en Nueva York. Esta ciudad es conocida por todo esto, y las nuevas generaciones están haciendo cosas nuevas, y las respeto por ello.

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