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Philippe Cohen Solal, de París a Nashville

El productor francés, en la época de su aventura country. Foto: Jean-Baptiste Mondino

EL DJ y productor francés, uno de los principales impulsores del tango electrónico, se fue a Music City en 2007 y grabó The Moonshine Sessions, un insólito álbum de country acústico. En su decimoquinto aniversario ha reeditado el disco con dos canciones extra.

La primera reacción ante un proyecto como The Moonshine Sessions (2007) fue de estupor. Coordinado por el compositor, DJ y productor Philippe Cohen Solal (con la etiqueta $olal Presents), uno se esperaba un experimento de country con electrónica de por medio. Y era todo lo contrario: el galo podría haber arriesgado más, como Luke Vibert con BJ Cole o Alabama 3.

Grabado en Nashville, The Moonshine Sessions era un álbum de country acústico, con banjos, mandolinas, violines y pedal steel. Lo único que se salía del guion eran los sonidos ambientales de pajaritos, trenes, grillos y lluvia. Tal vez se debía a la mano del coproductor, el multinstrumentista Bucky Baxter (1955-2020), excomponente de The Dukes, el grupo de Steve Earle, y de la banda de gira de Bob Dylan a mediados de los noventa.

Solal era el autor de la mayoría de canciones, y resultaba increíble cómo había asimilado el espíritu del country tradicional en brillantes aciertos como The Academy Of Trust (con el gran Jim Lauderdale) y la estupenda balada The Roads To Nowhere (con Shawn Camp), digna del mismísimo Hank Williams.

El parisino creaba ambientes wéstern en Psycho Girls & Psycow Boys (con Sam Bush y Melonie Cannon) y en Seven Guns & Seven Holes (con el veterano David Olney), y se acercaba al bluegrass-góspel con The Nashville Bluegrass Band en Fade Away (con Troy Johnson y Carey Kotsionis) y en el tradicional I’m Rollin’ (prácticamente a capela).

El country, visto desde una perspectiva distinta

Incluso se atrevía con curiosas versiones: aunque el Dancing Queen (de nuevo con la cantante Melonie Cannon) de ABBA flojeaba (el original tampoco es para tirar cohetes, la verdad), el Pretty Vacant de los Sex Pistols en la voz de Rosie Flores resultaba muy efectivo.

Podría haber sido un tremendo batacazo, pero se quedó en un artefacto resultón, de factura moderna, aunque –eso sí– nada revolucionario, sobre todo si tenemos en cuenta lo que ha hecho Solal con el tango al fusionarlo con la electrónica en Gotan Project, el magnífico grupo del que fue cofundador. Eso sí, el disco fue un éxito de crítica y vendió más de cuarenta mil copias.

No fue su primera incursión en la música con raíces norteamericanas: en 2007 fichó al cantante y multinstrumentista Féloche para su sello ¡Ya Basta!, que editaría su debut La vie cajun (2010). Podéis leer la crítica en el despiece posterior.

Ahora, para celebrar los quince años de la publicación de The Moonshine Sessions, Solal lo ha reeditado con la coletilla 15th Anniversary Edition con dos temas nuevos: la preciosa balada Runaway, con la cantante Joy Lynn White, muy al estilo de la Emmylou Harris de los setenta, con una resplandeciente pedal steel, y la atmosférica The Secrets, con la voz del productor y todo un despliegue instrumental de violín, mandolina y banjo.

Además, aprovechando la ocasión, Solal ha lanzado el mix Back To The Country – Kick Off Your Boots, un DJ set que reúne algunas de las canciones y artistas que inspiraron The Moonshine Sessions: entre ellos, Neil Young y Johnny Cash, con la pedal steel de Bucky Baxter, junto a texturas electrónicas, ritmos programados y rapeados y otros músicos ajenos al género como The Doors, Jimi Hendrix y Moby. El resultado es, como mínimo, curioso. Eso sí, puristas, abstenerse.

Abrid paso al electro-cajun

Féloche, Cajun 2.0

Si hay un estilo que no es precisamente muy proclive a las innovaciones es el cajun. Nacido en los pantanos de Luisiana entre la comunidad francófona expulsada del Canadá, a diferencia de otros sonidos de raíz folclórica no ha mutado en extrañas fusiones… hasta que llegó Féloche.

Este joven afincado en París, fan apasionado de Prince, excomponente del grupo punk ucraniano Vopli Vidopliassova y virtuoso de la mandolina, redescubrió el cajun en búsqueda de un ritmo primitivo, el del country y el blues previo a la electricidad.

Féloche debutó con La vie cajun (2010) en ¡Ya Basta!, el sello de Philippe Cohen Solal. La canción titular ya daba una idea de por dónde iban los tiros: una excelente conjunción entre bases electrónicas e instrumentos acústicos (mandolina, acordeón y violín), con una producción muy imaginativa, la voz filtrada entre trinos de pájaros y cadencia reggae.

Directamente del banlieu de París al bayou de Luisiana.

La siguiente, Darwin avait raison, aun conservando la estructura de cántico cajun, se adornaba con una percusión muy elaborada entre industrial y de chain gang, mientras que en la acelerada Eh toi! se acercaba al swing zíngaro, en Jette les gants la mandolina adoptaba tintes funk, y en Émilie pasaría por un Benjamin Biolay (más) excéntrico.

A Féloche todavía le quedaban un par de ases en la manga: por si no fuera poco la atractiva versión del Singin’ In The Rain a dúo con Nora Arnezeder, descolocándonos al pasar de una cierta fidelidad a una fanfarria a lo Dexys Midnight Runners, se descolgaba con un hipnótico Dr. John Gris-Gris John que mezclaba samples con el siniestro recitado del mismísimo The Night Tripper enumerando a las divinidades criollas.

El círculo se cerraba: Féloche reconoció que la historia de este álbum empezó con Gris-Gris (1968), el debut de Dr. John, y la grabación acabó en Nueva Orleans con el veterano doctor. Directamente del banlieu de París al bayou de Luisiana.

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