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Las calenturas de Squirrel Nut Zippers…

Más allá del movimiento del neoswing. Ilustración: ChatGPT

Seguimos con los álbumes que en 2026 celebran tres décadas desde su publicación, y hoy le toca el turno a una de las bandas norteamericanas que formó parte del movimiento del nuevo swing, aunque esa etiqueta les quedaba algo pequeña.

Elogio de la bohemia: en 1993 dos artistas, Jimbo Mathus (voz, guitarra, trombón) y Katharine Whalen (voz, banjo, ukelele) dejaron la gran urbe y se trasladaron al campo, donde restauraron una vieja granja y se dedicaron a pintar, fabricar marionetas y escuchar viejos discos de jazz.

En plena campiña de Carolina del Norte, la pareja empezó a invitar a sus amigos a tocar en improvisadas sesiones. Junto a Ken Mosher (guitarra, saxos), Chris Phillips (batería y percusión), Don Raleigh (contrabajo) y Tom Maxmell (voz, saxo barítono, clarinete) crearon Squirrel Nut Zippers, nombre sacado de una marca de caramelos, y debutaron con The Inevitable (1995).

En Hot (1996) recrearon los fantasmas de la música americana. La idea surgió a partir de un peregrinaje de Mathus y Whalen a Nueva Orleans —donde, comieron, bebieron y absorbieron la atmósfera de la ciudad—, y el álbum se grabó en el estudio Kingsway de Daniel Lanois… con un solo micro, en tributo a los viejos discos de jazz.

Respetuosos pero irónicos, añejos pero modernos, y pese a usar banjo, violín y metales, y de recurrir al dixieland, el swing y el blues, por su forma de cantar y su tendencia a los ritmos dislocados los Squirrel se acercaban más a unos Pogues yanquis que a una Pasadena Roof Orchestra, por poner dos ejemplos extremos.

Portada del álbum que los catapultó.

En Hot encontrábamos un poco de todo lo que se puede oír en una ciudad como Nueva Orleans: dixie desenfrenado (Got My Own Thing Now, Prince Nez, Bad Businessman) y calipso que haría las delicias de Robert Mitchum (Hell, con ese coro que respondía al cantante solista).

No era lo único: también te podías topar con ritmos tribales (en los instrumentales Memphis Exorcism y Flight Of The Passing Fancy, entre lo circense y lo exótico), y swing decadente (Meant to Be, o el delicioso e irreverente Twilight).

Pero si algo destacaba por encima de todo era la voz de Katharine, una caricatura exagerada de Billie Holiday, en la inquietante e intrigante It Ain’t You (ideal para un filme de cine negro), o en Blue Angel (con vocación entre tanguística, zíngara y klezmer, gracias al violín protagonista).

Hot era un álbum explosivo y una verdadera rareza para los tiempos que corrían cuando se publicó. Como reconocen en su web, “cuando salió en 1996, no solo despertó entusiasmo: encendió una verdadera hoguera cultural (…) definiendo el redescubrimiento de la americana vintage para toda una generación”.

Después los Squirrel Nut Zippers lanzarían Perennial Favorites (1998), Christmas Caravan (1998), Bedlam Ballroom (2000), Beasts of Burgundy (2018), Lost Songs of Doc Souchon (2020) y los recientes The Squirrel Nut Zippers Starring in… ‘Fat City’ (The Ballad of Lil’ Tony) (2026) y Roasted Right. Expanded Edition (2026), reedición ampliada de su EP de debut.

… Y las aventuras de Jimbo Mathus

Una de las muestras del carácter prolífico de Mathus.

Cuando los Squirrel Nut Zippers decidieron tomarse un descanso, su cofundador Jimbo Mathus inició una intensa actividad como colaborador (en el estudio y en directo) de Andrew Bird, Buddy Guy, Luther Dickinson y Alvin Youngblood Hart.

Además, grabó varios álbumes como solista, bajo diferentes nombres y acompañado por distintas formaciones. Tras Confederate Buddha (2011) llegó White Buffalo (2013), su nuevo trabajo con The Tri-State Coalition (Matt Pierce, Ryan Rogers, Eric Carlton y Terrence Bishop).

Considerado por muchos el portador de la antorcha de la mitología y la cultura del Sur profundo, Mathus describía el álbum como un tributo a su amor por la verdadera música norteamericana, y lo cierto es que había que darle la razón. Producido por Eric Roscoe Ambel, el disco era un compendio de los diferentes estilos de eso que llamamos americana. 

Así, había country-rock (la dylaniana Tennessee Walker Mare, con guitarras a lo Allman Brothers Band), rock’n’roll vacilón (Fake Hex, con ecos de Chuck Berry… y los Stones), baladas country (Hatchie Bottoms y Poor Lost Souls, esta con acordeón cajun y armonías vocales) y bronco blues-rock (la canción titular, con guitarra desbocada hendrixiana).

También encontrábamos viñetas de gótico sureño (In The Garden, muy a lo Steve Earle) y hasta ambientes pantanosos (Run Devil Run, recitado como Dr. John cuando se mete en su papel de maestro vudú). Por haber, incluso había un hit de estribillo pegadizo, (I Wanna Be Your) Satellite, con serias posibilidades de triunfar en las emisoras AOR. 

La intención de Jimbo Mathus era muy loable, pero el resultado era irregular, y uno no podía dejar de pensar en los buenos ratos que nos hizo pasar con Squirrel Nut Zippers.

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