Elvis Presley, el salvaje domesticado

Elvis Presley, el Rey del rock

El principal mérito que se le debe reconocer a Elvis Aaron Presley (Tupelo, 8 de enero de 1935 – Memphis, 16 de agosto de 1977) es que, gracias a él, la imagen y el sonido del rock’n’roll se difundieron por todo el mundo.

Aunque Elvis Presley no fue el primero en llegar al “ruedo”. Estaban Chuck Berry, Little Richard y Fats Domino, pero tenían un pequeño “inconveniente” para la mentalidad racista de la época: eran negros. También estaba el blanco Bill Haley, pero con su chavo y su papada incipiente no podía atraer a las masas; Jerry Lee Lewis era demasiado escandaloso para ser aceptado; Buddy Holly, Ritchie Valens y Eddie Cochran tuvieron la desgracia de morir jóvenes en accidente; y Carl Perkins vio interrumpida momentáneamente su carrera también por un percance automovilístico. Se necesitaba una figura carismática, con un fuerte magnetismo. Y así, en el lugar y en el momento adecuados, llegó Elvis.

El chico de aspecto rebelde y salvaje al estilo de un James Dean tenía, además, una buena voz, que combinaba el feeling del blues con el country: era el sueño hecho realidad de Sam Phillips, el propietario de Sun Records, quien había afirmado en alguna ocasión que “si encontrara un cantante blanco que sonara y sintiera como un negro, valdría al menos mil millones de dólares”.

Elvis no fue ni el creador ni el impulsor del rock’n’roll, pero lo asentó y lo convirtió en un fenómeno masivo. Como afirma el crítico Nick Cohn, “antes de Elvis, el rock había sido un gesto de vaga rebelión; cuando el llegó, se convirtió en algo sólido y con contenido propio, que imprimió su estilo en el vestir, en el lenguaje y en el sexo”.

Elvis en el "'68 Comeback Special": la última muestra de su talento

¿Pero a costa de qué consiguió Elvis popularizar el rock? El cantante de Tupelo expolió las composiciones ajenas. No fue un gran instrumentista ni un compositor destacado; todo lo contrario, se sirvió del talento de creadores como el tándem Leiber-Stoller (autores de Hound Dog y Jailhouse Rock, entre otros). Una gran parte del repertorio de Presley lo integraban versiones de bluesmen negros como Arthur Crudup, Junior Parker, Lowell Fullson o Ray Charles.

Precisamente Crudup, compositor de That’s All Right, el primer single de Elvis editado en 1954, llegó a manifestar a su mánager Lester Melrose: “Este maldito chaval blanco me está chupando el trabajo de muchos años, y si tú no lo arreglas pronto y me pagas mis ‘royalties’, yo mismo me encargaré de acabar con este crío como sea, aunque tenga que cometer un disparate”. Por suerte, las amenazas de Crudup no se cumplieron.

Años más tarde, concretamente en 1989, Public Enemy expresaron su crítica contra el Rey del rock en la canción Fight The Power con una letra muy elocuente: “Elvis was a hero to most / But he never meant shit to me / Straight-up racist that sucker was / Simple and plain”.

El principal problema de Elvis fue que durante toda su vida estuvo demasiado influido por los demás: primero, por su madre, y después, por el “Coronel” Tom Parker, responsable de su triunfo profesional y de su fracaso personal.

Elvis, la decadencia física y artística de un mito

¿Dónde fue a parar aquel chico ingenuo y poco ambicioso que trabajaba como camionero? En las garras de Parker, se transformaría en una estrella de Las Vegas, en un crooner de los años setenta. Todo estaba estratégicamente calculado, como su servicio militar para hacer de él un hombre de bien -cuando después han aparecido fotos del soldado Presley en los burdeles alemanes, con aspecto demacrado y ojeroso, abrazado a esperpénticas prostitutas-, un norteamericano modelo, un artista aceptado por todos los públicos -lejos de la imagen “peligrosa” del rock’n’roll-, convertido en protagonista de películas infumables. Solo el concierto televisivo ’68 Comeback Special fue, tal vez, la postrera muestra de su talento.

En los últimos años, Elvis se convirtió en una sombra de lo que había sido. El famoso cantante debería haber cumplido la máxima de “muere joven y harás un bonito cadáver”, como James Dean. Pero no, hubo de esperar a metamorfosearse en un payaso gordo y patético, sin tener nada que ver ni física ni musicalmente con aquel lejano Hillbilly Cat, el Elvis The Pelvis de los años cincuenta, su mejor etapa creativa, sin ninguna duda.

Con su muerte llegó el mito: aquel joven que desde pequeño llevaba ropas ostentosas y largas patillas, que provocaba el delirio de las fans, que dio pie a una legión de imitadores, se convirtió en la estrella indiscutible del rock’n’roll, en su icono supremo, el motivo principal de peregrinaciones masivas a la Meca del rock, Graceland. Solo queda una inquietante pregunta por responder: ¿qué habría pasado si su hermano gemelo Jesse Garon, muerto al nacer, hubiera sobrevivido?

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Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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