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César Rosas, el lobo original

Multinstrumentista, cantante y compositor, es uno de los miembros clave de Los Lobos, el más fiel a los orígenes del grupo, autor de temazos como I Got To Let You Know. En el día de su nacimiento en 1954 recordamos su debut en solitario, donde logró compaginar la fidelidad a sus raíces chicanas con su pasión por los estilos norteamericanos en todas sus vertientes.

De hecho, es algo que no sorprendió a nadie, pero en Soul Disguise (1999) César Rosas explotó su versatilidad, liberado del corsé estilístico que impregnaba los últimos trabajos de Los Lobos. Él mismo lo describía como “vou-dou/gris-gris/soul del East L.A”.

La primera diferencia se notaba en la producción: al encargarse el propio César, recuperó el espíritu espontáneo y salvaje de los primeros Lobos. Además, se rodeó de músicos como Victor Bisetti, Lynwood Slim, Larry Taylor (exbajista de Canned Heat) y el acordeonista Flaco Jiménez, y contó con la colaboración de Leroy Preston (ex Asleep At The Wheel) en la composición de varios temas.

El resultado fue una delicia para los amantes de la música americana, un disco perfecto se mire por donde se mire, porque tenía de todo: Little Heaven era un excelente tema de pop-rock, de estructura perfecta; Tough To Handle, un slow blues repetitivo y arisco donde Rosas hacía alardes con su guitarra; Better Way, una preciosa balada folk adornada con instrumentos de cuerda tradicionales mexicanos, y el You’ve Got To Lose de Ike Turner, un rhythm’n’blues tenso y feroz.

Rosas también se acercaba sin problemas a Nueva Orleans con Shack And Shambles (rhythm’n’blues-funk en la tradición del Dr. John más expansivo) y en Struck (un magnífico homenaje a Professor Longhair con metales, ritmo de rumba, acordeón zydeco y silbidos incluidos).

El viaje por los Estados Unidos lo llevaba a la frontera con México en Angelito, una tremenda polka embellecida por el acordeón tex-mex de Flaco Jiménez, un tributo a su amada y/o musa (“ella será mi alma hasta la eternidad”), y con Adiós mi vida, un precioso bolero con una estremecedora letra (“al fin y al cabo, perder en todo fue mi destino, ya ni me extraña saber que voy a perderte a ti”). Ambas canciones cobraban un especial significado tras la dramática desaparición de la esposa de Rosas en extrañas circunstancias.

Pero aún había más: en Soul Disguise, el cantante de Los Lobos ofrecía un musculoso rock-blues al estilo de The Rolling Stones, con riffs cortantes y una explosión de solo de guitarra a lo Stevie Ray Vaughan; en Treat Me Right mezclaba el rhythm’n’blues con el sabor latino; en Racing The Moon evocaba el rock’n’roll trepidante de los años cincuenta, y bajo el enigmático título de E. Los Ballad # 13 se escondía un baladón soul, con todo el sonido de un clásico.

En una entrevista telefónica en 2005, César me comentó que tenía un segundo álbum grabado. “Ahorita estamos haciendo el arreglo para ver cuándo va a salir. Está acabado, ya hace años que está listo, nomás que no he tenido ‘chance’. Y para sacar un disco así, en solitario, has de hacer planes para reservar tiempo para las giras. Con el ‘schedule’ de Los Lobos andamos tan ocupados que no he podido, francamente. Ojalá salga a finales de este año”. Por desgracia, todavía no ha visto la luz.

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