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John Prine, el Mark Twain de los compositores

Cantante, compositor y actor ocasional desde principios de la década de los setenta hasta poco antes de su muerte, era conocido por sus canciones de country-folk humorístico con elementos de protesta y comentarios sociales. Mañana hubiera cumplido años, y por eso recordamos uno de sus álbumes más destacados.

Nacido en Maywood, Illinois, el 10 de octubre de 1946, John Prine empezó a tocar la guitarra a los 14 años; después estudió en la Old Town School of Folk Music. Tras servir en el ejército en Alemania, volvió a Chicago a finales de los sesenta, donde trabajó como cartero. Empezó a componer y a cantar sus propias creaciones, primero como un hobby, y después en varios locales de esa ciudad, convertido en un representante del revival folk.

En 1970, cuando tocó en el club folk The Fifth Peg, el joven periodista (después famoso crítico de cine) Roger Ebert se encontraba entre el público. Sorprendido, este escribió una crítica entusiasta para el Chicago Sun-Times, con la que consiguió lanzar la carrera musical de Prine. Kris Kristofferson se convirtió también en uno de sus primeros defensores y, con el tiempo, amigo: lo ayudó a ser contratado por el sello Atlantic, donde lanzó su debut homónimo de 1971.

El éxito obtenido con este disco llevó a Prine a centrarse en su carrera musical, y grabó otros tres álbumes para Atlantic –Diamonds In The Rough (1972), Sweet Revenge (1973) y Common Sense (1975)–. Luego fichó por Asylum Records para tres LPs más: Bruised Orange (1978), Pink Cadillac (1979) y Storm Windows (1980). En 1981, cofundó Oh Boy, un sello independiente en el que publicaría sus trabajos posteriores.

Prine tenía un modo de componer que podríamos calificar de “observador” –por hablar de temas como el amor, la vida o los acontecimientos cotidianos–, y una habilidad única para expresar emociones complejas a través del lenguaje coloquial. Lo llegaron a describir como “the Mark Twain of songwriting”.

Sus canciones han sido interpretadas por Johnny Cash (Sam Stone), Bette Midler (Hello in There), Bonnie Raitt (Angel From Montgomery), Zac Brown Band (All The Best), Miranda Lambert (That’s The Way The World Goes Round) y George Strait (I Just Want To Dance With You), entre otros.

No sólo luchó contra el cáncer –en su caso, primero en el cuello; más tarde, en 2013, reveló que le habían diagnosticado un tumor operable en su pulmón– y salió victorioso, sino que después grabó diversos álbumes, aunque desde Lost Dogs + Mixed Blessings (1995) no nos regalaba un disco con material nuevo. La espera terminó con Fair & Square (2005), un trabajo que, además, supuso su debut como productor.

Con un sonido acústico al que no le faltaba de nada (mandolina, acordeón, pedal steel, armónica) y la colaboración de instrumentistas del calibre de Jerry Douglas, Pat McLaughin (Nanci Griffith, Greg Trooper) y Dan Dugmore (Linda Ronstadt, Jim Lauderdale, Hank III), Prine nos guió en un recorrido por los distintos estilos de la música tradicional norteamericana.

El repertorio de Fair & Square se nutria de country colorista (Glory Of True Love), folk (las baladas Long Monday y Taking A Walk, con las armonías de Mindy Smith, y la semirrecitada Safety Joe), bluegrass (My Darlin’ Hometown, con las voces de Alison Krauss y Dan Tyminski, y The Moon Is Down, también con Krauss) y roots rock (el solemne She Is My Everything).

También incluía valses (I Hate It When That Happens To Me y ese Some Humans Ain’t Human donde recitaba “algún cowboy de Texas empieza su propia guerra en Irak”) y slow country-blues (Morning Train, de nuevo con Mindy Smith y una letra con citas a Ray Charles: “Hey, hey, hermano Ray, ¿qué querías decir con What’d I Say?”).

Prine también nos obsequiaba con un par de versiones –el Clay Pigeons de Blaze Foley y el trotón hillbilly Bear Creek Blues de A. P. Carter, con un brillante desarrollo instrumental–, además de un corte grabado en directo en 2004 en el Ryman Auditorium de Nashville, Other Side Of Town.

El cantautor dijo que todas las canciones de Fair & Square procedían de las entrañas, “de algún lugar entre mi corazón y mis entrañas, con una intención honesta: ni más, ni menos”. Eso es algo que, a la vista de los resultados, nadie puso en duda. Además, obtuvo merecidamente el Grammy al mejor álbum de folk contemporáneo.

Aunque después publicó varios discos –en directo, con material de archivo o con versiones, como Standard Songs For Average People (2007), con Mac Wiseman, o el fantástico For Better, Or Worse (2016), una colección de covers de country a dúo con artistas femeninas como Iris DeMent, Lee Ann Womack, Alison Krauss y Susan Tedeschi, entre otras–, no volvería a lanzar un trabajo con canciones nuevas hasta The Tree of Forgiveness (2018), su última grabación.

Prine era muy querido entre los jóvenes artistas de americana: invitó a nuevos compositores como Jason Isbell y Margo Price a que abrieran sus conciertos e influyó también en otros como Sturgill Simpson, Kacey Musgraves y Tyler Childers.

Prueba de este aprecio por parte de las nuevas generaciones fue la publicación del álbum de tributo Broken Hearts & Dirty Windows. Songs Of John Prine (2010), en el que participaron Justin Townes Earle, Old Crow Medicine Show, Lambchop, Drive-By Truckers, The Avett Brothers, Conor Oberst And The Mystic Valley Band y My Morning Jacket, entre otros.

Por eso, su muerte el pasado 7 de abril a consecuencia de complicaciones del coronavirus fue especialmente sentida.

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