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Sara Evans: tres acordes y la verdad

Fue una de las nuevas promesas surgidas en la década de los noventa que aspiró a recoger la antorcha del country dejada por Patsy Cline. Y lo cierto es que, con su debut, avalado por el mítico Harlan Howard, tenía todos los números para lograrlo. ¿Llegó a conseguirlo?

Muchas han sido las llamadas, y pocas las elegidas: lo habré dicho en más de una ocasión, pero, tras la muerte de Patsy Cline, el country se ha visto privado de una “reina”. Aspirantes, a puñados, pero con verdadero talento, pocas.

A priori, Sara Evans (nacida el 5 de febrero de 1971 en Boonville, Missouri) tenía todo lo que hay que tener para considerarla una artista auténticamente country: criada en una granja en el seno de una familia pobre, empezó en la música a los 4 años, y formó un grupo con sus hermanos. Así consiguió una fama local tras tocar el repertorio de Bill Monroe y de los Stanley Brothers en iglesias y festivales de bluegrass.

Y luego, el típico sueño americano: en 1991 se fue a Nashville, trabajó como camarera para sobrevivir y empezó a componer. Hasta que un día la suerte le sonrió: en 1995, el legendario compositor Harlan Howard fue a un estudio para escucharla cantar una versión de su clásico I’Ve Got A Tiger By The Tail.

La sorpresa inicial dio lugar al entusiasmo, y Howard se deshizo en elogios con Sara: “Chica, te he estado buscando durante años para cantar mis canciones: nadie lo hace así. Me recuerdas a Loretta Lynn cuando llegó a la ciudad. ¡Eres grande!“. El siguiente paso fue el fichaje por una multinacional y su debut, Three Chords And The Truth (1997), un título basado en una frase atribuida a Howard sobre lo que debería tener una buena canción country.

Evans posee una voz poderosamente emocional, en la tradición de las mejores cantantes de country, que en este primer disco consiguió brillar aún más con un repertorio que le sentaba como un guante, un buen balance entre las baladas (lejos del pastiche mainstream) y los ritmos más trotones.

El responsable de este cúmulo de circunstancias favorables fue el guitarrista y productor Pete Anderson (artífice del sonido de Dwight Yoakam), quien, según confesó, “quería conseguir algo entre Loretta Lynn y Patsy Cline” en este álbum.

Con la potente escudería de Anderson (desde los músicos de Yoakam hasta otra de sus “protegidas”, Joy Lynn White), Sara se crecía con el honky tonk más trotón, al estilo Bakersfield popularizado por Buck Owens (If You Ever Want My Lovin’, Even Now, Walk Out Backwards o esa magistral versión del I’Ve Got A Tiger By The Tail popularizada por Owens, donde incluso contó con la pedal steel guitar del veterano Tom Brumley).

También destacaba con el country más melódico, como ese True Lies de factura clásica a lo Patsy Cline, con grandes frases como “las mentiras verdaderas me herirán menos que perderte, así que, cariño, miénteme mientras me pierdo en esos ojos azules”. Esta referencia no es gratuita, y quedaba totalmente demostrada en Imagine That, un baladón que interpretó Cline y donde Evans brillaba con luz propia, respaldada por una elegante orquesta de cuerdas.

Y cuando parecía que ya era imposible superarse, sorprendía con un enérgico Shame About That –coescrito por ella y Jamie O’Hara– que tenía tanto de los Mavericks como de Buddy Holly, y con baladas semiacústicas como Unopened (un vals con sentimiento bluegrass y dramatismo in crescendo) y la tremenda Three Chords And The Truth, uno de esos temazos que justifica el tópico de que el country (a veces) es triste.

La pregunta era evidente: ¿habíamos encontrado, por fin, a una digna sucesora de Patsy Cline? Solo el tiempo lo diría… y eso, por desgracia, no pasó: aun siendo una gran cantante, en sus sucesivos álbumes –No Place That Far (1998), Born To Fly (2000), Restless (2003), Real Fine Place (2005), Stronger (2011), Slow Me Down (2014) y Words (2017)– Evans se fue alejando del country tradicional para sumergirse en el country-pop –eso sí, el de calidad, el de artistas como Martina McBride o Pam Tillis, no la bazofia actual–.

Prueba de ello es su disco más reciente, Copy That (2020), una colección de versiones de hits de estilos variados: desde el country –I’m So Lonesome I Could Cry de Hank Williams, con Old Crow Medicine Show, y She’s Got You de Patsy Cline– hasta el pop –Don’t Get Me Wrong de The Pretenders y Come On Eileen de Dexys Midnight Runners– y el rock –6th Avenue Heartache de The Wallflowers y My Sharona de The Knack–, entre otros.

Evans también ha participado en álbumes de tributo como Tammy Wynette Remembered (1998), The Songs Of Dwight Yoakam. Will Sing For Food (1998) y I’ve Always Been Crazy. A Tribute To Waylon Jennings (2003).

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