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Joe Ely, de Lubbock al mundo

Poeta texano. Foto: Barbara FG

¿Qué tienen en común Buddy Holly, Waylon Jennings, Butch Hancock, Jimmie Dale Gilmore, Terry Allen, Delbert McClinton y Lloyd Maines? Todos ellos nacieron o vivieron en la misma ciudad, al igual que nuestro protagonista, uno de los mejores cantautores de Texas. Repasamos su carrera con motivo de su cumpleaños.

Considerado el «padrino del rock con raíces tex-mex», Joe Ely (nacido tal día como hoy, 9 de febrero, en 1947) fundó hace más de cincuenta años el grupo The Flatlanders, con Jimmie Dale Gilmore y Butch Hancock.

Después, al frente de The Joe Ely Band, el autor de Honky Tonk Masquerade demostró que un acordeón y una pedal steel podían aportar la misma intensidad que una guitarra eléctrica.

Su colaboración con The Clash en varias giras –llegó a cantar en el hit Should I Stay or Should I Go de los londinenses– lo llevó a endurecer su sonido, y hasta tuvo sus escarceos electrónicos en Hi-Res (1984).

A lo largo de su carrera ha formado parte de Los Super Seven, ha colaborado con The Chieftains, Uncle Tupelo y James McMurtry, entre muchos otros, y más recientemente ha hecho giras acústicas con Lyle Lovett, John Hiatt y Guy Clark.

A pesar del vaivén estilístico, siempre ha mantenido su fascinación por lo fronterizo y por los escenarios desolados del sur, construyendo canciones muy descriptivas, donde tienen cabida las pasiones más ardientes: el dramatismo y la poesía para evocar el polvo de Texas y el tequila de una vieja cantina. Historias de jugadores, emigrantes y forajidos muy bien contadas, envueltas en un halo de moderno folk épico.

Uno de los trabajos en los que potenció estas influencias –además, con un aliado muy poderoso, el flamenco– fue Letter To Laredo (1995), un álbum descrito como «una obra maestra de uno de los grandes poetas de Lubbock».

El nombre de Federico García Lorca encabezando la lista de agradecimientos y la omnipresencia del guitarrista holandés Teye indicaban que este no era el típico acercamiento de un yanqui al folklore español.

Ely lleva muchos años manejando las raíces, y por eso la fusión de flamenco, tex-mex y country –avanzándose a lo que años después haría otro visionario, Howe Gelb, en el álbum Alegrías (2010) con su Band Of Gypsies– funcionó perfectamente.

Buenas muestras de ello eran Run Preciosa, Saint Valentine, Ranches And Rivers, I Saw It In You y, especialmente, ese magistral Gallo del cielo de Tom Russell donde, respaldado por el líder de The Mavericks, Raúl Malo, hermanaba guitarra flamenca y acordeón tex-mex para contar la historia del gallo de pelea de Carlos Saragosa.

Como un guiño a su pasado, actualizó dos de sus canciones anteriores: una era Letter To Laredo, que aparecía en Hi-Res; la otra, una secuela del She Never Spoke Spanish To Me de Butch Hancock, incluida en Joe Ely, su debut homónimo como solista de 1977, rebautizada como She Finally Spoke Spanish To Me. Y para amantes de las sorpresas, contó con la colaboración de Bruce Springsteen cantando en un par de temas.

Tras Letter To Laredo, Ely ha publicado álbumes como Twistin’ In The Wind (1998), Streets Of Sin (2003), Happy Songs From Rattlesnake Gulch (2077) –que inauguró su sello Rack’ Em– y Live Cactus! (2008, con Joel Guzmán), entre otros, hasta llegar al reciente Love In The Midst Of Mayhem (2020).

El estado de las cosas en directo

Joe Ely es uno de esos artistas que se crecen en los escenarios, y por eso tiene una curiosa costumbre: cada cierto tiempo, edita un disco en directo. Primero fue Live Shots en 1980, grabado en Londres durante su gira como telonero de los Clash; luego, Live At Liberty Lunch en 1990, y en 2000, Live @ Antone’s.

Para su tercer trabajo en directo, el cantautor texano escogió un escenario tan emblemático como el mítico club Antone’s de Austin, y se rodeó de una banda que incluía a algunos de los componentes originales de su grupo, como el guitarrista Jesse Taylor y el pedal steel Lloyd Maines, junto al guitarrista de flamenco Teye y el acordeonista Joel Guzmán (líder de Aztex).

Sus conciertos tienen fama de legendarios, no solo en Texas, sino en todo el mundo: musculosos y adrenalíticos, constituyen una poderosa mezcla de rock, country, folk y tex-mex. Y en este sentido, Live @ Antone’s no defraudó, y funcionó como un retrato de este artista ecléctico que no conoce las fronteras entre estilos ni culturas.

Cómo no, el álbum recogía algunas de las canciones clásicas de su carrera: Ranches And Rivers y Nacho Mama, vitales muestras de tex-mex con el protagonismo del acordeón; Everybody Got Hammered y My Eyes Got Lucky, más cerca del rhythm’n’blues; la rockera Workin’ For The Man; la balada Thousand Miles From Home, y la inevitable Me And Billy The Kid.

También recurría a las canciones de algunos de sus compositores favoritos: el himno épico The Road Goes On Forever de Robert Earl Keen; el honky tonk-blues Dallas de Jimmie Dale Gilmore; el acelerado rock’n’roll Road Hawg de Butch Hancock; el legendario Oh Boy! de Buddy Holly; la balada Rock Salt And Nails de Utah Phillips, y, sobre todo, el memorable Gallo del cielo de Tom Russell, tal vez el tema donde se apreciaba mejor su fusión de sonidos, al integrar country, flamenco y música mexicana a través de vibrantes diálogos entre pedal steel y guitarra flamenca.

Asegura Ely que «cada pocos años me gusta documentar en qué punto se encuentra mi banda; es una especie de recuerdo para mis seguidores». El retrato que ofrecía Live @ Antone’s no podía ser más positivo: Joe y su banda estaban en plena forma.

El supergrupo texano de tres genios

Joe Ely, Jimmie Dale Gilmore y Butch Hancock formaron a principios de los setenta en Lubbock The Flatlanders, y publicaron en 1976 una cinta grabada en una sesión de 1972 como Jimmie Dale & The Flatlanders, All American Music, reeditada en 1980 como One Road More y en 1990 como More A Legend Than A Band.

Tras disolverse el grupo, los tres cantantes forjaron unas distinguidas carreras en solitario: Ely como un ejemplo del roots rock texano, Gilmore como un místico crooner country, y Hancock como un prestigioso compositor. Pero tras esporádicas reuniones en ocasiones especiales, decidieron resucitar a los Flatlanders.

Now Again (2002) supuso el retorno de la legendaria superbanda texana, y su primer álbum en casi treinta años. Con la presencia de otros dos componentes originales (Tony Pearson y Steve Wesson) y la colaboración de Joel Guzmán (acordeón) y Lloyd Maines (pedal steel y dobro), los Flatlanders proponían un sonido de base acústica en el que destacaban las armonías vocales (con el protagonismo de la voz de tenor de Gilmore) y la peculiar atmósfera creada por la sierra de Wesson, una especie de theremin de raíces rurales.

El álbum de los Flatlanders resumía lo mejor de las obras en solitario de sus tres líderes: letras inteligentes y una personal tortilla de folk, rock, country, tex-mex y blues. Los temas que más brillaban eran el festivo country-blues retro Right Where I Belong, los honky tonk My Wildest Dreams Grow Wilder Every Day y I Thought The Wreck Was Over, el cántico hillbilly Down On Filbert’s Rise, el bluegrass South Wind Of Summer y el delirante rig rock Pay The Alligator.

Muchas veces las reuniones de grupos suelen ser oportunistas y patéticas. En el caso de Flatlanders se trató más bien de reparar una injusticia histórica. Tras este disco, publicaron Wheels Of Fortune (2003), Live At The One Knite. June 8th 1972 (2004), Hills And Valleys (2009) y The Odessa Tapes (2012), con material inédito de las sesiones de 1972.

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