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Shooter Jennings, rodeo eléctrico

El hijo pródigo. Foto: James Minchin

Sus primeras imágenes fueron realmente impactantes: revólver al cinto, hebilla con el rostro de Cristo y tatuaje con el dibujo de una pistola y las iniciales “CBCS” (country boy can survive). El vástago de dos estandartes del country sigue pisando fuerte, y en el día de su cumpleaños repasamos su carrera.

Hijo único de la pareja formada por Waylon Jennings (1937-2002) y Jessi Colter, dos cantantes legendarios del outlaw country, Shooter Jennings –nacido el 19 de mayo de 1979 en Nashville– pasó literalmente su infancia en un autobús de gira. A los 5 años tocaba la batería; descubrió la guitarra a los 14 y el rock’n’roll (el rock sureño y el hard rock de Guns N’ Roses) a los 16.

Tras marcharse a Los Ángeles, creó el grupo de punk-rock Stargunn, con el que se curtió durante varios años en el circuito californiano antes de redescubrir sus raíces country y disolver la banda. A continuación, formó The .357s, combo integrado por Leroy Powell, Ted Russell Kamp y Bryan Keeling, con el que grabó su magnífico debut Put The “O” Back In Country (2005).

Shooter es un tipo con las ideas muy claras y no quería dar lugar a equívocos sobre su música: “Pretendo que la gente entienda que soy un artista country. Vale, hay rock también. He tocado mucho rock’n’roll, pero esto es country”.

Por eso, su primer disco podía considerarse una defensa del retorno del country auténtico, algo que ya quedaba claro en el título y en la canción homónima, una adaptación del Are You Ready For The Country de Neil Young, toda una declaración de principios: “Coge un poco de country y un poco de rock’n’roll, un poco de Neil Young y George Jones, un poco de Merle Haggard y los Stones, añade un poco de Cash y mucho de Waylon, y ya estás listo para el country”.

Portada del debut de Shooter

Y ese era solo el principio: en lugar de recurrir al camino fácil y convertirse en una sombra de su padre, Shooter imprimió su propia personalidad y estilo a su debut. 4th Of July era un brioso roots rock con estribillo perfecto, con un final donde aparecía George Jones con un fragmento de su He Stopped Loving Her Today; Lonesome Blues, un excelente country texano de pura cepa, y Solid Country Gold, otra joya de la ortodoxia (con la pedal steel de Eric Heywood) y una nueva declaración de principios sobre su herencia (“si me das una guitarra y a mi mujer en la carretera, te daré mi familia, mi sólido oro country”).

En Busted In Baylor County recurría a detalles biográficos (su encarcelamiento por exceder el límite de velocidad y fumar porros) con un envoltorio de acelerado hillbilly eléctrico donde el banjo y el violín convivían con guitarras metálicas; Steady At The Wheel y Daddy’s Farm elegían el camino del poderoso rock sureño a lo ZZ Top; Manifesto No. 1 utilizaba la ironía para empezar como una balada tremenda y luego se transformaba en un trepidante country-góspel, y la acústica Sweet Savannah y la eléctrica The Letter llenaban el cupo de las lentas.

Por su parte Southern Comfort, con las voces de Jessi Colter, la cantante de rhythm’n’blues Faith Evans y CeCe White, tras sus tímidos inicios de country-blues acústico conducido por dobro y contrabajo estallaba en una orgía de voces y guitarras. El disco se cerraba con un mensaje telefónico de Hank Williams Jr. y un tema oculto.

Put The “O” Back In Country no solo fue uno de los mejores debuts de los últimos tiempos, sino una muestra de que la genialidad de los Jennings no terminó con Waylon. Tiene razón Shooter, admirador declarado de The White Stripes y Velvet Revolver, cuando afirma que “en el country me siento completamente libre para hacer lo que quiera”.

Tras su segundo álbum, Electric Rodeo (2006), de sonido más rockista, volvió a los orígenes en The Wolf (2007). Por supuesto, encontrábamos referencias a su habitual country-rock rotundo: los casi rapeados This Ol’ Wheel –con el furibundo violín cajun de Doug Kershaw–, Tangled Up Roses –con un poderoso banjo omnipresente– y Higher.

Además, sorprendía con Old Friend (un vals enriquecido con metales mariachi y pedal steel), el rotundo honky tonk Time Management 101, el himno southern rock Slow Train (con The Oak Ridge Boys) y el country outlaw de Concrete Cowboys. Pero, sin duda, nos dejaba boquiabiertos con el archifamoso Walk Of Life de los Dire Straits, en una versión que acentuaba el sonido cajun.

Al igual que Hank III, otro hijo de una leyenda del country (Hank Williams Jr.) –quien desdobla su carrera entre el hillbilly y el punk-metal de su grupo Assjack–, Shooter se ha debatido toda su vida entre su herencia y “otras cosas”. Así se explica su insólito cuarto álbum, Black Ribbons (2010), un experimento conceptual con The .357s reconvertidos en Hierophant y Stephen King como narrador, descrito como “The Allman Brothers meets Pink Floyd”.

Por suerte, en el siguiente Family Man (2012) recuperó su faceta más country y autobiográfica. Las raíces familiares –reforzadas por la armónica de Mickey Raphael, un clásico colaborador de Willie Nelson y Waylon– aparecían en el country-rock The Real Me, en el himno outlaw The Deed & The Dollar y en Daddy’s Hands.

Con su nueva banda, The Triple Crown –con el pianista de jazz Erik Deutsch, el batería Tony Leone (Ollabelle), el pedal steel Jon Graboff (ex The Cardinals) y el matrimonio The Mastersons (Chris Masterson a la guitarra y Eleanor Whitmore a la voz, mandolina y violín)–, se adentraba en el country-blues (excelente The Family Tree, con piano barrelhouse) y el storytelling gótico sureño (The Black Dog).

También abordaba el cántico country-góspel (espoleado por una base rock en Manifesto No. 4), la balada folk a lo Harry Nilsson –Summer Dreams (Al’s Song)– y la americana con ecos del Losing My Religion de R.E.M. (The Long Road Ahead, con guitarra de Tom Morello). Lástima del desliz hard rock de Southern Family Anthem (pese a grandes frases como “we may be trash, but we’re a family”).

Family Man era la primera entrega de un proyecto que se completó con The Other Life (2013). Si el primero se centraba en canciones sobre el amor, la familia y las tentaciones de la vida, el segundo tenía un tono más sombrío, “como el espejo oscuro de lo que representaba el anterior”, explicó el cantante. En el álbum colaboraban Scott H. Biram y Patty Griffin e incluía dos versiones: Flying Saucer Song de Harry Nilsson y The White Trash Song de Steve Young.

Ese mismo año, creó el sello multiplataforma Black Country Rock, en el que publicaría reediciones de Waylon, así como varios directos. En su catálogo figuran Jessi Colter, Wanda Jackson y el exactor porno Ron Jeremy.

En 2014 apareció Fenixon, un álbum que Shooter había grabado con su padre en 1996, pero que no encontró discográfica para su edición. En esta “resurrección” las voces se combinaron con una base de sonidos industriales.

Los experimentos siguieron con Countach (For Giorgio) (2016), un álbum con pinceladas electrónicas de canciones compuestas o inspiradas por el compositor italiano Giorgio Moroder –algunas, pertenecientes a bandas sonoras, como Cat People y The Never Ending Story–, con cameos de Marilyn Manson y Brandi Carlile.

Jennings regresó a la “normalidad” con Shooter (2018), su último largo hasta el momento, que incluía trallazos de rock’n’roll con metales (Bound Da Git Down) y country en sus diversas vertientes (Do You Love Texas?, la balada Living In A Minor Key, el honky tonk D.R.U.N.K. y el rig rock I’m Wild & My Woman Is Crazy).

Uno de sus proyectos más recientes ha sido la banda sonora del documental Chasing Whiskey. The Untold Story Of Jack Daniel’s (Greg Olliver, 2021), en la que también han colaborado Jesse Dayton, Matt Sorum (ex Guns N’Roses), Michael Devin (Whitesnake) y Aubrey Richmond.

En los últimos años ha intensificado su labor como productor, y así han pasado por sus manos leyendas del country como Jessi Colter y Tanya Tucker y nombres más recientes de la americana como The Mastersons, American Aquarium, Jaime Wyatt y The White Buffalo. Además, ha grabado singles con Lukas Nelson, Jamey Johnson y Billy Ray Cyrus.

También ha participado en los álbumes de tributo I’ve Always Been Crazy. A Tribute To Waylon Jennings (2003), The Pilgrim. A Celebration Of Kris Kristofferson (2006), Sweet Home Alabama. The Country Music Tribute To Lynyrd Skynyrd (2010), We Walk The Line. A Celebration Of The Music Of Johnny Cash (2012), Still The King. Celebrating The Music Of Bob Wills And His Texas Playboys (2015), Feel Like Going Home. The Songs Of Charlie Rich (2016), King Of The Road. A Tribute To Roger Miller y Highway Butterfly. The Songs Of Neal Casal (2021).

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