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Jimmy LaFave, el texano okie

Entre dos mundos. Foto: Ashley Warren

Fue uno de los fundadores del género conocido como Red Dirt Music mientras residía en Oklahoma, la patria de su admirado Woody Guthrie. Y desde que se instaló en Austin se convirtió en una fuente de inspiración para la escena local de country, folk y americana. Cuando se cumplen años de su desaparición recordamos dos de sus álbumes.

Bob Johnston, el mítico productor de Bob Dylan, Johnny Cash, Leonard Cohen, Simon & Garfunkel y The Byrds, le dijo en una ocasión a Jimmy LaFave: “A partir del día en que tu voz suene en la radio, nada podrá pararte”.

Nacido en Wills Point (Texas) el 12 de julio de 1955, LaFave pasó los primeros años de su vida en Stillwater (Oklahoma), un lugar donde encontró la inspiración en la música de célebres okies como Woody Guthrie (a quien consideraba su héroe), J.J. Cale y Leon Russell.

Allí, junto con un puñado de cantautores que frecuentaban una casa llamada The Farm, empezó a desarrollar un sonido que más tarde sería conocido como “red dirt music”, una mezcla de folk, rock, country, bluegrass, blues, western swing y honky tonk. Después se instaló en Austin, donde se convertiría en una de las leyendas locales.

El secreto de su éxito radicaba, aparte de su capacidad para componer canciones muy cinematográficas, en su personal voz, entre quebradiza y cazallosa a lo Rod Stewart, con algo de la desgana de Dylan.

En Road Novel (1997) LaFave utilizaba sus facultades al servicio de un repertorio de lo más variado, con himnos épicos que podría haber firmado el mismísimo Bruce Springsteen: The Open Space, The Big Wheels y ese You’ll Never Know donde se resignaba al carácter inevitable del destino (“todas las leyes de la naturaleza están más allá de nuestro control”).

También ofrecía sudoroso rhythm’n’blues de perfecta factura, armónica incluida (You’ve Got That Right), que a veces se acercaba a los pantanos de Louisiana (Long Time Since The Last Time), y honky tonk poderoso con el ritmo de una locomotora (Ramblin’ Sky) o con guitarras feroces y piano boogie que lo aproximaban al rock’n’roll (Vast Stretches Of Broken Heart).

No faltaban oportunas versiones de Dylan (Buckets Of Rain) y Leon Russell (Home Sweet Oklahoma, una añoranza de la tierra donde dio sus primeros pasos artísticos), ni actualizaciones de los sonidos bluegrass (The Great Night, una canción de estructura moderna construida sobre una base de banjo y violín).

El lote se completaba con baladas semiacústicas, algunas cercanas al country-rock (Long Ago With Miles Between), otras con detalles bluegrass (Never Put The Blame), pero siempre con el empaque de un clásico (como Into Your Life y la soulera Heart Of A Woman).

Diez años después, LaFave publicó Cimarron Manifesto (2007). Aunque el cantautor era lo que diríamos un texano de pura cepa, nacido en ese estado y vinculado durante mucho tiempo a la creativa escena de Austin, en este disco pretendía rendir un homenaje a Oklahoma, su hogar de adopción.

Así, seguía la ruta del río Cimarrón desde Nuevo México hasta Tulsa para recordar a los músicos y pensadores de esa región. “Quería hacer un álbum que fuera una declaración musical, algo que hablara de esa parte de América que está desapareciendo”, aseguró.

Con su banda habitual y cantantes invitadas como Ruthie Foster, la también violinista Carrie Rodriguez y Kacy Crowley, evocaba a Woody Guthrie y a John Steinbeck en This Land (con un violín campestre) y a J.J. Cale en el trotón country-blues Truth, ideal para conducir.

Con el recuerdo de The Band en mente, interpretaba un Car Outside con voluntad de himno country-rock, y también se paseaba por el rock’n’roll vigoroso en That’s The Way It Goes y por el rhythm’n’blues en Don’t Ask Me.

Y todavía le sobraba tiempo para abordar acertadas versiones: las baladas Catch The Wind de Donovan y Not Dark Yet de Dylan, y ese brillante Walk A Mile In My Shoes de Joe South en clave de arrollador country-blues.

Bob Johnston demostró tener talento de adivino: LaFave consiguió una legión de admiradores, entre ellos colegas de profesión como Lucinda Williams o el propio Boss, y una reputación como uno de los mejores cantautores de la escena de Texas.

Su último disco (póstumo) fue el doble Peace Town (2018). Murió en Austin el 21 de mayo de 2017 a los 61 años, a consecuencia del cáncer.

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