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Buenas intenciones: Eddie Spaghetti

El saludo característico de Eddie

Líder de uno de los grupos estrella del sello Sub Pop, saltó del rock de garage al country cuando se decidió a grabar en solitario. Es el protagonista de una nueva entrega de la sección dedicada a los artistas que se acercan a los sonidos con raíces americanas desde otros géneros.

Lo que son las cosas: Eddie Spaghetti se crio en Tucson (Arizona) intentando desesperadamente ignorar el country que flotaba en el ambiente. Así que, en la adolescencia, se volcó en el heavy y el punk-rock, hasta que en 1988 formó Supersuckers. Pero ese sonido que intentó evitar acabó aflorando cuando grabó el álbum Good Livin’ Platter (1993) con el grupo paralelo The Junkyard Dogs.

Aunque apareció de forma tangencial en los discos de Supersuckers, hasta 1997 no confesaron abiertamente su querencia por el country con Must’ve Been High –y en su plasmación en directo, Must’ve Been Live (2002)–, y reincidirían en Holdin’ the Bag (2015).

También en recopilatorios como How The Supersuckers Became The Greatest Rock And Roll Band In The World (1999) –con featurings de Willie Nelson y Steve Earle–, Devil’s Food (2005) –con versiones country de algunas canciones de The Sacrilicious Sounds Of The Supersuckers (1995)– y en varios directos. No fue descabellado, pues, que para su debut en solitario Spaghetti escogiera la vía del country.

Portada de la reedición del debut

A pesar de la grima que confesaba sentir por este tipo de discos, Eddie reconoció que “lo hice por mi amor hacia estas canciones y mi deseo de dejar mi propia huella en ellas”. Por tanto, The Sauce (2003) no era un álbum paródico sino respetuoso, algo que quedaba claro al oír las recreaciones de temas compuestos o popularizados por artistas clásicos.

Así, se enfrentaba con canciones de Kris Kristofferson (The Best Of All Possible Worlds), Willie Nelson (el rockabilly Gotta Get Drunk), Merle Haggard (Misery & Gin), Charlie Walker (el honky tonk Little Ol’ Wine Drinker, Me), Don Gibson (Sea Of Heartbreak) y Johnny Cash (el hillbilly Cocaine Blues).

Pero también se acercaba a la obra de artistas más contemporáneos como Steve Earle (el excelente I Don’t Want To Lose You Yet), e incluso Randy Newman (Blue Shadows On The Trail, interpretado a capela por su hijo de 2 años) y Alabama 3 (Peace In The Valley, ya adaptada en Must’ve Been Live).

Eddie tocaba los distintos palos del country con una instrumentación mínima y una frescura fruto de haber grabado el disco en tres días, y sus dos temas propios bajaban un poco el listón, pero poco importaba ante su falta de pretensiones. The Sauce se reeditó en 2005 como Extra Sauce, con la incorporación de Mickey Raphael (habitual de Willie Nelson) a la armónica en todos los temas.

Una pin-up en una situación incómoda

“Más música sencilla de un tipo sencillo, hecha de forma sencilla”: así describía el propio Spaghetti su segundo álbum como solista, Old No. 2 (2005), grabado en apenas cinco días.

Si lo comparamos con The Sauce, el nuevo trabajo del cantante y bajista de los Supersuckers seguía más o menos la misma senda: por un lado, Eddie demostraba un gusto impecable para seleccionar versiones y hacerlas suyas y, por otro, en sus propias composiciones ofrecía un country-rock sólido y sabroso.

Con Michael Murderburger (batería) y Jordan Shapiro (guitarras, dobro, pedal steel), recreaba canciones tan variadas como Tonight I’ll Be Staying Here With You (Bob Dylan); Without Love (Nick Lowe), en clave honky tonk; Hey Sexy (The Coasters), un acelerado rockabilly; I Don’t Wanna Grow Up (Tom Waits); Everywhere I Go (Willie Nelson), a lo Calexico, y Carry Me Home (AC/DC) y Sick As A Dog (Aerosmith).

Como autor, nos regalaba excelentes muestras de luminoso country-rock como All Along, I Don’t Wanna Know y Here We Go. Un último detalle: además de su insólita portada, Old No. 2 incluía un DVD con fragmentos en directo junto a Shapiro y un análisis de la canción I Don’t Wanna Know.

El primer álbum para el sello Bloodshot

Y llegó Sundowner (2011), su primera referencia para el sello Bloodshot. Como ocurría en sus anteriores álbumes, Eddie mezclaba material propio con covers: aquí, adaptaba con soltura a artistas tan dispares como Dave Dudley (el vacilón Cowboy Boots), Johnny Cash (el trotón What Do I Care?) y Del Reeves (el rig rock Girl On The Billboard).

Pero también se atrevía con Red Steagall (el honky tonk de coctelería Party Dolls And Wine), Dwarves (Everybody’s Girl, convertido al roots rock), Lee Harvey Oswald Band (el enérgico rock’n’roll Jesus Never Lived On Mars) y, el mejor del lote, Steve Earle (el magnífico If You Fall In Love).

En cambio, su relectura de Willie Nelson (Always On My Mind) no pasaba del puro karaoke. Y de sus escasas composiciones propias, únicamente destacaba el country-rock Sundowner y un Marie que ya grabó en The Sacrilicious Sounds Of The Supersuckers con su grupo.

Si se tomaba como el divertimento del líder de un grupo garagero, Sundowner resultaba un esfuerzo encomiable; pero como disco de country –y más si consideramos que en Bloodshot grababan bestias pardas como Robbie Fulks y Wayne Hancock– resultaba más bien convencional y diría que hasta le faltaba el sentido del humor de sus entregas previas.

El disco sin versiones, pero sin perder la tradición de la chica en la portada

Cuando se supo que el gran Jesse Dayton se encargaría de producir el cuarto álbum en solitario de Spaghetti, las expectativas eran muy altas. De hecho, Dayton lo conocía desde 1997, cuando tocó en el Must’ve Been High de Supersuckers.

A diferencia de sus tres anteriores trabajos, en los que predominaban las versiones, en The Value Of Nothing (2013) Eddie utilizó íntegramente material propio. Y lo que podría haber sido un gran disco de country (por el influjo de Dayton, naturalmente) se quedó en una colección irregular de canciones más cercanas, para entendernos, al rock con raíces que al honky tonk.

De acuerdo, encontramos un puñado de temas con un gran potencial para triunfar en las emisoras yanquis, de estructura perfecta y poderosos estribillos, como Empty, If Anyone’s Got The Balls y la ganadora You Get To Be My Age… pero eso no era country.

Sí lo era, en cambio, el honky tonk rompepistas Waste Of Time, la balada One Man Job, a dúo con Jesse y, ya adentrándonos en el cowpunk, el ruidoso Fuckin’ With My Head, The Value Of Nothing (con la armónica de Mickey Raphael) y I Got A Secret. Y nos quedaba el provocador People Are Shit en clave de tex-mex, con acordeón incluido. The Value Of Nothing era un buen disco, pero no ese gran salto definitivo de Spaghetti al country que algunos esperábamos.

Su último trabajo hasta el momento es el reciente Motherfuckin’ Rock ‘N’ Roll (2022), grabado con Frank Meyer, el frontman de The Streetwalkin’ Cheetahs.

En resumen…

Lo de Eddie Spaghetti con el country ha sido más que un capricho, ya que se ha prolongado a lo largo de sus cuatro álbumes a su nombre y ha salpicado los trabajos –y los conciertos– de su banda, los Supersuckers. Sin embargo, esa relación de amor-odio que siente por el género se ha traducido en altibajos creativos, en los que encontramos buenas versiones de los clásicos junto a temas propios de menor enjundia.

El principio de todo

Una imagen clásica para un álbum bastante ortodoxo

Algo pasó en los noventa en la escena del rock alternativo cuando varios grupos centraron su atención en el country: primero fueron Ween, con 12 Golden Country Greats (1996), y después le llegó el turno a Supersuckers, una de las bandas representativas del sello Sub Pop, con Must’Ve Been High (1997).

La conexión de Supersuckers con el country empezó en 1996 con su participación en Twisted Willie, el álbum de tributo a Willie Nelson, y en el Farm Aid. Después, una gira como teloneros de Jesse Dayton, y su colaboración en el LP de Steve Earle El Corazón (1997). Por eso, no era extraño que acabaran grabando su propio álbum country.

Como en el citado caso de Ween, nos encontramos ante un disco de sonido instrumentalmente impecable, rozando la ortodoxia, aunque la forma de cantar (con cierta desgana) y algunos detalles les delataran (las letras).

Para ello, el cuarteto contó con la presencia de músicos de las bandas de Willie Nelson (Mickey Raphael), Jesse Dayton (Brian Thomas) y Dwight Yoakam (Brantley Kearns), amén del propio Dayton, y la producción de Randall Jamail, conocido por sus trabajos con Waylon Jennings y Nelson.

La formación actual de Supersuckers

El álbum se abría y se cerraba con un guiño, el sonido de aguja y vinilo gastado. En Must’Ve Been High combinaban una armónica a lo Morricone con coros filtrados a través de una línea telefónica; en la trotona Dead In The Water, una brillante pedal steel contrastaba con una guitarra de sonido más distorsionado, y en el instrumental Hangliders mezclaban la banda sonora de un spaghetti wéstern con la sintonía de un telefilme del oeste.

Donde mejor combinaban la ortodoxia del sonido con el mensaje inesperado era, sin embargo, en Hungover Together, un vals texano a dúo con Kelley Deal (The Breeders), sobre una pareja decadente y crepuscular; en Non-Addictive Marijuana, un honky tonk que podría interpretar Dwight Yoakam y que constituía una apología de las adicciones; en el bluegrass desenfrenado Blow You Away, y en ese Supersuckers Drive-By Blues no acreditado donde pasaban de la efectividad acústica a la brutalidad eléctrica.

Cuando el disco apareció, la pregunta obvia fue: ¿moda o autenticidad? Como hemos visto antes, la posterior carrera solista de su líder y cantante, Eddie Spaghetti, demostró que era más que un simple capricho.

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