entrevistas

Dave Alvin, el incorrupto ideal americano

Si hay alguien realmente capacitado para poder explicar lo que es la música americana ese es, sin duda, Dave Alvin. Su presencia en grupos como Blasters (creado en Los Ángeles en la década de los ochenta con su hermano Phil), X o Knitters fue decisiva, pero en su aventura en solitario su pasión por indagar en las raíces no ha cesado.   

Varios años después de su marcha de los Blasters por las diferencias irreconciliables con Phil Alvin, los dos hermanos han vuelto a reunirse en un ambicioso proyecto, Ghost Brothers Of Darkland County (2013), un “musical sobrenatural” creado por Stephen King, John Mellencamp y T Bone Burnett. O, lo que es lo mismo, un excelente álbum donde, además de los Alvin, participan Elvis Costello, Neko Case, Taj Mahal, Sheryl Crow y muchos más.

Es un excelente momento para recordar la entrevista que le hice a Dave en marzo de 2001, cuando acababa de ganar el Grammy al mejor álbum de folk tradicional por Public Domain. Songs From The Wild Land (Hightone, 2000).

Dave, junto a su madre Nana y Big Joe Turner en 1983. Foto: Gary Leonard

¿Qué clase de música oías de niño? Bueno, tenía tres primos mayores que escuchaban todo tipo de música. A uno le gustaba el rhythm’n’blues, Ray Charles, Big Joe Turner y los grupos de doo-wop; a otro, el country, y otro, tocaba la guitarra y el banjo y oía folk, Ramblin’ Jack Elliot, Bob Dylan, Sonny Terry y Brownie McGhee, ese clase de cosas. Todo eso era cuando yo tenía 5 o 6 años. Y a los 12 o 13, empecé con los viejos discos de blues.

Me pregunto qué pasaba por tu cabeza: coleccionabas viejos discos, en busca de algo más excitante que lo que oías en la radio. No es algo usual en un niño. Me gustaba la música, no sólo la que oía en la radio, sino también la antigua. Para mí, la música antigua es algo misterioso: de alguna forma está incorrupta; en cambio, la moderna es fácilmente corrompible, todo tiene que ver con los grandes negocios, las corporaciones. La música antigua, el viejo blues, todo eso, es sólo música.

De hecho, aprendiste de maestros… Sí. Sobre todo mi hermano Phil, aprendió de Big Joe Turner y T-Bone Walker. Ellos vivían en Los Ángeles, así que empezamos siguiéndolos, literalmente. Éramos chicos blancos entusiastas, les llevábamos viejos discos suyos y nos decían: “¡Lo encontraste!! No recordaba haberlo grabado”.

En tu formación, participaste en esa tradición de “pasar la antorcha” de generación en generación: aprendisteis de Walker y Turner, así como ellos aprendieron de otras leyendas. ¿A quién has pasado tú la antorcha? Es difícil decirlo. En los últimos años he producido muchos CDs de jóvenes bandas, sobre todo de country y de folk. Pero creo que aún estoy trabajando en mi propia formación. A lo mejor, cuando tenga 80 años, pueda hacer como T-Bone Walker… a lo mejor...

Los Blasters en 1982. Foto: Neal Preston

¿Es verdad que creasteis Blasters con la intención de tocar la música que os gustaba escuchar? Sí, la idea era tocar lo que queríamos, y ver si podíamos dejar nuestros trabajos diarios y ganarnos la vida como músicos.

¿Te consideras un pionero en el movimiento del nuevo country? Porque, en cierta forma, abriste las puertas a otros artistas que cruzaron la línea entre el rock y el country como Dwight Yoakam, por ejemplo. Bueno, los Blasters ayudamos a Dwight y a Los Lobos a conseguir un contrato discográfico. Mi primer disco en solitarioRomeo’s Escape (Epic, 1986)– era más o menos country. Pero, de todas formas, no me considero un intérprete country, aunque sí tengo influencias de ese estilo y me siento solidario con el country alternativo. Lo que me separa de la mayoría de ellos es que están muy influidos por Gram Parsons y Neil Young, y mis influencias son más antiguas.

¿Qué piensas de la escena country actual? Incluso en el pop de Nashville hay buena gente. Por ejemplo, Shelby Lynne: grabó en Nashville, la jodieron y ahora ha editado un buen disco por su cuenta. Hay mucha gente con talento haciendo música mala, porque es fácil. El country moderno sólo se preocupa de lo que puede encajar en el mercado y es fácil de vender, y eso no tiene nada que ver con la integridad que el género solía tener. Ya no hay integridad, sólo se trata de vender discos.

¿Y qué opinas de los nuevos tradicionalistas? He producido tres álbumes de los Derailers, y dos de Big Sandy. No es lo que yo hago, porque podría hacerlo igual que ellos, pero me gusta. Tengo influencias country, pero más del blues y el rhythm’n’blues. Hay muchos de ellos que me gustan: Robbie Fulks, creo que es el mejor; Dallas Wayne;  Derailers son buenos; Big Sandy es un gran talento… hay muchos.

Los Blasters en 1983

¿Qué recuerdas de la escena de Los Ángeles de los ochenta? Fue una gran época. Existía una gran camaradería entre los músicos y todas las bandas, todos estaban muy unidos. Con el paso de los años, conforme he envejecido, me he dado cuenta de que este es un negocio donde “te cortan el cuello”. Hoy en día hay que mantener la distancia, porque alguien puede apuñalarte por la espalda. Como crecí en esa escena angelina, no me dí cuenta de ello hasta que volví al “mundo real”. Por eso tengo muy buenos recuerdos de esa época: todas las bandas se ayudaban unas a otras. Era muy frustrante en aquel entonces porque muchos buenos músicos no gozaban de la misma atención mediática que las bandas de pop-rock tienen ahora.

¿Está en Austin la escena más interesante? Hay una buena escena en Austin, pero no. Hay muchas interesantes: en Minneapolis, y en Chicago, sobre todo, porque hay gente como los Waco Brothers, Robbie Fulks, el sello Bloodshot… Pero también hay buenas bandas en Saint Louis, en Seattle… Incluso hay un par de buenas bandas en Los Ángeles: me gustan Beachwood Sparks. Pero no veo ninguna escena como la de Los Ángeles.

¿Crees que tras los Blasters has crecido como artista? Sí. Bueno, he crecido porque también soy mayor. Intento utilizar la analogía de la pintura: uso todos los colores de la paleta. En los Blasters sólo utilizábamos algunos, nunca usábamos los otros. Algunos de la banda decían: “¡No vamos a tocar esa mierda!”. Ahora puedo hacer lo que hacía en Blasters y muchas cosas más; para mí es más gratificante.

La canción American Music fue como una declaración de amor, un himno, con esa letra que dice “we got the Louisiana boogie and the delta blues / We got country, swing and rockabilly, too / We got jazz, country-western and Chicago blues / It’s the greatest music that you ever knew”. Pero ¿qué significa exactamente par ti esa “american music”? América es un país construido sobre un ideal, y ese ideal es difícil de alcanzar; por eso tiene una historia brutal y violenta. Pero la música es el único lugar donde vive ese ideal: el jazz es la mezcla de lo africano con la música clásica europea; el folk es de todas partes: de Inglaterra, Escocia, Irlanda, España; el cajun tiene las influencias francesas… Ese es el ideal americano para mí.

¿Qué te parece el formato “americana”? Creo que es más positivo que negativo. Es negativo en el aspecto en que tiende a excluir a la música negra, al blues, y se concentra más en el country y en los cantautores. Pero está bien, ha ayudado a mucha gente y a la industria a descubrir que “algo está pasando”. Lo podrían llamar “roast beef”, como quieras.

¿Crees que la música americana tiene buena salud, o está en peligro?  No creo que la música americana tenga problemas; en cierta forma, está más viva que nunca. Hay más gente en los Estados Unidos tocando variaciones de la música americana tradicional ahora que en los últimos veinte años.

Creo que consideras las canciones folk como “textos sagrados”. ¿Por qué? Las canciones folk son la mitología nacional, lo que la gente piensa. Tratan sobre grandes temas de manera muy simple: moralidad, mortalidad, cómo sobrevivir día a día, la existencia de Dios…

Has publicado dos libros de poemas –Any Rough Times Are Now Behind You (1996; editado en España como Los malos tiempos ya han quedado atrás por Gamuza Azul en 2001) y The Crazy Ones (2001)–. ¿Cómo decides cuando algo que escribes se convierte en una canción o en un poema? En los poemas sueles ser más personal, mientras que en una canción eres un poco más distante. Un poema lo lees una vez y piensas “qué bueno es”, y lo lees más tarde y puedes pensar lo mismo. Pero una canción la tocas una y otra vez.

¿Te consideras un rocker o un cantautor? Para mí, Dylan es un rocker y toca folk, es lo mismo. Cuando toco la guitarra acústica, es folk; bueno, ese es el estereotipo, lo que la gente piensa; y si es guitarra eléctrica, es rock. Pero son las mismas notas, sólo que en una estás enchufado y en la otra no, pero viene de la misma tradición. Pero me gustaría ser recordado por mis canciones, así que soy más bien un compositor.

Muchas de tus canciones son tristes. ¿Es la influencia de las murder ballads y las canciones sureñas sobre crímenes? Sí, las murder ballads, el blues, pero también las influencias literarias de ciertos escritores: de Ernest Hemingway y Charles Bukowski a escritoras sureños como Flannery O’Connor. A veces compongo canciones como si las escribiera un autor de historias cortas.

Tus canciones son como pequeñas películas, muy visuales (por ejemplo, Wanda And Duane). Sí. Cuando era niño, oía una y otra vez mis canciones favoritas y eran como una película. “Memphis, Tennessee” de Chuck Berry creaba imágenes en mi mente. Por eso me gusta hacer lo mismo.

¿Cuál era tu intención al grabar Public Domain? Dominio público significa muchas cosas: en términos legales, que nadie posee los derechos; pero para mí también significa el lugar donde vivimos, nuestro mundo. Quizá son canciones antiguas, pero las emociones son contemporáneas: celos, amor, tristeza, rabia, alienación…

Has ganado un Grammy al mejor disco de folk tradicional con él. ¿Cómo te sientes? Fantástico, absolutamente bien. No puedo creerlo, es increíble. La música que hago es difícil de encasillar o etiquetar: es blues, country… pero las canciones son todas de folk tradicional. Cuando haces música que no es pop y ganas un Grammy, es una validación de tu trabajo.

Escuchando este disco, pienso que los hermanos Coen se equivocaron con la banda sonora de O Brother, Where Art Thou? (2000)… No tengo NADA que decir (bromea).

Hablando de cine, has trabajado en Border Radio (Allison Anders, Dean Lent y Kurt Voss, 1987) y Cry-Baby (John Waters, 1990). ¿Cómo fue la experiencia? Grabé cosas para John Waters y también para David Lynch, para un filme que nunca se rodó. Pero para hacer eso, tienes que dedicarte enteramente a ello, y yo no puedo. En general es un trabajo “full time”, y yo prefiero tocar en directo y grabar discos y componer canciones. Pero si John Sayles me llamara, lo haría.

Has producido a Big Sandy, Chris Gaffney, Tom Russell, Derailers, Katy Moffat, Christy McWilson, Billy Bacon, Candye Kane… Además de ser gente con mucho talento, ¿qué tienen en común? Que me escuchan (risas). De entrada, cuando alguien me ofrece producir, mi sentimiento es que puedo ayudarlos en el estudio. Con los Blasters, con X, en mis grabaciones, he aprendido que hay muchos errores que pueden cometerse al grabar un disco, e intento ayudar a la gente a no cometerlos, o al menos a no cometer los mismos que yo. A veces tengo éxito y a veces no. Pero disfruto produciendo.

¿A quién te gustaría producir? Hay muchos. Me gustaría producir a algún veterano: ya lo hice con el cantante de rockabilly Sonny BurgessTennessee Border (1992)-, y ahora me gustaría hacerlo con Hank Ballard (lamentablemente este último murió en 2003).

Has escrito las notas interiores para algún disco (Ray Charles, Ramblin’ Jack Elliott, etc). ¿Te consideras un erudito de la música americana? Sí, sí.

Has trabajado en discos de homenaje a Merle Haggard (Tulare Dust. A Songwrters’ Tribute To Merle Haggard, 1994), Tom Waits (Step Right Up. The Songs Of Tom Waits, 1996), Waylon Jennigs (Lonesome, On’ry And Mean. A Tribute To Waylon Jennings, 2003) y Doug Sahm (Keep Your Soul. A Tribute To Doug Sahm, 2009). Si algún día se publica un tributo a Dave Alvin, ¿quién te gustaría que estuviera en él? Chuck Berry, Merle Haggard, George Jones (estaba vivo en el momento de la entrevista, pero murió el pasado 26 de abril), artistas fallecidos como Lightnin’ Hopkins y Muddy Waters. Uno de mis héroes fue Doug Sahm, y los Texas Tornados grabaron una de mis canciones, “Haley’s Comet”. Eso nunca se ha editado en Estados Unidos, sólo en Alemania, pero yo tengo una copia. Muchos artistas han grabado mis canciones: Kelly Willis, Marshall Crenshaw, Little Milton, Buckwheat Zydeco...

¿Cómo te sientes más a gusto, con una banda o actuando en solitario? Con una banda. Me encanta tocar solo, pero prefiero una banda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s