Delbert McClinton, el texano que enseñó a tocar a John Lennon

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El maestro texano. Foto: Todd-V-Wolfson

Delbert McClinton, toda una institución en la escena de los cantautores texanos (aunque es mucho más que eso), cumplió ayer 76 años. Una buena excusa para trazar un breve retrato de su carrera y de sus logros.

Dato para los empollones y los beatlemaníacos: Delbert McClinton (4 de noviembre de 1940) dio clases de armónica a un joven John Lennon, y el resultado pudo escucharse en un single que ya es historia,el Love Me Do de The Beatles. Pero limitar el legado del nativo de Lubbock (como Buddy Holly, Butch Hancock y Waylon Jennings) a esta discutible anécdota no sería justo.

Considerado una institución en su Texas natal, y descrito en más de una ocasión como un “músico de músicos”, Delbert se forjó como armonicista adolescente aprendiendo de primera mano de algunas leyendas del blues de paso por la zona: con su grupo Straitjackets (nada que ver con la actual banda de rock’n’roll instrumental), tocó con Sonny Boy Williamson, Big Joe Turner, Jimmy Reed y Howlin’ Wolf, y rompió las barreras raciales al sonar en una emisora afroamericana de Fort Worth con una versión del tema Wake Up Baby de Sonny Boy Williamson en 1960. Esta primera época definiría su estilo, una explosiva mezcla de rhythm’n’blues, rock, country y blues.

En 1962, su aportación con la armónica en el hit de Bruce Channel Hey Baby (número 1 en USA), le introdujo en el circuito de los grandes conciertos, lo que le llevó incluso a una gira por Inglaterra. Durante los años sesenta lideró los Ron-Dells, con los que triunfó con el single If You Really Want Me To, I’ll Go, y en los setenta volvió a alcanzar las listas junto con Glen Clark con el dúo Delbert & Glen. En esa época, sus canciones empezaron a ser interpretadas por artistas country como Waylon Jennings y Emmylou Harris. Más tarde, The Blues Brothers utilizaron su tema B-Movie Box Car Blues en su álbum de debut y en su famosa película.

Compañero de fatigas de Bonnie Raitt, Dan Penn, Stephen Bruton, Tracy Nelson, Iris DeMent, Mike Henderson y Maria Muldaur, en los ochenta Delbert grabó para el legendario sello de blues Alligator álbumes tan poderosos como Live From Austin (1989), un disco que le presentaba en su mejor elemento, sobre un escenario.

Dotado como John Hiatt de una voz de matices negroides, McClinton aporta dosis de humor y mucha experiencia vital, y se mueve con soltura por todos los palos, con un repertorio tan variado y abierto como Texas: el honky tonk de guitarras y estribillo stonianos que haría enrojecer de envidia al bocazas de Mick Jagger, el country-soul musculoso con vocación de clásico, el rockabilly boogie, el rig rock para camioneros, el funk con raíces, el blues rural acústico y las grandes baladas.

cost of living

Por eso, si hubiera que escoger a un artista que representara la quintaesencia de la escena musical texana, ese cruce de estilos de raíces de tradición blanca y negra, urbana y rural, eléctrica y acústica, McClinton sería el elegido. Sus discos son enciclopedias de americana, y uno de sus ejemplos más evidentes es Cost Of Living (2005).

En un álbum tan brillante se hace difícil destacar algunas canciones, pero allá va un intento: One Of The Fortunate Few (que dio título a otro magnífico disco de 1997) es una rumba de Nueva Orleans digna de Dr. John o Marcia Ball; Right To Be Wrong y The Part I Like The Best, joyas de country-rock sureño en el espíritu de John Fogerty; I Had A Real Good Time, un brioso hillbilly tabernario con violín; Alright By Me, una tremenda balada jazz-blues digna de ser interpretada por Johnny Adams o el Tom Waits de One From The Heart; Two Step Too, un bailable zydeco de sabor rural; Midnight Communion, una excelente balada honky tonk de factura clásica, y I’ll Change My Style, una gran versión de un swamp blues que han interpretado desde Jimmy Reed hasta George Thorogood.

Y aún hay más, porque McClinton pasa de un estilo a otro con una pasmosa naturalidad: rock’n’roll (Dead Wrong), soul sureño (Your Memory, Me, And The Blues y Hammerhead Stew), country (la balada Kiss Her Once For Me) y sonidos fronterizos (Down Into Mexico).

Si mañana desaparecieran todas las grabaciones de artistas texanos y solo quedara este disco, bastaría para documentar con rigor lo que representa esa escena. Sin duda, Delbert McClinton es un festín para los amantes del americana.

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