Hechizados por el doctor: Dom Pipkin

Dom Pipkin tocando el piano de Dr. John a principios de los 2000.

La muerte de un personaje tan querido para mí como Dr. John me hizo pensar en escribir un artículo donde recogería testimonios de varios músicos hablando de su importancia e influencia. Al principio diseñé un cuestionario destinado a pianistas de blues de la escena barcelonesa, pero el proyecto se fue complicando y ha alcanzado a artistas de varios ámbitos, estilos y nacionalidades… y no solo a pianistas. Como el ritmo de respuestas es más bien lento, en agradecimiento a los que ya me han contestado y para animar a los que aún no lo han hecho, en lugar de publicar un único (y extralargo) artículo, iré colgando una a una (o de dos en dos) las opiniones recibidas.

Dominic “Dom” Pipkin, como su web especifica, es “un pianista de Londres con el alma de Nueva Orleans”. Además de ser conocido por ser el teclista en estudio y en directo del grupo británico de trip-hop Morcheeba, tiene una fascinación por el piano boogie woogie en general y el de The Big Easy en particular, y ha grabado álbumes con ese sonido en solitario –Smokin’ Boogie. The Live Bootleg Sessions (2017)– o al frente de Dom And The IkosDom And The Ikos (2014) y Live And Loose At The Hippodrome (2016)–.

¿Qué ha representado Dr. John para la música en general y para el piano blues en particular? Dr. John ha sido un artista “crossover” enormemente importante, llevando el lenguaje del blues al mundo del funk y el disco, e incorporando rock psicodélico al viaje. De esta forma, demostró valientemente cómo estos géneros no debían temerse los unos a los otros; al contrario, eran capaces de enriquecerse mutuamente. Su acercamiento al piano también fue muy importante. Su estilo es una mezcla de boogie woogie grueso y pesado con la sincopación rodante de Huey Smith, Professor Longhair y algunos de los estilos más “decorativos” reminiscentes de Louis Moreau Gottschalk o Jelly Roll Morton. Siempre describiré su forma de tocar el piano como rica y almibarada, con blues y soul. Era un placer escuchar su ritmo.

¿Qué ha significado para ti como músico: ha sido una influencia? Seguro que ha sido una influencia. Me encantó la riqueza de su mano izquierda desde la primera vez que lo oí: contenía mucho más color que el boogie woogie que había estado escuchando. Mezclaba la sofisticación del jazz con un estilo de blues muy rítmico. Su mano izquierda en particular fue una gran influencia. Estoy hablando de su forma de tocar el piano, pero además el sonido de su banda era alegre, siempre funk, con ese pesado bajo de Nueva Orleans.

Dom y Mac: pianistas de leyenda.

¿Cuál de sus discos es tu preferido? Me encantan muchos de sus álbumes. Gris-Gris (1968), por supuesto, es uno de mis grandes favoritos, con la música que se adapta perfectamente a la atmósfera y oscuridad del artwork del disco. Cuando lo escuchas es como si vieras una película. Sus dos álbumes como solista en mitad de su carrera –se refiere a Dr. John Plays Mac Rebennack (1981) y The Brightest Smile In Town (1983)– son estupendos también, al igual que muchos otros, pero si solo pudiera escoger uno, sería Dr. John’s Gumbo (1972): aquí respira un maravilloso sentido de la celebración y el funk con material clásico de Nueva Orleans de tal forma que resulta difícil no levantarte y ponerte a bailar.

¿Has versionado alguno de sus temas? Habitualmente toco Such A Night, y a veces Go Ahead On, una balada de su período de principios de los sesenta. Ahora estoy aprendiendo su instrumental Dorothy, o Song For Mother, como también es conocido.

¿Has tenido la oportunidad de verlo actuar o de conocerlo personalmente? La banda con la que tocaba teloneó a Dr. John en la primera década de los 2000. Le pregunté si podía usar su piano de cola en lugar del piano digital que yo había traído para el concierto. Él me dejó. Salimos y hablamos sobre vivir en el campo, al estilo cajun, y sobre su amigo, el increíble pianista James Booker. En cuanto a verlo actuar, sí, un montón de veces, principalmente en Nueva Orleans, unas pocas en Inglaterra, y la más íntima en el club Ronnie Scott’s de Londres en los noventa, cuando llevaba a Eric Clapton como guitarrista invitado. Todos los conciertos fueron mágicos.

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Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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