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La crisis de identidad de Shelby Lynne

Mucho más que una simple cantante de country-pop como algunos han pretendido clasificarla, la hermana mayor de Allison Moorer ha tocado tantos palos que resulta difícil ubicarla en un solo estilo: del western swing al pop, del country a los homenajes a Dusty Springfield. En el día de su nacimiento recordamos uno de sus mejores álbumes.

A lo largo de su carrera, Shelby Lynne, nacida el 22 de octubre de 1968, ha interpretado country, blues, soul sureño, roots rock, western swing y pop, un eclecticismo difícil de vender. Tantos estilos como cambios de imagen.

Su single de debut de 1988, If I Could Bottle This Up, la reunió con dos leyendas: el cantante George Jones –con quien compartía micro– y el productor Billy Sherrill. Este último coprodujo su álbum de debut, Sunrise (1989), al que seguirían Tough All Over (1990) –con, atención, versiones de Johnny Cash, Charlie Rich ¡y Duke Ellington!– y Soft Talk (1991), más orientado al country-pop.

El brillante Temptation (1993) marcó un primer punto de inflexión con su sonido western swing con big band a lo Bob Wills. “Quería cruzar géneros y no hacer ese estúpido country-pop. Creo que fue el verdadero comienzo de mi carrera”, llegó a declarar sobre este álbum, con el que se situaba a la altura de la mismísima k.d. lang. Después vendría Restless (1995), considerado su último intento de llegar al público de country mainstream.

Por eso, cuando en 1999 juntó todas las piezas y se reinventó en I Am Shelby Lynne como una intérprete poderosa y sexi, entre Bonnie Raitt y Sheryl Crow, las cosas empezaron a cambiar para ella, y encontró el reconocimiento de los críticos de rock y del público del alt country y americana. Lástima que, en su siguiente trabajo, Love, Shelby (2001), bajara el listón acercándose al pop.

Con su octavo álbum, Identity Crisis (2003) –un título que podría referirse a su errática trayectoria–, la vocalista de Quantico consiguió superarse con un trabajo más elegante y ambicioso.

Para empezar, compuso por primera vez todas las canciones, tocó todas las guitarras (acústicas y eléctricas) y produjo el disco, con un sonido desnudo, lo más parecido a una sesión grabada en la sala de estar.

Su voz, relajada y emotiva, se apoyaba en una escueta base de contrabajo acústico, guitarras, teclados (cortesía de Bill Payne, de Little Feat) y mínimas percusiones, además de esporádicas cuerdas.

Como se trataba de un disco muy personal, es normal que encontráramos ecos de los referentes musicales de Shelby, como Patsy Cline (el baladón Lonesome, con cuerdas y piano honky tonk al estilo de las producciones de Owen Bradley), el blues de Chicago (el sensual Evil Man), Willie Nelson (el delicioso One With The Sun), Les Paul y Mary Ford (el retro Baby), Chet Baker (la balada de sensibilidad jazz I Will Stay) y Bessie Smith (el pícaro blues-swing Buttons And Beaus).

Y junto a esta exhibición de influencias bien asimiladas, se movía con soltura entre extremos tan opuestos como el country-blues con coros góspel en 10 Rocks y el enérgico roots rock de melodía irresistible en Gotta Be Better.

Shelby con su hermana Allison Moorer. Foto: Jacob Blickenstaff

En Suit Yourself (2005) volvió a repetir como productora, además de componer la mayoría de las canciones –entre ellas, Johnny Met June, sobre la relación entre Johnny Cash y June Carter Cash, escrita el día de la muerte del Hombre de Negro– y de incluir una versión del Rainy Night In Georgia de Tony Joe White.

Con Just A Little Lovin’ (2008), producido por Phil Ramone, rindió tributo a una de sus heroínas, Dusty Springfield, con una colección de versiones que la desaparecida cantante británica había popularizado.

En 2010 apareció Tears, Lies And Alibis, publicado en su recién inaugurado sello Everso. Después vendrían Revelation Road (2011) -en el que tocó todos los instrumentos– y I Can’t Imagine (2015).

Not Dark Yet (2017), producido por Teddy Thompson, la reunió con su hermana pequeña, Allison Moorer, con versiones de Bob Dylan, The Louvin Brothers, Jessi Colter, Townes Van Zandt, Nick Cave e incluso Nirvana–.

En 2018 protagonizó el filme When We Kill The Creators (Cynthia Mort), rodado ese año con el título de Here I Am y cuyo estreno estaba previsto para 2020, y publicó su banda sonora, Here I Am. Vol. 1. La mayoría de esas canciones aparecen en su último trabajo hasta el momento, el homónimo Shelby Lynne (2020).

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