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Dwight Yoakam: cabalgando en el nuevo milenio

Fue el artista más carismático de los nuevos tradicionalistas del country, y devolvió al género la rebeldía y la chulería rock’n’roll que habían desaparecido en las edulcoradas producciones de Nashville. Con motivo de su nacimiento tal día como hoy, el 23 de octubre de 1956, analizamos algunos de sus álbumes más representativos.

En las páginas de Ciudad Criolla ya he hablado anteriormente y con profundidad de Dwight Yoakam. Así, en el artículo titulado Dwight Yoakam, psychobilly para cowboys espaciales repasaba la primera época de su trayectoria y su discografía hasta 1995.

Aunque para muchos (entre los que me incluyo) esa fue la mejor etapa del cantante de Kentucky, ahora he querido recordar algunos de sus discos posteriores –con la excepción de su debut de 1986, en su reedición extendida de 2006, y del live de 1995–, para demostrar que también tiene obras valiosas en los 2000.

Para ello, he escogido álbumes especiales de su discografía: una colección de versiones, un acústico, una banda sonora, su primer trabajo sin su eterno colaborador Pete Anderson y un tributo a Buck Owens. Con este complemento al artículo antes citado, obtenemos una fotografía más acertada de la figura de Yoakam.

El debut, ampliado y mejorado

Nadie daba un duro por el country en los ochenta: alejado de la tradición, estaba en manos de personajes que habían sumido el género en una decadencia de la que parecía difícil salir. Hasta que llegó Dwight Yoakam.

Rechazado en Nashville por ser “demasiado country” y establecido en Los Ángeles, se introdujo en la escena rock de grupos como X y The Blasters. Después de editar un mini-LP, regrabó algunas de las canciones para su debut Guitars, Cadillacs, Etc., Etc. (1986), con versiones de Johnny Horton, Johnny Cash y Harlan Howard, junto con himnos propios como Guitars, Cadillacs, It Won’t Hurt y Bury Me (con Maria McKee).

Con motivo del 20º aniversario del debut de Yoakam, en 2006 se lanzó una reedición de lujo que nos ayudó a entender por qué ese disco fue el pistoletazo de salida de los nuevos tradicionalistas.

En el primer CD, además del álbum original remasterizado, encontramos diez maquetas de 1981 ya incluidas en la caja Reprise Please Baby. The Warner Bros. Years (2002). A pesar de contar con músicos de Emmylou Harris, esas versiones sonaban demasiado pulcras, sin la energía rock que aportaría la producción (y las guitarras) de Pete Anderson.

En el segundo CD se reproducía un concierto de 1986 en el Roxy de Hollywood, con versiones de Bill Monroe, Hank Williams y otros, además de temas propios. Un arrebatador documento en el que convivían el hillbilly, el sonido Bakersfield, el rockabilly, el blues, el bluegrass y la chulería de Elvis Presley.

Solo con escuchar la batería ametralladora y la guitarra incendiaria en la introducción de clásicos como My Bucket’s Got A Hole In It quedaba claro cómo Yoakam revolucionó la tradición y devolvió al country la rebeldía que había perdido.

La irresistible fuerza del directo

Grabado en San Francisco en 1994, Dwight Live (1995) fue un espléndido ejemplo del country de los noventa hecho con honestidad, sin trucos baratos ni la parafernalia que aprovecha lo peor del circo del pop.

El country de Yoakam es rock’n’roll puro y duro, que bebe en las fuentes del Rey (Little Sister, Suspicious Minds), comparte juergas con los colegas (Long White Cadillac de los Blasters), hace guiños a la frontera (Streets Of Bakersfield), expresa sentimiento teñido de cinismo (It Only Hurts When I Cry) o desgarro emocional (The Heart That You Own) y calienta los honky tonks (Little Ways y el Rocky Road Blues de Bill Monroe).

Llámalo psicobilly, country-rock o como sea, pero vibra con la guitarra de Pete Anderson sacando chispas y enloqueciendo al personal (Please, Please Baby) o con la sinceridad de Dwight recordando sus raíces acústicas (Miner’s Prayer).

Mucho más que versiones

A pesar de que en todos sus trabajos encontramos alguna adaptación (del Honky Tonk Man de Johnny Horton al Streets Of Bakersfield de Buck Owens) y de que, en 1992, aprovechando la coyuntura del éxito de Garth Broks, Reprise intentó apuntarse un tanto con La croix d’amour, un disco destinado al mercado europeo con versiones de The Beatles, Grateful Dead y Elvis, entre otros, Yoakam no había grabado un álbum entero con versiones.

Desde Bob Wills hasta Merle Haggard, la mayoría de intérpretes country han incluido estándares del pop y el rock en su repertorio. Pero Dwight no siguió el camino más obvio, sino que apostó nuevamente por el riesgo: Under The Covers (1997) era un título ambiguo (cover significa versión, pero también colcha, como ilustraban las fotos interiores) para un disco ambiguo, donde Yoakam interpretaba las canciones no como lo haría él, sino como lo harían otros.

Así, el Train In Vain de The Clash se convertía en un bluegrass al estilo de Ralph Stanley (quien aportaba su banjo y su voz), con destellos tex-mex; en Tired Of Waiting For You de The Kinks encarnaba a Bobby Darin en un formato swing; la melancólica Good Time Charlie’s Got The Blues de Danny O’Keefe parecía una gemela del Everybody’s Talkin’ de Nilsson, y el Things We Said Today de los Beatles, que ya versionó en La croix d’amour, se oscurecía con el aire de misterio del primer Chris Isaak, el de Dancin’.

Otras adaptaciones que se salían de su estilo habitual eran las de Baby Don’t Go de Sonny & Cher, junto con Sheryl Crow; el Wichita Lineman de Jimmy Webb y el Here Comes The Night de los Them, que también aparecía en La croix d’amour.

Naturalmente, en el disco no faltaba el potente sonido honky tonk al que Yoakam nos tenía acostumbrados, y prueba de ello eran el Claudette de Roy Orbison, el descriptivo North To Alaska de Johnny Horton, el Playboy de The Marvelettes y el The Last Time de The Rolling Stones, un vehículo de lucimiento para Pete Anderson. El álbum se cerraba con el austero T For Texas de Jimmie Rodgers.

Doblete antagónico en el 2000

Dwight Yoakam vivió el cambio de milenio con un alarde de creatividad: durante el 2000 no solo escribió y dirigió su primer filme, el wéstern Al sur del cielo, al oeste del infierno, sino que, además, lanzó dos álbumes radicalmente opuestos.

El primero era un disco acústico donde recreaba algunos de sus mejores temas. La idea de grabarlo surgió de la buena reacción del público ante las interpretaciones acústicas que hizo en su Last Chance Tour de 1999. Ni siquiera tenía portada, solo una etiqueta con el título.

Para un artista cuyos shows eran aclamados por la desgarrada electricidad que aportaba al country (en gran parte gracias al tremendo trabajo de Pete Anderson), una aproximación tan minimalista como la de dwightyoakamacoustic.net (2000) supuso una sorpresa. Dwight se presentaba a pelo, sin trampa ni cartón, solo voz y guitarra acústica, como si fuera Hank Williams en una emisora de radio local.

Despojadas de todo artificio, sus canciones adquirían una nueva dimensión que permitía al cantante un mayor trabajo de interpretación, al tratar cada tema con un sutil cambio de actitud. Al mismo tiempo, esas canciones desnudas se acercaban más a los orígenes (bluegrass, hillbilly). Además de su fuerza expresiva con la voz, Yoakam se lucía como guitarrista.

Es muy difícil destacar cualquier tema en esos ochenta minutos de sinceridad acústica. Dwight interpretaba algunas de sus baladas honky tonk más memorables (Bury Me, It Won’t Hurt, Two Doors Down) y acentuaba sus influencias de Elvis en la forma de modular su voz (en It Only Hurts When I Cry, Fast As You y en ese gran Little Sister, el único tema con la guitarra eléctrica de Anderson).

También se acercaba al bluegrass y al hillbilly (I’ll Be Gone, This Drinkin’ Will Kill Me), al rock’n’roll (Little Ways), al rhythm’n’blues (Nothing’s Changed Here, If There Was A Way) y al country-rock (A Long Way Home). Y encima, se permitía exhibiciones vocales como la de interpretar Guitars, Cadillacs a capela.

Tras esta joya acústica, Yoakam editó Tomorrow’s Sounds Today (2000), esta vez junto con sus músicos habituales (Skip Edwards, Taras Prodaniuk, Jim Christie, Scott Joss, Gary Morse), encabezados por Pete Anderson. La producción era poderosa, con hincapié en las guitarras de Anderson y, como novedad, en un sonido de pedal steel evocador del mejor country-rock de los setenta.

En el álbum eran especialmente apreciables temas como Time Spent Missing You (una gran balada country-rock con las armonías vocales de Jim Lauderdale y la mandolina de Chris Hillman); la actualización del sonido Bakersfield en What Do You Know About Love y Free To Go (con un excelente desarrollo instrumental); el casi rockabilly de A Place To Cry (con un denso desenlace que incluía hasta seis falsos finales), y, más afines a la ortodoxia honky tonk, las baladas A Promise You Can’t Keep, The Sad Side Of Town y los más trotones A World Of Blue y The Heartaches Are Free (a lo Hank Williams).

Además de una admirable versión del I Want You To Want Me de Cheap Trick, el disco incluía dos “bonus bucks”, es decir, dos dúos con Buck Owens: el tex-mex Alright, I’m Wrong, con Flaco Jiménez, y el himno góspel I Was There.

El cinemático sonido del wéstern

El primer trabajo de Dwight Yoakam como compositor para el cine se remonta a 1994, cuando realizó la banda sonora del filme de Dennis Hopper Misión explosiva. Pero con South Of Heaven West Of Hell (2001) estaba más involucrado en el proyecto, ya que el soundtrack pertenecía a su debut como director, un wéstern con el mismo título.

Si como cineasta Yoakam estaba lejos de John Ford, como músico seguía siendo el artista más personal del country moderno. El tema principal, Words, una preciosa balada con piano protagonista y melodía perfecta, retomado al final en una versión jazz, demostraba su excelencia como compositor en el ámbito del score.

Sus otras canciones no desmerecían: el sonido Bakersfield de Tears For Two, el pop épico a lo Phil Spector de Somewhere, el cántico hillbilly The Last Surrender, el country-rock a lo Allman Brothers de No Future In Sight, la balada honky tonk What’s Left Of Me (coescrita con Mick Jagger) y el sabor texano de The First Thing Smokin’ (coescrita con Billy Gibbons, de ZZ Top).

Yoakam también recuperaba tres temas tradicionales de connotaciones góspel: The Darkest Hour, el excelente Who At The Door Is Standing (a dúo con Bekka Bramlett y con metales soul) y el himno It Is Well With My Soul (solo con su voz y un piano).

En definitiva, un álbum que no desmerecía en absoluto en el conjunto de su carrera y que no debía considerarse una obra de relleno.

El salto sin la red de Pete Anderson

Tras su ruptura con Reprise y la publicación de una excelente caja antológica, Dwight Yoakam empezó una nueva etapa con el estimable Population: Me (2003) en su propio sello Electrodisc. Dos años después, el cantante avanzó un paso más con otro cambio de discográfica (New West), y con Blame The Vain (2005), su primer disco autoproducido tras su ruptura con su productor y guitarrista Pete Anderson.

Sin menospreciar la valía de Yoakam, está claro que Anderson fue un elemento clave en la revolución neotradicionalista que introdujo un soplo de aire fresco al Nashville más caduco. Por eso, la desintegración de ese tándem creativo podía hacía temer lo peor. Aunque Dwight conservaba algunos de sus músicos habituales (como Taras Prodaniuk y Skip Edwards), ahora el peso de la banda recaía en el nuevo guitarrista Keith Gattis, bastante menos efectivo y virtuoso que Anderson, todo hay que decirlo. ¿Significa eso que Blame The Vain era un mal disco? En absoluto.

A ver, aquí estaba el Yoakam de siempre, con su honky tonk vacilón heredero del sonido Bakersfield (Intentional Heartache, I Wanna Love Again) y esos grandes lamentos de barra de bar (Lucky That Way y Does It Show, a pesar de recordar en exceso a It Won’t Hurt).

También estaba el Yoakam que rendía tributo a sus héroes, como el Elvis más seductor (el honky tonk-blues Three Good Reasons) o el más maduro y trascendente (When I First Came Here, con notas que remitían al inicio de In The Ghetto); el Johnny Cash primitivo (I’ll Pretend, con su ritmo “chick-a-boom”), y el Roy Orbison intemporal (la balada Just Passin’ Time, con exquisito diálogo de guitarras acústicas).

Y luego estaba el Yoakam innovador en She’ll Remember (aunque le sobraba la intro con sintetizador) y Watch Out (con sus cambios de ritmo).

El tributo a un héroe y a un amigo

Desde que rompió su relación profesional con Pete Anderson, Dwight Yoakam deambuló con álbumes que no podrían calificarse precisamente de excelentes, aunque tampoco de decepcionantes. Simplemente, no alcanzaban la brillantez de sus primeros trabajos.

Pero Dwight Sings Buck (2007) era otra cosa. Cuando surgió en los ochenta al frente de los nuevos tradicionalistas, Yoakam enseguida fue considerado como el heredero del Bakersfield Sound creado por Buck Owens. Y claro está, acabó colaborando con su héroe en la canción Streets Of Bakersfield.

Así que, si había alguien autorizado para sacar un álbum de versiones de Owens, ese era Dwight; además, la muerte del veterano en 2006 fue la excusa perfecta para rendirle un homenaje.

Producido por el propio cantante, y con un sonido bastante tradicional en el que la pedal steel campaba a sus anchas, Dwight Sings Buck nos devolvía al Yoakam más purista, el rey del honky tonk trotón de Bakersfield –My Heart Skips A Beat, Foolin’ Around, I Don’t Care (Just As Long As You Love Me), Act Naturally, Under Your Spell Again–.

Tampoco olvidaba las inflexiones vocales de su otro gran héroe, Elvis, en Above And Beyond y Down On The Corner Of Love. Y, sobre todo, superaba la prueba de fuego al abordar con maestría grandes baladas emblemáticas de Owens como Cryin’ Time y Together Again.

Más que un simple divertimento, Dwight grabó un homenaje y, a la vez, un sincero agradecimiento a uno de los personajes que más lo han influido.

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