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Erykah Badu, más allá de Billie

Cuando emergió a finales de los noventa, en el marco del llamado neosoul, muchos la describieron como la nueva Billie Holiday por la similitud de su voz con la de la desaparecida leyenda del jazz. Exageraciones aparte, es una de las cantantes más interesantes de black music surgidas en el cambio de siglo. Con motivo de su cumpleaños recordamos su carrera.

Silencio: dejemos que hablen los expertos y descubrámonos ante la sabiduría de los articulistas del diario ABC en 1998: “Erykah Badu se está afianzando como la gran estrella femenina de la música negra del fin de siglo, esa que se encuentra entre la frontera entre el soul y el rap. Hasta ahora solo conocíamos cantantes masculinos como D’Angelo, Maxwell o Chuz (sic) D. Esta joven vocalista empezó su carrera bajo el nombre MC Apple con la mismísima Billie Holiday”.

Aunque cuesta reprimirse ante semejante retahíla de aberraciones e imprecisiones espacio-temporales e incluso ortográficas, el “sabio” del rotativo madrileño no dejaba de dar en el clavo al recurrir al estigma que perseguirá eternamente a Erykah Badu: su identificación con el fantasma de la legendaria cantante de jazz.

La industria del disco (y también la crítica, no nos engañemos) recurrió a lo más evidente: compararla con Lady Day por su timbre de voz, su fraseo y su cadencia. Pero Erykah no era la nueva Billie Holiday, como D’Angelo tampoco era el nuevo Marvin Gaye. “La gente siempre me ha dicho que canto como ella. Es el mayor de los cumplidos, pero no es algo intencionado. Billie era capaz de llegar a lo más profundo del alma de una persona. Y si yo lo consigo, está bien”.

En la voz de Erykah, cortante y metálica a veces, herida y triste en otras, los más avezados también encontraban las huellas de Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Nina Simone, Diana Ross y hasta Sade. Pero, en contraposición a las opiniones generalizadas, Badu prefiere hablar de otros artistas como modelo a seguir: “¿Aparte de Chaka Khan? Solía imitar el sonido de un instrumento de viento: eso vino tras escuchar a Miles Davis, Charlie Parker y Al Jarreau con mi tío. Stevie Wonder es otra persona que he intentado emular”.

Nacida en Dallas el 26 de febrero de 1971 bajo el nombre de Erica Abi Wright, esta cantante que lleva siempre consigo una foto de Marvin Gaye empezó su educación musical muy pronto. “Desde el vientre materno. Mi madre escuchaba a Stevie Wonder, Chaka Khan y James Brown”.

Considerando este preludio prenatal, no sorprende que añada: “Nací artista”. En el instituto, despertó su conciencia afroamericana y decidió cambiar su nombre: según algunas fuentes, Badu es un homenaje a su sonido preferido del scat jazzístico.

Aunque después residió en Brooklyn, Erykah reconoce las ventajas de crecer en el sur: “Tener la libertad de ser un artista sin límites ni modelos, sin seguir modas. Pude tener mis propias normas”. En la ciudad de J.R. Ewin, Badu asistió a una escuela de artes entre cuyos alumnos estaba el trompetista de jazz Roy Hargrove. En este centro cursó estudios de danza y teatro, una situación que documenta su condición de artista total y que ella misma resume de forma categórica: “Necesito actuar, está en mi sangre”.

Como ocurre con todos aquellos que saltan a la fama, Badu no escapó de ciertos rumores sobre su vida privada, los que hablaban de un padre en la cárcel y una madre loca. Y luego está esa aura misteriosa que desprende, fundamentada en un vestuario más bien extravagante, entre princesa nubia y Whoopi Goldberg como Guinan en Star Trek. La nueva generación o como la protagonista de El color púrpura (Steven Spielberg, 1985) –aunque posteriormente ha cambiado de estilo y ha lucido un afro espectacular y sombreros vistosos– y esa puesta en escena que incluye su irrupción con un misterioso bolso (“es solo un monedero”) y las velas de incienso.

Utilizo proverbios y textos cristianos, islámicos y budistas, todo lo que me sirva para aprender sobre mí. Pero mi religión, si tengo una, es probablemente el arte

Todo ello contribuyó a que algunos la tildaran de “bruja”. La explicación era más sencilla y, aparentemente, menos esotérica: antes de cada actuación Badu realiza un ritual para alejar cualquier ansiedad. “Aunque la música es mi trabajo, sé que la industria no va a pacificar mi espíritu. Así que tengo que hacerlo: enciendo una vela en el escenario, me relajo, cierro los ojos, los abro de nuevo, y ya estoy bien”.

Esto no significa que sea una excéntrica que viva en un mundo de fantasía: “Soy un ser espiritual, pero estoy en contacto con la realidad y con el aspecto de negocio de la música. Conozco los mecanismos del éxito”.

Aunque ha triunfado con su soul sofisticado, con un pie en el jazz y otro en el hip hop, Badu empezó como rapera (domina el freestyle), y en su época de estudiante en la Escuela de Artes era conocida como MC Apples: sus primeras actuaciones tuvieron lugar en clubes de Dallas, junto con su primo Robert Bradford.

La suerte le echó un cable cuando teloneó a D’Angelo en la ciudad texana: Kedar Massenburg, primer mánager del cantante, quedó impresionado por la voz de Erykah, y así se convirtió en la primera artista de su recién creada compañía Kedar Entertainment, “el hogar del soul neoclásico”.

Massenburg distribuyó diez mil casetes entre los asistentes a los Soul Train Music Awards y envió dos mil quinientas copias en vinilo de On & On a emisoras y clubes. El productor persuadió a D’Angelo para que grabara con Erykah el dúo Your Precious Love, una versión del clásico de Marvin Gaye y Tammi Terrell para la banda sonora de Aprende como puedas (Hart Bochner, 1996).

Semanas después, Massenburg le consiguió un bolo de cuatro noches en el Soul Cafe, un restaurante de moda de Manhattan. Tras el primer concierto, el boca a boca funcionó y llenó las siguientes noches.

El empujón definitivo llegó con su primer álbum, Baduizm (1997), un trabajo donde Erykah pretendía difundir su filosofía (el “baduizm: la unión orgánica de música, movimiento y el aumento resultante de conciencia y conocimiento”) y donde hablaba de temas como la política, el pensamiento positivo, la espiritualidad, la inteligencia y la “matemática”, entendida no desde el punto de vista aritmético, sino como una referencia a las enseñanzas de Clarence 13X, miembro de Nation Of Islam y, posteriormente, fundador de la Five-Percent Nation: “No formo parte de la organización porque no creo que ninguna entidad pueda definir tu relación con el Creador, pero conozco sus conceptos y los uso cada día, como también utilizo proverbios y textos cristianos, islámicos y budistas, todo lo que me sirva para aprender sobre mí. Pero mi religión, si tengo una, es probablemente el arte”.

En Baduizm, Badu componía todos los temas (excepto 4 Leaf Clover, una versión del Touch A Four Leaf Clover de Atlantic Starr), se doblaba en los coros, tocaba teclados, programaba ritmos y hasta ejercía de coproductora, además de contar con colaboradores de la talla de The Roots y el contrabajista de jazz Ron Carter.

Con sus canciones sutiles, Erykah creaba instantáneas de los momentos íntimos que enmarcaban su generación (“todo sobre lo que canto procede de lo que he aprendido del mundo o de mí misma”), al mismo tiempo que se situaba a años luz de otras artistas afroamericanas que basan su éxito en exhibir su cuerpo y cantar obscenidades.

El éxito de Baduizm debió alentar a Badu a editar un prematuro y previsible Live (1997): aparte de reproducir las canciones de su debut, la texana dejaba entrever algunas de sus influencias (covers de Chaka Khan, Roy Ayers y un medley de Heatwave y The Mary Jane Girls), además de incluir dos temas nuevos.

Si de algo sirvió Live fue para demostrar que Erykah no era un invento, que en directo potenciaba los aspectos más jazzísticos de su estilo, y que pasaba con naturalidad del rap al scat, aunque fuera a costa de alargar en exceso la duración de las canciones.

Después, la cantante no ha sido excesivamente prolífica: su discografía se completa con Mama’s Gun (2000), Worldwide Underground (2003), New Amerykah Part One (4th World War) (2008), New Amerykah Part Two. Return Of The Ankh (2010) y la mixtape But You Caint Use My Phone (2015).

Además de sus propias grabaciones, Erykah ha intervenido en diversos proyectos: a las bandas sonoras de Hoodlum (Bill Duke, 1997), Eve’s Bayou (Kasi Lemmons, 1997), Blues Brothers 2000 (John Landis, 1998) y Bamboozled (Spike Lee, 2000), hay que añadir su colaboración en álbumes de Common, Busta Rhymes, The Roots, Macy Gray, Sérgio Mendes, Janelle Monáe y muchos más.

Al igual que D’Angelo y Maxwell, Badu es una representante del nu soul o neosoul, sonido que bebe del soul y lo actualiza con cadencias hip hop y pinceladas de jazz. “No pienso que sonemos igual, solo vibramos al mismo nivel. Tenemos la misma edad y procedemos del sentimiento soul de los setenta: eso es lo que entendemos como música”.

Más allá de erigirse en portavoz de un nuevo estilo, Erykah pretende contribuir a cambiar lo que ella llama la “naturaleza monótona” del rhythm’n’blues contemporáneo (“quiero ser la partera de un nuevo sonido”) y no le cuesta nada autoproclamarse “mensajera del renacimiento espiritual y artístico”.

Esta actitud no la aleja de la cruda realidad que vive la comunidad afroamericana, especialmente desde el asesinato de Tupac Shakur en 1996: “El gobierno nos está matando. Estoy indignada con el sistema escolar, porque deberíamos tener más información; indignada con las iglesias; indignada de que la gente que tiene el poder para informar no nos cuente nada. Debemos sobrevivir, pero hay muchas cosas que necesitamos saber y no sabemos”.

Con su carácter complejo, entre la fuerza indomable y la completa vulnerabilidad, y su talante renacentista, Erykah Badu tal vez no conseguirá cambiar el mundo, pero sí nos habrá regalado algunos de los mejores momentos del soul contemporáneo.

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