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Emmylou Harris, impredecible y elegante

Nadie le discute su papel decisivo en la creación y evolución de lo que hace años conocemos como americana. Desde sus inicios en el country-rock con Gram Parsons hasta su experimentación con el folk atmosférico de la mano de Daniel Lanois, se ha convertido en un modelo a seguir. Soplamos las velas de su cumpleaños con algunos de sus hitos más destacados.

Impredecible, estilísticamente diversa –del country al rock, del pop al bluegrass, de los aires celtas al storytelling, de las tonalidades cajun al sabor fronterizo, de los cánticos de los Apalaches al folk–, elegante y elocuente: esos son solo algunos de los adjetivos con los que suele describirse a Emmylou Harris.

Eso, sin contar con las cifras: ganadora de catorce Grammy, con más de veinticinco álbumes en estudio y más de quince millones de copias vendidas en todo el mundo. Pero eso solo son números que cualquier patán mediocre como Bad Bunny puede alcanzar y no son, en absoluto, indicativas del enorme talento de la cantante y compositora.

Aunque el debut de esta nativa de Birmingham (Alabama), nacida el 2 de abril de 1947, no fue especialmente glorioso: influida por Bob Dylan, en 1969 publicó Gliding Bird, en plena escena folk del Greeenwich Village neoyorquino.

Su vida dio un giro cuando conoció a Gram Parsons, su mentor, junto a quien cantaría hasta la muerte del legendario artista en 1973. Desde entonces, Emmylou grabó un puñado de álbumes excelentes entre el country, el rock y el folk, acompañada por grupos como The Angel Band, The Hot Band y The Nash Ramblers.

Una jovencísima Emmylou en directo junto a Gram Parsons

Su carrera cobró un nuevo impulso al editar Wrecking Ball (1995), producido por Daniel Lanois, conocido por sus trabajos con U2, Dylan y The Neville Brothers. La experiencia fue tan positiva para ella que decidió formar un nuevo grupo que recogía la influencia del productor, y con el que pretendía “dar a mi material una nueva libertad y vida”.

Así nació Spyboy, una banda integrada por dos músicos de Nueva Orleans asiduos de Lanois, Daryl Johnson (bajo, voz) y Brady Blade (batería, voz), y por el productor, cantante y guitarrista Buddy Miller, descrito como “la respuesta de Nashville a The Edge”.

Con ese power trio, Emmylou inició una gira, cuyo resultado fue Spyboy (1998), un álbum en directo que ella describió como “un viaje personal y profesional”. Más que una retrospectiva de su carrera, en este disco reinventó su pasado y le dio una nueva imagen (intención que se hizo evidente también en su look más “moderno”).

El álbum recogía interpretaciones en vivo de canciones de varias etapas de Harris: había temas de Pieces In The Sky (1975), Elite Hotel (1975), Luxury Liner (1977), Quarter Moon In A Ten Cent Town (1978), Roses In The Snow (1980), Cimarron (1981), Cowgirl’s Prayer (1993) y, cómo no, de Wrecking Ball.

Sin embargo, la mayoría parecían filtrados por el tamiz del sonido Lanois, con peculiares construcciones rítmicas, bajos sinuosos y guitarras enigmáticas y atmosféricas: era el caso de My Songbird, Where Will I Be (donde se comprendía perfectamente la comparación de Miller con el guitarrista de U2, The Edge), Deeper Well, All My Tears, Green Pastures y el tema fetiche del productor, The Maker.

El fuerte de Emmylou siempre han sido las baladas, y en Spyboy tenía varios momentos de gloria en este sentido: el susurro lleno de belleza de Love Hurts, con las armonías vocales de Miller; Tulsa Queen, otra proeza vocal; Prayer In Open D y Boulder To Birmingham, solo con su voz y su guitarra acústica, y, sobre todo, ese Calling My Children Home de vocación góspel, interpretado a capela por toda la banda.

Pero también se lucía con el honky tonk-rock’n’roll de I Ain’t Living Long Like This (con una voz rugiente y un Miller pletórico con la guitarra) y con el country-rock de Born To Run y Wheels (compuesto por Parsons y Chris Hillman).

Emmylou reincidió con ese nuevo sonido, más cercano al rock alternativo que al country, en Red Dirt Girl (2000), producido por un protegido y colaborador de Lanois, Malcolm Burn, quien repetiría a los mandos en el siguiente Stumble Into Grace (2003).

En All I Intented To Be (2008) volvió a contar con el productor Brian Ahern, con quien trabajó en sus primeros once álbumes, y, lejos de las producciones atmosféricas de Lanois, ofreció un disco clásico en el mejor de los sentidos, donde abordó todos los sonidos que han forjado su trayectoria.

Su último trabajo en solitario hasta el momento es Hard Bargain (2011). Después lanzó un par de álbumes con Rodney Crowell, su antiguo compinche de la Hot Band: Old Yellow Moon (2013) y The Traveling Kind (2015).

Durante la pandemia Emmylou ha realizado diversos conciertos en streaming y también ha participado en el álbum benéfico Songs From Quarantine (2021) promovido por su amigo Rodney Crowell, junto a otros ilustres artistas como Elvis Costello, Ry Cooder, Jeff Tweedy, Lucinda Williams, Taj Mahal, Steve Earle, Joe Henry y John Hiatt, entre otros.

La colección definitiva de joyas

Intentar resumir una carrera tan fascinante, variada y brillante como la de Emmylou Harris es una tarea casi titánica, por sus propias grabaciones y por sus múltiples colaboraciones. Y, aunque con anterioridad se publicaron varios recopilatorios de la cantante –como Portraits (1996) y Anthology. The Warner/Reprise Years (2001)–, Songbird. Rare Tracks & Forgotten Gems (2007) fue tal vez el definitivo.

Con un contenido que incluía cuatro CD con setenta y ocho canciones y un DVD con nueve vídeos, la caja abarcaba el período comprendido entre 1970 y 2006. Y lo mejor de este magno proyecto era que la propia Emmylou se encargó personalmente de la selección, además de coproducirla con James Austin.

En el voluminoso libreto que se incluía en Songbird, con un ensayo de Sylvie Simmons y un comentario de todas las canciones, Harris aseguraba que se trataba una retrospectiva muy diferente: “No he seleccionado grandes éxitos, sino mis canciones preferidas, las que –con contadas excepciones– nunca han aparecido en otras recopilaciones. También se incluyen colaboraciones especiales, temas inéditos en directo y maquetas, así como contribuciones a proyectos de tributos”.

Entre lo más destacado del disco 1 encontramos una versión alternativa inédita de Clocks (de su debut Gliding Bird), y temas de Pieces Of The Sky, como las versiones de Coat Of Many Colors de Dolly Parton y For No One de The Beatles, además de Tulsa Queen de Luxury Liner.

También incluía My Songbird y dúos con Willie Nelson (One Paper Kid), Waylon Jennings (Spanish Johnny), Johnny Cash (Jordan) y, claro está, Gram Parsons (The Angels Rejoiced Last Night y The Old Country Baptizing).

Emmylou en la década de los setenta

El disco 2 abarcaba canciones como The Sweetheart Of The Rodeo (de su álbum conceptual de 1985 The Ballad Of Sally Rose), varios cortes del directo de 1992 At The Ryman y material más reciente como Sweet Old World y Going Back To Harlan (de Wrecking Ball), Prayer In Open D y All My Tears (de Spyboy), Bang The Drum Slowly (de Red Dirt Girl) y Lost Unto This World (de Stumble Into Grace).

En el disco 3 se podían escuchar temas inéditos descartados de las sesiones de Emmylou para Trio (1987) y Trio II (1999) –junto a Dolly Parton y Linda Ronstadt– como Palms Of Victory y Softly And Tenderly, así como In The Garden, una canción que no se incluyó finalmente en la banda sonora de All The Pretty Horses (2000).

El resto lo conformaban varios cortes pertenecientes a álbumes de tributo en los que Harris ha participado, como los dedicados a Tammy Wynette, Kate Wolf, Townes Van Zandt, Webb Pierce y, sobre todo, Gram Parsons –Return Of The Grievous Angel (1999), con She con The Pretenders, Sin City con Beck, y Juanita con Sheryl Crow–.

Por último, el disco 4 de Songbird recopilaba dúos con Mark Knopfler (Alone And Forsaken, grabado para un homenaje a Hank Williams, y Love And Happiness), con George Jones (Here We Are), con Patty Griffin (Beyond The Blue, para el filme Where The Heart Is) y descartes de Brand New Dance (1990) y Cowgirl’s Prayer (entre ellos, Waltz Across Texas Tonight y el Snowin’ On Raton de Townes Van Zandt).

En cuanto al DVD que completaba la caja, podían verse, entre otras cosas, dos vídeos de Emmylou con la Hot Band (Together Again y Making Believe), y un dúo con Elvis Costello en Love Hurts, grabado en el Grand Ole Opry en 2006.

El homenaje de amigos y discípulas

El 10 de enero de 2015, en el DAR Constitution Hall de Washington, D.C., un puñado de compañeros de profesión le dedicaron a Emmylou Harris un concierto de tributo, recogido en el CD+DVD The Life & Songs Of Emmylou Harris (2016).

Con una banda dirigida por Buddy Miller (guitarra) y Don Was (bajo), e integrada por Sam Bush (mandolina, banjo, violín), Audley Freed (guitarra), Fred Eltringham (batería), Matt Rollings (teclados), Greg Leisz (pedal steel, lap steel) y Sara Watkins (violín, armonías vocales), el homenaje incluyó temas de sus cuatro décadas de carrera: desde su segundo álbum, Pieces Of The Sky, hasta Red Dirt Girl, pasando por el punto de inflexión que supuso Wrecking Ball.

“Si eres un compositor, siempre has querido que ella grabara una de tus canciones”, afirmaba Steve Earle en el concierto. Y es que Emmylou ha triunfado sobre todo por sus versiones, y por eso este proyecto era tanto un homenaje a ella como a autores tan brillantes como Buck Owens, Neil Young, Gillian Welch, Townes Van Zandt, Earl Montgomery, Delbert McClinton, The Louvin Brothers, Ralph Stanley y Kieran Kane, entre otros.

Mención especial para dos personajes decisivos en su trayectoria: Gram Parsons –con quien colaboró en álbumes como GP (1973) y Grievous Angel (1974)– y Rodney Crowell –quien formó parte de su The Hot Band–.

En el amplio abanico de invitados que adaptaban las canciones popularizadas por Harris encontramos a viejos amigos y colaboradores como Crowell, con el brutal y arrastrado himno de botellas vacías y corazones rotos You’re Still On My Mind, y Chris Hillman y Herb Pedersen, con la canónica balada country-rock Wheels.

También brillaban Vince Gill con el clásico Together Again y el honky tonk-rock Two More Bottles Of Wine junto con una espléndida Sheryl Crow; Kris Kristofferson con su propio Loving Her Was Easier (Than Anything I’ll Ever Do Again); Buddy Miller con otro hit popularizado por George Jones, One Of These Days, y Steve Earle, magnífico con sus revisiones del Sin City y de Pancho And Lefty.

Entre las discípulas de la autora de Elite Hotel, las que conseguían mejores aportaciones eran Holly Williams con la desgarradora balada bluegrass Orphan Girl, Lucinda Williams con Hickory Wind, Lee Ann Womack con el luminoso Born To Run, Martina McBride con el two step When I Stop Dreaming, Alison Krauss con el trotón hillbilly Cash On The Barrelhead y Sara Watkins con Darkest Hour Is Just Before Dawn. Pero, si de féminas hablamos, la que más destacaba era Mavis Staples, aportando poderío góspel al tradicional Will The Circle Be Unbroken.

Y la nueva sangre de la americana no podía faltar, algunos con mejores resultados que otros: notas altas para The Milk Carton Kids con un Michelangelo solo con sus voces y guitarras acústicas, Trampled By Turtles con el festín bluegrass de Bluebird Wine, Shovels & Rope con el jovial country-cajun Leaving Louisiana In The Broad Daylight y Iron & Wine con un atmosférico Wrecking Ball, mientras que Conor Oberst naufragaba con The Pearl.

Paradójicamente, Emmylou solo interpretaba tres canciones: el vals When We’re Gone, Long Gone, con grandes armonías de John Starling; el fronterizo Blackhawk, con Daniel Lanois y, con todos los invitados, Boulder To Birmingham, el número final de este emotivo (y muy merecido) tributo.

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