
Desde mi infancia he tenido ínfulas literarias, pero por desgracia nunca he conseguido reunir el suficiente coraje para hacerlas realidad. ¿Y si la tecnología pudiera ayudarme? Este es el alucinante relato de lo que pasa cuando le encargas a la inteligencia artificial que te escriba un ensayo, completado con un recuento de mis abortados proyectos de novelas y cuentos.
Es la coletilla que he oído varias veces a lo largo de mi vida: “Tendrías que escribir un libro”. De hecho, el primero que lo pensó hace muchos años, en mi adolescencia, fui yo. Tenía tres proyectos de novela: una, sobre el origen de Spider-Man, que se acompañaría de un casete con música relacionada —escribí unas pocas páginas y seleccioné otras pocas canciones, entre ellas la evidente What’s the Name of This Funk (Spider Man) (1975) de Ramsey Lewis—.
La segunda —ya cumplida la mayoría de edad—era autobiográfica, después de recordar las certeras palabras de mi profesora de Literatura en la EGB, la señorita Mercedes Climent: “Tienes que escribir sobre las cosas que conozcas”. Y por eso me lancé con una aberrante “novela” que sí llegué a terminar: cien páginas con el horrible título de Stage Fright, o los martes soñaba con jardines de plexiglás.

Detengámonos en este despropósito. Como contaba el protagonista sin nombre — un periodista que trabajaba en una revista de cine y ganaba un concurso para escribir un guion—, era “la historia de la trayectoria vital de un individuo normal. La acción transcurre en solo cinco días y sus noches. Asistimos a una sucesión de hechos protagonizados por este tipo que aparentemente no son importantes, pero que en realidad constituyen críticas a determinados estamentos de la sociedad. O tal vez no signifiquen nada en concreto. Además, el tiempo presente de la acción se mezcla con el tiempo pasado y el tiempo onírico”.
Para más detalles: comenzaba un 14 de septiembre y terminaba el 18 del mismo mes, con un salto a la semana posterior (25) y un triple epílogo con tres finales distintos (uno de ellos, la muerte). Entre medio, innumerables citas cinéfilas y musicales, cartas astrales, análisis grafológicos, anécdotas que no venían a cuento, un repaso a las mujeres de la vida del protagonista (yo) desde su infancia, recopilación de sueños, guiños metalingüísticos, párrafos sin signos de puntuación, maquetación singular, recuerdos escolares, cartas…
Por si el proyecto no fuera lo suficientemente disparatado, llegué a empezar un storyboard del guion, hice una selección de canciones para la banda sonora (Prince, Rick James, Gang of Four, Donald Fagen, Donna Summer…) e incluso imaginé el reparto, integrado por la flor y nata del cine catalán y español de los ochenta: aparte del protagonista, Óscar Ladoire, encontramos a Fernando Rey, Antonio Resines, Assumpta Serna, Ovidi Montllor, Carme Elías, Emilio Gutiérrez Caba, José Sacristán, Joan Borràs, Sílvia Munt y un largo etcétera.
Pero pronto aprendí que escribir únicamente sobre mi vida era un callejón sin salida. Así que creé una fórmula que es la que mejor me ha funcionado en mis relatos: inventarme personajes y situaciones de ficción a los que impregnaba de mis propios sentimientos y vivencias —tenía una memoria increíble para recordar diálogos—, un híbrido que hubiera tenido su mejor ejemplo en mi tercer proyecto… si lo hubiera acabado.

Sin un título definido, se trataba de un noir de aventuras repleto de personajes arquetípicos en un escenario exótico, una isla caribeña sin nombre. El protagonista era un loser, el guitarrista catalán de jazz David Django Duarte, reconvertido en periodista y aventurero, expresidiario y exalcohólico, un cínico en la tradición de Philip Marlowe, cuya vida se desmoronó por culpa de una mujer, Neus, una catalana “físicamente parecida a Fanny Ardant”, que se casó con un hombre de negocios que resultó ser un mafioso.
Los otros personajes principales eran un policía corrupto —el coronel Torres, un mexicano con el aspecto de Joseph Goebbels, especialista en torturas sofisticadas—, un amigo italiano —Aldo, un crooner de poca monta caído en desgracia que huyó de su país y recaló en la isla, donde tenía un yate con el que paseaba a los turistas—, y una cantante exótica de un casino —Sade Adu (aquí no me compliqué con el nombre)—.
En esta ocasión me lo tomé más en serio: elaboré una serie de fichas para cada personaje con el arco argumental que debería desarrollarse, diversas notas sobre cómo debía transcurrir la trama (con saltos temporales y alternancia entre primera y tercera persona)… Pero tampoco pasé de unas veinticinco páginas, repletas de referencias musicales y cinematográficas, cómo no. La historia empezaba con un flashback, un concierto de David en el Palau de la Música cuando era un guitarrista exitoso.
Después de esta primera fase entre la adolescencia y los primeros años universitarios, y cuando ya llevaba muchos años ejerciendo de periodista, varias personas de mi entorno me sugirieron que debía escribir alguna obra de temática musical: una recopilación de entrevistas o críticas de conciertos, un ensayo sobre americana o un volumen autobiográfico sobre mis experiencias en la prensa (basado en mi primer blog, museu del rock: diari d’un crític fracassat).

De hecho, participé en un librito, Antología del country. Emmylou Harris, John Hiatt, Kris Kristofferson, Dwight Yoakam (1996), que formaba parte de una colección que analizaba álbumes famosos con letras incluidas. En este volumen excepcional —porque se centraba en cuatro discos y estaba escrito por cuatro autores— me encargué del apartado dedicado a Dwight Yoakam y su LP Gone (1995), además de trazar un retrato del cantante, Psychobilly para cowboys espaciales, que podéis leer aquí.
Mucho más recientes fueron mis aportaciones a dos libros ajenos de temática musical, ambos publicados en 2018 y con el mismo esquema basado en entrevistas a varios expertos: Blues de la frontera. Anarquía y libertad de los Amador, de Marcos Gendre, en el que discernía sobre la relación entre el blues y el flamenco del grupo Pata Negra, y Tocats de l’ala. Història oral del rock català, de Oriol Rodríguez, en el que no dejaba títere con cabeza al hablar de grupillos sobrevalorados como Els Pets, Sau y Sopa de Cabra, entre otros.
Dicho esto, no significa que a lo largo de mi vida no haya terminado algunos proyectos propios, sobre todo cuentos —uno de ellos, Un entorn privilegiat, fue finalista en 2002 del Premio La Miranda de Cuentos y se publicó en la recopilación els contes de La Miranda (2003)— e incluso relatos muy largos —mis célebres fan fictions sobre Expediente X cuando trabajaba en el Departament d’Agricultura de la Generalitat, uno de los cuales contaba una historia alternativa de Patsy Cline—.

Mi pasión cuentista empezó en EGB, cuando estaba obsesionado por el personaje de pulp Doc Savage. Primero, con un relato de nueve páginas y cinco capítulos donde le cambié el nombre al superhéroe, titulado Las aventuras de Doc Mystery, en el que contaba su origen, su encuentro con sus compañeros (Los Cinco Asombrosos) y su primera aventura.
Ahí va un fragmento: “Es duro, inflexible; defensor de los débiles y luchador incansable. Capaz de igualarse con diez hombres normales. Gran sabiduría: experto en química, electrónica, medicina y otras ciencias (…) Cada día, Doc hace dos horas de duros ejercicios: quinientas flexiones, doscientas cincuenta por cada brazo; mentalmente, resuelve ecuaciones y raíces cuadradas; reconoce objetos por su olor…”.
Obsesionado por Doc Savage —ya se sabe, los autistas tenemos curiosos hiperfocos por épocas; en la actual sería Star Trek… Pero esa ya es otra historia—, antes de la adolescencia traduje del francés una de sus novelas (La ciudad fantasma) que compré en un quiosco cuando estaba de vacaciones en Torrevieja. No solo eso: encontré un ejemplar vetusto de otra, Asesinos en acción —publicada en España por la editorial Molino en mayo de 1936, poco antes de la Guerra Civil—, y, como su estado hacía difícil su lectura, la transcribí íntegramente a máquina y le añadí varios glosarios. ¿Qué niño normal hace eso?
Por ese motivo, era altamente lógico que tarde o temprano decidiera escribir una novela protagonizada por el mismo superhéroe, ambientada en el Nueva York de 1940, y en la que tenía un papel relevante el músico de jazz Count Basie. La historia comenzaba cuando el pianista era secuestrado durante un concierto, aparentemente por Savage y sus hombres. Desconozco cómo iba a terminar… tan solo conservo siete páginas manuscritas.

También durante la EGB —en sexto, cuando tenía 11 años, en 1974—, creé un personaje inédito, Kid Walker, un niño norteamericano que vivía aventuras fantásticas, con al menos dos historias: la primera, Kid Walker en el año 2074 (quince páginas manuscritas y seis capítulos), con ovnis, ciudades submarinas y viajes al futuro, mereció estas palabras de mi profesora: “Te felicito por la buena redacción y por tu afición literaria, que espero aumente y perfecciones día a día”.
Después recuperé el personaje —ahora reconvertido en Kip Walker, un astronauta en el siglo XXXII— en Los seres que leían el pensamiento, otro relato de ciencia ficción que contaba el viaje interestelar de un grupo de personajes muy variopinto al planeta Karnak 7 de la Nebulosa de Andrómeda. Como era de esperar, no llegaban a su destino previsto, sino a otro mucho más peligroso.
En 1980, en tercero de BUP, escribí el primero de una serie de cuatro relatos que podríamos describir como mal rolleros, siempre con esa fórmula que mezclaba experiencias personales con hechos ficticios, en el terreno de la ciencia ficción o el terror: El demonio de la inspiración, o el encuentro del hijo de un millonario, caído en desgracia y de profesión enterrador, con el fantasma de Edgar Allan Poe, quien le regalaba una tinta mágica que lo convertía en un escritor, destinado a vivir la misma existencia atormentada que el autor de El cuervo.
En COU llegaría Impresiones en negro, donde el protagonista, inspirado claramente en mí —un aficionado al blues: “Blues siempre y para siempre. When you’re feelin’ the blues and there’s no one to lean on”, decía—, recibía la inesperada visita de la muerte, encarnada en una chica de la que estuve perdidamente enamorado en esa época.

Ya en los primeros ochenta, en mi etapa universitaria, escribí Jaque a la reina, protagonizado por dos robots que jugaban una partida de ajedrez en la que utilizaban a seres humanos —uno de ellos, otro trasunto mío, “Mario Belardo, estudiante de Ciencias de la Información, 20 años”—, con una truculenta trama que acababa en crimen y suicidio.
La tetralogía se cerró con L’arruga és (b) vella, una distopía con una sociedad dominada por un partido totalitario en la que escuchar o interpretar música se había convertido en una actividad clandestina y los discos se compraban a escondidas, como el fentanilo adulterado hoy en día, con un protagonista que durante el día era un anciano achacoso de 90 años y por la noche se transformaba en un jovencito de 20.
Bastantes años después, mi viaje a Nueva Orleans en el año de la Barcelona olímpica inspiró Madame Sosthene (un cuento de verano en Luisiana) (1992), un relato que mezclaba escarceos amorosos y música en un bayou cercano a la ciudad, donde de nuevo se fundía la ficción con la realidad al retratar una situación que viví con mi “novia” en esa época. Tenéis suerte: este podéis leerlo en esta página.
Y llegamos al momento actual: desde que descubrí mi condición de autista, algunas personas —mi psicóloga, en especial, pero también mi pareja— me han aconsejado que debería plasmar en un libro mi experiencia en este asunto de la neurodivergencia, al haber recibido un diagnóstico muy tardío (a los 61 años). Existen muchas obras al respecto, pero sobre todo están escritas por jóvenes, mujeres y gays… o una combinación de todo ello. Sinceramente, creo que habría espacio para otra ideada por un hombre blanco maduro y hetero, porque aportaría una visión distinta al tema.
En cualquier caso, hasta el momento siempre me he negado a escribir, y siempre he esgrimido con convicción los tres mismos argumentos: uno, que no se gana ni un euro y el tremendo esfuerzo no merece la pena; dos, que con mi enfermizo perfeccionismo lo estaría corrigiendo una y otra vez y nunca estaría convencido del resultado, y tres, que nadie compraría mi libro, lo cual me hundiría en el pozo de la depresión.

Todas mis anteriores experiencias literarias no son lo mismo que enfrentarte a una novela o a un libro. Por eso, cuando descubrí una empresa cuyo lema es “Crea e imprime un libro divertidísimo en 2 minutos”, no me lo pensé dos veces. Según su página web, “estos libros únicos generados con IA ofrecen una combinación encantadora de ingenio y personalización, lo que los convierte en el regalo de broma personalizado perfecto para amigos, familiares o incluso para ti mismo”.
Mi idea era encargar uno de estos libros creados por inteligencia artificial para que, tal vez, y al ver un volumen físico con mi nombre y mi imagen en portada, me animara a escribir yo mismo. Tengo que reconocer que el proceso es muy entretenido. En primer lugar, escoges el género: Ficción (“Conviértete en el protagonista de una historia divertidísima”) o No Ficción (“Hazte ‘autor’ de memorias divertidas o de un best-seller de autoayuda”).
Una vez elegido el género, respondes a un cuestionario que ayudará a la IA a elaborar el libro, seleccionas el tipo de portada (con la foto que quieras), el título y subtítulo propuestos e incluso la tabla de contenido (es decir, el índice de capítulos), y la edición (tapa dura o blanda). Y ya está. El proceso es rápido: lo pedí el 23 de noviembre de 2025 y llegó a primeros de diciembre.
En mi caso, escogí una obra de No Ficción, es decir, un ensayo. ¿Título? Manual vulcano para sobrevivir en Barcelona. ¿Subtítulo? Cómo mantener la lógica (y no perder la calma) siendo autista trekkie entre castellers y vermuts. Tenía claro que debían ser unas memorias sobre mi recién descubierta condición de autista, aliñadas por mi fascinación por el personaje de Spock, mis gustos musicales y otros elementos personales.

Para que se entienda mejor, reproduzco el cuestionario que respondí:
¿Cuál es tu trabajo? Periodista especializado en cultura: música de raíces norteamericanas, cine y series de televisión.
¿Quiénes son los miembros de tu familia? Sandy, 55 años, pareja. Maria, 66 años, hermana.
¿Cuáles son tus pasatiempos? Ver series de televisión y películas, escuchar música, publicar en mi blog Ciudad Criolla, leer.
¿Cuál es tu sueño? Escribir un libro en el que cuente mis experiencias como autista adulto, titulado “Mi lógica (casi) vulcana”. También dirigir un restaurante de cocina cajun, en el que habría un escenario para actuaciones de blues y una sala para exposiciones, conferencias y talleres gastronómicos, para convertirse en una especie de centro cultural. Debería estar ubicado en una casa tipo mansión colonial. Y también tocar la guitarra eléctrica (estilo blues), tener una Harley-Davidson y hacer el recorrido de la Ruta 66.
¿De dónde eres? De la ciudad de Barcelona, y en concreto del barrio de Gràcia.
¿Cuál es tu lugar favorito? La ciudad de Nueva Orleans, a la que viajé en 1992 y que supuso un cambio en mi vida tras sucumbir a los encantos de su música y de su gastronomía. Esto me llevó años después a crear Ciudad Criolla, una playlist en Radio Gladys Palmera especializada en los distintos estilos de esa ciudad, después reconvertida en blog con el mismo nombre. También me compré un libro de recetas y traduje y probé diversos platos de la cocina criolla y cajun.
¿Sobre qué tema sabes más que cualquier otra persona? Música de Nueva Orleans y sus distintos estilos: blues, cajun, zydeco, etc. En general, música de raíces norteamericanas: blues, country… También es muy importante mi pasión por la serie “Star Trek” y, en particular, mi admiración por Spock: desde pequeño ha querido ser como él, y de hecho cuando a los 61 años fui diagnosticado como autista (antes Asperger) con un cociente intelectual de 128, me reconocí aún más en el vulcano y leí varios libros para entender más al personaje y su cultura. Y, además, soy un apasionado del director de cine David Lynch.
¿Quiénes son tus mejores amigos? No tengo amigos.

Con toda esta información (aunque, a la hora de la verdad, solo utilizó una parte), la IA estableció esta tabla de contenidos:
Capítulo 1: Introducción estelar: lógica vulcana bajo el cielo de Gràcia. Breve presentación autobiográfica, explicando qué significa ser autista y trekkie en Barcelona, cuáles son los retos y cuál es el propósito del manual.
Capítulo 2: La misión Gràcia: sobrevivir entre castellers, vermuts y fiestas de barrio. La experiencia cotidiana en uno de los barrios más singulares de Barcelona. Claves sociales, ritos populares y desafíos sensoriales.
Capítulo 3: Datos, lógica y emociones: conversando con humanos en un planeta ruidoso. Herramientas y estrategias para gestionar conversaciones y relaciones desde la lógica autista; cómo convivir con el ruido y la improvisación emocional.
Capítulo 4: Star Trek y el consuelo de Spock: lecciones de supervivencia autista. Reflexión sobre el personaje de Spock como referente y sobre cómo la ciencia ficción ofrece modelos de adaptación y consuelo.
Capítulo 5: Música de Nueva Orleans: banda sonora para aislarse del caos. La música como refugio sensorial y emocional; recomendaciones para crear una playlist personal para momentos críticos y reminiscencias de los viajes a Nueva Orleans.
Capítulo 6: Restaurantes, menús y costumbres: cómo comer fuera y no morir en el intento. Guía sensorial y social para disfrutar (o sobrevivir) en bares, vermuterías y restaurantes de Barcelona desde la perspectiva autista.
Capítulo 7: Cómo cruzar la Diagonal sin perder la calma (o la orientación). Estrategias para moverse por Barcelona evitando el colapso: organización de rutas, trucos de transporte y consejos para gestionar los estímulos urbanos.
Capítulo 8: El blues de la soledad: amistades imposibles y apoyos inesperados. Reflexiones sobre la soledad, la relación con la familia, la ausencia de amistades y cómo encontrar compañía en la música, los libros y las series.
Capítulo 9: David Lynch, la rareza cotidiana y el extrañamiento chic. El surrealismo como herramienta para entender la realidad y la identificación con el universo lynchiano.
Capítulo 10: Diagnóstico tardío: ser autista después de los 60. El proceso de aceptación y autoconocimiento tras el diagnóstico, y las claves para reinterpretar una vida entera desde la neurodivergencia.

Capítulo 11: Ciudades criollas, sueños norteamericanos: la huida mental al Nueva Orleans interior. Exploración del vínculo con Nueva Orleans y cómo su música, cultura y cocina son escape y horizonte vital.
Capítulo 12: Manual práctico para no perder la lógica (ni el sentido del humor). Pequeñas estrategias cotidianas, listas y rutinas para no perder la calma en eventos familiares, fiestas y situaciones inesperadas.
Capítulo 13: Cocina cajun en la galaxia catalana: experimentos, recetas y anécdotas culinarias. Recetas, historias y fracasos de la cocina cajun en un piso de Gràcia, y lo que significa soñar con un restaurante propio.
Capítulo 14: Series y películas: la vida desde el sofá estelar. Cómo las series y el cine ayudan a sobrevivir, aprender, reír y calmar la ansiedad autista en la galaxia barcelonesa.
Capítulo 15: El blog como bitácora estelar: Ciudad Criolla y otros refugios virtuales. La escritura como ejercicio de autoafirmación, memoria y comunidad. Origen y evolución del blog Ciudad Criolla.
Capítulo 16: Conclusión: lógica, calma y esperanza para autistas trekkies de todas las galaxias. Últimas reflexiones, consejos sencillos, anécdotas inspiradoras y llamado a la autoaceptación, la empatía y la pasión por los propios intereses.
A ver, a priori, el resultado parecía muy interesante e incluso “lógico” y “fascinante”, parafraseando a mi querido Spock. Pero ¿ha cumplido la edición final estas expectativas, o ese índice prometía más de lo que ha acabado siendo? Por cierto, aclaro que el título y el subtítulo fueron sugeridos por la IA entre diversas opciones.
De entrada, Manual vulcano para sobrevivir en Barcelona es coherente en la construcción de ideas y frases, a pesar de algún ejemplo de mala traducción (la empresa es norteamericana) y erratas ortográficas —algo que me irrita especialmente—. Además, exhibe un cierto simplismo al caer en tópicos, como retratar el barrio de Gràcia como el paraíso de los castellers y las vermuterías.

Detengámonos en esto: no negaré que soy un aficionado al vermut, sobre todo en los últimos tiempos, en los que me ha dado por probar distintas marcas en busca del sabor perfecto. Pero no soy para nada seguidor de los castellers; es más, no los soporto, hasta diría que los odio, y por eso las descripciones sobre las emociones que me despierta esta tradición folclórica están totalmente fuera de lugar. Vamos, que ni borracho las escribiría.
¿Por qué aparecen tanto los castellers en la obra si nunca los mencioné en el cuestionario? La primera explicación es que la IA piense que es algo muy característico del barrio de Gràcia —vamos, que te los encuentras a la vuelta de la esquina—, lo cual es discutible. La segunda es que haya rastreado por la red y haya encontrado a mi tocayo Miquel Botella Pahissa, cofundador de los Castellers de Sants y autor de Castells: una història d’èxit (2018), y haya fusionado los dos perfiles.
Tuve la oportunidad de indagar sobre este asunto cuando recibí un mail del equipo de atención al cliente que me preguntaba si me había gustado el libro. “Sí, aunque hay partes que no corresponden en absoluto con mi opinión y experiencia, en concreto todo lo relativo al mundo de los castellers. Seguramente la IA hizo una búsqueda y encontró a otra persona que se llama como yo (Miquel Botella, aunque su segundo apellido es otro) que escribe sobre castellers, asumiendo que éramos el mismo”, respondí.
Mi interlocutora (ignoro si era una persona real o un robot) me explicó lo siguiente: “Nuestra IA no realiza búsquedas en los nombres de los clientes para generar contenido. Como mencionamos en nuestro sitio web, estos libros no están destinados a ser fuentes puramente fácticas: siempre habrá algunos elementos ficticios que no son estrictamente precisos respecto a la vida del autor”. No me lo creo en absoluto, es demasiada casualidad…

Pienso que una solución factible para que el libro se acercara más a la realidad hubiera sido que el cuestionario previo antes citado fuera más exhaustivo y extenso para poder incluir detalles y situaciones personales. También estaría bien poder ver alguna prueba antes de la edición final, pero tal como me dijeron, “no ofrecemos una muestra digital del contenido en este momento”.
Volvamos a las virtudes de mi ensayo: plantea ideas interesantes sobre el pensamiento autista (“el diagnóstico me permitió entender por qué siempre creía que el manual de instrucciones de la vida venía en klingon y no en español”), la lógica vulcana y el surrealismo de David Lynch (con referencias a Twin Peaks y a algunas de sus películas), pero en un tono algo reiterativo… algo normal, por otra parte, si el objetivo es llenar doscientas páginas a toda costa.
También resulta muy apropiado el apartado que explica cómo hacer una playlist, así como el que habla del poder del blues y cita a músicos como Dr. John, Allen Toussaint y B. B. King. En cambio, patina en el de las recetas, con una elección de platos totalmente errónea que nunca se me ocurriría preparar y, menos aún, comer, como el “salteado de verduras con tofu” o la “pasta al pesto”.
El manual refleja mi fascinación por Star Trek, y, aunque la cita constantemente tampoco ahonda en la serie y en sus personajes, solo de una forma superficial. En cuanto a mi viaje a Nueva Orleans, es más interesante lo que se inventa que lo que viví realmente (por ejemplo, no estuve allí durante el Mardi Gras), aunque acierta más en las recetas de gumbo y jambalaya.
El capítulo que versa sobre las series y las películas y su carácter de “refugio” es conceptualmente adecuado, pero se equivoca en mis supuestas recomendaciones: no he visto Parks and Recreation ni BoJack Horseman, aunque sí Fleabag (y me encanta). Y en lo referente a filmes, da en la diana con Blade Runner, pero no con Amélie (aunque la ví en su momento… y la olvidé).

En cuanto al capítulo dedicado a esta web, Ciudad Criolla, solo coincido en lo de considerarlo como algo terapéutico, pero no cuando habla de su carácter comunitario: si hay algo de lo que, por desgracia, carece esta página es de la participación de los lectores, ni siquiera con algo tan simple como comentarios o likes.
Y entre iteraciones, perogrulladas e ideas poco desarrolladas o demasiado trilladas, dignas del peor de los manuales de autoayuda, me quedo sin embargo con esta referencia a la diversidad en el entorno autista: “No debe ser solo un concepto que figura en un manual de políticas de inclusión; debería ser una fiesta en la que todos estemos bailando, aunque nuestras músicas sean distintas”.
En el caso de haber llegado a este punto —después de haberse leído esta larga sarta de sandeces—, supongo que alguno se preguntará si mi experiencia con este Manual vulcano para sobrevivir en Barcelona redactado por una IA me ha animado para que yo escriba por fin una novela, un ensayo o lo que sea. La respuesta inmediata es “NO”.
Pero el ejercicio que ha supuesto sumergirme en textos —muchos de ellos manuscritos— de hace décadas que milagrosamente aún conservo me ha hecho ver que no era un niño normal, que tenía una gran imaginación y que, para qué negarlo, escribía bien.
Y no puedo evitar una cierta tristeza y frustración al pensar que debería haber perseverado en mi empeño como literato, y no perder el tiempo como periodista con críticas de discos y de conciertos, algo que no me ha llevado a ninguna parte —ni económica ni laboralmente— ni me ha proporcionado reconocimiento o prestigio alguno.
(Por cierto, ya habréis notado que la mayoría de imágenes de este artículo están realizadas con IA y mi valiosa colaboración a la hora de aportar detalles; sin embargo, me ha sorprendido que, en la serie sobre el Manual vulcano, ChatGPT haya creado un personaje parecido a un young Puigdemont… qué le vamos a hacer).

I desprès d´aquesta experiència brutal i la feina que t´ha comportat …. no te´n adones de que res millor que escriure segons el teu propi criteri i la teva pròpia visió de les coses ……… No soc ningú per dir-te el que has de fer ….. només faltaries i com dius tu ho has sentit tantes vegades que ja estàs fart … pro perdona: Tens que escriure un llibre que expliqui tot el que vols explicar de les teves experiències , contant amb la música , feina etc……. jo crec que t´hi has de posar ja !!! ………………………….. SIN MAS DILACIÓN !! però SOL , tu SOL !! La IA només per dibuixos i caricatures ………. per a res mes ! Una abraçada !