els malsons musicals de David Lynch

Aquest matí he demanat a Amazon l’edició nord-americana del DVD d’Inland Empire, la darrera pel·lícula de David Lynch. Sí, ja sé que s’ha editat a l’estat espanyol, però en una pobre versió d’un sol disc, res a veure amb la ianqui, amb un bonus disc d’interessant material extra. Segons em va explicar Quim Casas, un dels màxims experts en el director nord-americà, inclou molt metratge descartat del film, així com el curt Ballerina i altres coses d’interès, més si tenim en compte que l’edició ha anat a cura del propi Lynch.

Inland Empire és la darrera genialitat d’un dels millors directors actuals. Molts el consideren un freak i creuen que les seves pel·lícules no tenen ni solta ni volta. El que està clar que no deixa indiferent ningú: o el defenses a mort (com és el meu cas), o l’odies a mort.

Com a la resta de les seves produccions, la música té una especial importància a Inland Empire. I és que Lynch és un dels directors que millor cuida aquest aspecte: no només en la tria de cançons que escauen perfectament en els complicats arguments dels seus films -com In Dreams de Roy Orbison, Falling de Julee Cruise, Wicked Game de Chris Isaak o Llorando de Rebekah del Río– , sinó en la seva participació directa, al costat del seu compositor preferit, el gran Angelo Badalamenti. Qui no recorda la famosa banda sonora de Twin Peaks, per exemple?

Al marge d’això, Lynch també ha col•laborat amb altres grups. Per exemple, va dirigir el vídeo Rammstein del grup del mateix nom, una cançó inclosa a la banda sonora de Lost Highway.

I durant la presentació del seu llibre Catching The Big Fish, on parla de la importància de la meditació transcendental en el seu procés creatiu, es va acompanyar del trio femení Au Revoir Simone (a la foto superior) mentre ell recitava.

La passió de Lynch per la música va fer que l’any 2003, al costat del guitarrista John Neff, edités el disc BlueBob, un projecte que ajuntava la sonoritat industrial amb la cruesa del rock’n’roll primitiu i el blues. Una música “inspirada per màquines, foc, fum i electricitat”, per al “primer àlbum de blues industrial”, segons la seva descripció.

El primer vídeo extret de l’àlbum va ser Thank You Judge, interpretat per l’actriu Naomi Watts i amb Lynch en el paper del monstruós mutant Billy Groper que acompanyava Neff. BlueBob va fer el seu primer i únic concert a l’històric teatre Olympia de París.

I per rematar el tema de David Lynch i la música, només una última curiositat: Michael J. Anderson, l’inquietant homenet de l’habitació vermella de Twin Peaks, també tenia una banda de rock a Nova York anomenada Wayward Gene and the Natural Selection. Però a internet no n’hi ha ni rastre. Llàstima, perquè seia digne de veure alguna foto o vídeo de les seves actuacions.

Però tant parlar de Lynch, i encara no he justificat per què m’agrada. Com la seva obra té molta relació amb la d’un dels meus autors preferits, Barry Gifford, aquí us deixo un fragment d’un article que vaig escriure sobre l’escriptor a Rockdelux:

… Como es natural, la relación de Gifford con el director de “Blue Velvet” es uno de los aspectos de su carrera que más interés suscitan. A este respecto existen diversas confusiones: el escritor no participó en absoluto en el guión de “Corazón salvaje” (1990), y Lynch introdujo muchos cambios respecto al libro en el que se basaba, “La historia de Sailor y Lula”, entre ellos un final de cuento de hadas. En lugar de encolerizarse como muchos otros harían, Barry le dijo: “Mira, estará mi versión y tu versión, y eso es genial. Coge el balón y echa a correr”.

Más tarde, Lynch dirigió “Hotel Room” (1992) para el canal HBO, una trilogía con dos de los relatos escritos por Gifford, “Tricks” y “Blackout”, que apenas retocó. Por eso, su primera colaboración real juntos llegó con “Lost Highway” (1997): Lynch sacó la idea del libro de relatos de Gifford “Gente nocturna”, donde aparecía esa frase, y le fascinó tanto ese título que le dijo a Barry que debían escribir algo juntos. En su biografía “David Lynch por David Lynch”, el director explica que “nos sentamos en torno a una taza de café, y le conté a Barry algo sobre lo que había pensado, y él me contó algo sobre lo que había pensado. ¡Y los dos odiamos las ideas del otro! ¡Y después odiamos nuestras propias ideas!”. Gifford aporta algo más de luz a su colaboración con Lynch: “Cuando trabajas con otra persona, el método tradicional consiste en que uno camina por la habitación y el otro escribe. Nosotros caminábamos los dos y a veces hasta chocábamos. Nuestras mentes funcionan de forma similar: nos sentamos uno junto al otro, y la idea de uno es la chispa que lo inicia todo”. Y es que, en el fondo, ambos comparten la misma idea sobre lo que supone la experiencia de ir al cine: “Entras en un sueño y debes entregarte a ese sueño, rendirte a él del todo. No es una visión muy distinta de la que tenía Buñuel: cualquier cosa es posible, dejas de preocuparte por los parámetros convencionales de cualquier película”.

No es de extrañar que David Lynch se haya sentido atraído por el fascinante mundo de Gifford, cuya principal virtud consiste en crear grandes personajes sin florituras, sin descripciones farragosas, apoyándose en la fuerza de los diálogos y en elementos que ayudan a situar la acción en tiempos y lugares muy concretos (a través de una canción, una ubicación real, una película, o el detalle más banal), por lo que adquieren un carácter muy cinematográfico. La clave de todo está en su proceso creativo, ya que según reconoce concibe sus historias a partir de imágenes (una foto o una imagen mental). Con ello, describe una América de fantasía que suena muy verdadera, un país aún sin civilizar, con el “corazón salvaje”: divertido y melancólico, surrealista y violento a la vez, donde conviven el crimen y la religión. Como suele decir Gifford, “Lynch hace que lo corriente parezca extraordinario, y yo hago que lo extraordinario parezca corriente”.

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Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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