Wax & Boogie, wild & free

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Oriol Fontanals, David Giorcelli, Ster Wax, Drew Davies y Reginald Vilardell: actitud.

7 Years es el título del cuarto álbum de Wax & Boogie, un trabajo que puede considerarse como la consagración de este grupo liderado por la cantante Ster Wax y el pianista David Giorcelli. En él, además de su ya conocido virtuosismo interpretativo, se lucen también como autores para demostrar que el boogie woogie (y sus variantes) está vivo y goza de muy buena salud.

Nunca he entendido el desprecio que la mayoría de los aficionados y de los medios de comunicación estatales sienten por los estilos de raíces norteamericanas, llámense blues, country, rockabilly o lo que sea. Solo así se explica que cualquier pandilla de chavales que no saben ni tocar sea, sin embargo, alabada porque sus referentes son iconos “indies” como Nirvana, Yo La Tengo, Low, My Bloody Valentine o Sonic Youth. Pero si un grupo integrado por artistas de verdad cita entre sus influencias el rock’n’roll o el rhythm’n’blues clásicos, entonces es señalado por el dedo como revivalista, mimético y anticuado. ¿Cuál es, entonces, el rasero? ¿Hablamos de que algunas épocas son aceptadas y otras no?

A pesar de este oleaje en contra, por suerte en nuestra escena blues existen (y siguen surgiendo) bandas que hacen oídos sordos a esta ceguera y exhiben orgullosas sus referencias. Wax & Boogie es, sin duda, una de ellas. La formación barcelonesa, con el núcleo duro integrado por la cantante Ster Wax y el pianista David Giorcelli –acompañados por el batería Reginald Vilardell y el contrabajista Oriol Fontanals– lleva varios años con este proyecto –siete, en concreto, cuando a mediados de 2012 se fusionó el dúo Boogie Two (Giorcelli y Vilardell) con Ster–.

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Wax & Boogie con la formación que ha grabado 7 Years. Foto: José Ángel Ribas

Su intención es la de reivindicar un género, el boogie woogie y sus variantes, algo que han logrado con sus primeros tres álbumes: Lost In A Dream. Milano Club Blues Nights (2012), grabado en directo en la coctelería Milano de Barcelona en 2012, en formato de trío con Vilardell; Everynight (2014), como Wax & Boogie Rhythm Combo, con la colaboración de Big Dani Pérez (saxo) y Nicolas Dubouchet (contrabajo), y Come With Me (2016), como Wax & Boogie Big Combo, con el añadido de Toni Solà (saxo tenor), Pere Miró (saxo barítono), Carles Domingo (batería), Ivó Oller (trompeta) y Predicador Ramírez (guitarra).

Con sus distintos formatos, Wax & Boogie han adaptado con gran acierto en estos primeros tres álbumes canciones de, entre otros, Memphis Slim, Wynona Carr, Lowell Fulson, Ray Charles, Willie Dixon, LaVern Baker, Ruth Brown, Little Milton, Sam Cooke, Elmore James, Eddie Cochran, Big Joe Tuner, Etta James y Louis Armstrong, lo que ya da una idea de su eclecticismo, más allá del simple sonido del boogie woogie para expandirse hacia el jazz, el blues, el soul, el swing y el rock’n’roll.

Pero, lo más importante, desde su debut han introducido temas propios compuestos por Giorcelli, en una progresión claramente ascendente: dos en el primero, siete en el segundo y siete en el tercero (dos de los cuales ya estaban coescritos por Ster). ¿Por qué es básico destacar esto? Porque, entre otras cosas, sirve para callar bocas a esos que esgrimen el argumento del revival: cuando un grupo llega a ese equilibrio entre versiones y piezas propias que pueden mirar de tú a tú a los clásicos, nos encontramos ante algo realmente destacable.

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Portada de 7 Years, diseñada por Alessandra Giorcelli

Y así llegamos al cuarto LP de Wax & Boogie, 7 Years (2019), cuyo título celebra, precisamente, los años de existencia del proyecto y que representa, sin ninguna duda, su punto más álgido (aunque esperemos que solo sea el principio de una evolución que los lleve aún más lejos). En esta ocasión, el cuarteto básico –esto es, Giorcelli, Wax, Vilardell y Fontanals– se ha visto enriquecido por el featuring del saxofonista (tenor y barítono) y cantante británico Drew Davies, en cuyo estudio francés se grabó el disco en verano de 2018. Antes de entrar a describir cada tema, una advertencia importante: este es uno de esos álbumes que merece ser escuchado con el volumen lo más alto posible. You know what I mean.

En 7 Years nos encontramos a una Ster ya plenamente integrada como coautora de cinco temas junto con David. El primero, el reivindicativo Let Me Decide For Me, es un rock’n’roll del que Little Richard se sentiría orgulloso, con el saxo explosivo de Davies, el contrabajo rockabilly de Fontanals y esos gritos de Wax –“uuuuuuu”– cada vez más salvajes. Solo una observación: en el estribillo, en lugar de “I’m a woman / I’m special / and I’m free” yo habría puesto “I’m a woman / I’m WILD / and I’m free”… mucho más acorde con el carácter y, sobre todo, la interpretación de los implicados. Todo un homenaje a esas grandes mujeres del rock’n’roll y el rhythm’n’blues, desde Wynona Carr hasta Etta James.

Honey Rum, por su parte, se construye sobre una acompasada base rítmica de rumba de Nueva Orleans a lo Professor Longhair, donde ciertos efluvios latinos son enriquecidos por el saxo tribal de Davies. Seven Years es un trepidante y saltarín rhythm’n’blues de manual; Pray For Me Baby es un precioso slow, el único tema sin la aportación de Davies, mientras que Baby You Don’t Have Feelings es un seductor swing para chasquear los dedos.

La cosecha propia se completa con dos instrumentales, a cuál más acelerado: el Escargot Boogie de Giorcelli, un espectacular boogie woogie para demostrar su virtuosismo y su digitación prodigiosamente rápida, con un inicio solo con piano, al que luego se añaden el resto de instrumentos –cómo no, de nuevo un explosivo Drew–, y el Missed Train Boogie del saxofonista británico, que conjuga el traqueteo y los silbidos del tren con un tremendo boogie con un interesante cambio de ritmo para rayar a la altura del Honky Tonk de Bill Doggett con su brillante diálogo entre piano y saxo.

En el capítulo de las versiones, de nuevo Wax & Boogie demuestran su buen gusto: el jazz sensual del Baby Don’t Take My Whiskey Away From Me, más intenso que el original de Wynonie Harris de 1954 (cara B del single I Get A Thrill); el jump blues Real Lovin’ Mama de Floyd Dixon (con Mari Jones; cara B del single de 1951 Telephone Blues), interpretado como un diálogo entre Ster y Drew; la torch song compuesta por el gran Doc Pomus (toda una delicatessen y otra muestra más del sibaritismo del grupo) Still In Love (interpretado por Big Joe Turner en un single de 1952 con Van “Piano Man” Walls & His Orchestra), con un saxo sedoso acariciando las palabras de la cantante; el slow blues Come On Home To Me de Dinah Washington (cara B del single What A Diff’rence A Day Makes de 1959), mucho más hot sin su angelical toque doo-wop originario, con Davies sacando humo a su instrumento, y el Rocky Mountain, menos inocente que el de Amos Milburn (de su álbum de 1957 Let’s Have A Party), esta vez con el británico a la voz.

Es obvio decir que en 7 Years encontramos todo lo que siempre hemos admirado de Wax & Boogie: la espléndida voz de Ster, desgarrada, sensual, divertida, salvaje, cool, hot o dulce en función de la canción, y el piano virtuoso de David, capaz de acelerarse hasta el paroxismo y de acompañar con suavidad y belleza los momentos más íntimos, respaldados como siempre por el eficaz tándem rítmico de Reginald y Oriol, y reforzados en esta ocasión por el saxo de Drew, todo un digno heredero de esos atronadores reyes del honkin’ sax. Pero esta vez, y más que nunca, hemos descubierto su talento como compositores de canciones que enriquecen todavía más su proyecto y que demuestran que es posible interpretar boogie woogie, blues o llámalo como quieras desde una perspectiva actual, sonando clásicos y modernos y alejándose del fantasma del revival.

Y repito el consejo: 7 Years merece ser escuchado a todo volumen… sí, incluso para molestar a los vecinos.

Hacedme caso, me lo agradeceréis.

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Ciudad Criolla tiene como objetivo constituirse como un punto de referencia para todos los aficionados a la roots music elaborada en Estados Unidos; una roots music cuyo principal rasgo es, precisamente, su impureza construida sobre una mezcla de influencias.

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