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Bloodshot: raíces americanas y actitud punk DIY desde las calles de Chicago

Bloodshot nació en 1994 como un hobby, cuando Nan Warshaw y Rob Miller editaron For A Live Of Sin, una recopilación de bandas de indie rock/punk/underground de Chicago que tenían en común un pie en el country de la vieja escuela. Había nacido lo que los responsables del propio sello denominaron como “country insurgente”, con una escudería por la que han pasado estrellas de la americana como Robbie Fulks, Neko Case, Jon Langford, Alejandro Escovedo… e incluso Ryan Adams.

¿Qué es más probable, que tres compañeros universitarios acaben dirigiendo algunos de los sellos norteamericanos indies más influyentes o que la plantilla del F.C. Barcelona esté integrada únicamente por jugadores catalanes? La historia ha validado la primera opción: en el Evergreen State College de Olympia coincidieron, atención, Calvin Johnson, Bruce Pavitt y Nan Warshaw, fundadores respectivamente de K Records, Sub Pop y Bloodshot. “Esa universidad fue un terreno fértil para la música y todos los esfuerzos creativos. La ciudad era pequeña y conservadora, con poca diversión, así que tenías que crearte la tuya propia”, cuenta Warshaw, nuestra interlocutora.

Copropietaria junto con Rob Miller, Nan procedía de un entorno punk, pero estaba decepcionada por cómo ese estilo había sido absorbido por las majors: “Fichaban a todos los imitadores de Nirvana que encontraban. Incluso muchas de las bandas que nos gustaban estaban tocando en locales enormes cuando no hacía mucho actuaban en antros. Empezamos a buscar algo más underground, algo nuevo, pero con la misma pasión sociopolítica y actitud punk DIY. Lo encontramos en músicos que estaban igualmente desilusionados con la escena corporativizada, bandas que volvían a las formas de las raíces norteamericanas. Habían crecido con el punk, el garage y el rock underground, pero empezaron a mezclar country tradicional, bluegrass, rhythm’n’blues o blues acústico a su sonido”.

La primera referencia de Bloodshot, el origen del country insurgente

La pasión de Nan y Rob por esa escena los llevó a editar, en 1994, la primera referencia del sello Bloodshot, For A Live Of Sin. A Compilation Of Insurgent Chicago Country. Y nacía así, de paso, la expresión “country insurgente”. “Acuñamos el término cuando la palabra ‘country’ repugnaba de forma inmediata a todos los DJs de emisoras universitarias y a los fans del rock underground. En ese momento no había una etiqueta para describir lo que nuestras bandas estaban tocando. En pocos años, el término fue usado en exceso y adoptado por muchas bandas que no aprobaríamos, neutralizando así la palabra. Hoy es como una camisa de fuerza que no hemos utilizado en años”, reconoce Nan.

Y si la revista No Depression se convirtió en la Biblia del movimiento (“ellos cubrieron la mayoría de nuestras ediciones. Nuestra primera fiesta en SXSW la organizamos juntos. Hay un respeto mutuo”), Bloodshot se convirtió en el sello por antonomasia del country alternativo, aunque Warshaw lo matiza. “Normalmente, dentro de la escena alt. country en Estados Unidos hemos sido la oveja negra. Hay un elemento en esa escena que se burla de todo lo que no es ‘puro’. Son revivalistas, mientras que nosotros brindamos con el cóctel que mezcla formas tradicionales con sonidos recién destilados”.

En la homepage de la web de Bloodshot puede leerse una curiosa cita del periodista y escritor H. L. Mencken: “Llega un momento en que todos los hombres sienten la necesidad de escupir en sus manos, enarbolar la bandera negra y empezar a cortar pescuezos”. Para Nan, “trata sobre no aceptar el statu quo, asumir cargas y hacer todo lo que esté en nuestras manos para obtener atención para nuestras bandas. Vivimos en un mundo dominado por el comercio, así que el gran arte no asciende de manera natural a lo alto; debemos trabajar todos los días para conseguir que nuestros artistas sean escuchados”.

En la sección “About Us” de su web también aparece la imagen de una calavera con la frase “muerte del country”. “Es un garabato de Jon Langford y el título de una canción de Waco Brothers. Espero que haga pensar a la gente acerca de dónde procede el género, dónde está el country comercial hoy en día y cuán irónico es todo esto. Si Hank Williams viviera hoy, su música no sonaría en las emisoras de country comercial. Nuestras bandas no son pinchadas en esas emisoras porque emiten música pop de centro comercial, no country”.

Justin Townes Earle, fichaje reciente. Foto: Joshua Black Wilkims

¿Cuál ha sido vuestro disco más exitoso? “Heartbreaker” (2000) de Ryan Adams. Y acercándose deprisa, “Midnight At The Movies” (2009) y “Harlem River Blues” (2010) de Justin Townes Earle.

¿Qué buscáis en los artistas que firman con vosotros? Primero, nos tiene que gustar su música. Luego necesitamos saber que sus objetivos y su actitud coinciden con las nuestras. Y solo podemos permitirnos trabajar con bandas que ya estén desarrollando una fuerte base de seguidores a través de giras intensas (más de cien conciertos al año).

¿Por qué no ficháis a grupos que no vivan en los Estados Unidos? El gobierno ha hecho casi imposible que una banda extranjera trabaje en USA. Necesitas estar ya establecido y tener unos miles de dólares para dar a un abogado y así obtener una visa y un permiso de trabajo. No es justo, priva a los ciudadanos norteamericanos de la buena cultura, y es increíblemente frustrante.

Bloodshot es un sello indie, pero quizá en Europa no tiene la misma consideración que otros sellos indies porque vuestros artistas no están en la categoría de “hype recomendado por Pitchfork” y tratáis con estilos como el country y el rock’n’roll que no son cool. ¿Qué pensáis de esta situación? Bloodshot es un sello independiente de rock. No sabemos cómo estar de moda o ser cool, eso es algo basado en la suerte. No nos movemos por hits; estamos en esto para carreras de largo recorrido. Pero, para ser vigentes, debemos trabajar todos los ángulos y todas las oportunidades de los nuevos medios para que nuestros artistas tengan la exposición que merecen. Nuestra motivación es que la buena música sea escuchada.

Jon Langford (izquierda) con su banda Four Lost Souls. Foto: Mike Kosinski

¿Es posible hablar de una “conexión Mekons”? Lo digo porque su líder, Jon Langford (como músico y como artista por sus pinturas para algunas portadas), ha sido casi una figura omnipresente en muchos discos, incluso desarrollando el aspecto visual del sello… Bloodshot no existiría si no fuera por Jon. Él establece el ejemplo perfecto con su increíble ética de trabajo, su generoso sentido de la inclusión y polinización cruzada, su franca honestidad, creatividad insana y humildad. Empezamos como fans de los Mekons; después hemos amado a la mayoría de los otros grupos en los que está. Sin embargo, es demasiado prolífico para el sello. No podemos hacer justicia a la media docena de proyectos relacionados que él crea cada año, así que editamos un par o unos pocos cada año.

En 1999 creasteis el subsello Bloodshot Revival/Soundies, dedicado a publicar grabaciones raras e inéditas de veteranos del country y del western swing, extraídas de acetatos perdidos o de sesiones radiofónicas –han aparecido álbumes de Hank Penny, Pee Wee King, Jimmie Davis, Hank Thompson, Spade Cooley y Rex Allen–. ¿Por qué decidisteis editar vieja música country? Nos encantaba el country’n’western clásico, así que, cuando nuestro amigo que posee el sello de reediciones Soundies vino a nosotros con una serie de transcripciones radiofónicas de 1940-1960, nos hizo mucha ilusión hacerlo. Nuestra última edición en Revival es la banda country de Chicago por antonomasia, The Sundowners.

¿Cuál es el secreto del éxito de Bloodshot? Suerte, oportunidad, frugalidad, no tener el deseo de operar como las majors o la mayoría de sellos y estar tan motivados que no podemos hacer nada más.

¿Han cambiado los objetivos en los últimos años? No han cambiado tanto como lo que hemos tenido que cambiar nosotros para conseguirlos. Se trata aún de llevar a nuestros artistas a una audiencia más amplia. Como Bloodshot creció orgánicamente y pasó de ser un hobby a un negocio, asumimos una responsabilidad con nuestros artistas y staff. La gente cuenta con nosotros para desarrollar sus carreras y ganarse la vida, y eso es una carga pesada. Hemos aprendido de nuestros muchos errores. Tenemos que permanecer ágiles para adaptarnos a una industria que cambia superrápido. Nuestra longevidad nos ha permitido ampliar nuestro horizonte musical, lo que también contribuye a mantenerlo interesante y excitante.

Scott H. Biram: el diablo canta blues. Foto: Christopher Cardoza

¿Qué artistas de Bloodshot son los más representativos del espíritu del sello? Jon Langford y sus compadres en los Waco Brothers; Scott H. Biram, por la forma inusual con que mezcla el blues acústico sucio con metal y punk mientras predica como si fuera el diablo, y Exene Cervenka: su banda X creó el soundtrack de mis años universitarios y hemos conseguido trabajar con ella. Es verdaderamente dulce y amable y está haciendo discos sorprendentes.

Creo que tienes una opinión muy crítica sobre la industria discográfica. ¿Qué piensas del declive que está sufriendo, en términos económicos y creativos? Se ha cavado su propia tumba. Desgraciadamente, arrastran a todos con ellos. Las majors rehusaron aceptar la música digital hasta que fue demasiado tarde. Hay una generación de norteamericanos que piensan que deberían obtener su música gratis. No entienden que, al comprar un disco de un grupo en un concierto, ayudan a cubrir el dinero de la gasolina para que puedan volver otra vez a su ciudad. A nivel global, el problema real es forzar al arte a trabajar dentro del comercio. Ambos tienen objetivos opuestos. Intentamos hacer lo mejor para dar sentido a esa separación.

¿Qué piensas de compartir música en internet? Es una maravillosa fuerza de equilibrio. El acceso directo a los fans y el compartir información es fantástico. Sin embargo, también permite que salga mucha más música, pero sin promoción ni marketing detrás nunca logrará hacerse notar. Hoy en día la música online es como granos de arena en la playa y, a menos que haya un equipo trabajando tras el artista, su música nunca será escuchada. Si las majors no hubieran sido completamente recalcitrantes, podríamos haber tenido un razonable sistema de venta online sin el 50% de piratería. El sistema legal que tenemos ahora puede ser viable, mientras el modelo de venta de música de iTunes sea el predominante. Sin embargo, aún estamos perdiendo la mitad de nuestras ventas por el robo online.

¿Cuál es la importancia de internet en vuestro trabajo, en términos de presencia en redes sociales? Ahora tenemos acceso directo a decenas de miles de fans. Es liberador y alentador.

Equipo ganador

Bloodshot es un paraíso para todos los amantes de la americana, y no es exagerado decir que ha publicado algunos de los mejores álbumes del género. Su escudería cuenta con artistas (en negrita, los que aparecen en la galería de fotos) como Alejandro Escovedo, Andre Williams, Barrence Whitfield And The Savages, Bobby Bare Jr., Devil In A Woodpile, Dex Romweber, Eddie Spaghetti, Exene Cervenka, Freakwater, Grievous Angels, Jon Langford, Jon Rauhouse, Justin Townes Earle, Kelly Hogan, Th’ Legendary Shack*Shakers, Luke Winslow-King, Lydia Loveless, Maggie Björklund, Mekons, Neko Case, Old 97’s, Paul Burch, Rex Hobart & The Misery Boys, Rico Bell, Robbie Fulks, Rosie Flores, Ryan Adams, Sally Timms, Sarah Shook & The Disarmers, Scott H. Biram, Split Lip Rayfield, The Blacks, The Bottle Rockets, The Detroit Cobras, The Meat Purveyors, The Pine Valley Cosmonauts, The Riptones, The Sadies, The Volebeats, Trailer Bride, Waco Brothers, Wayne Hancock, Whiskeytown, Whitey Morgan And The 78’s  y William Elliott Whitmore, entre otros, con estilos que van del honky tonk puro y duro al bluegrass más alocado

El manifiesto Bloodshot

Siempre nos hemos sentido atraídos por el buen material que anida en las oscuras y nebulosas grietas donde punk, country, soul, pop, bluegrass, blues y rock se mezclan, se funden y mutan.

Nos gustan los artistas que trabajan sobre formas de raíces americanas con cadenas y guantes de terciopelo, con poca consideración por la formalidad o el protocolo, que no tienen miedo de molestar y acariciar estas formas y llevar la música a aguas inexploradas y emocionantes. No escuchan ni a los creadores ni a los observadores de tendencias.

Lo que todos compartimos es una ética de expresión punk/DIY. Todos apreciamos que la música solo es innovadora e interesante cuando estás dispuesto a arriesgarte y a seguir tus instintos. Al no molestarnos con camisas de fuerza estilísticas, no hemos facilitado que nadie tenga una idea sólida de lo que hacemos o de cómo llamarlo. A veces ni siquiera lo sabemos nosotros, pero eso es lo que hace que administrar este asilo sea tan divertido.

¿Cómo lo llamamos? Lo llamamos música, amigo.

Si quieres un rock’n’roll que no sea afectado, lo tenemos. ¿Quieres un honky tonk de la vieja escuela sin mancharse con la mierda que Nashville ha decidido promover para la última generación? Lo tenemos. ¿Raíces con inflexión psicodélica o gemas pop pegadizas? No busques más. ¿Deep soul filtrado a través del prisma del garage o del surf? Sí, baby. ¿Quieres psicobilly rápido o thrash-grass? Sí, también lo tenemos, al igual que cientos de variaciones sónicas en el medio. Sí, muchas de ellas desafían el encasillamiento fácil, pero creemos que esto es una fortaleza, no una cualidad condenable o una desventaja de marketing. La reinvención orgánica de la música es lo que la mantiene viva y buscamos artistas afines.

Tres grabaciones históricas

ROBBIE FULKS South Mouth (1997) Con el grupo The Skeletons y el veterano Tom Brumley (steel guitar de Buck Owens), en su segundo álbum Fulks reafirma su estilo controvertido, de letras ácidas y mordaces, pero de sonido retro característico de los cincuenta. En la añeja I Told Her Lies adopta la forma de cantar recitada e imposta su voz, sobre un fondo de piano saltarín, para explicar la historia de un mentiroso y estafador; en la folk Cold Statesville Ground describe el violento crimen de una chica desde la perspectiva del asesino mientras espera la ejecución; en Busy Not Crying consigue un perfecto himno rig rock; en el carnoso country-blues What The Lord Hath Wrought se luce con su voz; en la vitalista Dirty-Mouthed Flo hace imposible ser más purista, y en Fuck This Town trota a ritmo de western swing para narrar sus intentos de sobrevivir en Nashville como compositor. Además, echa el resto en baladas tan dramáticas que pulverizarían a otros supuestos representantes del country alternativo (la enfermiza Forgotten But Not Gone, la preciosa You Would’t Do That To Me o South Richmond Girl, otra canción de crímenes con bellas armonías vocales).

SALLY TIMMS Cowboy Sally’s Twight Laments… For Lost Buckaroos (1999) La portada kitsch puede hacer suponer que la visión del country de la vocalista británica es idílica o paródica. Pero solo es una pose: las canciones adquieren un tono negro, y la excomponente de los Mekons explora paisajes misteriosos e inquietantes, más cerca de David Lynch que de Roy Rogers. De hecho, su voz angelical y etérea, melancólica y susurrante, recuerda a la de Julee Cruise. Sally alterna versiones (el Cry Cry Cry de Johnny Cash reconvertido en un romántico vals, o el tradicional When The Roses Bloom Again adaptado por Wilco) con composiciones de amigos como Robbie Fulks y The Handsome Family. Sus propias canciones son también muy apreciables: el country trotón al estilo Cash de Dark Sun, el bellísimo vals Sweetheart Waltz (con el peculiar sonido de steel drums) y la fronteriza Canción para mi padre, en esforzado castellano, una especie de guiño a Linda Rondstadt. A Sally no le gustaba que la encasillaran en el movimiento del alt. country. Ella prefería, con razón, la denominación de art country.

TRAILER BRIDE High Seas (2001) Su propio sello los consideraba “la banda más siniestra que conocemos”. ¿Hay para tanto? Los Trailer Bride no son la alegría de la huerta, pero tampoco la familia Munster del country alternativo. El cuarto álbum del grupo de Chapel Hill reincide en su sonido característico con su rasgo más distintivo: la voz distante de Melissa Swingle, interpretando con apatía, como si estuviera aburrida de la vida. Con sus cantos de sirena, nos hipnotiza con letras que hablan de sexo, muerte, pecado y redención, comparadas a las creaciones góticas de Flannery O’Connor, y nos transporta a un sur profundo, donde los bosques están llenos de historias sin contar y donde las sombras esconden personajes encantados. Más que canciones, nos encontramos ante esqueletos de canciones con múltiples referentes: spaghetti western lánguido entre brumas, deconstrucciones de bluegrass, hillbilly anfetamínico distorsionado, parodias del klezmer, blues mutante, aires cabareteros, rockabilly-swing turbio y valses de ultratumba. ¿Siniestros? No tanto. ¿Insólitos? Desde luego.

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