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Waylon Jennings, el forajido de Nashville

Podría haber pasado a la historia hace años si el fatídico 3 de febrero de 1959 no hubiera cedido su asiento al cantante The Big Bopper en la avioneta que se estrelló y convirtió en leyendas del rock’n’roll a Buddy Holly y Ritchie Valens. No era su hora: aún le quedaba mucho por hacer, entre otras cosas crear el movimiento outlaw. Recordamos su figura a pocos días del aniversario de su muerte.

Waylon Jennings rechazó las convenciones de Nashville, se negó a grabar con músicos de estudio impuestos por la industria y distanció su estilo de los sonidos cercanos al pop imperantes en los sesenta y los setenta en la capital del country.

Cantantes como Willie Nelson y Kris Kristofferson siguieron su actitud reivindicativa, y el movimiento outlaw se convirtió en una de las fuerzas más significativas del country de los setenta, que contribuyó a recuperar las raíces del género.

Su estilo directo, que combinaba la autenticidad del honky tonk con un ritmo y una actitud propias del rock’n’roll, influyó a numerosos artistas, incluidos los miembros del nuevo tradicionalismo de los ochenta y del country alternativo de los noventa.

Originario de Littlefield (Texas), donde nació el 15 de junio de 1937, Waylon creció con las canciones folk y la música de pioneros como Jimmie Rodgers y, más tarde, Hank Williams, Ernest Tubb, Webb Pierce, B.B. King y Bobbie Blue Bland.

Empezó a trabajar a los 14 años como DJ en una emisora local y después se fue a Lubbock: allí conoció a Buddy Holly. El mítico cantante gafudo se convirtió en su mentor, facilitó la grabación de su primer single (Jole Blon, 1959) y lo contrató como bajista. La asociación duró poco, truncada por la catástrofe aérea por todos conocida.

Forever outlaw. Foto: Jim McGuire

Tras marcharse a Phoenix (Arizona), durante los primeros sesenta y hasta mediados de esa década se convirtió en un héroe local con su grupo The Waylors. Tras un breve período en el sello A&M, fue fichado por Chet Atkins para RCA y se trasladó a Nashville.

En 1966 protagonizó Nashville Rebel, un filme musical sobre un cantante enfrentado a sus demonios etílicos y a un mánager deshonesto. Un título profético, con frases en el tema principal de la película –compuesto por Harlan Howard– como “tengo cosas que hacer y cosas que decir a mi manera”.

A pesar de haber obtenido algún éxito como Only Daddy That’ll Walk The Line en 1968, cuando el soundtrack de Nashville Rebel se reeditó en 1973 Jennings ya era un rebelde combativo con la maquinaria de esa ciudad. Ese año, decidió producir sus discos y usar sus propios músicos, a la busca de un nuevo sonido, con resultados espectaculares: nacía el movimiento outlaw.

Álbumes como Lonesome, On’ry And Mean (1973), Honky Tonk Heroes (1973), This Time (1974), The Ramblin’ Man (1974), Dreaming My Dreams (1975) y Are You Ready For The Country (1976) llamaron la atención de los críticos fuera de los círculos del country, lo acercaron a un público más amplio y reafirmaron al texano como uno de los estilistas más innovadores del género.

Sin llegar al carácter explícito de Robbie Fulks en Fuck This Town, otra “oda cariñosa” a Nashville, demostró su independencia en una época en la que otros se acercaban al pop y al mainstream, al liderar un resurgimiento del country cuya influencia aún se aprecia en cantantes como Steve Earle, también descrito como un “rebelde de Nashville” y, por supuesto, en su propio hijo, Shooter Jennings.

Cash, Kristofferson, Nelson y Jennings: cuatro colegas

En 1976 Waylon grabó junto con su cuarta esposa, Jessi Colter, Nelson y Tompall Glaser Wanted! The Outlaws, el primer álbum de platino de country. En ese período consiguió varios números 1 con Luckenbach, Texas, I’ve Always Been Crazy, Amanda y Mammas, Don’t Let Your Babies Grow Up To Be Cowboys –a dúo con Nelson– y se convirtió en una superestrella.

A mediados de los ochenta, su popularidad empezó a bajar, debido tanto a sus problemas con las drogas como al declive del movimiento outlaw. Aun así, con Nelson, Johnny Cash y Kristofferson creó el supergrupo The Highwaymen, con tres álbumes en su haber: Highwayman (1985), Highwayman 2 (1990) y The Road Goes On Forever (1995).

En los noventa participó en la gira Lollapalooza, y compartió escenarios con Metallica, Soundgarden y Rancid, entre otros, lo que lo acercó a las nuevas generaciones. En 1998 formó parte de otro supergrupo, Old Dogs, junto con Bobby Bare, Jerry Reed y Mel Tillis, con un único doble LP homónimo integrado por canciones compuestas por Shel Silverstein.

Su último disco en estudio fue Closing In On The Fire (1998), con invitados como Sheryl Crow, Travis Tritt, Marty Stuart, Sting y Mark Knopfler, y en directo grabó Never Say Die: Live (2000).

Jennings murió el 13 de febrero de 2002, a los 64 años, en su hogar de Arizona mientras dormía, a consecuencia de la diabetes que padecía desde hacía tiempo, y que en 2001 ya se saldó con la amputación de su pie izquierdo.

En directo y limpio desde Austin

Vestía de negro, poseía un tremendo vozarrón e interpretaba entrañables dúos junto con su esposa… y no era Johnny Cash, sino Waylon Jennings, el líder del movimiento outlaw.

En su segunda actuación en Austin City Limits, grabada en 1989 y recogida en Live From Austin, TX (2006), el texano se presentó totalmente renovado: limpio de su adicción a las drogas y a las puertas de un nuevo contrato con Epic.

Con una potente banda en la que destacaba el innovador de la pedal steel Ralph Mooney y un sonido crudo cercano al country-rock, Jennings desgranaba brillantes himnos outlaw como I’m A Ramblin’ Man, Trouble Man, I’ve Always Been Crazy y el I Ain’t Living Long Like This de Rodney Crowell, junto a éxitos como Are You Sure Hank Done It This Way y Luckenbach, Texas.

También recordaba a sus compañeros Kris Kristofferson (Me And Bobby McGee) y Willie Nelson (Mammas Don’t Let Your Babies Grow Up To Be Cowboys), y no olvidaba a los maestros (Bob Wills Is Still King). Y con su esposa Jessi Colter se ponía romántico en el Suspicious Minds de Elvis Presley y en el Honky Tonk Angels.

Los homenajes a su legado

Como cualquier leyenda que se precie, Waylon Jennings ha sido objeto de diversos álbumes de tributo. El primero fue Lonesome, On’ry And Mean (2003), a cargo de artistas más “minoritarios” como Guy Clark, Dave Alvin, John Doe, Alejandro Escovedo, Robert Earl Keen, Nanci Griffith, Junior Brown y su compañero de fatigas Kris Kristofferson, además de sorpresas como Norah Jones, The Crickets y ¡Henry Rollins!

El segundo, I’ve Always Been Crazy (2003), apareció en una multinacional y con superestrellas de todos los estilos. Y, como es habitual, había de todo: algunos conseguían llevar a su propio terreno las canciones popularizadas por Jennings, como John Mellencamp, Dwight Yoakam, Hank Williams Jr., Ben Harper, Alison Krauss, Stargunn (el grupo de su hijo Shooter Jennings), Brooks & Dunn y James Hetfield de Metallica, quien inventaba algo similar al honky metal.

Otros, en cambio, ofrecían versiones demasiado miméticas, como Travis Tritt, Jessi Colter, Andy Griggs o Deana Carter & Sara Evans. El álbum se cerraba con el propio Waylon y The Dream, la última canción que grabó.

The Highwaymen: cuatro amigotes

Menudas juergas debían organizar: Willie Nelson, Johnny Cash, Kris Kristofferson y Waylon Jennings compartieron escenarios, canciones y un estilo de vida al límite.

Al margen de numerosas grabaciones a dúo o anécdotas salvajes como el hecho de recuperarse en camas cercanas tras ser operados del corazón casi al mismo tiempo (Cash y Jennings), The Road Goes On Forever (1995) fue la última reunión en estudio de The Highwaymen.

Esta tercera entrega tenía de entrada una pega: la producción del agobiante Don Was pecaba de arreglos demasiado pulcros, más cercanos al pop que al country. Y las canciones interpretadas al alimón eran las que más se resentían.

A pesar de eso, asistíamos al contraste de voces y a una buena selección de temas: The Devil’s Right Hand (de Steve Earle), Live Forever (de Billy Joe Shaver), las más blues It Is What It Is y Waiting For A Long Time (ambas de Stephen Bruton), y True Love Travels On A Gravel Road (un clásico de 1968 popularizado por Elvis). Los momentos más auténticos llegaban cuando cada uno de los Highwaymen interpretaba en solitario sus propios temas.

La reunión se cerraba con la canción de Robert Earl Keen que daba título al álbum, con un desenlace paradigma del cinismo: mientras el chico es condenado a la silla eléctrica, la chica disfruta del dinero del botín y de su nuevo Mercedes.

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